A diferencia de Chateaubriand hablo frecuentemente de mis intereses, de mis emociones, de mis trabajos, de mis ideas, de mis afectos, de mis alegrías, de mis tristezas, sin pensar en el profundo tedio que el francés temía causar a los demás hablandoles de si mismo.
El ministro de Justicia, Sr Caamaño, se ha superado a sí mismo y a la estulticia total del Gobierno del que forma parte.
Tal y como informa Europa Press, Caamaño ha afirmado, ante el anuncio de un recurso de inconstitucionalidad que prepara el PP frente a la Ley Aído del Aborto, que:
“Lo normal es que el Tribunal lo rechace, porque las leyes son aprobadas por los representantes legítimos del pueblo”
Volvemos a los “principios ultrapositivistas” del valor absoluto de las leyes.
Ya en mi post ¿NO SON HUMANOS? hacía referencia a la confrontación entre el Papa Benedicto XVI con Flores D’Arcais (2) a cuenta del carácter absoluto e inatacable que el positivismo, propio de la izquierda radical, atribuye a la Ley nacida de un Parlamento, presuponiendo que no puede haber ninguna instancia por encima de las decisiones de una mayoría —políticamente conformada en forma de Parlamento— y que concluye con esta idea:
Es un deber ineludible proteger al hombre contra la dictadura de lo coyuntural convertido en absoluto (las leyes humanas) y devolverle su dignidad, que justamente consiste en que ninguna instancia humana puede dominar sobre él, porque está abierto a la verdad misma y esa es la verdadera grandeza del hombre contra lo que pretende presentarse como la cultura "tout court"
Pero, claro, desde las posiciones maximalistas de esta “secta progresista dogmatica e intolerante de la izquierda radical que tiene secuestrada al PSOE” el positivismo y el relativismo son los “grandes principios” de la “nueva sociedad” —¿neobolchevique?—, que tratan de crear e imponernos, con sus normas y sus prohibiciones, desde su minoría sociológica, que no deja de ser minoría pese al apoyo de los nazionalistas.
Hasta la revolución y la destrucción de los principios morales de la sociedad tradicional —burguesa según los bolcheviques— puede hacerse en serio, sin patochadas ni exabruptos; Se estará o no de acuerdo con el “Manifiesto Comunista”, pero no cabe duda que pese a su retórica decimonónica es un documento “serio”, no así la “gracieta” del ministro de Justicia; aunque bien visto de “gracieta” nada, pues es una manifestación “sesentayochista” de desprecio del derecho al acceso a la justicia y del más puro asamblearismo, entendido en su significado revolucionario, donde la Asamblea “es” el poder supremo del que emanan todos los demás, con desprecio del principio de separación de poderes.
Total, una nueva “bufonada” de un miembro del Gobierno.
El Calabacilla era uno de los bufones de la Corte de Felipe III que fue retratado por Velazquez
Paolo Flores d'Arcais (Cervignano del Friuli, Italia, 1944) Filósofo, periodista y editor italiano, de ideología laicista y ateo militante, cuyos ensayos se inspiran frecuentemente en el pensamiento de Albert Camus y Hannah Arendt
Desde hace siglos la Marina ha sido uno de los cuerpos de las fuerzas armadas españolas de mayor prestigio y tradición.
La entrega de despachos en la Academia Naval de Marín se celebra anualmente coincidiendo con el día del Carmen, patrona del Cuerpo, pero este año las cosas van a cambiar en la ceremonia.
Según una instrucción del Jefe del Estado Mayor de la Defensa, el general del Aire Julio Rodríguez, doblegado ante las exigencias de su ministra Carmen Chacón, y que ha sido el primer miembro de la cúpula militar en la historia de la democracia que prometió su cargo en vez de jurarlo —lo cual habla ya de su rancio “laicismo”— ha ordenado la absoluta separación de “Actos Oficiales” y “Actos Religiosos” en todas las armas y de los que normalmente se han celebrado conjuntamente con ellos, lo que significa que en la Entrega de Despachos desaparecerá la Misa e Honor de la Virgen del Carmen y me imagino que, también, el canto, por los Almirantes, Jefes, Oficiales, Cadetes y Tropa, de la “Salve Marinera”.
Supongo que ello implicará, también, la desaparición de las Misas en honor de los caídos, las procesiones de Semana santa custodiadas por tropas de las distintas armas, e incluso el canto de la canción fúnebre por excelencia “Cuando la muerte nos alcance” por sus estrofas claramente religiosas.
Vamos, que lo que la Chacón quiere, a parte de la creación del “soldado del futuro” —conectado a internet y con toda clase de “gadtges” en su equipo, aunque no se sabe con que dinero porque no hay pasta para nada, tal y como ha reconocida, hace un par de de días el Secretario de Estado de Defensa Constantino Méndez— es hacer laico al ejercito.
Eso y suprimir cualquier clase de “categoría relevante” en los actos militares.
Debo, sin embargo reconocer el error que he cometido en este post al identificar una fotografía que circulaba por la web como foto del acto de despedida del Buque escuela Elcano en Cadiz cuando en realidad se trataba de un acto protocolario de la Marina Argentina. Así que me retracto y retiro la foto en cuentión, aunque no las conclusiones generales de este post.
Pobres fuerzas Armadas, convertidas en una mera ONG, por la “secta de los progresistas dogmáticos intolerantes de la izquierda radical” que tiene secuestrado al PSOE; que no va a “guerras” aunque dispare, sino a “misiones de paz”, mientras sus presupuestos languidecen y sus tradiciones desaparecen.
Los gabachos y los hijos de la pérfida Albión deben estar encantados, al igual que nuestro vecino del sur Mohamed…
Tal y como nos relatan los medios de comunicación, el diputado del PSOE José Antonio Pérez Tapias, y la “Fundación Blas Infante”, apoyó ayer en Granada la presentación de la candidatura al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia para la comunidad de los descendientes de moriscos andalusíes.
La candidatura, cuenta también con la adhesión, entre otros, de escritores como José Saramago e Ian Gibson, ¡¡¡ que otra cosa podríamos esperar de estos escritores atacados por el gagaismo de los años!!!
Empecemos por “Blas Infante”.
El Estatuto de Autonomía de Andalucía, aprobado en 2006 con el apoyo del PSOE y del PP —en este segundo caso debo de manifestar mi desconcierto— es un dislate en su conjunto.
Baste como muestra un botón: su texto comienza por reconocer a Andalucía como Nacionalidad Histórica y al igual que ya lo hiciera el anterior Estatuto, su preámbulo reconoce como “Padre de la Patria Andaluza” a Blas Infante.
En un artículo publicado en la revista digital EL CATOBLEPAS, Gustavo Bueno, analiza detenidamente y como hecho de mayor calado y trascendencia de lo que su mero enunciado pudiera sugerir, la conversión de Blas Infante el 15 de septiembre de 1924 al Islam, al realizar la Shahada —acto formal de conversión— en la Mezquita de Agmhat, donde se conservan los restos de al- Mu'tamid, el último Rey de Sevilla, siendo uno de los testigos Omar Dukali, descendiente de al- Mu'tamid, acto en el que adoptó el nombre de Ahmad Infante.
En dicho artículo, cuya lectura recomiendo en este vínculo EL CATOBLEPAS seguro que así lo sueñan.
Baste, como nuevo ejemplo de lo que digo, este párrafo extraído de la inefable página WEB “Webislam" artículo “Fundamentos de Andalucía en la obra de Blas Infante” publicado en la referida página web:
“Solo la INTUICIÓN de Infante fue capaz de rescatar lo que nuestros conquistadores, con tanto afán, han intentado ocultarnos, dejándose arrastrar por los sentimientos que le produce el contacto con los restos históricos y culturales de la última civilización andaluza que vivió en libertad: Al-Andalus, y con los restos más genuinos de ese pueblo morisco: los jornaleros, los felah-menco (campesinos sin tierra).”
En conclusión, que Blas (Ahmad) Infante soñaba con una Patria Andaluza desligada de los conceptos occidentales de Nación, e imbuida de los mimbres culturales y morales del Islam. Punta de lanza de la “revolución” deseada para occidente que no es otra que la de la islamización.
En definitiva, lo mismo que se desea en las hamadas, en las mezquitas y en los cubiles del yihadismo internacional.
Buen Padre para una patria ficticiamente soñada sobre las fantasías de un “al Andalus” idílico, falso y peligrosamente añorado por el más intolerante islamismo integrista.
Y mientras tanto el Presidente del Gobierno en Babia...
Por cierto, Provincia de León...
La “oposición pactista y consensual” ha vuelta a hacer de las suyas.
CiU, Coalición Canaria, y UPN (Traidores!!!) se han “abstenido” en la votación del “DECRETAZO” zapatista, es decir, que han permitido su aprobación, que contiene medidas —que duda cabe que deberían aplicarse— pero que ni deben ser las únicas ni las primeras.
Y mi título en vascuence (el “batúa”, esa lengua inventada “académicamente” porque en el País Vasco tradicionalmente no se entendían ni entre ellos ya que existían, al menos, una decena de dialectos distintos de vascuence) y cuya traducción es "¡¡¡Que Mierda de Consenso!!!, ¡¡¡Estoy abochornado!!!" no es sino un homenaje al “Consenso” que tanto le gusta al PNV y que ahora ha roto, después de votar a favor de los presupuestos del Estado para 2010, eminentemente de gasto desbocado e irrealizables.
No es esta “reflexión heteróclita” el lugar que quiero dedicar al análisis de las medidas económicas adoptadas por el Gobierno “Zapatista”.
En relación con tales medidas, su adecuación o su conveniencia, su oportunidad y su efectividad, se han manifestado, ampliamente, el Gobierno y sus socios parlamentarios y la oposición.
Para mí la única conclusión a la que puede llegarse es que tales medidas no son ni las únicas ni las prioritarias a adoptar, pues antes de rebajar las pensiones o los sueldos de los funcionarios, hay numerosas medidas de recorte del gasto que podrían haberse adoptado.
De todas formas el discurso podría ser muy largo, por eso dejemos las medidas concretas adoptadas o que debieran adoptarse y centrémonos en el concepto que quiere hoy abordar mi “reflexión heteróclita” y que no es otro que el “Consenso”, esa práctica viciosa de la democracia española desde tiempos de la Transición.
En mi post ”Y LA OPOSICION, DILETANTE… ya decía yo que esta situación no la va a arreglar el PSOE, pero tampoco el PP instalado en esa especie de “Ministerio de la Oposición” en que se ha convertido Génova, y así nos luce el pelo.
Uno de los problemas de nuestra democracia es que el “sistema” —el desastre que padecemos de estructura del Estado todo y sus instituciones— ha sido “consensuado”, durante los últimos 35 años, entre los dos partidos mayoritarios, primero PSOE-UCD, después PP-PSOE, en cada ocasión con los partidos nacionalistas de turno ordeñando la vaca del Estado en su propio provecho.
Así, a lo largo de estos años la confianza social en el “sistema” se ha deteriorado de forma sustancial.
La justicia se ha politizado, haciendo depender el Consejo General del Poder Judicial de la elección de sus miembros por el Congreso, el Senado y las Autonomías.
La economía —arrastrada desde su agujero estructural hasta la fosa de la crisis mundial— no encuentra solución, con unas Cajas de Ahorro convertidas en instrumento de financiación y poder político de los gobiernos autonómicos. Y los bancos en una situación crítica por sus fallidos y su permanente entrega al poder de turno, ya lo dice el dicho popular “El dinero es cobarde y siempre está con el poder”.
La cohesión nacional hecha trizas, concesión tras concesión de los gobiernos de turno a los nacionalismos, desde la UCD pasando por el PSOE, el PP y vuelta al PSOE.
Los principios morales desaparecidos; ya lo dijo Guerra “A este país, después del Gobierno del PSOE, no lo va a conocer ni la madre que lo parió”.
Pero es que el PP tampoco solucionó ninguno de los problemas creados en este aspecto durante el tiempo que estuvo en el Gobierno, ni reguló la unión civil homosexual, que hubiese evitado el disparate del “matrimonio homosexual”; ni quiso abrir el debate social sobre el “aborto”; ni profundizó en medidas de igualdad que hubiese evitado las medidas “justicieras” de Bibi Aído, ni reestructuro las caducas bases de nuestro sistema económico, ni reajustó el sistema abusivo de las autonomías, ni ná de ná...
Es decir, que el PP es cómplice, sino actor, de la estructura del “Sistema”.
Y el problema no es nuevo; En 1978, antes incluso de la aprobación de la Constitución, mi padre manifestaba en unas declaraciones a Pilar Urbano en ABC:
«Ya he dicho en alguna ocasión que el “consenso” me dice tantas cosas que acaba por no decirme nada. No sé si lleva a la democracia, o si la elude. El elector ha de enterarse de lo que dicen y hacen sus representantes. A fuerza de consensos y pactos, el ciudadano ya no sabe, políticamente, a qué se juega. No se siente representado y termina decepcionado y cansado del sistema parlamentario».
Esta posición crítica estuvo muy extendida durante la Transición, en la que la expresión consenso (que llegó a convertirse en un lugar común o lema de la transición) se aplicó insistentemente a la consecución del consenso constitucional o pactos que permitieron la redacción de la Constitución de 1978 por acuerdo de una gran mayoría de las fuerzas políticas. Especialmente se solía identificar el consenso con el entendimiento entre las dos principales: la gobernante (UCD) y el primer partido de la oposición (PSOE), siendo los principales negociadores Fernando Abril Martorell y Alfonso Guerra, lo que trajo como consecuencia el recelo por parte de otras fuerzas políticas, ya que todas las cuestiones venían previamente pactadas, lo que alteraría el mismo sentido de la expresión y la sombra de su carácter no democrático, con lo que pasó a recibir, incluso, un significado negativo.
Efectivamente, el mayor problema del “consenso” es el “secretismo” que inyecta en todas las decisiones políticas que se adoptan bajo su paraguas, pues los pactos de “consenso” de los partidos no se conocen públicamente, con lo que se oculta al votante lo que “dicen y hacen sus representantes”.
Y esta “lacra” viene amparada, esencialmente, en la práctica imperante en nuestro “sistema”, conforme a la cual no se constituyen “Gobiernos de Coalición” entre fuerzas políticas minoritarias, que se corresponsabilizarían de la labor de Gobierno, sino que gobierna un partido minoritario, ante la dificultad de alcanzar mayoría absoluta con un sistema electoral como el D’Hondt, cuyas perversiones ya he analizado en un post anterior, con “pactos puntuales” cuando el partido minoritario que apoya al Gobierno necesita votos para sacar a delante alguna de sus propuestas políticas que requieren decisión parlamentaria, y ello, siempre, a cambio de gabelas en beneficio de los “micropartidos” que ceden su voto, y que generalmente el elector nunca llega a conocer exactamente.
Y si eso es democracia, que venga Dios y lo vea.
Una de las cuestiones que se plantean en nuestra Sociedad con bastante reiteración es el de la inadecuada legislación electoral vigente, como consecuencia de las distorsiones que provoca en la representación parlamentaria, primando a grupos minoritarios a nivel Estatal, como son los nacionalistas y castigando a otros grupos de representación nacional que tienen un número de escaños injustificadamente bajo en relación con el número de sufragios obtenidos en cómputo nacional, como sucede, por ejemplo con Izquierda Unida.
El origen de todo ello se encuentra en la aplicación del metodo D’Hondt, cuyo inventor fue Victor D’Hondt (1841 - 1901) un jurista y matemático belga, profesor de derecho civil y de derecho fiscal en la Universidad de Gante, cuya fotografía ilustra este post.
El método, que puede definirse como “Sistema de reparto de escaños por cocientes y asignación de restos” es suficientemente conocido, y está suficientemente analizado que no merece la pena detenerse mucho en él —quien lo desee pude consultar en la web centenares de artículos explicativos del mismo— sino en sus consecuencias.
No obstante y en primer lugar creo que la crítica al método no lo es al método en si mismo, sino a su incorporación a nuestra Constitución y legislación electoral, lo que le otorga un carácter casi inamovible, sobre todo cuando no existe voluntad política para su modificación.
Así el Artículo 68.2. establece que para las elecciones al Congreso de los Diputados:
La circunscripción electoral es la provincia. Las poblaciones de Ceuta y Melilla estarán representadas cada una de ellas por un Diputado.
Mientras que su párrafo 3º establece que: La elección se verificará en cada circunscripción atendiendo a criterios de representación proporcional.
La Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General, en su artículo Ciento sesenta y tres, establece dos reglas generales para la atribución de los escaños en el Congreso y en función de los resultados del escrutinio:
1. No se tienen en cuenta aquellas candidaturas que no hubieran obtenido, al menos, el 3% de los votos válidos emitidos en la circunscripción.
2. La aplicación de los escaños por aplicación del método D’Hondt, aunque no lo mencione por su nombre.
En atención a ello la modificación del sistema electoral podría llevarse a efecto respetando siempre la norma constitucional que exige, de modo genérico, la aplicación de “criterios de representación proporcional” para las elecciones al Congreso de los Diputados.
Por su parte el Artículo 81 de la Constitución establece:
1. Son Leyes orgánicas las relativas al […] régimen electoral general […].
2. La aprobación, modificación o derogación de las Leyes orgánicas exigirá mayoría absoluta del Congreso, en una votación final sobre el conjunto del proyecto
Es decir, que para modificar el régimen electoral, la aplicación del criticado método D’Hondt, se precisaría una votación favorable de la mayoría absoluta del Congreso.
Si existiese voluntad política de modificación no sería excesivamente difícil su modificación, pero es precisamente esa falta de acuerdo la que le otorga su inamovilidad.
Visto lo anterior, la siguiente cuestión es la de determinar cuáles sean los efectos negativos del método, que podríamos enumerar en la forma siguiente;
1.- La existencia de representantes parlamentarios que pese a superar el 3% de los votos en su circunscripción provincial, no llegan ni tan siquiera al 0,25% en cómputo nacional. El caso paradigmático es el de Nafarroa Bai, coalición independentista Vasco-Navarra que logró en las elecciones generales de 2008 62.073 votos, 18,53% del electorado de Navarra, lo que le permite mantener un escaño en el Congreso de los Diputados con una representación del 0,24% de los votos a nivel nacional.
2.- La discriminación entre partidos nacionalistas y nacionales por el efecto de la proporcionalidad y su juego en circunscripciones regionales, de lo que es ejemplo también paradigmática la comparación de los resultados de IU que con un 4,96% de los votos a nivel nacional (1.284.081 votos) logró 5 escaños y los de CIU, que con el 3,23% de los votos (835.471 votos) alcanzó una representación de 11 escaños.
3.- La dependencia de los grandes partidos de los votos parlamentarios de partidos que con representaciones inferiores al 3% a nivel nacional condicionan el juego de la mayoría parlamentaria que apoya al Gobierno, y que en la práctica lo hipoteca.
Y todo ello sobre el total de votos emitidos, pues los cómputos no se realizan sobre el total del censo, que en 2008 superó los 34 millones de votantes, con un porcentaje de votos válidos del 75,32% del censo.
Así, los partidos que tienen menos del 3% de los votos válidos emitidos a nivel nacional, representan en su conjunto un 4% de los escaños de la Cámara con un porcentaje de votos del 1,87% sobre el censo.
Esto, a la fin y a la postre, hace que los partidos con una representación inferior, en cómputo nacional, del 3% de los votos válidos emitidos, representen porcentajes aún menores en computo de censo global.
Es decir, que volviendo al caso de Nafarroa Bai, vemos como esta formación política disfruta de un escaño en el Congreso con un porcentaje del 0,18 % del censo, es decir, de los votos posibles en cómputo nacional.
Finalmente solo decir que los 169 escaños del partido socialista, más los 14 de estos partidos, suman 183 escaños, cuando la mayoría absoluta son 176.
Y ahora viene la anécdota.
En 1976, cuando se celebraron las primeras elecciones democráticas durante el proceso de Transición, se eligió el método D’Hondt por indicación del entonces Presidente de las Cortes, mi padre, Torcuato Fernandez-Miranda, al entonces presidente del Gobierno Adolfo Suarez, a quien, según las memorias de Fernandez-Miranda, le costó un buen rato entender su funcionamiento y las razones de su recomendación, lo que logró solo a medias, aunque confió en el olfato del Presidente de las Cortes y acordó la aplicación de este sistema.
Cuando las Cortes constituyentes establecieron sin opción la imposición de un sistema electoral proporcional y se mantuvo el sistema electoral con el método D’Hondt, mi padre manifestó por escrito a Suarez, y posteriormente a la comisión constitucional del Senado, sus dudas acerca del método elegido, pues este había sido escogido para las primeras elecciones, tratando de anticiparse a una situación política incierta y procurando obtener un efecto que se logró: la presencia parlamentaria de dos grandes grupos rodeados de pequeños que permitiesen un “Consenso Constitucional”.
Sin embargo Torcuato consideraba que no era un método adecuado a la normal vida de una democracia con vocación de “permanencia”, al igual que se opuso al sistema de autonomías por la peligrosa deriva a la que podría conducirnos, y que a la larga, pensemos que sus reservas se formulaban en 1976-77, le han dado la razón.
La primera contestación recibida de Suarez fue un poco chusca: “¿Cómo quieres que cambie el sistema con lo que me ha costado aprenderme este?
La segunda fue ofensiva, pues ante la insistencia de Torcuato en sus posiciones, públicamente manifestadas en el Senado, Suarez ya no le contestó, sino que pidió al portavoz de UCD en el Senado, Antonio Jiménez Blanco, que le transmitiese su mensaje “Torcuato, de parte de Suarez, que o te callas o te vas” lo que llevó a mi padre a pasar del Grupo de UCD al Grupo Mixto y abstenerse de la votación de la Constitución —a la que, por lealtad al Rey no podía oponerse formalmente— y a no firmar, con los restantes Diputados y Senadores Constituyentes, el ejemplar oficial de la Constitución.
Esa contestación por parte de Adolfo Suarez, a través de Antonio Jiménez Blanco, la contó el propio Torcuato a ABC, en una entrevista que se publicó el día 3 de agosto de 1978 y que se anunciaba en la propia portada del diario, que más arriba reproduzco.
Volviendo al tema concreto que nos ocupa, anécdotas a parte, la pregunta esencial es, en definitiva:
¿Por qué no se modifica el sistema electoral?
Pues esencialmente porque ninguno de los dos partidos mayoritarios ha tenido demasiado interés en ello.
Pensemos que el primer Gobierno de Aznar se constituyó con los apoyos parlamentarios del PNV, CIU, UPN y nacionalistas Canarios, a la mayoría minoritaria del PP.
En la actualidad, radicalizadas las posiciones de los nacionalismos y de los partidos republicanos presentes en el Congreso, PNV, CIU, UPN, ERC, Nafarroa Bai, Canarios, etc…, a quien le interesa mantener el sistema es al minoritariamente mayoritario PSOE.
Y de esos polvos vienen estos lodos.
Y estos lodos, la ingobernabilidad de España por el permanente chantaje de estos grupúsculos minoritarios, es lo que la Sociedad Española demanda, cada vez con mayor intensidad, que sea resuelta, a lo que se unen la demanda de apertura de las listas electorales, y la limitación de los poderes de las Autonomías, aunque estos asuntos deberán ser objeto de otros posts.
En cualquier caso, aquel enfrentamiento entre Torcuato y Suarez, tomado un poco a guasa por los más íntimos colaboradores de Torcuato, desembocó en que uno de ellos, Juan Sierra y Gil de la Cuesta, no solo colaborador sino gran amigo de mi padre, le regalara un disco con el tango “Cambalache”, que aunque haya sido publicado, no hace mucho en el blog de mi amigo Jaime, aquí os lo reproduzco en video por mi montado.
CAMBALACHE, CANTADO POR CARLOS GARDEL, EN MONTAJE DEL AUTOR DEL BLOG