Páginas

lunes, 29 de enero de 2024

CASTAÑAS



Se alarga el verano en este otoño en el que vamos del veranillo de San Miguel al de San Martín. Y aunque nos amenazan, los fríos y las lluvias, parace que nunca llegan.

Pese a los calores, los árboles se desnudan de sus hojas y las castañas se esparcen por el suelo, esas que antes de la llegada de la patata fueron sustento primordial de nuestras gentes.

Todavía hoy se preparan por el norte  deliciosos potajes de castañas, entre los que destaca el de jabalí con castañas, aunque la mayoría de ellas son vendidas a los franceses para que preparen sus "marrón glacé" 

En cualquier caso y mientras duren estos agradables días de otoño pasearé por cada fuente que conozco, por cada manantial que me indiquen los busgosos, y tratare de recorrer hacia su origen cada regato de agua que encuentro en los bosques que transito, tratando de adivinar donde pueda encontrarme con las Xanas el próximo verano.

Sin embargo temo que en mi empeño me anden distrayendo los “Busgosos”, duendecillos burlones de los bosques asturianos, siempre empeñados en despistar a quienes penetran en sus selvas, pues cada vez que me adentro entre sus sombras no acierto a recorrer los caminos otrora andados, todos los recodos del bosque me perecen nuevos y no acierto a dar dos veces con los riachuelos o fuentes visitados, por mucho que lo intente.

Sin embargo he de reconocer que no lo lamento, pues en otoño el bosque siempre nos premia con el hallazgo de algún “ablanu” cargado de sus frutos, aún escondidos en sus “garapiellos”, y los castaños dejan caer sus “oricios” en los que palpitan, ya maduras, las castañas, hoy despreciadas por los nietos de quienes las cuidasen antaño como parte esencial de su dieta.

Si a nuestros bisabuelos les dijésemos que el 80 por ciento de las castañas producidas se pudren anualmente en el suelo de los bosques asturianos, no lo creerían.

Llegó a ser tan importante este fruto en el sustento de las gentes que dio lugar a instituciones curiosas, como el “derecho de poznera”, que permitía la plantación y usufructo de los castaños en terrenos comunales, permaneciendo el terreno común, mientras que el árbol, su madera y sus frutos pertenecían a quien los había plantado. 

Estos árboles se denominaban “entrepolaos”, se marcaban con las iniciales del dueño en la corteza y eran registrados ante notario para evitar toda duda.

Pero el maíz y la patata primero ---llegadas de América, nutritivas y fáciles de cultivar--- y la vida ciudadana después, unidas a la dureza del “pañau” o recolección de este fruto, han hecho que el “amagüestu”, o fiesta de la castaña, se haya convertido, tan solo, en una fiesta folclórica, y pocas son las casas que se afanan ya en preparar las castañas secas, o “mayucas”, para que aguanten comestibles todo el año.

O sea, que los tiempos van cambiando, y al igual que nuestra atmósfera va perdiendo su capa protectora de ozono, nuestros bosques van perdiendo sus Xanas y sus castañas, con gran regocijo de los “busgosos” que juegan con quien se atreva a hollar sus dominios, cada día más insondables y abandonados por el hombre.

En cualquier caso, si la peste de “la tinta” ---enfermedad causada por el hongo Phytophthora cinnamomino--- no acaba con nuestros bosques de castaños, lo hará sin duda el “ocalito” ---Eucalyptus globulus---, cuya expansión en los montes norteños, en detrimento de las especies autóctonas, es casi tan peligrosa como el olvido de nuestras tradiciones y nuestras leyendas.

y acabemos con la "Polca Les Xanes" de Xuaco Amieva


©2023 JESÚS FERNÁNDEZ-MIRANDA
Y LOZANA



No hay comentarios:

Publicar un comentario