miércoles, 6 de febrero de 2019

ULISES ENTRE SIRENAS

                             Ulises y las sirenas. Herbert Draper (1909)


" …Detén tu nave y ven a escuchar nuestras voces. Después de deleitarse con ellas quienes las escucharon se van alegres conociendo muchas cosas que ignoraban, … sabemos cuánto sucede sobre la tierra fecunda". LA ODISEA Canto XII

                El ciudadano contemporáneo se encuentra, como Ulises, en la encrucijada de abandonarse a los cantos de las Sirenas, que le prometen hacerles partícipes de la verdad y la felicidad, pero que sólo quieren moldear la Sociedad a su antojo, o resistir a tal embelesamiento y proseguir, con criterio propio, la senda de su vida, tratando de alcanzar el conocimiento por si mismo y no como regalo de seres mágicos y embaucadores.

            Y ese es el reto que debemos afrontar, con reforzado ahínco, quienes hemos hecho de nuestra vida vocación por encontrar la sabiduría y la verdad mediante el estudio y la reflexión.

Ante el rechazo sufrido, las sirenas no tuvieron otro remedio que cumplir con sus promesas, por lo que una de ellas debía morir.

La escogida fue Parténope, que se lanzó al mar. Su cuerpo fue arrastrado hasta la costa, donde fue enterrada con grandes honores, construyéndose también un pequeño templo en su honor alrededor el cual se fundó un pueblo, Parténope, que tiempo después sería Nápoles.

Sin embargo, ninguno de los augures mediáticos o políticos que hoy en día nos prometen “conquistar el cielo”, alcanzar la felicidad, o la plenitud de nuestras añoranzas, están dispuestos a sacrificarse cuando los hados desoyen sus promesas; viven demasiado acomodados para aceptar sus falsarias propuestas.

Las redes sociales han usurpado el lugar que correspondía a los oráculos clásicos. Delfos o Dodona han sido sustituidos por Tweeter, Instagram, Facebook y demás chats en los que los charlatanes de cada ideología tratan de difundir sus predicciones, más que opiniones, sobre la realidad cotidiana, y con la particularidad de que cuando la verdad, siempre tozuda, les desautoriza, borran sus mensajes, y como si la verdad fuere tornadiza, inician su nueva andadura con criterios, las más de las veces, contradictorios con sus antiguos pronósticos.

Hoy los políticos y los medios, al amparo de la adaptación a las circunstancias del momento, propia de la corrección política y del principio “haz lo que yo te diga, no lo que yo haga”, opinan blanco o negro según sople el viento que consideren más favorable a sus intereses y objetivos cortoplacistas. Las promesas electorales siempre se quedan en agua de borrajas y la información no tiene por objeto crear una opinión pública plural e informada, sino servir a los intereses de quienes financien sus piruetas ideológicas.

A esta descomposición intelectual ha contribuido lo que Baumann ha llamado “Sociedad Líquida”, una sociedad en la que ya no existen principios sólidos, sino mutables conforme a las circunstancias, y en donde el más preciado objetivo de cada ciudadano ya no sería el afán de superación de la propia situación, sino el mero conformarse con quedarse como está, que papá Estado ya proveerá.

Me revelo contra esta Sociedad, no quiero que mis hijos sean volubles y sin principios sólidos, o que abandonen la exigencia del afán de autosuperación, pues ello solo conduciría a una sociedad decadente, languideciente y sin futuro.

Y no estoy dispuesto a vivir mi vida o censurar mis opiniones conforme a los dictados de ese “despotismo ilustrado” puritano y liberticida que es la Corrección política, que gira sobre el paradigma “Haz lo que yo te diga, no lo que yo haga”, formulado en beneficio de los propios políticos y de los medios a ellos apesebrados en defensa de sus privilegios económicos y su poder político.

Y que dicten todas las leyes que quieran para constreñir mi libertad, pues yo las violaré todas, ya que, como he recogido en varios de mis posts, opino como Thoreau en su “Desobediencia Civil”:

                          “El único sitio decente para un hombre libre, en una sociedad que persigue injustamente las libertades, es la cárcel”

Entre los acordes que llenan mi memoria de melómano, la pieza que más pueda recordarme al canto de las sirenas sería el "Coro a bocca chiusa" de Madame Butterfly de Puccini, que les acompaño en el siguiente video:


© Jesús Fernandez-Miranda, 2019

miércoles, 30 de enero de 2019

VIENTOS Y TEMPESTADES



Como dijera Cicerón “Yo ya he visto otros vientos; y he afrontado otras tempestades”, lo que me permite afirmar, parafraseando a Chateaubriand, que a lo largo de mi vida he soportado tantas tempestades que, al final, no me quedan, como mesa de escribir, más que los restos de mis naufragios y en ellos me refugio y escribo, sin otro aliciente que dejar el papel garabateado como cronista de mi pasado o refugio de mis reflexiones.

En todo caso y como guía de dichas experiencias, siempre he pensado que si la vida sólo fuera, como pretende Albert Camus, la existencia corporal, sin otro espíritu ni alma más allá de la simple inteligencia, fruto de una mera evolución animal, entonces: ¿Para qué asumir cuotas de sacrificio o de sufrimiento y no limitarnos a asumir los mínimos riesgos existenciales que serían los propios de las personas juiciosas?

Se trataría entonces de ser simplemente “justos” en un sentido estrictamente Volteriano: La existencia del hombre quedaría justificada por sus “justas” aportaciones al resto de la humanidad, a los otros.

Sin embargo, aceptar esta concepción materialista sería tanto como abdicar de mis creencias y de los posos de mi educación. Mi Dios, omnipotente y misericordioso, sería apartado, abruptamente, de mis pensamientos y eso mi conciencia no me lo permitiría.

Y, hablando de los “justos”, ya lo decía Torcuato Fernandez-Miranda en su ensayo “Albert Camus y el testimonio de los cristianos”:

“Lo que pasa es que los justos, si tuviesen el poder que tiene Dios, serían omnipotentes, dictatoriales, se pondrían inmediatamente a evitar el mal, a impedirlo, a realizar esto o aquello. No comprenden que el Dios de los cristianos es, antes que nada, un Dios humilde, un Dios que respeta profundamente la individualidad, la personalidad, la libertad de todos los seres humanos, que no ejercita el poder, sino que se inclina humildemente ante la propia actitud del hombre, en sus miserias, pero en su sagrada libertad.”

Con los años uno se hace consciente de la complejidad de la vida y toma conciencia, desde aquella sagrada libertad, de las experiencias positivas y negativas de la existencia; como dicen los versos de Virgilio:

“Cuantas cosas horribles o gloriosas he visto y en cuantas de ellas he participado” (Eneida Libro Segundo, Versos 5 y 6)

            Y cada mañana, al mirarse al espejo, uno mismo ve claramente sus vicios y sus virtudes, sus yerros y sus aciertos, la vida, en fin, con sus alegrías y sus tristezas. Los vientos y las tempestades y los momentos de paz y calma vividos.

            Ya lo decía Goethe:

“Todo lo concede la fortuna a su favorito por completo, los gozos infinitos, las penas infinitas, por completo”

                Y el favorito de la fortuna, de Dios al fin y al cabo, es el hombre, a quien se le hace difícil, casi imposible, una existencia sin estridentes alegrías o tristezas deprimentes.

            Y esa paz ansiada, ese equilibrio entre ambos extremos, es la que sólo se logra en el esquivo silencio que domina la búsqueda de la felicidad, patrimonio de los Dioses que al ser humano sólo se le permite atisbar.

            Sin embargo, no quiero concebir la vida, como se hiciera en el barroco español, como un «morir viviendo» que, inexorablemente, y llena de angustias y dolor, camina hacia la muerte.

            Tampoco quiero ser, como Quevedo, un fue, un será y un es cansado.

            Cierto que las alegrías no son la felicidad, pero pienso que si el hombre es capaz de encadenar alegrías en su existencia podría vivir una suerte de “pequeña felicidad”, sin esperar a la plena felicidad que se nos augura para después de la muerte.

Y de esa manera desafiaríamos el concepto negativo de la vida propio del Cristianismo desde San Agustín, para quien el cuerpo es la cárcel del alma y el mundo el destierro del hombre, pues tal concepción negativa y de raíz Platónica, no se compadece con la idea manifestada en el Génesis

“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.” (Génesis 1,31)

            Así pues, la maldad, origen de la infelicidad, no se encuentra en el cuerpo ni en el mundo, sino en el alma libérrima del hombre, que opta por decisiones contrarias a los mandatos de Dios, y no por desafiarle u ofenderle, sino por pensar equivocada y egoístamente que la conducta desviada es la más adecuada para alcanzar sus objetivos.

Por eso el canto del hombre debería limitarse al Miserere

Miserere mei, Deus,
secundum magnam misericordiam tuam
(Salmo 51 MISERERE)


 MISERERE: Pavarotti, Zuchero, Bocelli




jueves, 24 de enero de 2019

¿POR MUCHOS O POR TODOS?



En las últimas semanas hemos sido testigos del cambio introducido por la Conferencia Episcopal Española en la fórmula de la consagración del Cáliz en la Santa Misa, que se ha producido en cumplimiento de la instrucción de la Congregación para la Disciplina de los Sacramentos y el Culto Divino de la Santa Sede, del 28 de marzo de 2001, que, sin embargo, no se ha cumplido en la práctica hasta ahora.

            El cambio se trató de explicar por una carta enviada por Benedicto XVI al Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el Arzobispo Zollistsch, en la que le manifiesta que

“… cuando hubo que traducir al alemán el Misal Romano, bajo la responsabilidad de los obispos, había un consenso exegético en que la palabra «los muchos», «muchos», en Isaías 53,11s, era una forma de expresión hebrea que indicaba la totalidad, «todos»”.

Y continúa diciendo:

“…la Santa Sede ha decidido que, en la nueva traducción del Misal, la expresión «pro multis» deba ser traducida literalmente, y no al mismo tiempo interpretada. En lugar de la versión interpretada «por todos», ha de ponerse la simple traducción «por muchos»… (aunque) ..para quienes participan habitualmente en la Santa Misa, esto pueda parecer casi una ruptura precisamente en el corazón de lo sagrado. Ellos se dirán: Pero Cristo, ¿no ha muerto por todos? ¿Ha modificado la Iglesia su doctrina? ¿Puede y está autorizada para hacerlo? ¿Se está produciendo aquí una reacción que quiere destruir la herencia del Concilio?”

            Para concluir señalando que lo cierto es que Cristo se entregó por todos, y a todos alcanza su poder salvífico, como se desprende de varios textos sagrados como son

Pablo en la Carta a los Romanos afirma (Rm 8,32) Dios entregó a su Hijo «por todos»

 El mismo pablo, en la Segunda Carta a los Corintios, hablando de la muerte de Jesús (2 Co 5,14) nos recuerda que «Uno murió por todos»

 Y, en la Primera Carta a Timoteo (1 Tm 2,6) escribe Jesús «se entregó en rescate por todos».

Entonces, con mayor razón, una vez más, debemos preguntarnos: si esto es así de claro, ¿por qué en la Plegaria Eucarística está escrito «por muchos»?

Y finaliza su reflexión afirmando que “El respeto reverencial por la palabra misma de Jesús es la razón de la fórmula de la Plegaria Eucarística”. Y que lo cierto es que los Cristianos Católicos somos hoy ni tan siquiera muchos, sino muy pocos y que, si bien Cristo se entregó por todos, sólo son “muchos” quienes desde su libertad de conciencia aceptarán el mensaje del Salvador, pues el sacrificio de Cristo y la voluntad salvífica de Dios no tienen un efecto obligatorio ni automático, pues Dios respeta nuestra libertad. De modo que cada hombre tiene que acoger en su vida la salvación que Dios le otorga gratuitamente.

            Lamento profundamente discrepar de la opinión del Papa Benedicto, de la Congregación para la Disciplina de los Sacramentos y el Culto Divino y de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuyos miembros son, todos ellos, muy respetables Doctores Teólogos de la Iglesia, y entiendo que muchos de mis lectores consideren mi postura una imprudencia y una insolencia, pero tengo la impresión de que su instrucción responde a motivos que sospecho espurios, a los que ha cedido el Santo Padre por evitar nuevos enfrentamientos con la Curia.
            Y tales motivos podrían no ser otros que:

·        El temor de los actuales responsable de nuestra Iglesia, infectada por el virus de la corrección política, de que defender la voluntad salvífica de Cristo hacia “todos” pudiera ser interpretada como una intromisión y falta de respeto a los creyentes de otros credos, especialmente los musulmanes.
·        El deseo de la Iglesia de conservar a sus fieles, o, dicho de otro modo, de evitar el abandono de las Iglesias por los católicos, cada día menos numerosos, con el argumento de que la fórmula “por muchos” expresa la terrible realidad, ya comentada anteriormente, de que sólo muchos, pero no todos, se beneficien efectivamente de ese don salvífico consustancial a la muerte de Jesús, proscribiendo una interpretación ilusoria de la salvación, que puede desembocar en la creencia de que, por el Sacrificio de Cristo Jesús estuviéramos ya salvados, pues lo cierto es que, en uso de nuestra libertad, no queramos acoger el regalo de la salvación y de la gracia, excluyéndonos así de esos «muchos» a los que Jesús desea salvar.
·        Item más, que para alcanzar esa salvación debemos acogernos al seno de la Iglesia como único vehículo doctrinal y litúrgico que garantiza el camino a esa salvación.

Pues bien, en relación con el primero de los argumentos de la Iglesia, el del respeto a la literalidad del mensaje de Jesucristo,  hemos de advertir que los conceptos hebreo [rabbîm] y arameo [saggi`îm], que son los vocablos utilizados en la versión de la que parten las traducciones de los evangelios al griego y al latín, son términos, que aun significando literalmente “muchos”, se refieren a “todos” y, especialmente, si van precedidos de artículo, en cuyo caso significan toda la humanidad, según afirman expertos en ambas lenguas. 

Pero entonces, ¿por qué cambiarlo? ¿Por fidelidad a la literalidad de las palabras de Jesús? ¿Qué literalidad, la latina, la griega o la hebrea/aramea?

En segundo lugar y ante el deseo de la Jerarquía de la Iglesia de mantener su monopolio en la gestión de ese pretendido único vehículo doctrinal y litúrgico que garantice el camino a esa salvación, hemos de defender la idea de que Cristo ofrece su vida por todos los hombres, por «el mundo», y que la salvación no es "mercancía" gestionada monopolísticamente por la Iglesia, sino que reside en el amor de Dios al hombre y la repuesta individual de este al Padre.

Así debemos interpretar las palabras del Evangelio de Juan
“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.” (Juan 3, 16-21)
«Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo» ( Juan 6,51).

Sin perjuicio de que, por desgracia, no todos acojan el deseo del Salvador

 «Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron» (Juan 1,11)

«Señor, ¿son pocos los que se salvan?», y Jesús respondió: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán» (Lucas 13,23-24).
Por ello, y frente a la opinión de los expertos de la Congregación, que estaba liderada por el Cardenal nigeriano Francis Arinze, sigo preguntándome: 
¿Por qué este cambio? ¿Cómo puede ser que la liturgia parezca recortar la validez redentora de la sangre de Cristo de “todos” a “muchos”? ¿No es esto un paso atrás, una rémora o coletazo de esa Iglesia que parece querer restringir la salvación a “unos pocos”?

Por todo ello considero erroneamente fundamentado el cambio comentado y pienso que lo correcto sería mantener la referencia a "todos" en la consagración del vino.

            Para concluir, quiero citar unas palabras que contradicen la opinión, en este tema, del propio Papa Benedicto y que ya he comentado en mi post Y EL VERBO SEHIZO CARNE Y HABITO ENTRE NOSOTROS   que se puede leer íntegramente haciendo click en el enlace, y cuya lectura recomiendo como complemento a la presente reflexión.
Esa reflexión de Benedicto XVI, contenida en su obra “El infierno es estar sólo” y que, implícitamente se refiere a "todos los hombres", es la siguiente:
Si existiese [después de la muerte] una suspensión de la existencia tan grave que en ese lugar [o situación] no pudiera haber ningún tú, entonces tendría lugar esa verdadera y total soledad que el teólogo llama infierno. Pero una cosa es cierta, hay una noche a cuyo abandono no llega ninguna voz; hay una puerta que podemos atravesar solo en soledad: la puerta de la muerte. La muerte es la soledad por antonomasia. Aquella soledad en la cual el amor no puede penetrar es el infierno. Sin embargo, Cristo ha atravesado la puerta de nuestra última soledad; con su Pasión ha entrado en el abismo de nuestro ser abandonado. Allí donde no se podía escuchar ninguna voz. Allí está Él. De este modo el infierno, la muerte que antes era el infierno, ya no lo es más.”





sábado, 6 de mayo de 2017

HISTORIA DE DESAMOR

Resultado de imagen de AHORCADO EN UN ARBOL

Cayo Argentius Nepociano paseaba por la Casa de Campo una tarde de primavera.

Los pinos y las retamas comenzaban a despedir su característico olor balsámico como reacción al sol que los calentaba.

Los pájaros cantaban y la tranquilidad del momento le relajaba.

Tras un recodo del camino, que serpenteaba entre los pinos y las encinas, descubrió la presencia de una bella joven que leía tranquilamente, sentada en un banco, bajo una gran encina que extendía una gruesa rama sobre ella resguardándola con su sombra, con los auriculares de su MP3 colocados en sus oídos y una expresión de calma y placidez maravillosas.

Se quedó un rato, extasiado, contemplando a la bella mujer, hasta que, al cabo de un rato ella, que había percibido su presencia, pero que intencionadamente le había ignorado, le miró y le sonrió.

Aquello fue el comienzo de una bella historia de amor.

Meses más tarde, los titulares de los periódicos relataban en las páginas de sucesos:

“Un joven aparece ahorcado en una encina de la Casa de Campo”

A sus pies, sobre un banco del parque había aparecido una nota que confirmaba el suicidio del joven.

“Señor Juez:

La presente tiene por objeto imputar la causa de mi suicidio a los políticos progresistas que velan por nosotros, tanto los que nos gobiernan como los de la oposición, pues ellos son los que han dado pié a mi drama y al enorme engaño del que he sido víctima.

Yo era un hombre feliz, normal y corriente, que conocí por casualidad a quien pensé sería mi compañera de por vida y la madre de mis hijos, tal y como le ocurre al común de los mortales en algún momento determinado de su vida.

Claudia Quinta Sertoria, pues a sí se llamaba la interfecta, era una mujer bella, aunque en ocasiones me sorprendían sus reacciones poco femeninas y ciertos ademanes excesivamente vigorosos, que yo, ingenuamente, achacaba a su educación o a sus orígenes, sobre los que se negaba a hablar.

Compramos un piso de esos que las administraciones sortean para jóvenes con pocos ingresos, pues tuvimos la inmensa suerte de que me adjudicasen uno en un sorteo, así que ya ve que la vida nos sonreía. El piso, como diría la Ministra de la Vivienda no es que fuera pequeño, sino que era coqueto, una “solución habitacional” que, más o menos, satisfacía nuestras necesidades, con un único inconveniente, cuando vas al cuarto de baño has de tener cuidado de cerrar la puerta, no ya por los olores, sino porque si alguien abre la puerta de la calle te pillan in fraganti, sentado en el trono, con una visión directa desde el descansillo de la escalera.

Ya el día que fuimos al Notario, pues consideré oportuno cederle el 50% de mi piso en prueba de amor, me extrañó que su carnet de identidad fuese uno de esos tan modernos con el chip incorporado, que tan solo hacía un mes que se había anunciado que se ponían en circulación, pero ella me dijo con esa gran sonrisa que me deslumbraba, que lo había tenido que renovar hacía poco porque el anterior lo había perdido.

Planeamos nuestra boda con esmero. No queríamos una boda religiosa, sino civil, y el banquete sería reducido para un grupo de amigos solamente, porque como ella me contó sus padres habían muerto cuando era pequeña y no tenía familia.

Nuestras relaciones sexuales antes del matrimonio fueron muy conservadoras. Ella me decía que quería mantener incólume su cuerpo hasta el matrimonio, así que se limitaron a algunos besos, más o menos apasionados y algunos intentos de “tocamiento” que ella siempre frustraba.

El día de nuestra boda hubiese deseado hacer el amor con ella apasionadamente, pero después de intentarlo infructuosamente solo me dejó hacerlo con la luz apagada, sin desvestirse y por un conducto a mi juicio inapropiado, pero como siempre había escuchado a los amigos del trabajo decir que las mujeres no quieren hacerlo normalmente por ahí, pensé muy ufano que aquello no era sino una muestra más de amor de mi adorada Claudia.

No voy a entretenerle con otros detalles sórdidos de nuestra relación, que poco a poco, y en muy poco tiempo arruinaron nuestra convivencia.

El mayor de mis pesares consistía en su obstinación de no hacer el amor, pues ella se negaba a tener hijos, defraudando así mi deseo de crear una familia, siempre con la disculpa de que no quería truncar su carrera profesional, ¡¡¡ ella que era dependienta de una tienda de ultramarinos !!!.

Su terco comportamiento llegó a no tener disculpa, pues yo le insistía en que el mejor sistema para no procrear, aceptando resignadamente su dedicación al trabajo, era una visita al ginecólogo para que le recetase algún anticonceptivo, de tal modo que, al menos, recuperásemos la ilusión en nuestro matrimonio que marchitaba, haciendo el amor, cosa que me estaba vedada. A lo que ella se negó reiteradamente con igual ahínco, acrecentando así mis sospechas de infidelidad conyugal.

Pero la gota que colmó el vaso y que me ha llevado a la determinación que hoy ejecuto, ocurrió esta misma mañana.

Me sentí indispuesto en el trabajo y decidí marcharme a Casa.

Al llegar pensé que Claudia estaría despachando mortadela en su colmado, pero la horrorosa escena que contemplé en mi hogar me ha empujado irremediablemente a quitarme de en medio de este mundo, pues soy el hombre más desafortunado que por él pudiera arrastrar sus huesos.

Al entrar en Casa me encontré allí a Claudia desnuda, su espalda era enorme, nunca hasta el momento me había fijado en el detalle, de pie ante el retrete haciendo pis.

Al descubrir mi presencia, instintivamente se giró hacia mi con cara de horror y con un inmenso pene entre sus manos que continuaba orinando.

Salí corriendo sin atender a sus gritos y sus súplicas de que volviera, que seguí oyendo mientras bajaba precipitadamente las escaleras.

Al llegar a la calle no supe que hacer. Me alejé del barrio tan rápido como pude y me encontré, de repente y sin pensarlo, ante el banco en el que la había visto por primera vez en mi vida, y que estoy decidido a que sea la ultima visión de mi existencia.”

Según relata una pareja de ciclistas, que descubrieron el cuerpo inherte de Cayo colgando de una rama de una gran encina de la Casa de Campo, antes de llegar hasta ella escucharon un gran crujir de ramas, precedido de una desesperada exclamación vociferante que decía:

“Me cago en la madre que parió la Ley LGTB”


martes, 21 de febrero de 2017

VULGAR ergo LEY

Uno de los más graves problemas que se presentan a los espíritus libres, cultivados o no, en la Sociedad contemporánea, es la sumisión permanente, que respecto a ellos se pretende, desde las corrientes de pensamiento mayoritarias de la propia Sociedad.

Pero el problema se agrava, más si cabe, en el momento en que esas corrientes de pensamiento mayoritarias nacen, generalmente, de la intoxicación de las mentes menos preparadas, por parte de los mass media y del mundo, sin leyes ni fronteras, que son las redes virtuales, Internet. Cuando no de los intereses de grupos sociales de conformación de opinión pública, que actúan exclusivamente en defensa de sus intereses corporativos, ya sean partidos políticos, sindicatos, asociaciones, fundaciones, lobbies, etc…

Nace así, de esa manipulación, el “pensamiento políticamente correcto” la “verdad incontestable”, que se impone como LEY pese a su origen generalmente VULGAR, término que quiero utilizar, en su acepción etimológicamente más pura, como lo perteneciente o relativo al “vulgo” o sea al  común de la gente.

Donald Trump, respecto del cual puede tenerse una opinión negativa o positiva, lo mismo me da, ha sido uno de los primeros líderes mundiales que se ha atrevido a poner el dedo en la llaga, acusando a lo que él llama el “establishment” demócrata, de hondas raíces socialdemócratas, de ser el paradigma de ese proceso de manipulación y de creación de aquella “verdad correcta” sobre la base de la falsedad el infundio y la manipulación.

Y claro, en cuanto que ataca el poder establecido durante decenios en beneficio de aquellos a quienes critica, el partido demócrata (socialdemócrata) y los medios de comunicación, y centra su foco de atención en la mayoría silenciosa de los ciudadanos, que se han visto perjudicados por la tendencia de la “verdad correcta” a centrarse en la defensa de las minorías y los marginados, con olvido de sus intereses, aquel poder establecido cruje, se rebela y contraataca, pero lo hace tan burdamente, que su efecto bumerang les perjudica más.

Al final la corrección política llega a imponer su “verdad incontestable” por el simple procedimiento de repetir tantas veces una mentira que la gente acaba considerando que es la verdad.

Y cualquiera que discrepe de esa “verdad incontestable” es inmediatamente calificado, socialmente, de reaccionario, insolidario o totalitario. En el “argot” de la corrección “un facha”.

Esta idea de que el pensamiento vulgar se ha hecho Ley, lo expresa admirablemente Armando Pego Puigbó, en un artículo entrevista elaborado por Daniel Capó Laisfeldt, recientemente publicado en el número 160 (Enero 2017) de “Nueva Revista”

En sus "Escritos Corsarios" Pasolini lo anticipó con una gran valentía y lucidez.

Es una pretensión tiránica intentar relegar al ámbito privado la disconformidad de los ciudadanos ─con la verdad incontestable─ por razones morales y/o religiosas, obligándoles a un asentimiento público por acción u omisión.

Y lo es sobre todo en una época cuya ideología dominante está tejiendo un entramado legal que intenta imponer la "transparencia" -como cumplimiento del ideal ilustrado?- hasta en la intimidad del hogar, que se quiere identificar, de manera gnóstica. como un ámbito de oscuridad y de freno al progreso.

En cualquier caso, lo más interesante que está ocurriendo, concretamente en Europa, tanto en los partidos que se definen como conservadores, pero que en realidad se pliegan con dulzura a los postulados socialdemócratas, como en los partidos de la izquierda moderada, también socialdemócratas, y naturalmente en los medios de comunicación que están al servicio de aquellos y en las comunidades y círculos adoctrinadores de la red, es que la discrepancia con lo que podríamos llamar “EL CREDO DE LOS PODERES ESTABLECIDOS”, que en la mayor parte de los casos se centra en la crítica a las políticas migratorias, las políticas LGTBI, y las políticas financieras de los Gobiernos de la mayoría de los países de la CE, se tacha, automáticamente y con ánimo de descalificación, de POPULISMO, ISLAMOFOBIA, HOMOFOBIA o NEOLIBERALISMO.

Sin embargo, lo que está ocurriendo es que los ciudadanos europeos están siendo muy críticos con esas políticas, por razones muy respetables, que van, desde la oposición a la colonización cultural islámica, con peligro para los fundamentos cristianos de la Sociedad Europea Occidental, a la exigencia de recuperar la seguridad pública que se ha perdido, o la exigencia de que sea respetado el derecho de los padres a elegir la educación moral de los hijos, sin que se les imponga la ideología de género, por presión de los lobbies Gay.

Y todo este movimiento no responde a consignas de signo “POPULISTA”, sino al deseo de conservar nuestras sociedades, libres y democráticas, frente al acoso al que la “mayoría silenciosa” de los ciudadanos está siendo sometido, por los poderes establecidos con su foco puesto, no en la defensa de los intereses de esa mayoría, si no en defensa de las minorías étnicas, religiosas o de índole sexual.

A partir de este momento declaro que acepto “pulpo” como animal de compañía y que la caterva de los “correctos” me llamen “facha”, porque, desde la discrepancia ejercida consciente y libremente, ni lo uno ni lo otro.


Copyrigth © 2017 Jesús Fernandez-Miranda