viernes, 6 de noviembre de 2020

LA NUEVA, VIEJA, IZQUIERDA

 


    Vuelvo a publicar mis "Reflexiones Heteróclitas" agobiado por lo que creo que es la cercanía, indeseada, a una Dictadura de corte marxista y populista buscada por la izquierda totalitaria que nos gobierna.

    A los filósofos herederos del movimiento “Mayo 68” les entusiasma el concepto de “subversión permanente”.

    Así se manifiesta, por ejemplo, los Gluksmann (padre e hijo)

    Claro está que lo de la "subversión permanente" viene bien para un país como España, que ha respaldado en las elecciones a un estalinista metido a permanente "subvertidor" o emancipador, o lo que sea que pretenda hacer Pedro Sánchez en compañía de Pablo Iglesias y sus socios parlamentarios antisistema. Se entiende, por tanto, la adopción del concepto.

    En cualquier caso, conviene aclarar que buena parte de la izquierda occidental, heredera del sesentayochismo, no ha hecho todavía la crítica del totalitarismo, ni del propio ni del ajeno, por mucho que haya asimilado las pretendidas formas emancipatorias de esa parodia de revolución, que fue Mayo del 68.

    Por ello, los líderes de la nueva (aunque vieja) izquierda, antisistema y republicana, sigue transitando por los vericuetos de ese totalitarismo soviético, que no han sabido abandonar, aunque lo hagan con un barniz gramsciano, por aquello de darle un tinte más intelectual.

    Prueba de ello es que como dijera el profesor alemán Peter Sloterdijk,

“La permanencia del antifascismo, como ideología dominante, se debe a que el fascismo de izquierda nunca hizo sus duelos. Sus representantes nunca confesaron lo que en verdad son. Acusando de fascistas a los fascistas de derecha y ocultando su propia calidad de fascistas, incluido el maoísmo, que fue el peor de los fascismos”.

    Y no se trata de una consideración caprichosa sobre nuestra izquierda gobernante, sino que se refleja en sus propios actos y actitudes permanentes.

    La última lo es la Orden publicada en el BOE de 5 de noviembre de 2020, Orden PCM/1030/2020, de 30 de octubre, por la que se publica el “Procedimiento de actuación contra la desinformación” aprobado por el Consejo de segundad Nacional, que no es sino un remedo de la censura franquista a la prensa, disfrazada de “medidas para el bien de la ciudadanía”

    O la Orden de intervención de las redes sociales para evitar “informaciones fake” que el Gobierno ha llevado hoy al BOE y que incluye la creación de una comisión bajo la batuta del jefe de Comunicación de Moncloa, Miguel Ángel Oliver.

    La cabeza visible de este plan en España ha sido el jefe de Gabinete del presidente Pedro Sánchez, Iván Redondo.

    Todo ello no son sino manifestaciones de aquel no superado totalitarismo de la izquierda marxista para limitar las libertades de información, opinión y expresión de los disidentes y así garantizar el monopolio de la información y de la opinión, a modo del “Ministerio de la Verdad” orwelliano.

    Sin embargo, nuestra izquierda no respeta ni al propio Marx que criticaba a los revolucionarios hoy al uso con estas palabras, descriptivas y premonitorias:

"La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran, temerosos en su exilio, a los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal”

    Afirmando que cada Revolución ha de tener su forma y su estética propias, las adecuadas al momento histórico en que se produzca y no imitando las actitudes de otras revoluciones anteriores, advertencia que no parece ser recordado por la NUEVA IZQUIERDA que pretende encarnar PODEMOS, que no deja de ser un calco risible de los mensajes frentepopulistas de la España de los años 30 del s.XX (Arderéis como en el 36 – Vamos a quemar la conferencia episcopal - La referencia permanente a la República- No Pasarán- etc…)

    Y mientras todo esto ocurre, la UE no se cree el proyecto de Presupuestos presentado por el Gobierno Sanchista, y dudan de sus números desde el Gobernador del Banco de España hasta la mayoría de los economistas con sentido crítico.

    Los derechos y libertades de los ciudadanos se restringen con seis meses de suspensión del Congreso, se trata de politizar la Justicia y nuestros tribunales, tanto el Supremo como en Constitucional se han reciclado en modo “Bella Durmiente” y la dictadura de las izquierdas avanza inexorable.

    ¿Y que hace el Pueblo Soberano?

    Educado, durante la Dictadura de Franco, a vivir holgadamente y sin rechistar, los 40 años de democracia han servido para anestesiar aún más su conciencia gregaria de rebaño adocenado, que resiste todo y cualquier cosa sin protestar.

    Los bienpensantes esperan que el freno a tanto abuso venga de la UE, pero esta, impregnada de socialdemocracia, no hará nada hasta que sea tarde,

    Y al final, cuando los abusos sean insoportables y haya muertos por violencia del Estado Dictatorial, explotará otra guerra civil, mientras los demás europeos repetirán el “mantra” de nuestra leyenda negra.

“Cosas de los españoles, que no tienen arreglo”

sábado, 8 de agosto de 2020

TORCUATO O LA COHERENCIA

    Hoy me veo en la necesidad de contestar a un artículo publicado por un tal Julio Merino en el digital “Cierre Digital” bajo el título:

“El día que el estratega de la Transición, Torcuato Fernández Miranda, lloró y se arrepintió de dar el sí a las Autonomías”

    Todo lo relatado en este artículo no es más que una falsedad, e intuyo que, en el fondo, no es más que una manipulación de la figura de mi padre con el oculto deseo de criticar a Don Juan Carlos I, desde posiciones de ultraderecha en que al parecer se ha movido siempre este personaje, según he podido averiguar.

       En el texto de este artículo su autor manifiesta que le unía a mi padre una “vieja amistad”, amistad desconocida tanto por mí como por mis hermanos, lo que me hace, de entrada, dudar de su existencia.

    Pero empecemos por el principio.

    Torcuato Fernandez-Miranda no era un hombre de lágrimas, y puedo asegurar que durante el tiempo que compartí su vida nunca le vi llorar, es más, pese a la imagen de adusto, serio y frio, no lo era, y se enfrentó a los momentos más difíciles de su vida con un sentido del humor constante, una verdadera manifestación de la alegría que presidía su vida íntima y privada.

    De hecho, en algún momento de su vida afirmó

Os aseguro que el llanto más doloroso es aquel que carece de lágrimas, de lamentos y de palabras.”

    Continúa su relato ficticio el Sr. Merino afirmando que, en la primavera de 1980, lo encontró pesimista como asqueado de todo, desilusionado, desesperanzado, un místico de la catástrofe…

    Desde luego no era esa la imagen que mi padre transmitía no era desde luego un espejo de la alegría, pero tampoco llegó, nunca a esa desilusión o desesperanza.

    Y es a partir de este punto donde el relato de Merino toma unos derroteros absolutamente disparatados, pues según relata, mi padre le manifestó su arrepentimiento sobre varias cuestiones, incluso sobre la propia Transición, y pone en boca de mi padre la afirmación de que el proceso de conquista de la democracia debería haberse hecho desde la absoluta ruptura con el franquismo, y por tanto de acuerdo con las posiciones de la Platajunta, que no era sino el conjunto de partidos y movimientos sociales que querían la ruptura total con el franquismo y no la transición.

Tales afirmaciones son Inconcebibles en Torcuato Fernandez-Miranda.

       Además, para explicar las falacias contenidas en el artículo de Merino, debemos tener en cuenta que Torcuato era un creyente profundo para quien un “juramento” era cuestión de esencial importancia, y él había jurado respetar las “Leyes Fundamentales” del franquismo no en una, sino en varias ocasiones, razón por la cual nunca hubiera apostado por la ruptura y vulneración de aquellas leyes, ni por apoyar la tesis de un referéndum que decidiera entre República y Monarquía de acuerdo con las tesis de la “Platajunta”, pues eso hubiese sido una traición impensable al Rey.

Torcuato defendió, siempre, la formulación del tránsito a la Monarquía Parlamentaria y democrática a través de la formulación de hacerla “De la Ley a la Ley”, es decir respetar la legalidad franquista para desde ella llegar a una nueva legalidad democrática, procedimiento que estaba pactado con Don Juan Carlos mucho antes de su acceso a la Corona.

       En cuanto al Rey Don Juan Carlos I hemos de recordar, también, que en el año 1969 el General Franco propuso al entonces Príncipe Juan Carlos, de 31 años, asumir la posición de ser su heredero, a título de Rey, para lo que era imprescindible que jurase lealtad a las “Leyes Fundamentales” del régimen.

       Ello supuso un dilema moral para el Príncipe, pues le preocupaba que para alcanzar su íntimo deseo de que su Monarquía fuese una Monarquía “de todos los españoles” parlamentaria y democrática, tuviese que romper su juramento.

       El conflicto se salvó con el consejo de Torcuato Fernández-Miranda,  quien argumentó que la jura de las “Leyes Fundamentales” llevaba implícito el juramento del procedimiento establecido para su modificación, que habría de ser la llave de la democracia.

Por otra parte, es definitiva para manifestar que todo lo contado en el artículo de marras es falso absolutamente, de la afirmación de su arrepentimiento por dar el SI a las autonomías, pues nunca dio ese “SI”, de hecho Torcuato Fernandez-Miranda no votó a favor de la aprobación de la Constitución, y efectivamente no lo hizo por el recorte de facultades de la Corona, y por la inclusión del concepto “Nacionalidades” en su texto, y la regulación de las Comunidades Autónomas, dado el riesgo que suponía, hoy concretado, de desintegración territorial de España.

Así, mi padre no asistió a la sesión del Senado en que se votó la Constitución, ni su firma aparece en el ejemplar original de la Constitución, que se custodia en el Congreso y en el que aparecen las firmas del Rey, del Gobierno y de todos los Diputados y Senadores, pero no la firma de mi padre.

Después de ello explicó al Rey Juan Carlos las razones de no votar a favor de la Constitución, elaborada desde el “consenso” entre la UCD de Suárez y el PSOE de Felipe González, con formulaciones que le preocupaban enormemente.

El Rey premió su trabajo, lealtad y dedicación, con el Ducado de Fernandez-Miranda y con la concesión del Toisón de Oro, máximo galardón dinástico a los servidores de la Corona.

Y no olvidemos que, tal y como aparece en la fotografía de la firma de su abdicación en su despacho de la Zarzuela, entre las fotografías colocadas en su biblioteca aparece la fotografía de Torcuato, el único personaje no miembro de la familia Real que aparece entra las fotos de la familia, en dicha biblioteca.

Y les aseguro que no existió conflicto o desencuentro entre mi padre, Torcuato, y el Rey Juan Carlos I, y ello lo apoyo en una reciente anécdota.

Un buen amigo me comentó hace algunos meses, que en un almuerzo que compartió con don Juan Carlos el Rey manifestó expresamente:

“Torcuato Fernandez-Miranda ha sido la persona más leal y fiel a la Corona y a mí mismo, de las muchas que he conocido a lo largo de mi vida.”

CONCLUSIÓN Julio Merino hace un artículo en el que se inventa la amistad con mi padre y manipula su figura, y quien sabe si no lo hace con la intención de hacer una crítica más a Don Juan Carlos I en otra manifestación de hacer leña del árbol caído.


domingo, 2 de agosto de 2020

GENERALES NEGROS DEL EJÉRCITO ESPAÑOL EN AMÉRICA. LA AMÉRICA NO ESCLAVISTA ESPAÑOLA


Retrato del General Puello por Ferrer Dalmau


Estados Unidos vive la tormenta perfecta de su «Black lives matter», que se ha extendido hacia la “Hispanofobia” con el derribo de esculturas que representan a personajes de nuestra historia que contribuyeron a forjar la Nación norteamericana.

Sin embargo, las revueltas populares nada tienen que ver con la discriminación racial en EEUU.

Cierto que pudieron comenzar como consecuencia de la muerte de George Floyd, un ciudadano negro, en una actuación abusiva de un policía blanco, ya apartado del Cuerpo Policial y a la espera de juicio por su acción, pero pronto degeneraron en una protesta financiada por los lideres antisistema mundiales, especialmente Soros, convirtiéndose en un movimiento revolucionario de corte anarquista antisistema, que más tarde o más temprano acabará siendo reprimido por las autoridades, ya estatales, ya federales.

Y todo ese movimiento, en cuanto a su manifestación “hispanofóbica” demuestra una incultura absoluta hacia lo que España y los Españoles representaron para América.

Así, se acusa de esclavista a Colón y a los Reyes Católicos, cuando todos los indígenas traídos por Colón a la Península, fueron devueltos a sus tierras por orden Real.

De igual modo, ya en 1504, tan solo 12 años después del descubrimiento de América, la Reina Católica dio instrucciones para que:

«No consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien».

La “Real Cedula de 1514” de Fernando el Católico, vino a avanzar en la colonización no esclavista de América, al autorizar los matrimonios mixtos, y reconocía de forma legal una realidad que se convertiría en una de las principales características de la experiencia colonial española, y cuyas consecuencias afectarían el entramado social de Sudamérica hasta nuestros días: el mestizaje, debiendo advertirse como mientras en EEUU y Canadá el porcentaje de población indígena o mestiza es del 3 o 4 %, mientras que en los países de habla hispana de sudamerica ese porcentaje es superior al 85%.

Por otra parte, en EEUU no se autorizaron los matrimonios mixtos entre blancos, indios o negros hasta los años 60 del s.XX.

Incluso se ha vandalizado una escultura de Cervantes, desconociendo que él mismo fue esclavo de los berberiscos en Argel durante cinco años, hasta su liberación por los padres trinitarios.

En cualquier caso, la esclavitud en España, que fue una práctica habitual en los diferentes reinos de la península ibérica durante la Edad Media, se abolió pronto en las posesiones españolas en América. 

La esclavitud indígena fue abolida con las Leyes de Burgos en 1512, tan sólo 20 años después del descubrimiento. 

En 1873 se abolió todo tipo de esclavitud, aunque de facto no había esclavos en la península ibérica desde 1766, cuando fueron expropiados por el Estado y vendidos a Marruecos o liberados.

Sólo Cuba y Puerto Rico quedaron expresamente exentas de cumplir la norma, pues amenazaron que si se abolía la esclavitud se unirían a los Estados Unidos.

La exención relativa a Puerto Rico fue derogada por la I República en 1873, y la de Cuba en 1886, si bien desde 1880 ya no se permitía la tenencia de nuevos esclavos

En cualquier caso, de entre las potencias colonizadoras, España fue posiblemente la menos esclavista como consecuencia de la firma del Tratado de Tordesillas en 1494, que impedía el transporte de esclavos desde África, entre otros límites al comercio.

Tratados posteriores, como por ejemplo el firmado en 1713 con Inglaterra cedían la totalidad del comercio de esclavos de raza negra a otras potencias.

Como consecuencia directa de esta política, en las regiones conquistadas por España apenas existieron negros.

Además, los esclavos tenían derechos impensables en otras latitudes, como el descanso dominical, establecer pequeños negocios de subsistencia y comprar su libertad. Y aunque hoy pueda pensarse lo contrario, tanto los indígenas americanos como los afrodescendientes fueron firmes pilares de la monarquía hispánica frente al independentismo americano. Se sentían protegidos por el Rey frente a las arbitrariedades de los criollos, oligarcas de origen español, como Simón Bolivar, perteneciente a una rica familia propietaria de minas de cobre.

    Pero aquí no se acaba la historia colonial no esclavista americana de España, pues el primer General Negro con mando sobre soldados blancos, del que tenemos noticias en el mundo entero, lo fue Eusebio Puello y lo fue en 1861, un siglo antes de que EE.UU. tuviera alguno, cuando Benjamin Davis llegó a general en 1960.


Eusebio Puello y Castro nació en 1811 en Santo Domingo, el antiguo territorio hispano que ocupaba la mitad occidental de la isla de La Española. Ingresó en filas en 1824 y siempre demostró un gran valor y una extraordinaria capacidad de liderazgo, lo que le proporcionó una meteórica carrera durante las guerras de la República Dominicana contra sus vecinos de la República de Haití.

En 1859 y ante las continuas invasiones haitianas, Santo Domingo solicitó la anexión a España para protegerse de sus violentos enemigos. 

Puello sería admitido entre las tropas españolas en 1861 con el grado de mariscal de campo (general de división). Pronto tuvo que hacer frente a la sublevación de sus compatriotas opuestos a la anexión, que abrió desde 1863 un período de casi tres años de guerra, en la que participaría del lado de España en innumerables combates.

España decidió abandonar su presencia en Santo Domingo en 1865. Los numerosos dominicanos que, como Puello, habían apostado por España se vieron en la necesidad de emigrar a Cuba o Puerto Rico. Como otros muchos afrodescendientes libres convivieron con los rescoldos de una esclavitud que, debido a los intereses de los oligarcas y hacendados antillanos, no sería abolida definitivamente hasta 1888.

Puello había sido condecorado con la Gran Cruz de la Orden de Carlos III por su actuación en Santo Domingo. Al estallar la sublevación independentista cubana en 1868, empuñó nuevamente las armas, ahora para defender la integridad nacional de su país de adopción. Mientras otros compañeros dominicanos emigrados eligieron unirse a los rebeldes cubanos, Puello participó en numerosas operaciones militares -siempre al mando de tropas españolas de raza blanca- contra los mambises, como eran llamados los insurrectos.

A mediados de 1869 fue nombrado comandante general del Departamento Central o de Camagüey, con sede en Puerto Príncipe. Allí fortificó la ciudad, reparó las líneas de ferrocarril y animó a los habitantes, muy afectados por el hambre y las enfermedades tropicales.

El 30 de diciembre de 1869, al mando de una columna compuesta por unos 1.200 hombres (Batallones de Chiclana, La Unión, Reina y Voluntarios de Madrid; Infantería de Marina, Caballería, Ingenieros y 4 piezas de artillería) atacó y ocupó el pueblo de Guáimaro, que las fuerzas insurrectas habían establecido como su capital.

El 1 de enero de 1870 se enfrentó en Las minas de Juan Rodríguez (en el camino de Guáimaro a Palo Quemado) a las tropas rebeldes dirigidas por el aventurero norteamericano Thomas Jordan (un antiguo general del ejército confederado) y el líder independentista Ignacio Agromonte. En esta acción, sus tropas sufrieron 223 bajas y Puello resultó herido en el asalto a pecho descubierto contra un enemigo fuertemente atrincherado y emboscado, que le esperaba con el grueso del ejército rebelde. Su arenga a sus soldados bisoños fue:

 «¡Soldados! ¡Yo que soy negro, me ofrezco como blanco a los enemigos de España! ¡Adelante!»

Cuatro meses más tarde y tras recibir críticas por deficiencias en la administración y organización de sus tropas, Puello sería relevado del mando de Camagüey y, aunque estaba dispuesto a seguir cumpliendo con su deber hacia España, no volvería a dársele ningún mando en campaña.

A las secuelas de sus muchas fatigas y heridas de guerra se unió el pesar de sentirse apartado y olvidado. Pocos meses después, un 15 de diciembre de 1871, el valiente, honrado y leal general fallecía en la ciudad de La Habana, rodeado de sus diez hijos, fruto de su unión con cinco esposas diferentes.

Sin embargo, puede que Puello no sea el primer negro con rango de General en el ejército español, pues hay un personaje llamado Georges Biassou que ostentó dicho rango, aunque no al mando de tropas regulares sino de los “auxiliares negros”.


George Biassou nació en 1741 en Haití hijo de esclavos traídos de África para trabajar en la isla, y murió en 1801, en San Agustín (Florida) fue un prócer de la independencia haitiana y el primer líder de los esclavos rebeldes de Haití.

El mismo Biassou fue esclavo de Los Padres de la Caridad, ​ trabajando en plantaciones de azúcar.

En 1791, miles de esclavos se levantaron y se enfrentaron contra sus dueños blancos.

Biassou, que tenía en aquel momento cincuenta años, se unió a ellos y pasó a asumir rápidamente la jefatura rebelde con Jean Francois.

Biassou envío a 40.000 esclavos, para que quemaran las plantaciones y asesinaran a los blancos.

En cuatro años de guerra, Biassou desarrolló una importante reputación que provocó el desarrollo de leyendas sobre su persona.

Dado que la isla de la Española, estaba dividida entre España y Francia los esclavos decidieron luchar contra los franceses uniéndose al bando español.

Allí, el gobernador español reclutó a los esclavos rebeldes, ofreciendo a los líderes de la revolución haitiana libertad para ellos y sus familias y posiciones en el ejército de Santo Domingo en la guerra contra Francia.

El gobernador les dio armas, suministros, ropa,​ salarios y la nacionalidad española.

Jean - Francois Papillón, Jorge Biassou, y su ayudante Toussaint L'Ouverture recibieron medallas de oro y cartas de agradecimiento y confianza por parte del gobierno español.

Biassou fue reconocido como "Caudillo de los Auxiliares Negros de Carlos IV" en Santo Domingo​ y "Virrey de los territorios conquistados".

Aunque el gobernador les estaba agradecido por sus hazañas en la guerra contra Francia, cuando esta terminó, los auxiliares negros fueron disueltos y enviados fuera de la Española, y con tanta rapidez que Biassou no tuvo tiempo de vender su propiedad o encontrar a su madre.

A Biassou y varios de sus seguidores se les ordenó marchar a San Agustín (Florida).

Biassou se trasladó a Florida con su familia y sus seguidores en 1795 y, allí, se instaló como un ciudadano libre español.

 El gobernador español de Florida le nombró General de la milicia negra.

Jorge Biassou sirvió en el ejército militar de San Agustín durante cinco años. Murió en 1801 a la edad de sesenta años, como hombre libre y ciudadano español.

Tras su muerte, surgió un importante y expontáneo reconocimiento de la posición del General Biassou como un oficial condecorado de España, incluso reemplazando las distinciones raciales. Se le honró con una misa y el Gobernador acompañó el cortejo fúnebre al cementerio de la iglesia con tambores y una guardia negra de honor.

Jorge Biassou está enterrado en el cementerio de Tolomato, aunque la ubicación exacta de su tumba se desconoce.

Como conclusión de esta reflexión, podríamos resumir diciendo que la esclavitud y el genocidio de indígenas, no llegaron a América en la Pinta, la Niña y la Santa María en 1492, sino con el Mayflower en 1620.

Y concluimos esta reflexión con la “Marcha de Infantes” que es la marcha de honor a los Generales, según las vigentes ordenanzas militares.






jueves, 30 de julio de 2020

COVADONGA


La “Santina”, como es conocida en Asturias la Virgen de Covadonga, es no solo patrona del Principado, sino la advocación mariana que con mayor respeto y cariño llena el corazón de los asturianos.

Y da igual del Concejo que uno sea, o sus adscripciones políticas o culturales, la “Santina ye la Santina”, y no hay más que hablar.

El origen de la advocación se remonta a la mítica batalla de Covadonga, que os relato, y que tuvo lugar en el año 718, aunque otros autores la fechan en el 722 en un paraje próximo a Cangas de Onís (Asturias), entre el ejército astur de Don Pelayo y tropas de al-Ándalus, que resultaron derrotadas.

​ Algunos autores han señalado que la pretendida batalla no fue sino una mera escaramuza que supuso el afianzamiento del caudillaje carismático de Pelayo, así como de la alianza entre los visigodos refugiados y la aristocracia indígena.

Las crónicas árabes restaron importancia al acontecimiento —«un cronista musulmán tardío, al-Maqqari, afirma que las huestes de Alqama decidieron retirarse de las montañas astures porque al fin y al cabo allí sólo había "treinta asnos salvajes", por lo que se preguntaron "¿qué daño pueden hacernos?"»—, mientras que los cristianos más adelante lo magnificaron llegando a considerarlo algunos eclesiásticos próximos a la corte, años más tarde, nada menos que el punto de partida de "la salvación de Hispania".

Tras la caída del reino visigodo, el bereber Otman ben Neza, conocido por los cristianos como Munuza, fue nombrado valí del tercio noroccidental de la península. Su autoridad fue desafiada por algunos dirigentes astures que, reunidos en Cangas de Onís en 718 encabezados por Pelayo, decidieron rebelarse negándose a pagar impuestos exigidos, el jaray y el yizia.

Tras algunas acciones de castigo a cargo de tropas árabes locales, Munuza solicitó la intervención de refuerzos desde Córdoba. Aunque se restó importancia a lo que estaba sucediendo en el extremo ibérico, el valí Ambasa envió al mando de Al Qama un cuerpo expedicionario, acompañado por el obispo Don Oppas que trató de convencer a Pelayo que se plegase al poder musulmán y renunciase a su rebelión.

Pelayo esperó a los musulmanes en un lugar estratégico, como el angosto valle de Cangas de los Picos de Europa cuyo fondo cierra el monte Auseva, donde un atacante ordenado no dispone de espacio para maniobrar y pierde la eficacia que el número y la organización podrían otorgarle.

El enfrentamiento se produjo en la cueva de Covadonga, en el año 722 (718 para otros historiadores), y se saldó con la completa derrota de los sarracenos.

Se desconocen las dimensiones exactas del ejército de Pelayo o el de Al Qama, aunque los recientes descubrimientos arqueológicos hacen pensar que las fuerzas cristianas de la región eran de varios miles y que, consecuentemente, las tropas musulmanas de Al Qama, serían de una entidad tal que no cabría calificar al enfrentamiento de escaramuza.

La cuestión es que las tropas sarracenas fueron diezmadas, obligando a Munuza a escapar de Gijón, donde se hallaba en ese momento.

Al Qama halló la muerte en este lance, mientras que sus fuerzas sufrieron grandes pérdidas en su desordenada huida, al caer sobre ellos una ladera debido a un desprendimiento de tierras, muy probablemente provocado por los cristianos, cerca de  Cosgaya en Cantabria.

La Batalla de Covadonga supuso la primera victoria de un contingente rebelde contra las fuerzas musulmanas. Tuvo una amplia difusión en la historiografía posterior como detonante del establecimiento de una insurrección organizada que desembocaría en la fundación, en principio, del reino independiente de Asturias, y de otros reinos cristianos.

A ella se refieren ya las crónicas de Alfonso IIICrónica de Albelda, datada en el año 881.

La falta de documentación en relación con la figura de Pelayo ha hecho posible que en torno a él surjan ciertas leyendas.

Sin embargo, se encuentran bases suficientes para afirmar la historicidad del personaje.

En un manuscrito del siglo IX se le considera hijo del duque Fávila y perteneciente a la corte del rey visigodo Witiza (700-710).

A parte de la situación estratégica se dice que Covadonga era un lugar mágico. La leyenda cuenta que un ermitaño había revelado a Don Pelayo los secretos de la cueva y la salida por la gruta de Orandi, que según antiguos relatos conecta con la Cueva Santa y que sería el camino usado por los guerreros de Pelayo para apostarse en la Cueva Santa en espera de la llegada de los sarracenos.

 Antiguamente se asociaba a la Santa Cueva propiedades mágicas y se rendía culto a la Virgen en ella. El nombre de Covadonga (Cueva de la Señora o Cueva Honda) hace referencia a este culto.

Dejando de lado la exageración de las cifras de los ejércitos y los elementos mágicos, la victoria en la batalla de Covadonga de los astures se debió a una falta de juicio por parte de Córdoba, que consideró que no era necesario prestar atención a las revueltas, y la falta de estrategia del general Alqama.

En cualquier caso, con o sin leyendas, pues existen muchas en torno al origen de Pelayo, su papel en la Corte Visigoda, o el desarrollo de la Batalla/Escaramuza, se puede afirmar que esa gran batalla o pequeña revuelta, fue el comienzo del Reino de Asturias, que primigeniamente estableció su Capital en Cangas de Onís, muy cerca de Covadonga, y de la “Reconquista” de la Península por los Reinos Cristianos, que terminaría casi 800 años más tarde, en 1492, con la conquista de Granada por los Reyes Católicos..

Por su belleza os acompaño dos vídeos de Covadonda. 







martes, 28 de julio de 2020

LA CRUZ DE BORGOÑA


    La “Cruz de San Andrés” o “Cruz de Borgoña” es un distintivo heráldico del Ducado de Borgoña, cuyo Santo Patrón era San Andrés, que fue crucificado hasta su muerte en una cruz en aspa, y fue utilizada por primera vez por el Duque Juan I Sin Miedo de Borgoña en la Guerra de los cien años, en torno a 1400.

       La llegada a España de este emblema se produce con Felipe I de Habsburgo, Duque de Borgoña, casado con Juana I de castilla, que llegó a la península en 1502, con un importante séquito, en el que se encontraba su guardia personal o “Guardia Borgoñona” cuyo emblema era la Cruz de San Andrés en rojo sobre fondo blanco.

       Del mismo modo, Felipe I vinculó a la Corona de España no sólo el ducado de Borgoña y su Cruz de San Andrés, sino también la Orden del Toisón de Oro, instituida en 1429 por el duque de Felipe III de Borgoña, así como la condición de Gran Maestre de la Orden que hoy en día ostenta S.M el Rey Felipe VI en su condición de Duque de Borgoña.


Y aquí quiero hacer un inciso, pues en mis hijas se da una condición única en la historia, cual es la de ser descendientes en línea directa del Primer Toisón de Oro concedido por S.M. Don Alfonso XII tras la reinstauración de la Monarquía en la dinastía Borbón, después de la I República y el efímero reinado de Amadeo de Saboya, en la persona del padre de su tatarabuelo, Pedro Gómez de la Serna y Tully, y del primer Toisón de Oro concedido por S.M. Don Juan Carlos I después de la reinstauración de la Monarquía en la Dinastía Borbón. tras la II República y el franquismo, en la persona de su abuelo, mi padre, Torcuato Fernandez-Miranda y Hevia.

Pero volviendo a la Cruz de Borgoña, recordemos que, con la dinastía de los Austrias, a su vez Duques de Borgoña, la Cruz se adoptó como elemento común para las banderas españolas de la época y los estandartes militares.

En tierra, esta bandera ondeó probablemente por primera vez como insignia española del ejército de Carlos I en la batalla de Pavía, en 1525.

 Posteriormente se convirtió en la más característica de las utilizadas por los tercios españoles y regimientos de infantería del Imperio español durante los siglos XVI, XVII, XVIII y comienzos del XIX.

Dado que el paño blanco con el escudo del Rey era propio de la Casa de Borbón, se utilizó en el siglo XVIII como Bandera Nacional por las distintas ramas de los Borbones que reinaban en Francia, Nápoles, Toscana, Parma o Sicilia, además de España, por lo que Carlos III decidió cambiar el pabellón nacional por la actual bandera rojigualda en el año 1785, en su génesis solo para la Armada, con la finalidad de diferenciar mejor sus naves de las de  estas otras naciones, y que, sin embargo, no comenzó a utilizarse por el ejercito de tierra hasta 1843.

En cualquier caso, la Cruz de Borgoña seguiría muy presente en la vexilología patria.

Muchas banderas, guiones y estandartes actuales de unidades del Ejército español siguen presentando este emblema.

 Un claro ejemplo lo constituyen los guiones y estandartes de la Guardia Real, así como el Escudo de Armas del Rey Juan Carlos I, aunque no así el de Felipe VI.

A nivel aéreo, el símbolo fue adoptado en el Ejército del Aire poco tiempo después de la creación de esta fuerza en España a partir de 1939, cuando se creó el Ministerio del Aire.

Los aviones militares españoles aún incluyen en su cola la cruz de San Andrés en Negro sobre fondo blanco, además de la escarapela rojigualda, como puede verse en esta fotografía.