"Pero Torcuato!!!¿Cómo pretendes que ahora me ponga a aprenderme otro sistema electoral con lo que me ha costado cogerle el tranquillo al maldito D'Hondt?
A diferencia de Chateaubriand hablo frecuentemente de mis intereses, de mis emociones, de mis trabajos, de mis ideas, de mis afectos, de mis alegrías, de mis tristezas, sin pensar en el profundo tedio que el francés temía causar a los demás hablandoles de si mismo.
"Pero Torcuato!!!¿Cómo pretendes que ahora me ponga a aprenderme otro sistema electoral con lo que me ha costado cogerle el tranquillo al maldito D'Hondt?
En cosmología, se entiende por 'Big Bang', o Gran Explosión en español, el principio del universo, es decir, el punto inicial en el que se formó la materia, la energía, el espacio y el tiempo.
De
acuerdo con el modelo cosmológico
estándar, el Big Bang tuvo lugar hace unos trece mil ochocientos millones de años.
El
modelo estándar no trata de explicar la causa de este hecho en sí, sino la
evolución del universo.
Si
las leyes conocidas de la física se extrapolan más allá del punto donde son
válidas, encontramos una singularidad, es decir, un punto al que
matemáticamente nos podemos acercar más y más, pero sin llegar a él. Entonces,
si se imagina el desarrollo del universo en sentido temporal inverso
retrocediendo hacia el pasado, el universo se va haciendo cada vez más pequeño
pero la cantidad de materia es la misma, de manera que la densidad va
aumentando hasta llegar al punto en el que el tiempo es igual a 0 y la
densidad de materia y energía se hace infinita.
La
física actual no conoce ninguna explicación sobre qué ocurrió «antes» del Big
Bang ni en el propio Big Bang, ya que no hay tiempo «antes» del inicio del
tiempo [i],
La Iglesia católica ha aceptado el Big Bang como una descripción del origen del universo.[ii] Se ha sugerido que la teoría del Big Bang es compatible con las cinco vías de santo Tomás de Aquino, en especial con la primera de ellas sobre el primer motor, que se puede resumir en estas ideas:
· Todo lo que se mueve es movido por otro.
· Es imposible que una cosa sea motor y móvil.
· Es imposible que nada se mueva a sí mismo.
·Por consiguiente, es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie, y éste es el que todos entienden por Dios.
así como con la quinta:
· Lo que carece de conocimiento no tiende a un fin si no lo dirige alguien que entienda y conozca, a la manera como el arquero dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a su fin, ya éste llamamos Dios.
El filósofo y teólogo evangélico
William Lane Craig usó la teoría del Big Bang como evidencia científica en
apoyo del argumento cosmológico Kalām para la existencia de Dios y la creación
ex nihilo (desde la nada).[iii]
En
Cuanto a mi opinión, y como creyente, creo oportunas las palabras del sacerdote
y físico belga Georges Lemaître:
«La revelación divina no nos ha enseñado lo que
éramos capaces de descubrir por nosotros mismos, al menos cuando esas verdades
naturales no son indispensables para comprender la verdad sobrenatural. Por
tanto, el científico cristiano va hacia adelante libremente, con la seguridad
de que su investigación no puede entrar en conflicto con su fe. Incluso quizá
tiene una cierta ventaja sobre su colega no creyente; en efecto, ambos se
esfuerzan por descifrar la múltiple complejidad de la naturaleza en la que se
encuentran sobrepuestas y confundidas las diversas etapas de la larga evolución
del mundo, pero el creyente tiene la ventaja de saber que el enigma tiene
solución, que la escritura subyacente es al fin y al cabo la obra de un Ser
inteligente, y que por tanto el problema que plantea la naturaleza puede ser
resuelto y su dificultad está sin duda proporcionada a la capacidad presente y
futura de la humanidad»
Recientemente, el Papa Francisco afirmó en un
discurso a la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias:
«El inicio del mundo no es obra del caos que debe a otro su origen, sino que se deriva directamente de un Principio supremo que crea por amor. El Big Bang, que hoy se sitúa en el origen del mundo, no contradice la intervención de un creador divino, al contrario, la requiere. La evolución de la naturaleza no contrasta con la noción de creación, porque la evolución presupone la creación de los seres que evolucionan».
Como creyente, entiendo que la clave de todo está en los evangelios, en donde Juan (1:1-4) nos dice:En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas; y sin Él nada de lo que es hecho, fue hecho.
y así, es el verbo quien lo crea
todo; la creación entera depende, de la orden divina de que sucediera el Big Bang, es decir que la creación dependió de la palabra de Dios.
Naturalmente, de esta concepción ni hay ni habrá nunca pruebas; sólo la fe nos inclina a aceptarla como auténtica.
Pero hay una realidad incontestable, si antes de la existencia de la materia, la energía o el tiempo, no había NADA ¿como surge todo ello de esa nada, si no es mediante una intervención divina?
Concluyo este POST con un video musical que entiendo adecuado al tema tratado, la Obertura de “La Creación” de Haydn
© 2023 Jesús Fernández-Miranda y Lozana
Hoy, para descansar un poco de filosofía, política y trascendentalismo, os traigo una reflexion histórica sobre los caballos de Napoleón y su preferido "Marengo"
Marengo era un caballo árabe de capa torda rodada en gris, de poco más de 1,45 cm de alzada.
El 14 de julio de 1800, en Marengo, una región del noroeste de Italia y contra todas las expectativas, las fuerzas napoleónicas obtuvieron una brillante victoria que marcaría el destino de Bonaparte, quien se convertiría en emperador en 1804.
En junio de 1812, Napoleón emprendió la campaña contra Rusia y se enfrentó a uno de los más estrepitosos fracasos de la historia, ya que, además de las vicisitudes de la guerra, el ejército francés fue sorprendido por un crudísimo invierno que mató a miles de hombres y animales.
Vencido y rendido a los aliados en la batalla de Waterloo el 18 de junio de 1815. Marengo, montado por el emperador en la batalla, pasó a manos británicas cuando Napoleón fue enviado al exilio.
Sobrevivió a la retirada de Moscú en 1812. El semental fue capturado en 1815 en la batalla de Waterloo por Guillermo Henry Francis Petre, 11º barón Petre. Vivió alrededor de 38 años, entre 1793 y 1831. Su esqueleto se encuentra en Inglaterra, en el Museo Nacional del Ejército de Sandhurst.
Y tenía razón.
Luzbel,
Samael, Belial, Abadón, pues muchos son los nombres que se le han atribuido,
era uno de los Arcángeles más bellos y poderosos que estaban cerca de Dios,
pero la soberbia y la ambición le hicieron pensar que podría acabar con el
Eterno Reinado del Padre, lo que provocó la revuelta contra Él, acompañado de la
miríada de sus ángeles seguidores, que fueron derrotados por los ángeles fieles
a Dios comandados por el arcángel Miguel, y fruto de su derrota fue su caída al
Infierno.
Tal
es la historia que nos cuenta la Biblia, concretamente en Isaías
14:12-14
»¡Cómo
has caído del cielo, oh estrella luciente, hijo de la mañana! Has sido arrojado
a la tierra, tú que destruías a las naciones del mundo. Pues te decías a ti
mismo: “Subiré al cielo para poner mi trono por encima de las estrellas de
Dios. Voy a presidir en el monte de los dioses, muy lejos en el norte. Escalaré
hasta los cielos más altos y seré como el Altísimo”
El
Libro de Apocalipsis describe una guerra en el cielo entre ángeles liderados
por el arcángel Miguel contra aquellos liderados por “el dragón”, identificado
como el diablo o Satanás, y las Bestias del Apocalipsis quienes serán
derrotados y arrojados a la tierra.
La tradición cristiana tiene historias sobre seres angelicales expulsados del cielo por Dios, a menudo presentando el castigo infligido en particular a Satanás. A raíz de enlazar este motivo con el pasaje citado del Libro de Apocalipsis 12:4, la guerra contra Satanás se presenta como una acción de Dios mismo, que atribuye al arcángel Miguel la conclusión de la guerra entre dos grupos de ángeles, de los que un tercio está en el lado de Satán:
“Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.”
Los comentaristas han atribuido la rebelión de Satanás a un número de motivos, todos los cual se originan en su gran orgullo. Estos motivos incluyen:
● La negativa de inclinarse ante la humanidad tras la creación del hombre.
● La culminación de un distanciamiento gradual de Luzbel de Dios por su desviado libre albedrío.
● La decisión de Dios de que todos, hombres y ángeles, quedarían sujetos a su Hijo, el Mesías.
Jonathan Edwards, teólogo y misionero para los nativos americanos durante el s. XVIII, conocido como uno de los más grandes y profundos teólogos protestantes en la historia de los Estados Unidos declara en su sermón “Sabiduría Mostrada en la Salvación”:
“Satanás y sus ángeles se rebelaron contra Dios en el cielo, y orgullosamente intentaron probar su fuerza contra la de él. Y cuándo Dios, por su poder todopoderoso, venció a la fuerza de Satanás, y lo envió como relámpago del cielo al infierno con todo su ejército; Satanás todavía esperaba conseguir la victoria por sutileza y engaño.”
Lo que conecta con la famosa frase de Charles Baudelaire
“El mayor truco del diablo es hacernos creer que no existe“.
Pocos
lugares en Madrid han despertado tantas teorías y tantas leyendas como la
estatua “El Ángel Caído” levantada en una de las rotondas del Parque del
Retiro.
Eso
sí, la singularidad de esta escultura de Bellver va más allá de su
emplazamiento. Se trata de una de las únicas —y también de las primeras—
estatuas públicas dedicadas al diablo de todo el mundo. Sin embargo, su
contexto no es del todo morboso, ya que dicha obra se enmarca en el
Romanticismo, una corriente que comenzó a explorar la belleza de lo patético y
de lo maligno. No en vano, en el catálogo de la exposición en la que Bellver
presentó su creación —la de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1877— hay
referencias a su coetáneo poeta John Milton y a versos de su relato satánico "El paraíso Perdido".
Obra de la que siempre he recordado este pasaje:
"Dios sólo nos ha dado dominio absoluto sobre las bestias, los peces y las aves, pero no ha hecho al hombre señor de los demás hombres, sino que, reservándose este título para sí, dejó a la humanidad libre de toda servidumbre humana."
Existe en Madrid otra representación del ángel caido.
En la Calle Mayor de Madrid hay otra escultura sorprendente para todo el que
la descubre. Se llama Accidente aéreo y no se encuentra a simple vista. Para
admirarla tienes que levantar la mirada hasta la azotea de un edificio de cinco
plantas.
Al
pasear por sus calles es buena idea ir levantando la mirada porque encontramos
cosas sorprendentes. Por ejemplo, la figura alada del Edificio Metrópolis o el
mencionado Accidente aéreo.
“Solamente quien se ha encontrado en su vida con el demonio, quien lo ha percibido en todo su peligro, sólo ése puede sentirse enemigo terrible de él”.
“El Demonio es el enemigo número uno, es el tentador por excelencia. Sabemos que este ser oscuro y perturbador existe realmente y sigue actuando; es el que insidia sofísticamente el equilibrio moral del hombre, el pérfido encantador que sabe insinuarse en nosotros por medio de los sentidos, de la fantasía, de la concupiscencia, de la lógica utópica, o de las confusas acciones sociales, para introducir en nosotros la desviación…"
1 Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. 2 Y cuando salió él de la barca, enseguida le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, 3 que moraba en los sepulcros, y ni aun con cadenas podían atarle; 4 porque muchas veces había sido atado con grilletes y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y los grilletes desmenuzados; y nadie le podía dominar. 5 Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. 6 Y cuando vio a Jesús de lejos, corrió y le adoró. 7 Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te imploro por Dios que no me atormentes. 8 Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. 9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió, diciendo: Legión me llamo, porque somos muchos. 10 Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región. 11 Y había allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo. 12 Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. 13 Y Jesús se lo permitió. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, y el hato se lanzó al mar por un despeñadero, los cuales eran como dos mil; y en el mar se ahogaron. 14 Y los que apacentaban los cerdos huyeron y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver qué era aquello que había acontecido. 15 Y vinieron a Jesús y vieron al que había sido atormentado por el demonio, y que había tenido la legión, sentado y vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. 16 Y los que lo habían visto les contaron lo que le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. 17 Y comenzaron a rogarle a Jesús que se fuese de sus contornos. 18 Y entrando él en la barca, el que había estado poseído por el demonio le rogaba que le dejase estar con él. 19 Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido misericordia de ti. 20 Entonces se fue y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho con él; y todos se maravillaban.”
"Yo he contemplado a Satanás, como un rayo, cayendo del cielo y he aquí que os he dado poder de pisotear serpientes y escorpiones, y, sobre todo, de vencer al poder del enemigo…” (Lc 10, 19).
© 2023 Jesús Fernández-Miranda y Lozana
En mi biblioteca todo está en calma, de vez en cuando se escucha el crujido de la leña en la estufa ―que he vuelto a encender por el frío provocado por la humedad que nos han traído las terribles tormentas primaverales que nos golpean―.
He disminuido la intensidad de la lámpara y ahora apenas hay luz en el ambiente, solo unas llamas anchas y alargadas que arden en la estufa proyectan sus reflejos vacilantes sobre el suelo y la madera de mi escritorio, mientras medito arrellanado en mi sillón favorito.
El reloj marca las últimas horas del día, y pienso que siempre he sido admirador de Friedrich Nietzsche, como saben mis lectores habituales por las frecuentes citas que hago a su obra filosófica.
Hoy,
sin embargo, no voy a referirme a su obra filosófica, pues en uno de mis habituales
paseos por los libreros de viejo, bajo los chaparrones que, por fin, han regado
las calles de Madrid, he encontrado una deliciosa obra literaria del prusiano,
que relata sus años de juventud.
Pero,
al leerlo, me ha sorprendido la identidad de pensamiento que se produce entre
algunos párrafos de ese genio del pensamiento y algunas de mis reflexiones,
siendo yo un mero aficionado intelectual desprovisto de la grandeza del
filósofo, y con ello temo que, al final, acabe como él, mecido en los brazos de
las Furias entre arrebatos de enajenación.
Por
ejemplo, en mi reciente Post “Soledad y Silencio” casi repito las palabras
de Nietzsche cuando el prusiano nos dice:
“Desde la infancia busqué la soledad.... Una tormenta me ha producido siempre una impresión muy hermosa; el lejano retumbar del trueno y el brillo amenazador de los relámpagos no hacían más que acrecentar mi respeto a Dios.”[i]
al decir yo
“Pero
amo, sobre todo, el más placentero, para mí, de los silencios, el silencio
posterior a la tormenta, nunca silencio, cuando el viento amaina, y tan solo se
escucha el goteo de los restos de la lluvia deslizándose desde las ramas de los
árboles o desde los aleros de los tejados, y la lejana trepidación, ya apenas
audible, de la tormenta que se extingue en la distancia.”
En
cualquier caso, encontrar estos libros, auténticos tesoros, me lleva a la
conclusión de que los
libros son el mejor equipaje que he hallado para recorrer este viaje sinuoso
al que llamamos vida, y me reafirmo en la idea de que la soledad tiene nombre
de mujer —acogedora y amantísima— mientras que el olvido, por el contrario, lo
tiene de viento —arrebatador y dañino—.
A lo largo de mis muchos años de lectura y escritura ―momentos acompañados en muchas ocasiones por el sonido de piezas musicales― he llegado al convencimiento de que el mayor gozo intelectual reside en haber comprendido, con la lectura, todo lo que he ido pudiendo comprender, y en reverenciar, con calma, todo aquello que sigue siendo para mi misterio incomprensible, aunque sin renunciar a que, algún día, alguna nueva lectura me vaya permitiendo comprender una tras otra la esencia de aquellos infinitos misterios, pese a la permanente discusión de si es mejor saber mucho de todo, o todo solamente de algo.
Y
así, he convertido mi biblioteca en mi Castillo, en el que ejerzo un
poder ilimitado, y en el que habita ese “yo interior” al que Goethe llama su
“ciudadela” y al que sólo dejamos entrar a quienes deseamos, por amor o por
conveniencia, pues tenemos en nuestra alma, aunque sea ínfima, una leve
influencia del diablo, que nos hace ser oportunistas e interesados.
Y,
de esta manera, en medio de esta turbulencia política y social que nos afecta,
y en la que cualquier ciudadano corre el riesgo, permanente, de sufrir un
cambio drástico en su situación personal o económica, tratamos de mantenernos
incólumes en nuestros principios y esperanzas, en nuestros derechos y
libertades, en nuestro “yo interior”, al que pretendemos mantener a salvo de
aquellas turbulencias, arropado por nuestras lecturas, nuestra música, nuestras
reflexiones y nuestros escritos en el silencio y la soledad que precisamos para
ello.
Empeño
no desprovisto de dificultad, pues el silencio y la soledad deseados son
permanentemente asaltados, hoy en día, por esos bárbaros, nacidos del cinismo
de los autoproclamados “progresistas”, que prostituyen las costumbres y el
sentido moral de todo, empeñados en la destrucción de nuestra sociedad como lo
que son, deformidades monstruosas y malvadas de una naturaleza corrompida,
aunque aquel “yo interior” siempre estará a salvo de los ataques de los
sicarios de aquellos pretendidos “progresistas” cuyas armas, que son la
censura, la manipulación y el adoctrinamiento, son incapaces de penetrar en
nuestra “ciudadela”.
En cualquier caso, no soy ni filósofo ni pensador, pues mi labor esencial es tratar de moldear mi existencia, mi “yo interior”, mi “ciudadela”, y mi sola intención es facilitar ideas o argumentos a los demás para que puedan hacer lo mismo.
Así pues, tan sólo actúo como crisol donde fundir las palabras que permitan al lector discernir sobre la esencia y cualidades de ese “yo”, lo que, sin lecturas, quizá nunca conseguiría.
Al fin y al cabo sólo soy un “divulgador de ideas” cuyo único propósito es cuidar de su existencia y disfrutar plenamente de la misma.
Cada lector debe encontrarse a sí mismo mediante la reflexión sobre su propio yo.
Lamento sin embargo, transitar por pensamientos tan íntimos y personales, como los expuestos en este post, que, realmente, no creo que interesen mucho a mis lectores; por ello vuelvo, ya, a mi silencio, y lo hago, siguiendo mi costumbre, con una nueva pieza musical, en esta ocasión “El Silencio de Beethoven” del compositor mejicano Ernesto Cortázar.