sábado, 7 de abril de 2007

RELIQUIAS


Acabo de volver ver en TV la película “La pasión de Cristo” de Mel Gibson y ha vuelto a impresionarme la crudeza en la representación cinematográfica del sacrificio de Jesús.

Y su última escena, en la que se ve como se “desinfla” la sabana-mortaja sobre el mármol del sepulcro, como si se diluyera el cuerpo por ella contenido, al tiempo que se ve a Cristo, con Sus manos horadadas por los clavos, que Se incorpora vivo tras Su Resurrección, me ha traído a mi recuero dos reliquias de la Cristiandad que siempre me han interesado de modo especial y a las que quiero referirme en esta mi “reflexión heteróclita” de Semana Santa.

La primera de estas reliquias es la conocida como la “Sabana Santa” o “Santa Sindone” que se conserva en la catedral de Turín. En Italia.

Según la tradición se trata del sudario que envolvió el cuerpo de Cristo en el sepulcro; una pieza de lino de 4,36m de largo por 1,10 m de ancho, sobre el que aparece impresa la imagen frontal y dorsal de un cuerpo que presenta las huellas propias de un crucificado.

La segunda de estas reliquias es el llamado “Santo Sudario” que se conserva en la Catedral de Oviedo, en España, y que según la misma tradición sería el lienzo en que fue envuelta la cabeza de Cristo en el momento del descendimiento de la Cruz, antes de su amortajamiento con la “Santa Sabana”.

Lo más interesante de ambas reliquias es que, según los más recientes estudios realizados sobre las mismas, las manchas que presentan ambas telas son similares y perfectamente superponibles, siendo perfectamente identificables y encajando en ambas telas, las marcas provocadas por la corona de espinas que rodeó la cabeza de la persona que cubrieron, coincidiendo en ambas, así mismo, la morfología del rostro, el pómulo hinchado por los golpes y sus deformaciones, lo que lleva a la conclusión de los estudiosos de que ambas telas fueron utilizadas en amortajar el mismo cuerpo de un ajusticiado en la cruz.

¿Son realmente estas reliquias las telas utilizadas para amortajar el cuerpo de Cristo tras Su crucifixión?

Lo que sí parece cierto es que ambas telas recubrieron el cuerpo de un crucificado, del mismo crucificado.

Tampoco se sabe cual haya sido el procedimiento de impresión de sus imágenes sobre los mismos, con excepción de las manchas, que se corresponden con efusiones de sangre, premortem y postmortem, derramada por las heridas existentes en el cuerpo de un martirizado y ejecutado en la cruz.

Según los trabajos realizados sobre la Sábana se puede concluir que no se conoce ningún procedimiento que permita reproducir una imagen con todas las características propias de la imagen existente en la misma. Lo que es claro es que no se trata de una imagen producida por contacto.

Todo ello ha llevado a pensar, en una bellísima teoría, que aquellas imágenes se originarían por algún tipo de radiación emanada del cuerpo, instantánea en el tiempo, y que hubiera producido una especie de "chamuscadura", radiación que habría de presentar unas características no explicables desde el punto de vista físico.

Algunos investigadores creyentes piensan que tal fenómeno podría haberse producido en el momento de la Resurrección pero, puesto que esta hipótesis es indemostrable aunque bellísima, no puede haber un pronunciamiento científico en tal sentido.

La polémica, sin embrago, a cerca de la autenticidad de la Sabana Santa se ha centrado últimamente en las pruebas de datación de su antigüedad realizadas por el método del Carbono 14, cuyos resultados, desvelados por el Cardenal Ballestero de Turín el 13 de octubre de 1988, arrojaron como resultado una antigüedad datada entre 1260 y 1390.

Muchos estudiosos han considerado estos resultados como una incontrovertible demostración de la falsedad de la reliquia, y la demostración de su origen medieval.

Sin embargo otros han puesto en entredicho los resultados de dichas pruebas, pues dicen que no se han tenido en cuenta circunstancias extraordinarias a las que la reliquia ha sido expuesta, como las altísimas temperaturas sufridas en el incendio de la Catedral de Turín de 1532.

El Dr. Dimitri Kouznetsov, premio Lenin de Ciencias y Director del Laboratorio "E. A. Sedov" de Moscú, ha realizado un experimento que, por su simplicidad podría tener enorme trascendencia en relación con la discusión.

Sometió una tela del Siglo I, datada correctamente con carbono 14 por los laboratorios de Tucson, (uno de los que analizó la Sindone), a temperaturas similares a las de un incendio como el que sufrió la Sábana en 1532. Para sorpresa de todos, una segunda datación ---con el mismo método del C14--- atribuyó al lienzo una fecha muy posterior, datándose en torno al siglo XIII.

La verdad es que mi Fe no necesita sustentarse en la veracidad de la reliquia de la Sabana Santa de Turín ni en la de otras reliquias, algunas de ellas objeto de gran devoción en el seno de la Cristiandad, pues el propio concepto de “reliquia” se aparta bastante de mi concepción personal de la religión y la fe.

Sin embargo, lo cierto es que estas piezas de tela presentan las huellas misteriosas del suplicio de un condenado a la crucifixión, y hacen recapacitar, a los creyentes, a cerca de la magnitud del sacrificio que, según su fe cristiana, sufrió el propio Dios, en la persona del Hijo, Jesucristo, para la redención de los pecados de los hombres.

Por el solo hecho de fomentar esa reflexión, las reliquias a que me refiero, merecen ya todo mi respeto.

Al menos como Cristiano.

Y mientras me entretengo en mis reflexiones escucho sosegadamente a Mozart en su lacrimosa.

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