martes, 22 de noviembre de 2016

¿TIENE QUE VER ALGO LA VICTORIA DE TRUMP CON EL HARTAZGO GENERAL FRENTE A LA CORRECCIÓN POLÍTICA?




La “CORRECCIÓN POLÍTICA”, creo que magníficamente reflejada en las dos viñetas que abren esta “Reflexión Heteróclita”, es considerada por sus defensores como un intento de eliminar del idioma ─aunque se expande a los contenidos ideas y pensamientos─ expresiones pretendidamente discriminatorias para grupos étnicos, religiosos o de tendencias minoritarias en la sociedad (sexuales, alimenticias, estéticas o de cualquier otra naturaleza).

Para sus detractores no es más que un invento del “establishment” para ocultar el hecho mismo de la discriminación, que pervive en los comportamientos de la Sociedad, es decir, esconder como los avestruces la cabeza en un hoyo, imponiendo a los demás la idea de que no expresando la existencia de una discriminación esta desaparece.

Como dicen los Periodistas JAVIER BENEGAS y JUAN M. BLANCO en el Digital VOXPOPULI[i]

La corrección política es producto de ese pensamiento infantil que cree que el monstruo desaparecerá con solo cerrar los ojos. Pero la maduración personal consiste justo en lo contrario, en descubrir que el mundo no es siempre bello ni bueno, en la toma de conciencia de que el mal existe, en llegar a aceptar y encajar la contrariedad, el sufrimiento. Y, por supuesto, en aprender a rebatir los criterios opuestos

En el mismo artículo se nos recuerda que el actor y director norteamericano Clint Eastwood afirmaba que:

 “La corrección política nos está llevando hacia una sociedad adolescente”

Tal y como nos cuentan los periodistas ya citados, JAVIER BENEGAS y JUAN M. BLANCO en su artículo ¿Y si Clean Eastwood tuviera razón?[ii] En el digital VOXPOPULI:

“En la genial novela de Philip Roth, La mancha humana, la vida del decano universitario Coleman Silk se desmorona tras interesarse por dos estudiantes que han faltado a todas sus clases, “¿Conoce alguien a estos alumnos? ¿Tienen existencia sólida o se han desvanecido como negro humo?” pregunta en el aula. Desgraciadamente para Coleman, uno de los aludidos resulta ser afroamericano y, cuando llega a sus oídos la pregunta, la interpreta como un ataque racista. Aunque no había ánimo ofensivo en sus palabras, puesto que jamás había visto al estudiante, Silk es acusado de racista, cesado como decano y despedido.”  

Durante las últimas décadas, numerosos profesores universitarios han padecido los excesos de la corrección política ─nacida precisamente en las universidades americanas como teoría para evitar la discriminación de grupos marginales o minoritarios mediante el uso del lenguaje “correcto”─ y se encuentran ante una población de estudiantes y profesores que en la aplicación del concepto manifiestan dos graves problemas:

1.- La infantilización y sobreprotección de los alumnos,pues se trata de evitar, a toda costa, hablar de cuestiones que puedan afectar a su sensibilidad.

2.- La rigidez de los defensores de la doctrina, que se ha convertido en una auténtica censura que ataca la libertad de expresión y cátedra.

Estos abusos han hecho ya que algunos intelectuales hayan saltado en contra de esta imposición no ya sólo del lenguaje, si no que se ha extendido de forma implacable a los contenidos.

Así, Richard Dawkins profesor de biología evolutiva de la Universidad de Cardiff ─cuyas doctrinas ateas no comparto─ advirtió a sus frente a esta lacra, diciéndoles:

"La universidad no puede ser un 'espacio seguro'. El que lo busque, que se vaya a casa, abrace a su osito de peluche y se ponga el chupete hasta que se encuentre listo para volver. Los estudiantes que se ofenden por escuchar opiniones contrarias a las suyas, quizá no estén preparados para venir a la universidad".

El problema ha sido que esa “corrección política, nacida en el ambiente universitario se ha trasladado a la sociedad en su conjunto. Así, la represión se extiende como mancha de aceite, prohibiendo palabras, términos, actitudes, estableciendo una siniestra policía del pensamiento.

La corrección política es una forma de censura, un intento de suprimir cualquier oposición al sistema. Y es además ineficaz para afrontar las cuestiones que pretende resolver: la injusticia, la discriminación, la maldad. No es más que un recurso típico de mentes superficiales que, ante la dificultad de abordar los problemas, la fatiga que implica transformar el mundo, optan por cambiar simplemente las palabras, por sustituir el cambio real por el lingüístico.

Renunciar al libre discurso, al libre pensamiento, para evitar herir la sensibilidad de algunos es peor que estúpido: es peligroso porque pone en cuestión los principios de la democracia. Debemos ser respetuosos con todo el mundo, por supuesto. Pero también expresar con libertad nuestras ideas y argumentos. Si alguien se molesta, se rasga las vestiduras, es muy probable que esté mostrando su talante inmaduro, su carácter infantil e intolerante.

Lo advirtió George Orwell en su novela 1984:

 "La libertad es el derecho de decir a la gente aquello que no quiere oír".

En los países con convenciones democráticas consolidadas, con una sociedad civil desarrollada y consciente de sus derechos y obligaciones, celosa de sus principios y convicciones, el avance de esta mentalidad ha sido lento, aunque inexorable. En España, sin embargo, carente de tradición democrática, con una mayoría que cree que la democracia consiste solo en votar, la ortodoxia de lo políticamente correcto progresó a una velocidad vertiginosa, convirtiéndose en dogma de general aceptación a izquierda y derecha en tiempo récord.

Pero, tarde o temprano, estos sistemas, como cualquier otro basado en la mentira, acaban saltando por los aires. Fundamentalmente por el hartazgo de muchas personas cansadas de tanta trampa y marrullería oponiéndose a ciertas reglas censoras, vistas como absurdas y arbitrarias por reprimir conductas e ideas que el sujeto considera justas y lícitas.

No voy a entrar en el análisis gramatical, semántico o lingüístico del dislate de la corrección política cuyo culmen se encuentra en la expresión “Todos y todas” negando la función del plural genérico propio de nuestro idioma, ello daría para una tesis y si alguien está interesado recomiendo la lectura del artículo “Los demonios lingüísticos de la corrección política” de Ylmer Aranda, en su BLOG “SABUDURÍA HERÉTICA” [iii]

En la misma línea es francamente interesante el libro “Sentimentalismo Tóxico” [iv] escrito por Theodore Dalrymple, pseudónimo bajo el que se oculta el escritor y psiquiatra británico Anthony Daniels, que es realmente recomendable, aunque los lectores más “sensibles” puedan llegar a considerar que las ideas expuestas en el mismo pueden llegar a parecerle escandalosas.
El subtítulo con el que presenta la obra Alianza Editorial (De cómo el culto a la emoción pública está corroyendo nuestra sociedad) resulta indicativo de la tesis central que sostiene Daniels, que:
 «el sentimentalismo es la expresión de las emociones sin juicio. Quizás es incluso peor que eso: es la expresión de las emociones sin darnos cuenta de que el juicio debe formar parte de nuestra reacción frente a lo que vemos y oímos. Es la manifestación de un deseo de derogar una condición existencial de la vida humana, a saber, la necesidad ineludible y perenne de emitir un juicio». A partir de tal afirmación, el problema del sentimentalismo no es tanto su traducción en las relaciones personales -en las que resulta inevitable-sino su influencia en las políticas públicas, influencia que el autor estima profundamente negativa: «Es poco probable que se consiga nada bueno permitiendo al sentimentalismo desbordarse hacia la esfera de las políticas públicas».
Y es para demostrarlo para lo que el autor de Sentimentalismo tóxico escribe un libro cuya conclusión es que nuestra sociedad tiende a difuminar los límites entre lo permitido y lo no permitido y a convertir en axioma el principio de que:
«siento rabia, por tanto, tengo razón»
Los efectos del sentimentalismo en la esfera pública, que están mucho más de actualidad de lo que pudiera parecer (piénsese en la situación de los desahucios en España o en la ola inmigratoria que vive Europa) son, para Daniels, indudables, pues el sentimentalismo permite a los gobiernos hacer concesiones sociales en lugar de afrontar los problemas de una forma racional, si esta resulta impopular o controvertida. Además, cuando el sentimentalismo «se convierte en un fenómeno de masas, se vuelve agresivamente manipulador», pues se exige que lo asuma todo el mundo, expulsando del círculo de los virtuosos a los que, echando mano de la racionalidad, se niegan a compartirlo.
Pero no es esto lo peor: lo verdaderamente tóxico del sentimentalismo es que «distorsiona nuestras percepciones y obstruye el pensamiento racional y la compresión». El sentimentalismo que analiza el doctor Daniels afecta en fin, de una manera decisiva a la dialéctica entre juicio y sentimiento, entre Sense and sensibility, por decirlo echando mano del título de la célebre y maravillosa novela de Jane Austen.
Por su parte el catedrático de Historia del pensamiento Político, Demetrio Castro El Imparcial, 24 de junio de 2014 [v] profundiza en la tesis de que “LA CORRECCIÓN POLÍTICA PERJUDICA SERIAMENTE LA LIBERTAD”
El autor, tras encomiar la labor y calidad de la Universidad Norteamericana, manifiesta sin ambages que:

Para confirmar, sin embargo, aquello de que las mejores intenciones empiedran el camino al infierno, la universidad americana (aunque no sea la única) viene acusando hace tiempo con daño para su solvencia los efectos perversos de la corrección política. Es decir, de los mecanismos formales e informales de reprobación y punición de actitudes, comportamientos, expresiones que pueden resultar ofensivos o despectivos para cualquier persona y sus peculiaridades sean éstas somáticas, culturales o étnicas, de género o de preferencias en materia de sexo.
Un acontecimiento reciente nos proporciona un nuevo ejemplo de hasta qué punto llega la situación. Hace un par de semanas Naomi Schaefer Riley, una periodista que se licenció en Harvard y está especializada en cuestiones de enseñanza universitaria, publicó en The Chronicle of Higher Education un artículo en el que sugería la posibilidad de suprimir los Black Studies como especialidad universitaria y aducía para respaldarlo varios ejemplos de tesis doctorales recientes de las que destaca su “cháchara de victimismo izquierdista”. El griterío indignado ha sido imponente y tras las consiguientes presiones, The Chronicle, posiblemente la publicación especializada de mayor circulación, ha dejado de contar con Schaefer Riley y también ha dejado de contar con algo de respetabilidad.

Centrado, pues el tema de la “Corrección Política” y sus peligros vayamos al enunciado de este POST:

¿TIENE QUE VER ALGO LA VICTORIA DE TRUMP CON EL HARTAZGO GENERAL FRENTE A LA CORRECCIÓN POLÍTICA?

Para analizar esta pregunta y darle una respuesta me he permitido beber en las fuentes y me voy a referir al artículo “The end of Identity Liberalism” de Mark Lilla, profesor de Humanidades de Columbia, publicado por el New York Times el pasado día 18 de noviembre de 2016 [vi], en el que se recogen algunas conclusiones que creo que darán luz al respecto., interesante artículo del que reproduzco los principales párrafos en los que, tras elogiar la diversidad cultural y étnica de la Sociedad Americana y la tendencia de los políticos a elogiarla como una verdadera conquista social, hace un análisis de los problemas del liberalismo actual, que son las causas de la derrota de Hilary Clinton:

“Hillary Clinton estaba en su mejor y más estimulante momento cuando habló acerca de los intereses americanos en asuntos del mundo y cómo se relacionan con la comprensión de la democracia. Pero cuando llegó a la realidad sociológica en los EEUU, durante su campaña, perdió esa gran visión y cayó en la retórica de la diversidad, llamando explícitamente a los votantes afroamericanos, latinos, L.G.B.T. y mujeres en cada parada. Ello fue un error estratégico. Si mencionaba a los grupos étnicos y sociológicos americanos debería de haber mencionado a todos ellos. Si no, los no mencionados se sienten excluidos. Y eso, como demuestran los datos, fue exactamente lo que sucedió con la clase obrera y agricola blanca y con los americanos con fuertes convicciones religiosas. De este modo dos tercios de los votantes blancos sin títulos universitarios votaron por Donald Trump, así como más del 80% de los evangélicos blancos.”

Por último, los demócratas han acusado a quien se opone a su política de “Corrección Política” de ser revisionistas de las tesis igualitarias y de estar profundizando en un nuevo racismo. Esta postura les resulta muy conveniente porque absuelve a los liberales de tener que  reconocer que ha sido su propia obsesión con la diversidad la que ha alentado a los ciudadanos blancos, rurales, o religiosos estadounidenses a pensar que serlo es para ellos una desventaja, y que su identidad está siendo amenazada o ignorada.

En definitiva habremos de concluir que la “Corrección Política” de los Demócratas y su empeño en establecer distinciones de grupos sociales “discriminados”, ha llevado a las mayorías a sentirse abandonadas por ellos y a girar su voto hacia un Republicano “atípico” como es Trump. A partir de aquí deberemos de esperar a ver los frutos de esta nueva etapa.



[i] http://www.vozpopuli.com/opinion/Clint-Eastwood-razon-sociedad-adolescente-correcion-politica_0_973103229.html
[ii] http://www.vozpopuli.com/opinion/Clint-Eastwood-razon-sociedad-adolescente-correcion-politica_0_973103229.html
[iii] https://sabiduriaheretica.wordpress.com/2015/03/13/los-demonios-linguisticos-de-la-correccion-politica/
[iv]Sentimentalismo tóxico: Theodore Dalrymple; Alianza Editorial - Colección: Alianza Ensayo 2016; I.S.B.N.: 978-84-9104-405-5
[v] http://www.elimparcial.es/noticia/104170/opinion/
[vi] http://www.nytimes.com/2016/11/20/opinion/sunday/the-end-of-identity-liberalism.html?_r=0

lunes, 14 de noviembre de 2016

LOS DESLICES DOCTRINALES DEL PAPA NEGRO


En la tradición eclesiástica se llama “Papa Negro” al superior de los Jesuitas, pero ¿Qué Papa más Negro puede haber que un Jesuita elevado al trono de San Pedro, al que los propios jesuitas deben obediencia ciega?

Pocas veces hemos visto a un Papa tan lenguaraz y tan correcto políticamente como Jorge Bergoglio, el Papa Francisco. El papa Negro.

Sus salidas de tono han sido paradigmáticas, desde la frase “No se puede estar pariendo como los conejos” cuando el tradicional mensaje de la Iglesia ha sido el de fomentar las familias cristianas numerosas para acercar cuantos más fieles mejor a su pastoreo, hasta su última manifestación al decir que “son los comunistas los que piensan como los cristianos”

Efectivamente, en la entrevista publicada este viernes 11.11.2016 en el diario italiano La Repubblica. Bergoglio afirmó que:

"Son los comunistas los que piensan como los cristianos. Cristo ha hablado de una sociedad donde los pobres, los débiles y los excluidos sean quienes decidan. No los demagogos, los Barrabás, sino el pueblo, los pobres, que tengan fe en dios o no, pero son ellos a quienes tenemos que ayudar a obtener la igualdad y la libertad"
Tal manifestación es, en esencia, un guiño a la teología de la Liberación, condenada expresamente por la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la época que fue dirigida por el entonces cardenal Ratzinger, antecesor de Bergoglio en el papado como Benedicto XVI.
Recordemos algunas de las controversias que se produjeron entre Jon Sobrino, uno de los máximos exponentes de la teología de la Liberación y la Congregación, y pongámoslas en relación con las manifestaciones del Papa Bergoglio.
La Iglesia hispanoamericana, muy influenciada por su largo contacto con la injusticia y los abusos del poder sobre una inmensa población marginada, buscó alternativas teóricas de acción que, por desgracia, han caído en aberraciones que no pueden calificarse sino de preocupantes desde la ortodoxia de las enseñanzas de la Iglesia Católica, con cuyos postulados de fe el padre Sobrino choca frontalmente, como lo hace el conjunto de la llamada “Teología de la liberación”
Así, en primer lugar, no es admisible que la FE se formule desde posiciones de metodología de clase, la de los “Pobres”, lo que no es sino una práctica hermenéutica desviada hacia el materialismo dialéctico de la lucha de clases más propia del marxismo que del cristianismo.

El padre Sobrino define a los pobres ---únicos miembros legítimos, según él, de la Iglesia de Jesús--- al afirmar en su obra “Jesucristo Libertador”, recurriendo a las definiciones elaboradas por el padre Ellacuría, que:

“Pobres son los "materialmente pobres", "las grandes mayorías del Tercer Mundo". En segundo lugar, "los empobrecidos, los oprimidos. Enseguida, "son los que convierten esa toma de conciencia en organización popular y en praxis". Por último, "pobres son los que viven con el mayor amor de dar la vida por la liberación"

añadiendo que:

"Los pobres cuestionan dentro de la comunidad la fe cristológica y le ofrecen su dirección fundamental"; la "Iglesia de los pobres es […] el lugar eclesial de la cristología, por ser una realidad configurada por los pobres"

Según el autor inglés Samuel Gregg, esta posición teológica constituye la formulación de una teología de claseque aplica al catolicismo el tipo de análisis que lo reduce todo a la clase, conforme a los esquemas metodológicos del marxismo, entendiendo por "pobres no a los "pobres de espíritu" del Evangelio ---esto es, cualquiera, ya sea materialmente rico o pobre, que necesite encontrar a Jesucristo--- sino a aquellos que sufren privaciones materiales, de tal modo que para los “liberacionistas” con el Padre Sobrino a su cabeza, la "verdadera Iglesia” ha de encontrarse en los que son materialmente pobres, en lugar de en aquellos que se adhieren a la fe católica y apostólica transmitida de generación en generación.
Pero es que Jon Sobrino va mucho más allá, y en su misma obra nos dice que la visión de Cristo sólo es válida si se acepta la idea de una:

“... nueva imagen de Cristo liberadora porque tiene "capacidad de liberar de la diversidad de esclavitudes que afligen a los pobres del continente, de otorgar dirección a esa liberación y de animar a los creyentes a ser sujetos activos de ella" (114). La nueva fe en Cristo liberador se opone a la fe en un Cristo de quien se puede esperar una salvación trascendente pero no histórica”

Frente a esas desviaciones doctrinales, la Congregación para la Doctrina de la Fe y con la firma del cardenal Ratzinger y en su Notificatio de 13 de octubre de 2006 remitida al padre Sobrino nos dice explícitamente que:

“(En los textos del padre Sobrino) se afirma que no hay datos para pensar que Jesús otorgara un sentido absoluto trascendente a su propia muerte. Se dice sólo que va a la muerte con confianza y le atribuye un valor de ejemplo motivante para otros.
De esta manera no se toman debidamente en consideración los pasajes evangélicos en los que Jesús atribuye a su muerte un significado en orden a la salvación.
Así Sobrino nos dice:

"Lo salvífico consiste en que ha aparecido sobre la tierra lo que Dios quiere que sea el ser humano […]. El Jesús fiel hasta la cruz es salvación, entonces, al menos en este sentido: es revelación del homo verus, es decir, de un ser humano en el que resultaría que se cumplen tácticamente las características de una verdadera naturaleza humana […].

Si se reduce la eficacia de la muerte de Jesús al ejemplo (continúa la Notificatio), la redención se reduciría al moralismo.
La vida y muerte de Cristo no pueden reducirse al buen ejemplo que éste nos ha dado. El misterio de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la fuente única e inagotable de la redención de la humanidad

Pues visto esto, mucho me temo que la desafortunada frase de Bergoglio, equiparando el pensamiento cristiano al comunista y predicando que:
 “Cristo ha hablado de una sociedad donde los pobres, los débiles y los excluidos sean quienes decidan” (Lo cual es falso y no se encuentra en las escrituras)
No hace sino legitimar los erróneos fundamentos de la teología de la Liberación, y de su fundamento clasista de la “Teología de la Iglesia de los Pobres” condenada por la propia Congregación para la Doctrina de la Fe.
Por otra parte Bergoglio se ha manifestado, en su encíclica “Laudato si” firme partidario de la teoría de la “Culpa humana en el cambio climático” materia sobre la que no existe un consenso científico, pero gusta mucho a los ecologistas y a los izquierdistas, ligado a las críticas al capitalismo.
Digamos, en todo caso, que ya que, desde su posición privilegiada, Bergoglio, como Papa, ha decidido expresarse sobre los asuntos del mundo, creo estar legitimado para juzgar sus declaraciones, desde el momento en que no conciernen a los Evangelios, sino a las ideologías de nuestro tiempo.
Así, en primer lugar, durante su pontificado, el Papa Francisco ha multiplicado las declaraciones contrarias a la economía de mercado (que Juan Pablo II había calificado oportunamente de «economía libre»). Al hacerlo, abraza las tesis de moda en Hispanoamérica, de la que es originario, en las décadas de 1970 y 1980, y que fue repudiada por los hechos pues Hispanoamérica ha empezado a librarse de la pobreza de masas al rechazar el marxismo, con excepción de Argentina (el país del Papa Francisco), que sigue siendo anticapitalista.
Sería bueno, en todo caso, recordar que Jorge Bergoglio es un jesuita que, cuando era obispo de Buenos Aires, ya confundía la opción a favor de los pobres con la lucha contra el capitalismo. Era una ideología extendida entre todos los jesuitas de Hispanoamérica, próximos a la Teología de la Liberación y en guerra contra el Opus Dei, que era procapitalista. Dado que el Papa Francisco da prioridad a los pobres como enseñó Cristo, ¿no debería consagrar, en vez de denigrar, al único sistema económico, sin duda imperfecto, que reduce la pobreza de masas, y que podemos llamar capitalismo popular? Como ya hiciera San Juan Pablo II.

En la misma línea “progresista” Bergoglio reincide al abrazar la causa de los ecologistas integristas anticapitalistas sobre el «cambio climático».

Después de haber consultado al secretario general de la ONU, un verdadero militante climatista, y a «científicos», pero solamente a los que creen en el calentamiento de la Tierra debido al factor humano, impone en su encíclica “Laudato si” una posición antropocéntrica no solamente en relación al calentamiento, sino también en la responsabilidad del capitalismo contaminante, posición que entusiasma a los Verdes.

Ahora bien, aunque hay cambio climático, no está demostrado que se deba a las actividades humanas, e incluso existe un importante grupo de científicos “climaescépticos” que aseguran que los cambios climáticos que sufre nuestro planeta se producirían también sin la presencia del hombre en el mismo. In embargo la defensa climatista permite oportunamente a Bergoglio incriminar al capitalismo, tomando el relevo del marxismo arcaico.

Se comprende que la izquierda y los medios de comunicación adoren a este Papa, cuando no habla de Jesús.

Incluso en su encíclica “Laudato si” el Papa Francisco el Papa condena todos los métodos prácticos propuestos para reducir realmente la emisión de dióxido de carbono, ese Satán de los tiempos modernos. Y lo hace  porque son mercantiles, y la encíclica condena enérgicamente «las fuerzas del mercado». En su lugar, hace un llamamiento a «una transformación espiritual de la sociedad» que «sustituiría el consumo por el sacrificio, el lujo por la generosidad y el despilfarro por el reparto».

Lo que propone, no sin cierta carga de ingenuidad, es que todos los hombres seamos beatíficos, ya que lo único que podría, y debería, salvarnos del «climatismo» es una metamorfosis moral.

¿De dónde surgiría esta redención de la Humanidad, convertida repentinamente a la pobreza compartida en vez de dedicarse a la búsqueda del progreso material y de la libertad individual? El Papa no contesta; esta encíclica es menos política que apocalíptica, no tiene ninguna utilidad práctica y tiene que ver con la teología, no con la ciencia política o la económica.

Y por ese camino, con sus deslices y anatemas, puede que este Papa nos conduczca al cataclismo.


A mí, al menos, me desconcierta y escandaliza.

martes, 25 de octubre de 2016

VUELVE EL OTOÑO CON LA BERREA

Vuelve el otoño, y llega cargado de sinsentidos y disparates; con nuestra sociedad cada día más desarraigada y perdida; con una paliza de 50 de “esos muchachos” -que decía Arzallus- a dos guardias civiles y sus acompañantes, en Alsasua; con una niña de 12 años brutalmente agredida por una pandilla de inmigrantes musulmanes -hecho al que las autoridades quitan hierro-.

Vuelve el otoño y vuelve Iceta, inquieto y dolorido por la resaca de aquellos bailes en los que se embriagaba de federalismo asimétrico; vuelve Correa destapando a todos sus cómplices en la corrupción, en un intento de obtener el perdón al arrepentido, olvidando que Roma nunca paga a traidores, pero sabiendo que los traicionados difícilmente volverán a la escena política y, por ello, gana más que pierde acusando al Lazarillo -dos a dos-; vuelven los homenajes independentistas a Companys, ese golpista y asesino, que los separatistas presentan como ejemplo Dios Mío!!! de catalanidad.

¿Y con estas, y otras muchas más desventuras, como carajo quieren ustedes que no me asalte la melancolía? Sobre todo cuando “la berrea” se ha contagiado, en lo ruidoso, de los venados a los políticos.

Según nos dice Herman Hesse en “El lobo estepario”, en el pecho del hombre anida una miríada de distintas personalidades, fruto de nuestras propias experiencias, que aleatoriamente se manifiestan, según las circunstancias, dando esencia al complejo ser del arma inabarcable.

Pues bien, en este momento de todas esas criaturas, mi alma se encuentra dominada por un venado, ese Rey de los bosques, majestuosamente coronado, a la vez curioso y asustadizo, que huye en cuanto ve algo anormal en su mundo, al no querer saber nada de la basura que todo lo domina.

Hace un par de noches comencé a pergeñar este post, pero me dio pereza levantarme de la cama para escribirlo y en gran parte se me ha olvidado, aunque sé que permanece en mi interior como los versos de Harry Haller, y que del mismo modo que a él, imagino que sus retazos permanecen escondidos en mi interior como una nuez dentro de una cáscara rugosa y vieja.

Trataré, a fuerza de constancia, sacarlos a la luz y disfrutarlos.

Son muchos los acontecimientos ocurridos en este otoño como para centrarse solamente en uno de ellos, pero como sería imposible abarcar todos los dislates que ocurren en nuestra sufriente Patria, voy a céntrame solamente en uno de ellos, amplio y complejo, que no es sino espejo de lo que ocurre, todo, en nuestra enferma sociedad, y que no es sino el comportamiento de ese Jefe supremo de la manada podemita, Pablo Iglesias.

Y la primera reflexión que me asalta es la de su parecido, tal vez intencionado, con las actitudes de aquel malhadado Social/Comunista que fuera Largo Caballero, instigador del intento de Golpe de Estado de 1934, antidemócrata, frentepopulista declarado y defensor de la dictadura del proletariado marxista.

Son proverbiales sus declaraciones en un miting en Linares el 20 de enero de 1936, durante la campaña de las elecciones de febrero del mismo año en las que la izquierda protagonizó un verdadero golpe de Estado con el pucherazo de que dio el poder, ilegalmente, pero de facto, al Frente Popular:

Quiero decirles …que si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos

Para reiterar poco después sus soflamas:

“... la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”.

Pues miren ustedes por donde, nuestro ínclito Pablo Iglesias acaba de decir públicamente:

“Si se produce la investidura de mariano Rajoy como Presidente del Gobierno, convocaremos una Huelga General y nos apoderaremos de la calle. La política no se hace solo en el Parlamento, sino también en la Calle”

Vamos, que Podemos vuelve a transitar iguales bravuconadas y alardes de sentimiento antidemocrático propios de la izquierda radical comunista. Y la primera de las convocatorias, que Podemos niega haber hecho, pero que es evidente que es suya, es la de rodear ─“sitiar”─ el Congreso de los Diputados el día en que se celebre la Sesión de investidura de Mariano Rajoy, si esta llega a producirse por la abstención del PSOE, con vulneración de la Ley, pues no olvidemos que el art. 494 del Código penal dice que:

“Incurrirán en la pena de prisión de seis meses a un año o multa de doce a veinticuatro meses los que promuevan, dirijan o presidan manifestaciones u otra clase de reuniones ante las sedes del Congreso de los Diputados, del Senado o de una Asamblea Legislativa de Comunidad Autónoma, cuando estén reunidos, alterando su normal funcionamiento.”

Lo malo es que en 1936 aquellos alardes condujeron a una guerra Civil, cosa que veo harto improbable hoy en día, pero la toma de las calles, la inseguridad, los actos de coacción de las libertades de los demás (escraches) y el talante navajero tabernario y fasciocomunista nos amenazan de nuevo.

Por otra parte, quiero comentar también, aprovechando que la alcaldesa populista de Barcelona “La Colau” ha sacado de los almacenes municipales una estatua ecuestre de franco, decapitada tal vez por el miedo de las valientes hordas populistas a su fiera mirada, para su escarnio pueril, después de 40 años de su muerte en su cama, para referirme a la presencia de una estatua del fascicomunista Largo caballero, que tanto me recuerda a “pablemos”, en las calles de Madrid.

En marzo de 2005 el Gobierno Socialista presidido por el Sr. Rodríguez Zapatero decidió, en un acto más de su campaña por la recuperación de la Memoria Histórica, retirar la estatua ecuestre de Francisco Franco situada en los jardines de la plaza de San Juan de la Cruz de Madrid, frente al Ministerio de la Vivienda.

A la vuelta de la esquina, en el Paseo de la Castellana, y en el bulevar lateral situado delante del edificio de los Nuevos Ministerios, se encuentra el monumento a Largo caballero cuya fotografía reproducimos.

¿Fue acaso Largo caballero más demócrata que Franco como para merecer que su estatua perdure en las calles de Madrid después de haber sido retirada la de Franco?

Sinceramente, creo que no.

Si el argumento para la retirada del monumento del general es que en nuestras calles no deben perdurar monumentos a “antidemócratas”, la estatua de Largo Caballero debería seguir el mismo destino que la de Franco: ser retirada de la calle y arrumbada en un almacén.


Y voy a explicar el porqué de esta mi reflexión heteróclita.


LARGO CABALLERO RESPONSABLE DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE DE 1934
En el año 1934, tras largos y concienzudos preparativos, Largo Caballero lideró en la sombra el golpe de Estado contra la legalidad de la República. A tal efecto y desde el 3 de febrero de 1934 presidió el Comité Nacional Revolucionario-

Por todo ello fue considerado como uno de los máximos responsables de la revolución de Asturias de octubre de 1934. El balance del tristemente famoso golpe de Estado socialista fue casi de 1.400 muertos en 26 provincias.

 Fervoroso defensor del marxismo y la dictadura del proletario, el golpe de Estado de Largo Caballero y el PSOE, es considerado por muchos historiadores como el inicio de la Guerra Civil de 1936-1939.

El 3 de diciembre de 1933, las elecciones fueron ganadas por las derechas, siendo la consecuencia inmediata la nueva distribución de los escaños del Congreso, ya que ahora los partidos de la derecha ocupaban 217, de los cuales 115 pertenecían a la CEDA; 160 a los partidos de centro-derecha, y 96, a los de izquierdas. Por primera vez habían participado las mujeres, mientras que los anarquistas se abstuvieron.

Ese mismo día Largo Caballero instaba a la Directiva del Partido a concretar:

un movimiento revolucionario a fin de impedir un régimen fascista”.

 Así pues, el alzamiento de 1934 no fue una consecuencia, como a veces se ha intentado hacer creer, del abuso de la derecha en el Gobierno durante su mandato, ya que éste aún no había tomado posesión y el golpe ya se estaba preparando.


LARGO CABALLERO IMPULSOR DEL FRENTEPOPULISMO BOLCHEVIQUE TRAS LAS ELECCIONES DE 1936


Largo Caballero difícilmente podía ser más explícito sobre las intenciones del PSOE de cara a las elecciones de 1936.

 Ya hemos comentado algunas las expresiones inequívocamente antidemocráticas del personaje. Pero hay más:

El 10 de febrero de 1936, en el Cinema Europa, Largo Caballero volvía a insistir en sus tesis:

“... la transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas... estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia”.

Para afirmar finalmente:

“Yo declaro... que, antes de la República, nuestra obligación es traer al socialismo... Hablo de socialismo marxista... socialismo revolucionario... somos socialistas pero socialistas marxistas revolucionarios... ¿Procedimiento? ¡¡El que podamos emplear!!»...

Y así fue, provocando el levantamiento de los militares y la guerra civil con sus desmanes.

Tras las elecciones de 1936, según datos aportados por Cesar Vidal en un artículo publicado en la Bitácora “Rabos de Pasa”, en las elecciones los resultados fueron los siguientes:

9.716.705 votos emitido
4.430.322 fueron para el Frente popular
4.511.031 para las derechas
682.825 para el centro91.641 emitidos en blanco o resultaron destinados a candidatos sin significación política.

Sobre estas cifras resulta obvio que la mayoría de la población española se alineaba en contra del Frente popular.

Sin embrago, y según relato del que fuera presidente de la República, Alcalá Zamora, al diario Journal de Geneve, publicadas en 1937:

“A pesar de los refuerzos sindicalistas, el "Frente Popular" obtenía solamente un poco más, muy poco, de 200 actas, en un Parlamento de 473 diputados. Resultó la minoría más importante pero la mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo, logró conquistarla consumiendo dos etapas a toda velocidad, violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia.
Primera etapa: Desde el 17 de febrero, incluso desde la noche del 16, el "Frente Popular", sin esperar el fin del recuento del escrutinio y la proclamación de los resultados, lo que debería haber tenido lugar ante las Juntas Provinciales del Censo en el jueves 20, desencadenó en la calle la ofensiva del desorden, reclamó el Poder por medio de la violencia. Crisis: algunos Gobernadores Civiles dimitieron. A instigación de dirigentes irresponsables, la muchedumbre se apoderó de los documentos electorales: en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificados.
Segunda etapa: Conquistada la mayoría de este modo, fue fácilmente hacerla aplastante. Reforzada con una extraña alianza con los reaccionarios vascos, el "Frente Popular" eligió la Comisión de validez de las actas parlamentarias, la que procedió de una manera arbitraria. Se anularon todas las actas de ciertas provincias donde la oposición resultó victoriosa; se proclamaron diputados a candidatos amigos vencidos. Se expulsaron de las Cortes a varios diputados de las minorías. No se trataba solamente de una ciega pasión sectaria; hacer en la Cámara una convención, aplastar a la oposición y darle mayoría absoluta al Frente Popular.”

En consecuencia, no podemos sino denunciar la responsabilidad de los líderes del Socialismo español de los años 30 en el desencadenamiento de la Guerra Civil, de la que, con toda desfachatez, culpan a la derecha.

En atención a todo lo relatado, que evidencia el talante antidemocrático y bolchevique de Largo Caballero, no veo razón para que se mantenga su monumento en nuestras calles.

       Su sola presencia hiere mi sensibilidad democrática.

Pero como la conciencia y la memoria populares son obtusas, manipuladas y adoctrinadas, tendré que aguantarme, y recordar lo que decía Marcelo Pera:

“Se recuerdan continuamente los crímenes del nazismo, del fascismo o del franquismo, y con mucha más facilidad se olvidan los del comunismo. Y ello porque, en gran medida los autoproclamados “intelectuales de izquierda” siguen pensando que la idea en que se inspiraba el comunismo era buena, pero que en la práctica se realizó mal. La utopía sigue obrando dentro de la “cultura ─cultureta─ de izquierda”, aunque lo cierto es que esa pervivencia no ha producido ninguna idea nueva.”

Ni ha sido capaz, añadiría yo, de encontrar fórmulas para lograr alcanzar sus metas y superar sus errores para llegar a la creación de su quimera del “hombre nuevo”, porque en esencia es imposible encontrar soluciones para lo que son errores teóricos de base ─insuperables─ del marxismo/comunismo, como he tratado de explicar en mi blog PORQUE SOY ANTIMARXISTA, errores entre los que destaca, esencialmente, el desconocimiento por parte del el marxismo/comunismo, del misterio más hondo del ser humano, el enigma y la realidad innegable de LA LIBERTAD que habita en él y que hace imposible reducir al hombre a un mero conglomerado de determinantes sociales y económicos; libertad que no admite ser sometida o limitada en aras de una pretendida y falsa igualdad, pues al serlo queda destruida la esencia y dignidad del ser humano.

       Mientras tanto Pablo Iglesias, aventajado discípulo de los antidemocráticos miembros del Frente Popular de los años 30 del siglo pasado, manifiesta con ardor que “Ve con buenos ojos” la manifestación “Rodea el Congreso”, si no convocada por él mismo si por sus círculos, como verá con buenos ojos la reciente toma de la Asamblea Legislativa Venezolana por los chavistas, la toma del Palacio de Invierno por los bolcheviques, el asalto al cuartel de la montaña por las turbamultas anarquistas o comunistas, la quema de iglesias o cualquier otro acto brutal y antidemocrático que a ustedes pueda ocurrírseles.

Mientras tanto recuperemos la paz espiritual, al menos en privado, escuchando esta pieza musical 




Hojas Muertas de Fausto papetti