A diferencia de Chateaubriand hablo frecuentemente de mis intereses, de mis emociones, de mis trabajos, de mis ideas, de mis afectos, de mis alegrías, de mis tristezas, sin pensar en el profundo tedio que el francés temía causar a los demás hablandoles de si mismo.
lunes, 27 de noviembre de 2023
ULISES ENTRE SIRENAS
viernes, 24 de noviembre de 2023
KUMANO KODO
En cualquier caso la declaración de la UNESCO ha hecho que existan protocolos de colaboración entre las autoridades, españolas y japonesas, para su promoción y conservación, baste como ejemplo que si visitamos la página Oficial de la Oficina de Turismo Japonesa de Kumano Kodo, encontraremos una explícita referencia al camino de Santiago y viceversa.
Al igual que ocurre con nuestro “Camino”, los japoneses mantienen con absoluto respeto, la bellísima tradición del “Camino de Kumano” o “KUMANO KODO”, en el que se visita el hogar de los “Yomi Kami”, o espíritus de los ancestros, que, según sus tradiciones, habitan su asombrosa naturaleza.
Kumano, es una remota región montañosa situada al sur de Kioto, que ocupa la mitad inferior de la península Kii. Es un lugar sagrado desde tiempos prehistóricos y origen de la espiritualidad japonesa, que tiene sus raíces en la adoración de su impresionante entorno natural, con gigantescos árboles y hermosas cascadas en las que se cree que habitan los espíritus. Estas montañas se consideran la morada mística de los dioses y como hemos dicho, muy especialmente de los espíritus —Kami— de los fallecidos —Yomi—.
Cuando el budismo llegó a Kumano en el siglo VI se fusionó armónicamente con el sintoísmo, la religión in lodígena del Japón, creando formas únicas de sincretismo.
Surgió la creencia de que las deidades locales son manifestaciones de entidades budistas, lo que transformó Kumano en una matriz espiritual rica y compleja, un paraíso terrenal de purificación, sanación y salvación.
lunes, 20 de noviembre de 2023
LA MUERTE
Cuando se vive la muerte de cerca. Cuando te sopla como un toro en el cogote, empiezas a valorar las cosas de otra manera.
Y sientes que Dios esta ahí, y que te aporta una inmensa paz de espíritu.
Todo está en sus manos, tu vida o tu muerte y nada puedes hacer para evitarlo, pues como nos recordara Chateaubriand:
“El minuto presente nos pertenece, pero el siguiente ya no es nuestro, sino de Dios”
Nunca había sido consciente de que la “Parca” está ahí, esperando a darte el último golpe con su guadaña en cualquier momento.
Lo cierto es que a esa paz de espíritu contribuye no tenerle miedo a la muerte, considerando que si después de ella existe la salvación seremos eternamente felices. Mientras que si lo que nos encontramos es la nada, nada habremos de temer, pues nada sufriremos, nada añoraremos, nada nos agobiará ni entristecerá…
Siempre pensé que la certeza de la propia muerte me produciría un absoluto terror, y sin embargo me ha congraciado con el destino de una profunda sensación de aceptación y paz.
Es como si una espina de experiencia tuviese más valor que un bosque de advertencias.
Muchos me dirán: Eso es porque eres creyente.
Sin embargo no es eso, pues como dijera Montaigne, la filosofía tan sólo consiste en aprender a morir, y a ella se llega cuando se abandonan las creencias.
Y, según Albiac, nada hay en relación con la muerte sino la danza laberíntica del miedo y la esperanza.
De tal modo que es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella, que soportar el pensamiento de la muerte.
Y como en el alma hay de todo, llego a la conclusión de que en la mía prevalece la luz. Así que pienso que, en su momento, me iré como he venido, sin avisar. Sin despedirme, como hojarasca de otoño que haya caído.
Y concluyo, como siempre, con una nueva pieza musical "La mamma morta," de la Ópera Andrea Chenier de Umbertto Giordano cantada por María Calas






