lunes, 16 de septiembre de 2019

EL SUPREMACISMO ISLAMICO EN EUROPA …y la falta de respuesta de los gobiernos europeos.



Una de las cuestiones cruciales que están ocurriendo en nuestra actual Europa, y sobre las que habitualmente se pasa de puntillas, es la del “SUPREMACISMO ISLÁMICO”, que se propaga entre los musulmanes inmigrados a los países de la CE, con escasa o nula reacción de los gobiernos europeos frente a ello.

Pero, ¿En qué consiste lo que he llamado “SUPREMACISMO ISLÁMICO”?

Pues en la exigencia de los musulmanes de que su fe sea tratada con privilegios que no se reconocen a ninguna otra creencia religiosa, y ello sobre la base de considerar que su fe es la “UNICA FE VERDADERA” y que cualquier comportamiento que se realice en nuestras sociedades, que no se corresponda fielmente a su Ley Divina o Sharía, debe ser considerado como una ofensa al Islam y por lo tanto ser tratada como una conducta criminal por “Islamofóbica”.

La otra cara de la moneda es el absoluto desprecio, e incluso persecución, por parte de los los musulmanes a cualquier credo, modo de vida o costumbres, que no se amparen en el Corán y la Sharía, con un talante discriminatorio y totalitario que pone a los no musulmanes en la tesitura de ser considerados islamófobos por el mero hecho de vivir conforme a sus costumbres, fe o modo de vida.

Y no pensemos que tal SUPREMACISMO es algo excepcional. Las manifestaciones a lo largo de toda Europa de musulmanes exigiendo la aplicación de la Sharía, incluyendo a las comunidades nacionales occidentales, es un fenómeno frecuente. Pongamos algunos ejemplos.

En Inglaterra, el clérigo musulmán Anjem Choudary, que aparece en la fotografía que encabeza esta reflexión, es uno de los máximos exponentes de este movimiento, no solo en las Islas Británicas, sino en el resto de Europa, como demuestra el hecho de unas declaraciones hechas desde la cárcel inglesa en la que se encuentra, en una reciente entrevista concedida al periódico Daly Mail que:

“Llevar a cabo todos los actos y liturgias propios del cristianismo durante la Semana Santa española, es una ofensa para los miles de musulmanes que se ven obligados a vivir su fe prácticamente en la clandestinidad”.

            Acusación de ejercer su fe desde la clandestinidad que, en nuestro país, al igual que en la mayoría de los demás países europeos, es una auténtica falacia.

            Por el contrario, sacerdotes católicos y anglicanos, han sido detenidos en las calles inglesas por tratar de transmitir el mensaje cristiano, porque esa actividad “ofende a los musulmanes”



            En Francia la policía se encuentra sobrepasada por la acción de los musulmanes que, disturbios aparte, han tomado las calles los viernes para sus rezos, como forma de imponer su presencia y su fe en la laica sociedad francesa, como podemos ver en estas fotografías:

                       


El académico francés Gilles Kepel, politólogo, orientalista y  especialista en el Islam y el mundo árabe, advierte de una futura guerra a nivel civil en Europa.

Añadir leyenda
Kepel sostiene que un número cada vez mayor de musulmanes jóvenes con pocas perspectivas de empleo, están conformando lo que él llama la “Generación Yihad”, cuyo objetivo no es sino “Destruir la Sociedad Europea Occidental y democrática, a través de una guerra civil, para, luego, construir una sociedad islámica sobre sus cenizas”                              
Según el diario alemán Die Welt, Kepel dijo que el objetivo del grupo terrorista Estado Islámico es incitar al odio hacia los musulmanes del resto de la sociedad, que con el tiempo lleve a la radicalización de los demás musulmanes, hasta que ello conduzca a que Europa se meta de lleno en una guerra civil total. Es decir, no solo quieren destruir nuestra sociedad, sino que para ello pretenden acabar con las posiciones islámicas más moderadas, afirmando que:
“El terrorismo es ante todo la expresión de una guerra dentro del mismo Islam”

Según este intelectual, la mayoría de los salafistas no son violentos pero predican una ruptura cultural con las sociedades occidentales a las que consideran no creyentes, lo que atrae a gente que ve esta oportunidad como una salida a su frustración social y se dedican se adhieren a esta base ideológica emprendiendo un camino hacia la violencia.

A la luz de los hechos son evidentes dos cosas:

- Primero: Que el peligro de ataques terroristas en Europa procede, en su inmensa mayoría, de individuos musulmanes radicalizados.

- Segundo: Que las autoridades occidentales han sido incapaces, hasta la fecha, de adoptar medidas de control de esa radicalización y consecuentemente del terrorismo que de ella deriva, poniendo en serio peligro la seguridad de nuestra Sociedad y de sus ciudadanos, lo que, a su vez, responde a diversas causas:


La equivocada política de acogimiento de inmigrantes, que son, en su mayoría, hombres adultos jóvenes que, con la disculpa de la existencia de guerra en sus países de origen, no están dispuestos a defender allí sus creencias y buscan mejorar su vida a costa de los ciudadanos europeos.







En esta nefasta política, tiene una parte muy importante de culpa Alemania y su Canciller la Sra. Merkel, como consecuencia del “complejo” de xenofobia o racismo, aún no superado por la sociedad alemana desde las persecuciones nazis a judíos y otras minorías étnicas, que, además, ha impuesto a sus socios comunitarios; política de acogimiento que ha agravado la situación de la inmigración musulmana ya existente con anterioridad.

Así mismo, ha contribuido, al actual estado de cosas, la posición de las izquierdas marxistas, generalmente antisistema, de los países europeos occidentales, pues como ya nos dijo la intelectual rusa Nadiezda Mandelstam:
 "La atracción de los comunistas por el Islam no es casual. El determinismo. la disolución del individuo en la sagrada militancia, el orden que aplasta al individuo. Todo eso les atrae más que la doctrina cristiana del libre albedrio y el valor de la personalidad humana."

No nos olvidemos, tampoco, del papel jugado, en todo este escenario, por parte de la “progresía” de izquierdas del Partido Demócrata Norteamericano, con Obama y Hilary Clinton a la cabeza, que han fomentado, en países árabes, la pretensión típicamente progre/yanqui, de imponer sistemas democráticos homologables a los occidentales, a través del proceso que se conoció como “Primavera Árabe”, que favoreció el derrocamiento de líderes dictatoriales como Sadam Hussein en Irak, Gadafi en Libia, Mubarak en Egipto, o el último experimento con Al Asad en Siria, que han dado lugar a la guerra entre facciones islámicas y a los más radicales movimientos islamistas conocidos en los últimos cien años, como el ISSIS-DAESH o Estado Islámico.

Y, por último, no nos olvidemos de Irán y Arabia Saudí, potencias que, respectivamente, están dominadas por las corrientes teológicas musulmanas chií y suní salafista, y que protagonizan y fomentan el enfrentamiento interno en el Islam, permanente desde los tiempos de la muerte del Profeta.

Una vez creadas estas condiciones de radicalismo islámico,  idóneas para el terrorismo y el caos en todo el mundo musulmán del norte de África y Oriente Medio, la guerra de Siria ha derivado en una oleada de refugiados de esas regiones que han accedido a Europa y entre los se han infiltrado “gran cantidad de terroristas”.

Pero no pensemos, como pretende la izquierda europea ─toda ella, desde el Comunismo a la Socialdemocracia, de raíces marxistas─ que la suma de factores como el crecimiento de la población de origen musulmán en Europa, sus graves problemas de adaptación, o sus malas condiciones económicas, agravadas por la reciente crisis económica, haya sido utilizada por los Gobiernos europeos pretendidamente “derechistas”, para crear un caldo de cultivo prefabricado e idóneo para generar un caos social que permita la instauración de un estado policial y el recorte de las libertades ciudadanas.

 NO

La reacción de los Gobiernos europeos ha sido la contraria, la cesión a las presiones musulmanas que se ha traducido en absurdas legislaciones para combatir la “Islamofobia”, cuando la agresión a nuestras sociedades y nuestro modo de vida procede de los musulmanes, la falta de liderazgo social frente a la amenaza que la radicalización musulmana representa, y el “apaciguamiento” frente a esos movimientos radicales, lo que nos recuerda la frase de Winston Churchill ante los acuerdos de la Conferencia de Múnich de 1938, firmados por Neville Chamberlain con Adolf Hitler:

“El apaciguamiento es lo mismo que dar de comer a un cocodrilo, lo único que se consigue es que crezca hasta el punto que sea capaz de devorarte”

Solamente algunos países como Suiza o Dinamarca han aplicado, respecto del Islam, una política de “quid pro quo”, al prohibir la construcción de mezquitas en sus territorios en tanto y cuanto no se permite la construcción de Iglesias en los Estados musulmanes, o Bulgaria, que ha prohibido el uso en las calles o lugares públicos de los velos integrales a las mujeres musulmanas por razones de seguridad, dado que hace irreconocible a su portador, o la propuesta de la ministra de Inmigración de Holanda, Rita Verdonk, para prohibir el uso del burka en los lugares públicos; en estos últimos días se ha sumado a esta tendencia Noruega, que ha decidido prohibir la financiación de construcción de mezquitas por parte de Arabia Saudita mientras en este país no se permita la construcción de Iglesias Cristianas.

Sin embargo, otros gobiernos, como el Sueco, mayoritariamente femenino, y de modo vergonzoso, no sólo ha tratado de ocultar el terrible crecimiento de agresiones sexuales en Suecia cometidos por inmigrantes musulmanes ─afirmando los responsables policiales que han silenciado el hecho para no favorecer a los movimientos ultraderechistas─, sino que sus ministras, en reciente visita a Irán, en la recepción con su presidente Hassan Rouhani ─que incluso les ha negado estrecharles la mano, por ser mujeres─ se han plegado al uso del velo, signo de clara discriminación hacia ellas.

En definitiva, debemos concluir afirmando que, o los gobiernos europeos son capaces de adoptar medidas eficaces frente al “SUPREMACISMO ISLÁMICO”, atajando de raíz la radicalización de sus defensores, que arrastra a las juventudes musulmanas en toda Europa, o el conflicto final, al que se refiere Kepel, será inevitable.

Y lo más grave es que ese conflicto no sería un conflicto europeo, si no que daría lugar a una verdadera III Guerra Mundial entre Occidente y el Islam.

En cualquier caso, recordemos que la práctica de "SUPREMACISMO ISLÁMICO" es una práctica de fundamento teológico dificilmente combatible.

En el año 1990 la 19ª Conferencia Islámica, formada por 45 países musulmanes, promulgó la “Declaración de Derechos Humanos en el Islam”, como respuesta a la declaración de Derechos Humanos de la ONU de 1948.

En esta “Declaración de Derechos Humanos en el Islam”, se establecen principios que son esclarecedores en relación con la filosofía de fondo que subyace en el Islam y en su relación con el resto del mundo.

Así, en primer lugar, su artículo 10º nos dice:

“El Islam es la religión indiscutible”

Y como corolario de ello el artículo 22 de la misma declaración añade:

“a) Todo ser humano tiene derecho a la libertad de expresión, siempre y cuando no contradiga los principios de la Sharía.

b) Todo ser humano tiene derecho a prescribir el bien, y a imponer lo correcto y prohibir lo censurable, tal y como dispone la Sharía Islámica.

c) La información es una necesidad vital de la sociedad. Se prohíbe hacer un uso tendencioso de ella o manipularla, o que ésta se oponga a los valores sagrados [del Islam] o a la dignidad de los Profetas. Tampoco podrá practicarse nada cuyo objeto sea la trasgresión de los valores, la disolución de las costumbres, la corrupción, el mal o la convulsión de la fe.

Recordemos que la Sharía es la ley islámica, contenida en el Corán y en la tradición de los “hazid” —hechos o dichos del Profeta ratificados en su autenticidad por los Ulemas— y que en palabras de Jomeini:

«El gobierno islámico está sometido a la ley del Islam, que no emana ni del pueblo ni de sus representantes, sino directamente de Dios y su voluntad divina. La ley coránica, que no es otra que la ley divina, constituye la entidad de todo gobierno islámico y reina enteramente sobre todas las personas que están bajo ella.»
La consecuencia fundamental de esos preceptos es que la libertad de expresión queda sometida a la Ley Coránica. Y puesto que “El Islam es la religión indiscutible”, cualquier defensa de otra fe, o de cualquier idea ajena a las enseñanzas de “El Profeta”, no puede quedar amparada por el derecho a la libertad de expresión.

Por otra parte, profundizando en la misma idea, el apartado c del artículo 22 de esta declaración prohíbe expresamente que la información pueda oponerse a los valores sagrados [del Islam] o a la dignidad de los Profetas.

Según Pedro Buendía en su comentario a la declaración de Derechos Humanos en el Islam, publicada en la página Web del Grupo de Estudios Estratégicos, (www.gees.org):

“La parte más grave de la Declaración es aquella que afirma "Todo ser humano tiene derecho a prescribir el bien, y a imponer lo correcto y prohibir lo censurable". Bajo esta filantrópica expresión alcoránica (al-amr bi-lma'ruf wa-n-nahi 'ani-l-munkar, 3:104), la Declaración oculta un concepto islámico de la moral pública que, en el plano práctico, equivaldría a autorizar a todo el mundo a fiscalizar la vida de su vecino y, en última instancia, a emprender particularmente la acción política represiva. "Imponer lo correcto y prohibir lo censurable" es, en efecto, una parte esencial del programa político del yihadismo internacional, y desde luego es una conducta que han aplicado los regímenes musulmanes más represivos, como el sudanés, el talibán, el iraní o el de Arabia Saudí, donde incluso hay departamentos de policía moral con ese nombre "Al-amr bi-l-ma'ruf wa-n-nahi 'ani-l-munkar".


Pues bien, si consideramos estos principios, que aparecen en el mundo islámico como esencia de la filosofía que debe presidir la vida de todo “buen musulmán” y su relación con los no creyentes, difícilmente podrá nunca llegar a concretarse un entendimiento razonable entre Occidente y el Islam.

Pero es que, además, y aunque la cita del “Libro” me ponga en el punto de mira de los integristas, lo que no me va a arredrar para ejercer mis derechos de occidental a la libertad de pensamiento y de expresión, es el propio Corán el que insta a la violencia contra los cristianos y lo hace, esencialmente en varios versículos de la Sura “Al taueba” (El arrepentimiento), o Sura 9ª, entre los que podemos citar los siguientes:

“9,5 Cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociadores dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes!”



Haciendo mía una frase de Juan Manuel de Prada:

"Soy cristiano: progresista en lo social y reaccionario en lo moral"


Y no estoy dispuesto a aceptar la imposición y el acoso por parte de los musulmanes que intentan imponerme su fe y su ley hasta lograr su total predominio excluyente; y como yo, silenciosa pero firmemente, millones de europeos que algún día dirán basta, esperemos que democrática y legalmente, porque si no lo acabarán diciendo con las armas, como prevé el académico Kepel.

Ténganlo en cuenta los propios musulmanes.


© 2017, Jesús Fernandez-Miranda y Lozana 




lunes, 4 de marzo de 2019

SOCIALDEMOCRACIA, EL DESPOTISMO ILUSTRADO DEL s. XXI



Un fantasma pernicioso deambula por las naciones occidentales y golpea con la furia de la “Guerra Santa” a sus ciudadanos y sus instituciones, y mientras tanto nuestros políticos y periodistas miran para otro lado en tributo a la religión de la “corrección política”, a la que ya me he referido con crudeza  en mi POST TOLERANCIA Y LIBERTAD y en otro titulado  ¿TIENE ALGO QUE VER LA VICTORIA DE TRUMP CON EL HARTAZGO CON LA CORRECCIÓN POLITICA?

Es una verdad irrefutable que la situación socioeconómica de las Sociedades occidentales viene gravemente deteriorada, desde hace décadas, entre otras razones por las políticas económicas socialdemócratas y políticamente correctas aplicadas por sus Gobiernos.

Esta ideología nació en el mundo liberal universitario norteamericano en los años 90, cercano o embridado con el partido demócrata, de claras influencias socialdemócratas.

La socialdemocracia, como decía Trotsky desde su perspectiva de la “revolución permanente”, es un marxismo desviado, pues piensa en la conservación de la democracia parlamentaria en beneficio del proletariado, abandonando, según este autor, la esencia real del marxismo, que no sería sino el modelo soviético, que centra su actividad en la revolución que ha de alcanzar el comunismo y a través de él llegar a la creación de la utopía del “hombre nuevo”, pleno y desalienado.

Pero al fin y al cabo la socialdemocracia no deja de ser marxismo, y por tanto intolerante y totalitario, defensor del “pensamiento único” y esencialmente, y por ello, puritano, intolerante y defensor de la censura frente a lo que sean opiniones o comportamientos, e incluso realidades, contrarias a su propio credo.
Pero ¿qué es exactamente la “corrección política” y cuál es su objetivo?

La corrección política es una ideología que considera que la humanidad está compuesta por diversos “colectivos”, unos serían los “grupos débiles” y, por tanto, buenos, siempre en posesión de la razón. Otros serían los “grupos fuertes” y, por ello, malvados y mentirosos.

Así, que un acto sea correcto, sólo depende del colectivo al que pertenezca quien lo cometa, o de quien se sienta atacado por él.

Pero lo más grave es que la corrección pretende eliminar cualquier expresión que pudiera ofender a algún grupo débil… pero permite insultar y ofender a quien forma parte de los malos, de un grupo fuerte.
        
Y todo ello se fundamenta en los llamados “Derechos Colectivos”

Derechos colectivos son los derechos cuyo sujeto no es un individuo ─como es el caso de los derechos individuales─, sino un conjunto, colectivo o grupo social.

Mediante esos derechos se pretende proteger los intereses e incluso la identidad de tales colectivos.

El asunto de los derechos colectivos es muy controvertido, particularmente cuando los derechos colectivos entran en conflicto con los derechos individuales.

Como en toda clase de derechos, el debate se centra en tres aspectos:

1.- Determinar si realmente existen esos derechos colectivos.
2.- Si se acepta su existencia ¿Cuáles son?
3.- Determinar, si se acepta su existencia, como juegan en su interrelación con los derechos individuales.

Todos ellos, aunque en orden aleatorio o implícitamente, se tratan en estas líneas.

Los modernos autores marxistas nos permiten afirmar que, desde un punto de vista estrictamente teórico, los derechos colectivos tienen su raíz en la consideración marxista de que el materialismo y el colectivismo de la síntesis marxista no dejarían lugar para la formulación de lo que, desde la consideración occidental se llaman habitualmente «derechos humanos».

Si acudimos a los escritos de Marx, podemos contemplar cómo, desde épocas muy tempranas, critica lo que hoy conocemos como derechos humanos y que el refiere a la declaración revolucionaria francesa de los derechos del hombre y del ciudadano ─no olvidemos que La “Declaración Universal de Derechos Humanos” se formula en la ONU en 1948, mucho más tarde de la muerte de Marx─, y respecto de tales derechos ya nos dice en «La Cuestión Judía», inserto en el primer y único número de los «Anales Franco Alemanes», publicados por él en París en 1843, que:

«comprobamos, ante todo, el hecho de que los llamados derechos del hombre son los derechos del miembro de la sociedad civil, es decir, del hombre egoísta, del hombre separado de los demás hombres y de la comunidad»

para afirmar, más adelante que:

“Ninguno de los llamados derechos del hombre sobrepasa, pues, al hombre egoísta, al hombre tal como es, miembro de la sociedad civil, al individuo cerrado en sí mismo, reducido a su interés privado y a su arbitrio particular, separado de la comunidad. Lejos de considerarse al hombre un ser social —continúa— la propia vida social, la sociedad, aparece más bien como un cuadro exterior al individuo, como una limitación de su autonomía originaria.”

párrafos en donde vemos ya la formulación “social” del concepto del “hombre” que posteriormente defendería en “El Capital”, pues Marx considera que el hombre no es una realidad unipersonal y autónoma, y así, nos dice:

"La esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de sus relaciones sociales".

Concepción que nos marca el camino a la negación de los derechos individuales y nos acerca al concepto de “derechos colectivos”.

Esta idea la recoge Gianfranco Morra, sociólogo y ensayista católico italiano, quien escribió:

«para Marx, el verdadero hombre es el social, el hombre colectivo; hablar de la «dignidad de la persona humana» es un juego de palabras, como ha hecho la revolución burguesa con la «Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano». En realidad, el hombre y el ciudadano existen solamente cuando cesa el dualismo entre vida privada y vida social. El hombre individual debe ser integrado en el hombre social: sólo entonces la emancipación será un hecho real y la religión, ese juego interior, no tendrá ya sentido”

Por su parte Mounier, fundador de la corriente filosófica “Personalista” afirma:

“La laguna esencial del marxismo es haber desconocido la realidad íntima del hombre, la de su vida personal.”

Finalmente, Benedicto XVI expone que:

“El marxismo parte de la idea de que la libertad es algo indivisible y subsiste, por tanto, como tal, sólo si es la libertad de todos. La libertad está unida a la igualdad: para que haya libertad, hay que establecer ante todo la igualdad. Lo que significa que para el objetivo de una plena libertad son necesarias ciertas renuncias a la libertad. La solidaridad de los que combaten por la libertad común, de todos, precede la realización de la libertad individual.”

En definitiva, en Marx prevalece la idea de la postergación de la libertad del individuo en aras de lograr la igualdad de todos los miembros de la Sociedad, lo que lleva, a la postre, a una libertad limitada del individuo, pues sobre la libertad individual ha de prevalecer la igualdad de los miembros comunidad y sobre sus derechos individuales como persona, los derechos de la Colectividad.

Llegamos, así pues, a la consideración indiscutible de que los llamados Derechos humanos de tercera generación, o “derechos colectivos”, nacen y se fundamentan en la concepción sociológica marxista de los derechos humanos, que niegan su individualidad y solo aceptan su existencia en tanto que tales derechos sean “colectivos”.

Pues bien, lo asombroso de esta cuestión es que tales derechos colectivos han sido abrazados con entusiasmo no solo por la izquierda marxista ─Socialdemócratas, Socialistas y Comunistas─, sino que también lo ha sido por Partidos que pretenden autodefinirse de derecha o centro derecha.

Así, la Democracia Cristiana y la Socialdemocracia alemana, la derecha y la izquierda francesa y española, el Partido Demócrata americano, y grandes sectores de su partido Republicano, han venido gobernando el mundo occidental, desde la segunda Gran Guerra, sobre la base de la defensa de los derechos colectivos de carácter étnico, religioso, sexual, o de cualquier otra minoría existente, mediante la aplicación de sistemas de la llamada “discriminación positiva” y mediante subvenciones y subsidios que han sido financiados, naturalmente, por la mayoría silenciosa, que no sólo ha sido descuidada, si no que ha visto como esas minorías han progresado no por su trabajo, esfuerzo o mérito, sino  a costa de la merma de sus derechos y bienestar económico y ello porque esa política responde al principio de lo “políticamente correcto”.

Y tales “derechos colectivos” no son sino privilegios en perjuicio de las mayorías, y en beneficio de las minorías que lo sean por razón de nacionalidad, raza, sexo, pensamiento político, religión, circunstancias económicas o familiares, etc., etc.…, reales o pretendidas.

Así, en los últimos decenios hemos visto como se ha penalizado a los movimientos “pro vida”, con la disculpa de que se perjudican los derechos de las minorías proabortistas.

Henos visto cómo se penaliza el cristianismo a costa del supremacismo islámico, mediante la penalización de la “Islamofobia” y la censura de las posiciones cristianas por “ultraconservadoras”.

Hemos visto cómo se penaliza la heterosexualidad con la condena del inventado heteropatriarcado y la subvención y fomento de los movimientos LGTBI, hasta el punto de la censura de la libertad de expresión de quienes se oponen a los privilegios de estas minorías sexuales, o la imposición de la educación infantil en la “ideología de género”.

Hemos visto cómo, en España, la Ley de Memoria Histórica se utiliza para reinventar la Historia, reescribiendo la “Victoria Moral” de los vencidos en la guerra civil 1934-1939  ─ no es un error, ya que la guerra civil comenzó realmente con el intento de Golpe de Estado que supuso la revolución de 1934 ─  y elevando a la categoría de héroes a asesinos y pandilleros comunistas frentepopulistas y golpistas, tratando de vender como verdad la mentira de que la II República fue un ejemplo de Democracia, y olvidando injustificadamente, que en una guerra civil los abusos y la violencia se ejercen, siempre y desgraciadamente, desde las dos partes contendientes.

Hemos visto como los fondos destinados al injusto sistema del PER andaluz han sido desviados a sindicatos y partidos y a sus dirigentes, sin que haya existido una acción contundente de la Justicia.

Hemos vivido la politización de la Justicia, en beneficio esencialmente de la izquierda, sin que se haya reaccionado contundentemente frente a ella.

Hemos visto como la Nación española se desintegra en beneficio de los Reinos de Taifas en los que se han convertido la Autonomías, que además han quintuplicado el gasto público en los últimos 30 años.

Hemos visto ¡¡tantas cosas!! que, al final, las mayorías silenciosas han empezado a decir ¡Basta!

Y toda esta acumulación de agresiones formuladas desde la “corrección política” no hacen sino establecer mecanismos de censura y sanción al discrepante, como nos dice Armando Pego:

“Es una pretensión tiránica intentar relegar al ámbito privado la disconformidad de los ciudadanos por razones morales y/o religiosas con esa usurpación de facto ─del derecho a la discrepancia─. obligándoles a un asentimiento público por acción u omisión. Y lo es sobre todo en una época cuya ideología dominante ─la corrección política y el conjunto de los derechos colectivos─ está tejiendo un entramado legal que intenta imponer la "transparencia" -¿como cumplimiento del ideal ilustrado?- hasta en la intimidad del hogar, que se quiere identificar, de manera gnóstica, como un ámbito de oscuridad y de freno al progreso”.

En conclusión, llegamos a la convicción de que los llamados “derechos colectivos” son una falacia constituida sobre la base de la negación de los “derechos humanos individuales” con una finalidad política reivindicativa de grupos minoritarios de la sociedad, en perjuicio de las mayorías, y si no existen no cabe hacer una enumeración de los mismos.

Y finalmente, si llegamos a la conclusión de que son una mera construcción ideológica izquierdista, la respuesta a la pregunta de cómo funcionan frete a los “derechos humanos Individuales” es evidente:

Mi conclusión es que “Los pretendidos “derechos humanos colectivos” nunca pueden  prevalecer sobre los “Derechos Humanos Individuales”, realidad que la progresía dogmática intolerante de la “izquierda progresista” niega, pues es un freno a sus privilegios, que se concretan, esencialmente, en predominio social y subvenciones.

El problema es que, de momento, las mayorías dicen ¡Basta! con la boca pequeña, pero puede llegar un día que lo digan de tal modo que, en España, se ha producido un fenómeno tan inesperado como los resultados electorales de VOX en Andalucía.

Pero el stablishment político y mediático parece ciego y sordo, y continuará, por desgracia, en la senda que ellos consideran que les perpetuará en el poder, que no es otra que el uso de la corrección política como una reedición del despotismo ilustrado del s.XVIII, consistente en decirle al pueblo, a la gente, como debe comportarse, como debe pensar y lo que debe censurar, y no porque lo que les digan busque su bienestar, sino porque facilita su perpetuación en el poder, sin tener en cuenta que la corrección política, articulada como esa reedición del despotismo ilustrado, es incompatible con la democracia, con la sociedad abierta, porque niega la libertad de pensamiento, expresión y debate, dando lugar a un nuevo puritanismo que se escandaliza con un inocente retrato dieciochesco, una suerte de religión laica  al estilo de lo planteado por Rousseau, en su “Contrato Social” publicado en 1762, que establece como ideal del jacobinismo la imposición por el Estado de un credo laico: una profesión de fe civil, cuya definición corresponde al Soberano, que hoy son los políticos y los medios de comunicación, fijando las reglas, no como dogmas de religión, sino como sentimientos de sociabilidad, sin las cuales es imposible ser buen ciudadano; religión laica concretada en un conjunto de prohibiciones, códigos y tabúes lingüísticos, cuya excusa es que sólo prohíbe lo que pudiera resultar ofensivo para las “víctimas” sin tener en cuenta que la ofensa suele ser subjetiva, que no se encuentra en el emisor sino en el receptor y que por ello, la frontera entre lo permitido y lo prohibido es arbitraria y, demasiadas veces, interesada.

Pero esta ideología no tiene nada que ver con el respeto al prójimo, pués de hecho, es antagónica al respeto porque anima a denigrar, a denostar, a linchar a quienes no se pliegan a sus dictados. Y, al mismo tiempo, muestra una exquisitez tan extrema y exagerada con otros, que prohíbe muchas expresiones que ni por asomo tienen ánimo de injuriar

En España, la expansión fue primero consentida y después alentada por las élites porque políticos y burócratas cayeron en la cuenta de que podían utilizarla en su favor. Clasificar a la sociedad en rebaños dificulta el control sobre los gobernantes. Además, políticos y partidos podían suplir su mala gestión y ganar notoriedad sumándose a las nuevas “causas sociales”, incluso llegando a ser sus ideólogos. Y por último, la súbita eclosión de “discriminaciones” justificaba una ingeniería social que, como es lógico, lleva aparejada más poder y más gasto. Claro que… una cosa es resolver problemas y otra muy distinta favorecer a unos cuantos grupos de activistas bien organizados. Con demasiada frecuencia, las nuevas medidas no sólo agravan los problemas, sino que crean otros nuevos. Y la solución, cómo no, es la creación de más organismos, más observatorios, más burocracia, más presupuesto…

Pero juzgar a los individuos por el colectivo al que pertenecen, y no por sus hechos y cualidades personales, desemboca finalmente en aquello que la corrección política dice combatir: la injusta discriminación. 

Error sobre error, la ingeniería social no cambia la naturaleza humana, no puede erradicar la maldad, mucho menos construir un mundo feliz. Más bien suele conseguir lo contrario. De hecho, la corrección política, como herramienta de transformación social, se ha convertido en un factor determinante de la alarmante polarización política que hoy aflora en muchos países. Convierte a muchas personas en personajes dogmáticos, quejumbrosos y neuróticos, que en todas partes ven agresiones, conflictos, agravios contra su propio colectivo. A un martillo todo le parecen clavos.

Aun sin saberlo, podemos estar convirtiendo el mundo en un sufrido espejo de nuestros miedos y traumas personales. En esta línea se revela Richard Dawkins, con quien no comparto su ateísmo militante, pero que acierta al afirmar que:

”La Universidad no puede ser un “espacio seguro”. El que lo busque, que se vaya a casa, abrace a su osito de peluche y se ponga el chupete hasta que se encuentre listo para volver. Los estudiantes que se ofenden por escuchar opiniones contrarias a las suyas, quizá no estén preparados para venir a la Universidad“
         
Se que con este post voy a ganarme los adjetivos de islamófobo, homófobo, incorrecto políticamente, intolerante y fascista. Lo doy por descontado y lo asumo, pues parafraseando a Thoreau:

“El único sitio decente para un hombre libre, en una sociedad que persigue injustamente las libertades, es la cárcel”

Todas estas políticas, sobre las que reflexionamos, responden al ideal Gramsciano de superación de la “Cultura Occidental” como vía para su destrucción y posterior imposición de una Sociedad Marxista en la que sea posible la creación de la utopía del “Hombre Nuevo”

No olvidemos que, para Gramsci, teórico marxista italiano idolatrado por los neocomunistas:

“Si la revolución brota de un hecho violento o de una ocupación militar, siempre será superficial y precaria, y se mantendrá asimismo en un estado violento. El hombre no es una unidad que se yuxtapone a otras para convivir, sino un conjunto de interrelaciones activas y conscientes. Todo hombre vive inmerso en una cultura que es organización mental, disciplina del yo interior y conquista de una superior conciencia a través de una autocrítica, que será motor del cambio. La vida humana es un entramado de convicciones, sentimientos, emociones e ideas; es decir, creación histórica y no naturaleza”.

Y, por lo tanto el gran objetivo del marxismo contemporáneo ha de ser, como lo fue en su primer experimento en el “Mayo del 68” ─El mayor éxito hasta la fecha de la penetración del marxismo en las sociedades occidentales─ la destrucción de la familia, de la religión, de los principios morales occidentales de raíz cristiana, que constituyen, en lenguaje gramsciano, el entramado de convicciones, sentimientos, emociones e ideas, que conforman el armazón de la sociedad occidental que debe ser destruida como paso previo a la implantación de una sociedad marxista.

Lo más lamentable es que es que todo esto se está haciendo con la complicidad, o al menos con la obtusa idiocia del pasotismo de algunos sectores definidos como “conservadores” o considerados “de derecha”, como pueda ser el propio Partido Popular, trufados de corrección política de sesgo socialdemócrata.

No quiero concluir esta reflexión introductoria sin una referencia a lo que está sucediendo actualmente en los países occidentales: El crecimiento político de los movimientos “antistablishment”.

Efectivamente, los ciudadanos de los países occidentales están decantando su voto hacia posiciones que, con carácter siempre despectivo, el stablishment izquierdista socialdemócrata, que nos viene gobernando por décadas, define como “POPULISTAS” y ello, a mi juicio, no es más que una reacción de las “mayorías silenciosas” que se han visto flagrantemente perjudicadas por las políticas en beneficio de las minorías étnicas, sexuales o religiosas y han contemplado como su propio “bienestar” se ha reducido, mientras el de esas minorías ha mejorado, pero no gracias a su esfuerzo, su trabajo y su mérito, sino a través de multimillonarias subvenciones o subsidios pagados con sus impuestos.

En cualquier caso, si somos optimistas, todavía nos queda la reflexión de Popper:

“El marxismo solamente constituye un episodio más, uno de los tantos errores cometidos por la humanidad en su permanente y peligrosa lucha para construir un mundo mejor y más libre”

Veremos cómo evoluciona todo, y si Popper tenía razón, pero la denuncia de la situación que hoy vivimos debe hacerse para contribuir a la superación de la situación de acercamiento al apocalipsis social.

Ante este panorama, recemos….


© 2019, Jesús Fernandez-Miranda y Lozana

miércoles, 6 de febrero de 2019

ULISES ENTRE SIRENAS

                             Ulises y las sirenas. Herbert Draper (1909)


" …Detén tu nave y ven a escuchar nuestras voces. Después de deleitarse con ellas quienes las escucharon se van alegres conociendo muchas cosas que ignoraban, … sabemos cuánto sucede sobre la tierra fecunda". LA ODISEA Canto XII

                El ciudadano contemporáneo se encuentra, como Ulises, en la encrucijada de abandonarse a los cantos de las Sirenas, que le prometen hacerles partícipes de la verdad y la felicidad, pero que sólo quieren moldear la Sociedad a su antojo, o resistir a tal embelesamiento y proseguir, con criterio propio, la senda de su vida, tratando de alcanzar el conocimiento por si mismo y no como regalo de seres mágicos y embaucadores.

            Y ese es el reto que debemos afrontar, con reforzado ahínco, quienes hemos hecho de nuestra vida vocación por encontrar la sabiduría y la verdad mediante el estudio y la reflexión.

Ante el rechazo sufrido, las sirenas no tuvieron otro remedio que cumplir con sus promesas, por lo que una de ellas debía morir.

La escogida fue Parténope, que se lanzó al mar. Su cuerpo fue arrastrado hasta la costa, donde fue enterrada con grandes honores, construyéndose también un pequeño templo en su honor alrededor el cual se fundó un pueblo, Parténope, que tiempo después sería Nápoles.

Sin embargo, ninguno de los augures mediáticos o políticos que hoy en día nos prometen “conquistar el cielo”, alcanzar la felicidad, o la plenitud de nuestras añoranzas, están dispuestos a sacrificarse cuando los hados desoyen sus promesas; viven demasiado acomodados para aceptar sus falsarias propuestas.

Las redes sociales han usurpado el lugar que correspondía a los oráculos clásicos. Delfos o Dodona han sido sustituidos por Tweeter, Instagram, Facebook y demás chats en los que los charlatanes de cada ideología tratan de difundir sus predicciones, más que opiniones, sobre la realidad cotidiana, y con la particularidad de que cuando la verdad, siempre tozuda, les desautoriza, borran sus mensajes, y como si la verdad fuere tornadiza, inician su nueva andadura con criterios, las más de las veces, contradictorios con sus antiguos pronósticos.

Hoy los políticos y los medios, al amparo de la adaptación a las circunstancias del momento, propia de la corrección política y del principio “haz lo que yo te diga, no lo que yo haga”, opinan blanco o negro según sople el viento que consideren más favorable a sus intereses y objetivos cortoplacistas. Las promesas electorales siempre se quedan en agua de borrajas y la información no tiene por objeto crear una opinión pública plural e informada, sino servir a los intereses de quienes financien sus piruetas ideológicas.

A esta descomposición intelectual ha contribuido lo que Baumann ha llamado “Sociedad Líquida”, una sociedad en la que ya no existen principios sólidos, sino mutables conforme a las circunstancias, y en donde el más preciado objetivo de cada ciudadano ya no sería el afán de superación de la propia situación, sino el mero conformarse con quedarse como está, que papá Estado ya proveerá.

Me revelo contra esta Sociedad, no quiero que mis hijos sean volubles y sin principios sólidos, o que abandonen la exigencia del afán de autosuperación, pues ello solo conduciría a una sociedad decadente, languideciente y sin futuro.

Y no estoy dispuesto a vivir mi vida o censurar mis opiniones conforme a los dictados de ese “despotismo ilustrado” puritano y liberticida que es la Corrección política, que gira sobre el paradigma “Haz lo que yo te diga, no lo que yo haga”, formulado en beneficio de los propios políticos y de los medios a ellos apesebrados en defensa de sus privilegios económicos y su poder político.

Y que dicten todas las leyes que quieran para constreñir mi libertad, pues yo las violaré todas, ya que, como he recogido en varios de mis posts, opino como Thoreau en su “Desobediencia Civil”:

                          “El único sitio decente para un hombre libre, en una sociedad que persigue injustamente las libertades, es la cárcel”

Entre los acordes que llenan mi memoria de melómano, la pieza que más pueda recordarme al canto de las sirenas sería el "Coro a bocca chiusa" de Madame Butterfly de Puccini, que les acompaño en el siguiente video:


© Jesús Fernandez-Miranda, 2019