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domingo, 30 de mayo de 2010

Horixe bai adostasunen mokordo!!! Lotsatuketan!!!

La “oposición pactista y consensual” ha vuelta a hacer de las suyas. CiU, Coalición Canaria, y UPN (Traidores!!!) se han “abstenido” en la votación del “DECRETAZO” zapatista, es decir, que han permitido su aprobación, que contiene medidas —que duda cabe que deberían aplicarse— pero que ni deben ser las únicas ni las primeras. Y mi título en vascuence (el “batúa”, esa lengua inventada “académicamente” porque en el País Vasco tradicionalmente no se entendían ni entre ellos ya que existían, al menos, una decena de dialectos distintos de vascuence) y cuya traducción es "¡¡¡Que Mierda de Consenso!!!, ¡¡¡Estoy abochornado!!!" no es sino un homenaje al “Consenso” que tanto le gusta al PNV y que ahora ha roto, después de votar a favor de los presupuestos del Estado para 2010, eminentemente de gasto desbocado e irrealizables. No es esta “reflexión heteróclita” el lugar que quiero dedicar al análisis de las medidas económicas adoptadas por el Gobierno “Zapatista”. En relación con tales medidas, su adecuación o su conveniencia, su oportunidad y su efectividad, se han manifestado, ampliamente, el Gobierno y sus socios parlamentarios y la oposición. Para mí la única conclusión a la que puede llegarse es que tales medidas no son ni las únicas ni las prioritarias a adoptar, pues antes de rebajar las pensiones o los sueldos de los funcionarios, hay numerosas medidas de recorte del gasto que podrían haberse adoptado. De todas formas el discurso podría ser muy largo, por eso dejemos las medidas concretas adoptadas o que debieran adoptarse y centrémonos en el concepto que quiere hoy abordar mi “reflexión heteróclita” y que no es otro que el “Consenso”, esa práctica viciosa de la democracia española desde tiempos de la Transición. En mi post ”Y LA OPOSICION, DILETANTE… ya decía yo que esta situación no la va a arreglar el PSOE, pero tampoco el PP instalado en esa especie de “Ministerio de la Oposición” en que se ha convertido Génova, y así nos luce el pelo. Uno de los problemas de nuestra democracia es que el “sistema” —el desastre que padecemos de estructura del Estado todo y sus instituciones— ha sido “consensuado”, durante los últimos 35 años, entre los dos partidos mayoritarios, primero PSOE-UCD, después PP-PSOE, en cada ocasión con los partidos nacionalistas de turno ordeñando la vaca del Estado en su propio provecho. Así, a lo largo de estos años la confianza social en el “sistema” se ha deteriorado de forma sustancial. La justicia se ha politizado, haciendo depender el Consejo General del Poder Judicial de la elección de sus miembros por el Congreso, el Senado y las Autonomías. La economía —arrastrada desde su agujero estructural hasta la fosa de la crisis mundial— no encuentra solución, con unas Cajas de Ahorro convertidas en instrumento de financiación y poder político de los gobiernos autonómicos. Y los bancos en una situación crítica por sus fallidos y su permanente entrega al poder de turno, ya lo dice el dicho popular “El dinero es cobarde y siempre está con el poder”. La cohesión nacional hecha trizas, concesión tras concesión de los gobiernos de turno a los nacionalismos, desde la UCD pasando por el PSOE, el PP y vuelta al PSOE. Los principios morales desaparecidos; ya lo dijo Guerra “A este país, después del Gobierno del PSOE, no lo va a conocer ni la madre que lo parió”. Pero es que el PP tampoco solucionó ninguno de los problemas creados en este aspecto durante el tiempo que estuvo en el Gobierno, ni reguló la unión civil homosexual, que hubiese evitado el disparate del “matrimonio homosexual”; ni quiso abrir el debate social sobre el “aborto”; ni profundizó en medidas de igualdad que hubiese evitado las medidas “justicieras” de Bibi Aído, ni reestructuro las caducas bases de nuestro sistema económico, ni reajustó el sistema abusivo de las autonomías, ni ná de ná... Es decir, que el PP es cómplice, sino actor, de la estructura del “Sistema”. Y el problema no es nuevo; En 1978, antes incluso de la aprobación de la Constitución, mi padre manifestaba en unas declaraciones a Pilar Urbano en ABC: «Ya he dicho en alguna ocasión que el “consenso” me dice tantas cosas que acaba por no decirme nada. No sé si lleva a la democracia, o si la elude. El elector ha de enterarse de lo que dicen y hacen sus representantes. A fuerza de consensos y pactos, el ciudadano ya no sabe, políticamente, a qué se juega. No se siente representado y termina decepcionado y cansado del sistema parlamentario». Esta posición crítica estuvo muy extendida durante la Transición, en la que la expresión consenso (que llegó a convertirse en un lugar común o lema de la transición) se aplicó insistentemente a la consecución del consenso constitucional o pactos que permitieron la redacción de la Constitución de 1978 por acuerdo de una gran mayoría de las fuerzas políticas. Especialmente se solía identificar el consenso con el entendimiento entre las dos principales: la gobernante (UCD) y el primer partido de la oposición (PSOE), siendo los principales negociadores Fernando Abril Martorell y Alfonso Guerra, lo que trajo como consecuencia el recelo por parte de otras fuerzas políticas, ya que todas las cuestiones venían previamente pactadas, lo que alteraría el mismo sentido de la expresión y la sombra de su carácter no democrático, con lo que pasó a recibir, incluso, un significado negativo. Efectivamente, el mayor problema del “consenso” es el “secretismo” que inyecta en todas las decisiones políticas que se adoptan bajo su paraguas, pues los pactos de “consenso” de los partidos no se conocen públicamente, con lo que se oculta al votante lo que “dicen y hacen sus representantes”. Y esta “lacra” viene amparada, esencialmente, en la práctica imperante en nuestro “sistema”, conforme a la cual no se constituyen “Gobiernos de Coalición” entre fuerzas políticas minoritarias, que se corresponsabilizarían de la labor de Gobierno, sino que gobierna un partido minoritario, ante la dificultad de alcanzar mayoría absoluta con un sistema electoral como el D’Hondt, cuyas perversiones ya he analizado en un post anterior, con “pactos puntuales” cuando el partido minoritario que apoya al Gobierno necesita votos para sacar a delante alguna de sus propuestas políticas que requieren decisión parlamentaria, y ello, siempre, a cambio de gabelas en beneficio de los “micropartidos” que ceden su voto, y que generalmente el elector nunca llega a conocer exactamente. Y si eso es democracia, que venga Dios y lo vea.

martes, 25 de mayo de 2010

¡¡¡O TE CALLAS O TE VAS!!!

Una de las cuestiones que se plantean en nuestra Sociedad con bastante reiteración es el de la inadecuada legislación electoral vigente, como consecuencia de las distorsiones que provoca en la representación parlamentaria, primando a grupos minoritarios a nivel Estatal, como son los nacionalistas y castigando a otros grupos de representación nacional que tienen un número de escaños injustificadamente bajo en relación con el número de sufragios obtenidos en cómputo nacional, como sucede, por ejemplo con Izquierda Unida. El origen de todo ello se encuentra en la aplicación del metodo D’Hondt, cuyo inventor fue Victor D’Hondt (1841 - 1901) un jurista y matemático belga, profesor de derecho civil y de derecho fiscal en la Universidad de Gante, cuya fotografía ilustra este post. El método, que puede definirse como “Sistema de reparto de escaños por cocientes y asignación de restos” es suficientemente conocido, y está suficientemente analizado que no merece la pena detenerse mucho en él —quien lo desee pude consultar en la web centenares de artículos explicativos del mismo— sino en sus consecuencias. No obstante y en primer lugar creo que la crítica al método no lo es al método en si mismo, sino a su incorporación a nuestra Constitución y legislación electoral, lo que le otorga un carácter casi inamovible, sobre todo cuando no existe voluntad política para su modificación. Así el Artículo 68.2. establece que para las elecciones al Congreso de los Diputados: La circunscripción electoral es la provincia. Las poblaciones de Ceuta y Melilla estarán representadas cada una de ellas por un Diputado. Mientras que su párrafo 3º establece que: La elección se verificará en cada circunscripción atendiendo a criterios de representación proporcional. La Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General, en su artículo Ciento sesenta y tres, establece dos reglas generales para la atribución de los escaños en el Congreso y en función de los resultados del escrutinio: 1. No se tienen en cuenta aquellas candidaturas que no hubieran obtenido, al menos, el 3% de los votos válidos emitidos en la circunscripción. 2. La aplicación de los escaños por aplicación del método D’Hondt, aunque no lo mencione por su nombre. En atención a ello la modificación del sistema electoral podría llevarse a efecto respetando siempre la norma constitucional que exige, de modo genérico, la aplicación de “criterios de representación proporcional” para las elecciones al Congreso de los Diputados. Por su parte el Artículo 81 de la Constitución establece: 1. Son Leyes orgánicas las relativas al […] régimen electoral general […]. 2. La aprobación, modificación o derogación de las Leyes orgánicas exigirá mayoría absoluta del Congreso, en una votación final sobre el conjunto del proyecto Es decir, que para modificar el régimen electoral, la aplicación del criticado método D’Hondt, se precisaría una votación favorable de la mayoría absoluta del Congreso. Si existiese voluntad política de modificación no sería excesivamente difícil su modificación, pero es precisamente esa falta de acuerdo la que le otorga su inamovilidad. Visto lo anterior, la siguiente cuestión es la de determinar cuáles sean los efectos negativos del método, que podríamos enumerar en la forma siguiente; 1.- La existencia de representantes parlamentarios que pese a superar el 3% de los votos en su circunscripción provincial, no llegan ni tan siquiera al 0,25% en cómputo nacional. El caso paradigmático es el de Nafarroa Bai, coalición independentista Vasco-Navarra que logró en las elecciones generales de 2008 62.073 votos, 18,53% del electorado de Navarra, lo que le permite mantener un escaño en el Congreso de los Diputados con una representación del 0,24% de los votos a nivel nacional. 2.- La discriminación entre partidos nacionalistas y nacionales por el efecto de la proporcionalidad y su juego en circunscripciones regionales, de lo que es ejemplo también paradigmática la comparación de los resultados de IU que con un 4,96% de los votos a nivel nacional (1.284.081 votos) logró 5 escaños y los de CIU, que con el 3,23% de los votos (835.471 votos) alcanzó una representación de 11 escaños. 3.- La dependencia de los grandes partidos de los votos parlamentarios de partidos que con representaciones inferiores al 3% a nivel nacional condicionan el juego de la mayoría parlamentaria que apoya al Gobierno, y que en la práctica lo hipoteca. Y todo ello sobre el total de votos emitidos, pues los cómputos no se realizan sobre el total del censo, que en 2008 superó los 34 millones de votantes, con un porcentaje de votos válidos del 75,32% del censo. Así, los partidos que tienen menos del 3% de los votos válidos emitidos a nivel nacional, representan en su conjunto un 4% de los escaños de la Cámara con un porcentaje de votos del 1,87% sobre el censo. Esto, a la fin y a la postre, hace que los partidos con una representación inferior, en cómputo nacional, del 3% de los votos válidos emitidos, representen porcentajes aún menores en computo de censo global. Es decir, que volviendo al caso de Nafarroa Bai, vemos como esta formación política disfruta de un escaño en el Congreso con un porcentaje del 0,18 % del censo, es decir, de los votos posibles en cómputo nacional. Finalmente solo decir que los 169 escaños del partido socialista, más los 14 de estos partidos, suman 183 escaños, cuando la mayoría absoluta son 176. Y ahora viene la anécdota. En 1976, cuando se celebraron las primeras elecciones democráticas durante el proceso de Transición, se eligió el método D’Hondt por indicación del entonces Presidente de las Cortes, mi padre, Torcuato Fernandez-Miranda, al entonces presidente del Gobierno Adolfo Suarez, a quien, según las memorias de Fernandez-Miranda, le costó un buen rato entender su funcionamiento y las razones de su recomendación, lo que logró solo a medias, aunque confió en el olfato del Presidente de las Cortes y acordó la aplicación de este sistema. Cuando las Cortes constituyentes establecieron sin opción la imposición de un sistema electoral proporcional y se mantuvo el sistema electoral con el método D’Hondt, mi padre manifestó por escrito a Suarez, y posteriormente a la comisión constitucional del Senado, sus dudas acerca del método elegido, pues este había sido escogido para las primeras elecciones, tratando de anticiparse a una situación política incierta y procurando obtener un efecto que se logró: la presencia parlamentaria de dos grandes grupos rodeados de pequeños que permitiesen un “Consenso Constitucional”. Sin embargo Torcuato consideraba que no era un método adecuado a la normal vida de una democracia con vocación de “permanencia”, al igual que se opuso al sistema de autonomías por la peligrosa deriva a la que podría conducirnos, y que a la larga, pensemos que sus reservas se formulaban en 1976-77, le han dado la razón.
La primera contestación recibida de Suarez fue un poco chusca: “¿Cómo quieres que cambie el sistema con lo que me ha costado aprenderme este? La segunda fue ofensiva, pues ante la insistencia de Torcuato en sus posiciones, públicamente manifestadas en el Senado, Suarez ya no le contestó, sino que pidió al portavoz de UCD en el Senado, Antonio Jiménez Blanco, que le transmitiese su mensaje “Torcuato, de parte de Suarez, que o te callas o te vas” lo que llevó a mi padre a pasar del Grupo de UCD al Grupo Mixto y abstenerse de la votación de la Constitución —a la que, por lealtad al Rey no podía oponerse formalmente— y a no firmar, con los restantes Diputados y Senadores Constituyentes, el ejemplar oficial de la Constitución. Esa contestación por parte de Adolfo Suarez, a través de Antonio Jiménez Blanco, la contó el propio Torcuato a ABC, en una entrevista que se publicó el día 3 de agosto de 1978 y que se anunciaba en la propia portada del diario, que más arriba reproduzco. Volviendo al tema concreto que nos ocupa, anécdotas a parte, la pregunta esencial es, en definitiva: ¿Por qué no se modifica el sistema electoral? Pues esencialmente porque ninguno de los dos partidos mayoritarios ha tenido demasiado interés en ello. Pensemos que el primer Gobierno de Aznar se constituyó con los apoyos parlamentarios del PNV, CIU, UPN y nacionalistas Canarios, a la mayoría minoritaria del PP. En la actualidad, radicalizadas las posiciones de los nacionalismos y de los partidos republicanos presentes en el Congreso, PNV, CIU, UPN, ERC, Nafarroa Bai, Canarios, etc…, a quien le interesa mantener el sistema es al minoritariamente mayoritario PSOE. Y de esos polvos vienen estos lodos. Y estos lodos, la ingobernabilidad de España por el permanente chantaje de estos grupúsculos minoritarios, es lo que la Sociedad Española demanda, cada vez con mayor intensidad, que sea resuelta, a lo que se unen la demanda de apertura de las listas electorales, y la limitación de los poderes de las Autonomías, aunque estos asuntos deberán ser objeto de otros posts. En cualquier caso, aquel enfrentamiento entre Torcuato y Suarez, tomado un poco a guasa por los más íntimos colaboradores de Torcuato, desembocó en que uno de ellos, Juan Sierra y Gil de la Cuesta, no solo colaborador sino gran amigo de mi padre, le regalara un disco con el tango “Cambalache”, que aunque haya sido publicado, no hace mucho en el blog de mi amigo Jaime, aquí os lo reproduzco en video por mi montado.
CAMBALACHE, CANTADO POR CARLOS GARDEL, EN MONTAJE DEL AUTOR DEL BLOG

sábado, 22 de mayo de 2010

EL TECHO DE CRISTAL

Un comentario a mi post anterior “Rojo, utópico y feminista” me pregunta:
“¿Que encierra el concepto "la defensa de la mujer en su propia esencia"? Suena rancio.” Voy a intentar explicar lo que se me pide. Desde que la Vicepresidenta del Gobierno, doña Maria Teresa Fernandez de la Vega, nos deleitase con una anécdota familiar hablándonos de sus tías Elisa y Jimena, que según relató doña Maria Teresa sufrieron una clara discriminación en la Universidad: "Techo de cristal que ni Elisa ni Jimena pudieron traspasar y que hoy casi un siglo después aún existe para las mujeres" Desde entonces no he vuelto a escuchar el término en cuestión. En el lenguaje del colectivo de ejecutivas feministas españolas se conoce como “techo de cristal” a la barrera casi infranqueable que tiene que romper la mujer para acceder desde los puestos intermedios de la empresa a las esferas de alta dirección. Se denomina así por su carácter de invisibilidad, que viene dado por el hecho de que no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos ni códigos visibles que impongan a las mujeres semejante limitación, sino que está construido sobre la base de otros rasgos que por su invisibilidad son difíciles de detectar. Sinceramente no estoy al cabo de la calle. La expresión “techo de cristal” había sido tradicionalmente utilizada para referirse a las situaciones en la que alguien es incapaz de ocultar realidades que el afectaban y que no era capaz de mantener ocultas. Así se decía de alguien que “tiene el techo de cristal” para describir su vulnerabilidad por el conocimiento de los aspectos que creía más íntimos y reservados y que sin embargo podían llegar a ser de general y público conocimiento. Y esa era la acepción por mi conocida. Pero a partir de los años 70 el término ha venido siendo utilizado, actualmente con plena eficacia, para referirse a aquella situación de discriminación de la mujer, perdiendo su antiguo significado. La cuestión que se plantea es la de determinar quienes, en la sociedad, han sido los constructores de ese techo de cristal, de esas barreras a la promoción profesional de las mujeres y su acceso a los más altos escalones de la responsabilidad empresarial o política. La contestación, desde las posiciones feministas radicales, es que tales barreras han sido establecidas por los hombres que no quieren ver peligrar su posición social, su control de los núcleos de poder de la sociedad, en beneficio de las mujeres, trasladando la retórica marxista de la lucha de clases a la “lucha de sexos” por el control de los mecanismos de poder de la sociedad. Las cosas, no obstante, me parece que no son tan sencillas. ¿Se trata de establecer una absoluta equiparación entre hombres y mujeres sin tomar en consideración sus diferencias, que realmente existen, psicológicas y fisiológicas? ¿Acaso no existen elementos sociológico-históricos difícilmente superables a la velocidad que pretenden los feministas? Hay un libro, gracioso y esencialmente básico o simplista, llamado “Por qué los Hombres no escuchan y Las Mujeres no entienden los Mapas” de los ingleses Allan y Bárbara Pease, que trata de explicar las diferencias existentes entre ambos sexos como consecuencia de los diferentes roles que históricamente han asumido, durante milenios, unos y otras. Sin embargo, y con el riesgo de ser tachado de machista, creo que deberíamos formularnos algunas otras cuestiones incomodas: ¿Hasta que punto no son responsables de esa realidad social las propias mujeres? ¿Hasta que punto no contribuye la mentalidad de nuestras propias madres y abuelas a fomentar una visión machista de la Sociedad? ¿No debería centrarse la educación por la equiparación sexual en modificar las concepciones machistas de las propias mujeres sobre su papel en nuestra Sociedad? Por otra parte ¿En que medida afectan los roles vinculados a los procesos reproductivos humanos a las aspiraciones de las mujeres? Lo cierto es que en los planteamientos de nuestra sociedad la conquista de los puestos de control, de poder, en el mundo empresarial y político, exige una dedicación casi exclusiva del sujeto a sus responsabilidades profesionales precisamente en la edad en que por naturaleza deben producirse los procesos reproductivos. La consecuencia de ello es que en las Sociedades occidentales desarrolladas cada vez es más frecuente la figura de las “primiparas añosas”, como se denomina en el argot médico a las primerizas mayores de treinta años. Es decir, mujeres que han retrasado el ciclo reproductivo por exigencias de la dedicación demandada por sus obligaciones profesionales, hasta el momento en que han alcanzado una posición en la escala de poder que les permite ciertos “abandonos” de su dedicación profesional exclusiva y excluyente, sin perjudicar su carrera. Son numerosos los instrumentos que se están tratando de poner en marcha para corregir los desajustes de los roles de la madre y el padre en relación con los recién nacidos. Así, los permisos de paternidad o las medidas laborales tendentes a conciliar la dedicación de madres y padres en el cuidado de los hijos. Sin embargo, son numerosas las opiniones científicas contrarias al retraso en la edad de concepción por parte de las mujeres, pues estadísticamente está demostrado que el porcentaje de alteraciones genéticas en los fetos crece exponencialmente en relación con el incremento de edad de las madres, al tiempo que son mayoritarias las opiniones médicas que aconsejan la lactancia materna en las primeras semanas de vida como instrumento esencial para una adecuada conformación del sistema inmunológico de los niños. ¿Cómo pueden conciliarse estas exigencias científicas con la compatibilidad entre la dedicación profesional absorbente que demanda una carrera profesional ambiciosa y la dedicación del tiempo de las mujeres a la maternidad y lactancia? De lo que no cabe duda alguna es que los hombres no puede sustituir a las mujeres en los roles fisiológicos que a estas corresponden en los procesos reproductivos. Y aquí volvemos a conectar, aunque desde un prisma diferente, con las políticas “malthusianistas” de los programas de natalidad de los países en desarrollo fomentada por los organismos competentes de Naciones Unidas. El objetivo es la reducción de la natalidad en un mundo sobre habitado, a cuyo efecto no dejaría de ser instrumento válido la reducción de la natalidad por vía de fomentar la mayor dedicación laboral de las mujeres, pues esta, en los deshumanizados esquemas laborales del mundo contemporáneo, sería incompatible con aquella. El riesgo es que, a largo plazo, acabemos conformando dos “clases” de mujeres, las dedicadas a la maternidad, no implicadas en el mundo laboral, o implicadas en el mundo laboral básico, sin pretensiones de acceso a los más altos escalones de poder, y las dedicadas a sus carreras profesionales previa renuncia a la maternidad. La consecuencia sería nefasta, pues supondría tanto como la creación de una “Mujer No Madre” como representante de las mujeres en los más altos niveles de poder del mundo empresarial o político. ¿Es esto lo que desean las feministas? No lo creo. Pero los tópicos feministas radicales arraigados en esta materia parecen indicar lo contrario. Efectivamente una mujer “realizada” socialmente, prioritariamente dedicada a su mundo laboral, que retrase o incluso renuncie a la maternidad en beneficio de su carrera profesional o política, amparada en la práctica del libre aborto si la maternidad se presenta indeseada o inoportunamente, parece ser el modelo de mujer que propugnan los movimientos radicales feministas. Personalmente no sé que medidas hay que adoptar para solucionar el dilema tratado, pues ciertamente no podemos pedir a la mujer que renuncie a la maternidad en aras a su mejor carrera profesional, ni viceversa, pero no creo que el modelo feminista comentado sea el ideal. No creo, tampoco, en los procesos de “discriminación positiva” es decir la técnica de equiparación en la que se prima al presuntamente discriminado, estableciendo políticas que dan a un determinado grupo social, étnico, minoritario o que históricamente haya sufrido discriminación a causa de injusticias sociales, un trato preferencial en el acceso o distribución de ciertos recursos o servicios así como acceso a determinados bienes, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de esos grupos desfavorecidos, y compensarlos por los prejuicios o la discriminación de la que fueron víctimas en el pasado, pues tal práctica es injusta en relación con los “no discriminados” que se ven relegados en beneficio de los “discriminados” sin considerar méritos o derechos, siendo en consecuencia frontalmente opuesto al principio de “igualdad de oportunidades”. La realidad es que la existente discriminación de la mujer en las sociedades occidentales no tiene una solución a corto plazo, y no parecen lo más adecuado el establecimiento de “cuotas femeninas” mínimas en toda clase de actividades sociales, desde las listas electorales de los partido a los Consejos de Administración de las Sociedades, sin tener en cuenta la “capacidad” y el “merito” de los individuos, sean hombre o mujeres. Posiblemente en nuestra generación, nacida en plena mitad del siglo pasado, las mujeres hayan tenido menor preparación intelectual y profesional que los hombres, lo que las ha relegado a posiciones secundarias en el mundo laboral o profesional, o incluso han quedado excluidas del mismo por elegir la dedicación familiar. Pero esa situación está cambiando radicalmente. Hoy en día las mujeres que estudian en la Universidad son inmensa mayoría respecto de los hombres. Y eso a medio plazo implicará la mayor presencia de las mismas en puestos de relevancia empresarial, profesional o política. Solo sé que es muy fácil caer en los tópicos y la demagogia y muy difícil acertar, habrá, tal vez, que dejar que la vida continúe fluyendo para ver por dónde van los tiros, y profundizar en el cambio de la mentalidad social que permita a la mujer, sin renuncias, avanzar en esta materia hacia el logro de sus objetivos; Eso si, respetando su propia esencia y sin tratar de convertirla en el varón que no es.

jueves, 20 de mayo de 2010

ROJO, UTOPICO Y FEMINISTA

Esa es la autodefinición que pronunció José Luis Rodríguez, Presidente de Gobierno Español, en un reportaje publicado por la revista “Marie Claire” en el mes de octubre de 2005. Pasados los años y a la vista de lo visto, yo más bien le definiría como oportunista, inculto, naíf y resentido. Y porqué no preguntárselo, ¿tal vez masón? Pues tal vez y así parece deducirse de las informaciones recopiladas, entre otros, por Cesar Vidal. A lo largo de los últimos doscientos años la masonería ha jugado un papel primordial en la vida política española como defensora de sus ideas, primero contra las instituciones del antiguo régimen, con apoyo explicito a Napoleón como impulsor de los principios revolucionarios franceses y más tarde como adalid de los principios del laicismo más radical y del despotismo ilustrado más feroz. Pero volvamos a nuestra primera reflexión, pues lo cierto es que la conclusión a la que hemos llegado después de los años transcurridos desde la entrevista citada, es que Rodríguez ni es Rojo, ni es utópico, ni es feminista. Y voy a explicar porque. No puede ser “rojo” —en su más autentico sentido— quien en las Cortes Generales se ha auto proclamado, respetuoso del libre mercado y no intervencionista en la economía, pues el marxismo y no otra cosa es el “rojerío”, es precisamente contrario al libre mercado y a la propiedad privada y consecuentemente a la libre empresa, y sus políticas económicas son esencialmente intervensionistas y planificadoras de la economía socializada. Por otra parte los recortes a los beneficios sociales de los funcionarios y pensionistas, recientemente adoptadas por su gobierno, son profundamente antisociales, lo que es argumento nuevamente en contra de su carácter de “rojo”, salvo, naturalmente, que sea un mentiroso contumaz y compulsivo, o peor, un oportunista. Eso sí, para no tener que acometer nuevos recortes, pues esta vez afectaría al “pesebre” —es decir a las subvenciones, asesores, contratados a dedo, sindicatos y partidos, entre otros— anuncia que va a subirnos los impuestos. Por otra parte, tampoco es "feminista", por muchas ministras que nutran o engalanen su gabinete, porque el autentico feminismo es la defensa de la mujer en su verdadera esencia y no un mero intento de equiparación de la mujer al hombre, cuyos mayores logros han sido la feliz ocurrencia de la Ministra de Igualdad, Srta. Aído, con su “Miembros y Miembras” dirigido a sus señorías los Diputados en una de sus comparecencias ante el Congreso; o la adaptación de los uniformes de las fuerzas armadas por la Ministra Sra. Chacón a los esquemas tipológicos “pera” “diabolo” y “ovalo” definidos por el Ministerio de Sanidad, que ha invertido ingentes recursos para la normalización de las tallas de las prendas de vestir femeninas. Y por supuesto, y finalmente, no es "utópico", porque “Utopía” no es sino el lugar perfecto e imposible relatado por Tomás Moro, cuando el más elevado pensamiento político de nuestro presidente no es “Pensamiento utópico”, sino “Pensamiento Alicia” como acertadamente lo ha expresado Gustavo Bueno en la siguiente reflexión: "Lo característico del pensamiento utópico, consistiría en que la sociedad que en él se nos describe nos es presentada precisamente como irreal; una presentación llevada a cabo por procedimientos literarios «inmanentes» (una utopía no contiene informaciones sobre los caminos o medios que hay que seguir para alcanzar la sociedad descrita por ella). El autor o el lector de utopías podrá creer o no creer en la posibilidad o en la existencia de esas sociedades futuras, generalmente pacíficas y felices; pero sabe que estas «sociedades» no son de este mundo, y en todo momento conoce las distancias que separan a la utopía de su realidad. Hay otro tipo de pensamientos irreales, creados por personas individuales, que nos ofrecen descripciones o proyectos sobre sociedades futuras, felices y pacíficas (como las utopías), pero que, sin embargo, no poseen la característica que hemos señalado en las utopías, porque no nos ofrecen indicios sobre su lejanía o sobre las dificultades insalvables que se interponen para alcanzarlas. Simplemente se nos introduce en ese mundo irreal sin medir las distancias que guarda con el mundo real nuestro; se nos presenta un mundo visitable y visitado de hecho por los hombres, a la manera como Alicia visitaba, según Carroll, el País de las Maravillas. Es a este tipo de pensamiento al que llamamos «Pensamiento Alicia». La característica del Pensamiento Alicia, tal como la hemos dibujado, es la borrosidad de sus referencias internas y de las referencias del mundo de quien imaginó el texto literario, la indistinción entre el mundo descrito y el mundo en el que vive su autor, la borrosidad de las referencias internas del mundo que describe y la ausencia de distancia entre ese mundo irreal y el nuestro. Por ejemplo, porque se supone que el mundo imaginado es el mismo mundo real, su otra cara ya existente y accesible mediante adecuados actos de voluntad". En definitiva el Presidente Rodríguez no es un utópico, sino que, como Alicia, es un inculto naíf, que confunde utopía con inconsistencia intelectual, realidad con deseos extravagantes. Finalmente nos falta tan solo referirnos a una más, la última, de sus características intelectuales, pues el Presidente Rodríguez es, aunque naturalmente y por serlo nunca lo diría, un “resentido”. Marañón En su obra “Tiberio, historia de un resentimiento” nos dice que: “Coincide muchas veces el resentimiento con la timidez. El hombre fuerte reacciona con directa energía ante la agresión y automáticamente expulsa, como un cuerpo extraño, el agravio de su conciencia. Esta elasticidad salvadora no existe en el resentido. Muchos hombres que ofrecen la otra mejilla después de la bofetada no lo hacen por virtud, sino por disimular su cobardía; y su forzada humildad se convierte después en resentimiento. Pero, si alguna vez alcanzan a ser fuertes, con la fortaleza advenediza que da el mando social, estalla tardíamente la venganza, disfrazada hasta entonces de resignación. Por eso son tan temibles los hombres débiles —y resentidos— cuando el azar les coloca en el poder, como tantas veces ocurre en las revoluciones. He aquí también la razón de que acudan a la confusión revolucionaria tantos resentidos y jueguen en su desarrollo importante papel. Los cabecillas más crueles tienen con frecuencia antecedentes delatores de su timidez antigua y síntomas inequívocos de su actual resentimiento.” Conclusión, que el Presidente Rodríguez no es rojo, no es feminista, no es utópico y es un resentido, así que lo único que le queda, si quiere distinguirse de “los demás”, es hacerse “gótico” como sus hijas, y a lo peor, así… Aunque lo mejor sería que se fuese.

miércoles, 19 de mayo de 2010

COMISARIOS DE IGUALDAD

Bibi no deja de asombrarnos como titular del Ministerio de Igualdad; En esta ocasión ha propuesto la creación de la figura del comisario de Igualdad, encargado de velar por el respeto y la no discriminación de género dentro de la empresa. Vamos, un comisario político [военный комиссар] o “politruk” a la usanza bolchevique, que debe velar por que se cumpla el «objetivo de acabar con la brecha de género que impide a las mujeres desarrollar sus vidas en términos de igualdad con respecto a los varones». Parece ser que ni el propio Ministerio de Igualdad, ni los sindicatos y sus representantes, son competentes para llevar a cabo esta tarea propia del “BIG BROTHER” y es necesaria la implicación de un nuevo colectivo de “politruks”. Obviamente, esta figura sólo genera costes, bien a nivel público o al sector privado, así como una mayor burocracia. Pero no se preocupen porque estará subvencionada, que es para lo único que sirven este inservible Ministerio de Igualdad “Zapatista”. La Ley de Igualdad y las políticas subsiguientes promovidas por el Gobierno y las distintas Comunidades Autónomas han propiciado el desarrollo de este nuevo trabajo. Una actividad emergente, mayoritariamente ejercida desde consultoras externas y por mujeres. Al parecer, un campo controlado por grupos próximos al feminismo más radical. Y una figura que está siendo fuertemente activada por el Ministerio de Igualdad, que asesora, y subvenciona a la Federación Estatal de Asociaciones Profesionales de Agentes de Igualdad de Oportunidades (FEPAIO). La secretaria general de Políticas de Igualdad, Isabel Martínez, junto a la directora del Instituto de la Mujer, Laura Seara, y la directora general para la Igualdad en el Empleo, Capitolina Díaz, se reunieron recientemente con representantes de FEPAIO. En el encuentro se acordó que los Agentes de Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres y los Promotores de Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres sean las únicas profesiones relacionadas con la igualdad reconocidas por el Catálogo Nacional de Ocupaciones. Una medida encaminada, según fuente ministeriales, a dar «más legitimidad y visibilidad a ambos colectivos». Y, según se ha podido saber, también se ratificó el compromiso político de estudiar la forma de promover, y en la medida de lo posible convertir en obligatoria, la contratación por parte de la empresa privada y del sector público de estos «vigilantes» de la Igualdad. Es decir, un nuevo atropello a las libertades de los ciudadanos en aras de un corrompido concepto de igualdad que cae en el ridículo, en lo risible, sobre todo por lo pertinaz. Ya lo decía Marco Tulio Cicerón: “Cuíusvis est errare; nullius nisi insipientes, in errore perseverare - Errar es propio de todo hombre; pero persistir en el error, de nadie sino de un necio.” Ánimo Bíbi, que vamos sin parar del flamenco[1] al cante, o sea a dar el cante[2] con las libertades de los individuos, muy al gusto de Zares Rojos que cantaba el himno que os adjunto y que todos reconoceréis fácilmente y que viene a cuento por aquello de los “politruks” o “Comisarios Políticos” bolcheviques. [1]Bibiana Aído fue Directora de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco desde julio de 2006 hasta marzo de 2008. [2] “Dar el cante” es un coloquialismo que significa hacer el ridículo