miércoles, 20 de octubre de 2010

NIHIL DIFICCILE VOLENTI


Esta expresión (hay quien dice que escrita en latín poco puro o “macarrónico”) aparece inscrita en la fachada del Palacio de Lungotevere en una de las esquinas de la Piazza Delle Belle Arti de Roma.

Será o no correcta según los latinistas, pero su significado merece una “reflexión heteróclita”.

Nihil difficile Violenti” “Nada Es difícil para quien quiere

Bueno… pues relativamente.

Qué duda cabe que el esfuerzo personal es clave de muchos éxitos, pero también de muchas frustraciones.

Sin duda, pues no existe tratadista que se refiera al comportamiento humano que no anote la importancia de la fuerza de voluntad aplicada por el individuo al logro de sus objetivos, es esta una de las “potencias” del alma, pero es también, decíamos más arriba, fuente de frustraciones perpetuas, pues no podemos olvidar la cantidad de seres humanos que aplicando su plena fuerza de voluntad, su determinación y su esfuerzo, fracasan en el intento de aquello que anhelan, sin saber muchas veces a que es debido el fracaso sufrido.

“Nihill difficile volenti, etsi fortuna favet fatuis”

“Nada es difícil para quien quiere, aunque la fortuna favorece a los necios”

Podríamos añadir sin temor a equivocarnos, pues ¿a cuántos necios afortunados no conocemos que, pese a su estulticia y necedad, alcanzan sus objetivos y el éxito en la vida, mientras que otros, sabios y esforzados, nunca lo consiguen?

Siempre fue la Diosa Fortuna caprichosa con sus favores, incluso con el pueblo romano, cuyo culto, introducido en Roma por Servius Tullius, Rey de Roma en el s VI a.C., tenía lugar en el santuario situado en la colina del Quirinal y cuyo árbol sagrado era el roble, tal vez de ahí la creencia de que abrazar a un roble traiga buena suerte, costumbre que también encuentra sus raíces en los ritos druídicos celtas.

Baltasar Gracián nos dice:

“La fortuna se cansa de llevar siempre a un mismo hombre sobre las espaldas”.

Mientras que Séneca afirma que:

“Hasta la desgracia se cansa”.

Es decir, que según los clásicos tanto la fortuna como el infortunio llegan, para cada uno, al cansancio, lo que en definitiva no hace sino que nos ratifiquemos en la consideración del carácter mutable de esta Diosa caprichosa, pues la fortuna se esfuma con idéntica facilidad que las nieblas matinales en los campos otoñales, o aparece de modo imprevisto como una tormenta de verano.

Por eso, el hombre afortunado no debería vanagloriarse de su fortuna, sino temer perderla, al igual que el hombre desgraciado no debiera desesperarse ante su desgracia, sino aguardar a que llegue pronto la fortuna.

Uno y otro han de saber que se encuentran en circunstancias caprichosamente mutables, no perdurables y por lo tanto, esencialmente humanas.

Y que ni siquiera serán igualados por el Hades pues tras el tránsito de la laguna Estigia, guiados por Caronte y llegados ante los tres jueces de lo eterno —Minos, Radamantis y Éaco— podrían acabar navegando por el río Letéo (o del olvido) hacia los felices Campos Elíseos; o por el contrario podría quedar condenados a navegar por el río Piriflegetonte (o río de fuego), a la región del Tártaro situada en las profundidades extremas y donde reina una noche eterna; Aunque si no son juzgados ni como bondadosos ni como malvados, las almas tibias son enviadas a través del río Aqueronte (o de la aflicción) hasta la llanura de Asfódelo, el lugar más frecuentado, donde la noche y el día no son más que un eterno crepúsculo y las almas de los difuntos se pasan la eternidad dando vueltas sin objeto.

Aunque lo cierto es que en ello nada tiene que ver la suerte, sino el comportamiento de cada uno durante su vida terrena, pues en todos y cada uno de estos “infiernos” se encuentran seres que sobre la faz de la tierra fueron agasajados por la fortuna o maltrechos por el infortunio, y en nada influye tal condición a su carácter de perversos, bondadosos o tibios...

El refranero español está lleno de expresiones que se refieren a esta compañía o ausencia de la fortuna.

Se habla así de “quienes nacieron con estrella o estrellados”, o se dice que “la suerte es una flecha lanzada al aire que hace blanco en el que menos la espera”.

Sin embargo otros contradicen la influencia de la fortuna con frases que la denigran; así hay quienes creen que la suerte no es más que la habilidad en aprovechar los momentos favorables, o que la suerte no se tiene, sino que hay que buscarla con el esfuerzo personal.

Así que como vemos existen opiniones para todos los gustos en relación con los juegos del destino en manos de la fortuna.

Pero, ¿existe realmente la suerte, la fortuna?

Yo creo que efectivamente si y que es determinante en la vida de los hombres, ¿o acaso no es más afortunado el que nace en una familia acomodada de un país desarrollado frente a quien lo hace en la miseria y la hambruna de una sociedad tercermundista?

En el fondo son hombre idénticos, dotados de igualdad física y espiritual, pero uno y otro, por la mera circunstancia de las de su nacimiento, tienen ante sí panoramas u oportunidades, radical y ferozmente, diferentes.

Y no es cuestión de justicia o injusticia, sino de fortuna o infortunio.

En todo caso, además, la Fortuna es tremendamente egoísta, pues alcanza tan solo a una mínima parte de los miles de millones de seres humanos que habitan nuestro mundo.
Habrá pues que olvidarse de sus veleidades y esforzarse cabalmente en hacer lo que debamos sin preocuparnos de si la Diosa se apiada, o no, de nosotros o nos toca con su dedo caprichosamente.

2 comentarios:

  1. Hola Jesús:

    Muchas veces he pensado: ¿Cómo conseguirá esta persona teniendo tan poca idea y poco interés en una determinada materia seguir en su puesto de trabajo?Más tarde he comprobado que "menganita/o" tenía una habilidad especial que el resto no tenía, por muy absurda que fuera.

    Al igual que tú, creo en la suerte, también en el esfuerzo personal, y en no esperar, como dices, a que la caprichosa suerte se apiade de nosotros.

    Buen blog el tuyo.

    Lolita.

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  2. Caray Jesús, has rizado el rizo.Comienzas tu discurso aludiendo a la menera poco pura o macarrónica de la frase en latín. Y, busca buscando cual es la manera correcta, la has escrito tres veces y ¡¡las tres de manera distinta!!
    Fuera de broma, cuando dices:
    "Por eso, el hombre afortunado no debería vanagloriarse de su fortuna, sino temer perderla, al igual que el hombre desgraciado no debiera desesperarse ante su desgracia, sino aguardar a que llegue pronto la fortuna.

    Uno y otro han de saber que se encuentran en circunstancias caprichosamente mutables, no perdurables y por lo tanto, esencialmente humanas."
    olvidas -aunque al final reconoces su existencia como una especie de suerte o infortunio de nacimiento- que mientras puede haber personas permanentemente, o casi, afortunadas, las hay -y muchas más- permanentemente desgraciadas y sin posibilidad de cambiar el rumbo, por mucho que lo intenten ellos o se encapriche el destino.l
    Me alegro de leer a Lolita también aquí.
    Abrazos

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