A diferencia de Chateaubriand hablo frecuentemente de mis intereses, de mis emociones, de mis trabajos, de mis ideas, de mis afectos, de mis alegrías, de mis tristezas, sin pensar en el profundo tedio que el francés temía causar a los demás hablandoles de si mismo.
Comprendo que las reflexiones en torno al destino
trascendental del hombre puedan llegar a ser cansinas.
Incluso que a alguno de mis lectores les moleste, o rechacen,
las lecturas sobre ese destino trascendental.
Pero
como dicen muchos pensadores, la muerte es la razón de la existencia del
hombre, el impulso de todas las aspiraciones y la meta de todas las vidas.
Pero hoy, al hilo de algunas reflexiones recibidas
de varios de mis contertulios, quiero aportar algunas reflexiones en relación
con esa realidad terrible e inexorable que es “La Parca”.
Hace algún tiempo recibí, de un buen amigo, un
bello escrito referente a la muerte, del que reproduzco estas frases:
“Personalmente te diré que llevo todo el invierno preparando mi
enterramiento (en una capilla familiar que se acondiciona), y me ha invadido
durante todo este tiempo que han durado las obras, una curiosa sensación de
paz, una especie de coloquio con la muerte, de tu a tu, observando fascinado mi
columbario, el nicho vacío, algún día destinado a mis restos.
También me invadió la idea de morir, como una invitación agradable a un
mundo de paz y descanso, donde el Dios/Amor tiene pleno sentido y tiende su
mano para que vayas con Él. La promesa de la Resurrección de la carne, qué gran
misterio.
El hombre es hombre cuando tiene un sentido trascendente de su
existencia. Ahí está también el origen de la cultura.” [1]
Hay dos posibles actitudes ante la muerte, y al menos dos
formas de aproximarse a ella.
En primer lugar la actitud negativa ante cualquier
posibilidad de acercamiento a esa realidad atemorizadora, su negación o mejor
su elusión permanente. Sabemos que la muerte está ahí, pero no queremos nada
con ella, ni tan siquiera plantearnos que implicará en su momento para nosotros
mismos.
Shakespeare nos dice al respecto, por boca de Julio
Cesar:
“¡Los cobardes mueren
varias veces antes de expirar! ¡El valiente nunca saborea la muerte sino una
vez! ¡De todas las maravillas que he oído, la que mayor asombro me causa es que
los hombres tengan miedo! ¡Visto que la muerte es un fin necesario, cuando haya
de venir, vendrá!”
Ante esa actitud elusiva, tan generalizada, caben otra bien
diferente que es la de tratar de contemplar la realidad de la muerte en un
proceso intelectual, mas que racional, pues la razón difícilmente puede sentar
plaza frente a una realidad empíricamente inabordable.
Y dentro de esta segunda actitud, caben dos diferentes
aproximaciones a ella:
La de la certeza de la “nada” después de la muerte, con todas
las implicaciones que ello conlleva.
Y la de la certeza de la existencia trascendental del hombre,
con las implicaciones que de ello a su vez se derivan.
No se,
nunca me ha preocupado saberlo, si el gran poeta José Hierro es o no creyente,
pero me llama la atención uno de sus sonetos, cuya última estrofa nos dice,
descorazonadoramente:
“Que más da que la nada fuera nada,
si más nada será, después de todo.
Después de tanto todo para
nada.”
En cualquier caso el hombre prudente debe adoptar ante la
realidad de la muerte, esa temida realidad que nos agobia,una actitud de serena contemplación, ya que
si creyentes, la muerte implicará que estaremos ante la Divina Presencia, en
“un mundo de paz y descanso” como nos decía mi amigo en sus líneas y nada
ocupará nuestra mente sino el Gozo; y si ateos, nada habremos de temer, pues en
la nada ─ esa nada total descrita por Hierro ─ no habrá nada, ni tan siquiera
sufrimiento ni conciencia del dolor o del olvido.
Desde esa actitud, la existencia de Dios no actúa
si no como un hálito de esperanza, una bocanada de luz, llevándonos a la
consideración de que nuestra vida terrenal no ha sido una pérdida de tiempo,
pues, en otro caso, de nosotros solo quedarían en la posteridad los genes
transmitidos, si acaso, a generaciones venidas y venideras, tan solo eso y un
resto de polvo orgánico, detritus de nuestra existencia material.
Otro de mis
destinatarios [1] me contesta a mi último artículo “El Infierno” con
estas palabras:
“Querido Jesús
no te olvides del miedo, de la venganza impotente y de aquella frase de
Nietzsche al ver la crueldad, arrebatada, gratuita o simplemente mandada por la
sobrevivencia: “algunas veces la única justificación de Dios es que no
exista….”
No quiero compartir sus
reflexiones, me opongo a la conclusión del gran pensador prusiano; Elijo
acercarme a la existencia de Dios, exista o no exista, como dice otro [1]
(un tercero) de mis, ya contertulios:
“Cuando tienes problemas considerables, cuando se oscurecen los escenarios,
cuando buscas, con poco éxito, ciertos objetivos... cuando te golpea el dolor,
persistente..., te persigue una sutil tristeza...; hay que pedir ayuda,
comprensión, escucha...dirigiendo nuestra mirada, creas o no creas en Dios, a
la gran Fuerza que está en el trasfondo de todo..., exista o no exista, es
nuestra única posibilidad....”
Prefiero
pensar, aunque solo sea por ser la opción más poética, en una existencia
trascendental venidera, y si ha de serlo desacralizadamente, al menos pensemos
que nuestra fuerza espiritual, la energía que ha configurado los chispazos de
nuestro entramado neuronal, pasará con personalidad propia y unívoca a sumarse
al “Todo” existencial.
La materia y
la energía no desaparecen, tan solo se transforman. Y en esa verdad científica
está, precisamente, y desde un punto de vista estrictamente empírico, la razón
de mi creencia en la existencia trascendental del hombre.
Me niego a
aceptar que todas mis vivencias, mis recuerdos, mis sensaciones, mis emociones,
mis placeres, mis dolores, mi vida humana, en fin, tenga por único destino la
desintegración en unidades de materia inconexas y en energía “cósmica”
disuelta.
Si tan solo
fuésemos el fruto de una incomprensible, por excesiva, casualidad cósmica,
fruto de la conjunción de infinitas casualidades anteriores producidas desde el
momento primigenio del “Big Bang”, en tal caso, la existencia del hombre, con
su cualidad intelectual intrínseca, sería una carambola excesivamente cruel del
Universo. Por eso creo en la vida del más allá, en donde Dios misericordioso nos acogerá en su seno, y por eso, el día de mi muerte, no os diré adiós, sino hasta pronto.
[1] Las
referencias a los escritos que me remiten alguno de mis amigos están hechas sin
expresión del nombre del remitente por una cuestión de estricto respeto. Me mandan
sus escritos a mi personalmente y no a la pluralidad de destinatarios a los que
yo me dirijo, y por lo tanto, por pura discreción, entiendo que no quieren ver
sus nombres públicamente manifestados. Y así seguirán mientras los interesados
no me digan lo contrario
Aquel día, el 18 de mayo de
1994, tuve la inmensa fortuna de estar en la Plaza de Las Ventas, ese día en el
que Julio Aparicio le cortó las dos orejas al quinto de la tarde, un toro de
"Alcurrucen" llamado “Cañego”, al que le hizo una faena memorable que
aquí os cuelgo.
Por desgracia también me encontraba
en un tendido de Las Ventas el día 21 de mayo de 2010, hace quince años,
en el que Julio Aparicio sufrió una de las más espeluznantes cogidas que jamás
haya visto, aunque su gravedad parece que no fue mayor que su dramatismo, como consecuencia de no haberse visto afectadas venas, arterias o estructuras
vitales.
Largo Caballero, disfrazado de
miliciano y con un reluciente Winchester entre sus manos, de visita en el
frente de Somosierra
El pasado
día 29 de abril Pablo Iglesias, Vicepresidente Segundo del Gobierno de Sanchez
Castejón amenazo a los diputados de VOX diciendo que el pueblo los eliminaría,
como puede verse en el video que acompaño.
Sin
embargo, el ultraizquierdista líder del partido UNIDAS PODEMOS, se equivocó en
su amenaza, pues no consta en los libros de historia que en ningún momento la
izquierda eliminase a los “fascistas” en España durante el s.XX, sino más bien
lo contrario.
Pero, en
cualquier caso, el comunista Iglesias no hizo sino volver al guerracivillismo y
a las amenazas a que la ultra izquierda nos ha tenido acostumbrados durante la
Historia.
Así, para
empezar mi reflexión, lo primero que hago es jurar que seré fiel a la
recomendación del Bachiller Sansón Carrasco en El Quijote:
«El historiador ha de escribir
las cosas, no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la
verdad cosa alguna.»
Y así os
cuento:
1º.- El entonces líder del PSOE
Largo Caballero, en el cine Europa, según relata El Socialista de fecha 13 de
enero de 1936, decía:
«Yo
declaro... que, antes de la República, nuestra obligación es traer al
socialismo... Hablo de socialismo marxista... socialismo revolucionario...
somos socialistas pero socialistas marxistas revolucionarios... ¿Procedimiento?
¡¡El que podamos emplear!!»...
Pues bien, la frase no se
compadece con la manifestación contenida en la exposición de motivos de la Ley
que hoy comentamos, fomentada por el PSOE contemporáneo, conforme a la cual:
Aquella etapa de nuestra historia
(La Segunda Republica) constituyó la más importante experiencia democrática que
podamos contemplar al mirar nuestro pasado.
Nótese
que la “lealtad” del PSOE en 1936, con Largo Caballero a su cabeza, lo era al
Socialismo, que no a la Republica. Y ello pese a que la doctrina oficial
izquierdista trate de vendernos que la revolución del 34, propiciada por los
más reconocidos lideres del propio PSOE, entre ellos y muy especialmente Largo
caballero, no fue un ataque a la Republica, sino una defensa del pueblo frente
a la amenaza fascista que representaba la incorporación de ministros de la CEDA
al Gobierno de la República. Es decir que fue una “guerra preventiva”, de esas
que hacen los americanos y que son hoy tan denostadas por la progresía
Recordemos, además que la frase en
cuestión fue pronunciada por Largo caballero en 1936, dos años, tan solo,
después del fracaso de la intentona “revolucionaria y marxista” en que
consistieron los acontecimientos de Asturias en octubre de 1934, propiciados
por el propio PSOE, de los que desde luego no parecía muy arrepentido.
La contumacia en la defensa de un
régimen bolchevique, era evidente en los lideres socialistas, para los que el
“Octubre Rojo Ruso”, anterior en apenas quince años al “Octubre Rojo
Asturiano”, era un referente de objetivo claramente imitable en España, en un
deseo decidido de superar lo que para ellos (Largo Caballero, Indalecio Prieto,
Luis Araquistáin, etc…) era una “Republica Burguesa” que había que superar.
Por lo demás, y tal y como nos dice Salvador
de Madariaga, republicano de pro:
“Con la
revolución del 1934 la izquierda española perdió hasta su sombra de autoridad
moral para condenar la rebelión de 1936”
Y pese a todo ello, nadie ha
reclamado que se retire su estatua-monumento de los aledaños de los nuevos
ministerios de Madrid, como ya se hiciera con la de otro “antidemócrata” como
él, llamado Francisco Franco, que gozaba de monumento a la vuelta de la esquina
; claro que este era de derechas y le había ganado la guerra a nuestro
protagonista, y eso es inadmisible desde el punto de vista de la corrección
política impuesta desde la democrática izquierda patria.
Finalmente, y como critica a los
socialistas “prosoviéticos y bolcheviques capitaneados por Largo Caballero,
recordemos, tan solo las palabras de alguien tan poco sospechoso como Julian
Besteiro, repesentante del ala moderada y demócrata del PSOE manifestaba:
“La verdad
real: estamos derrotados por nuestras propias culpas: por habernos dejado
arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que
han conocido quizás los siglos. La política internacional rusa, en manos de
Stalin y tal vez como reacción contra un estado de fracaso interior, se ha
convertido en un crimen monstruoso que supera en mucho las más macabras
concepciones de Dostoievski y de Tolstoi.”
2º.- El 13 de julio de 1936 es
asesinado en Madrid el líder de la oposición conservadora, José Calvo Sotelo y
creo que, en relación con dicho drama, una de las opiniones más respetables es
la del Catedrático de Historia Contemporánea Alfonso Bullón de Mendoza, autor
del libro “José Calvo Soleto” (ARIEL 2004) y que en un artículo publicado en
“EL MUNDO” nos dice que:
“La declaración
del presidente del parlamento Europeo (el socialista español) Sr. Borrell,
según la cual “el alzamiento de parte del ejercito español en 1936 frustró la
gran esperanza que representaba la II República” seria válida si ese alzamiento
se hubiese producido en 1931, al poco tiempo de la instauración de la
Republica, pero no (cuando este tuvo lugar) en 1936, muchos meses después (…) a
lo largo de los cuales se produjeron muchas circunstancias que hicieron
frustrar esa “enorme esperanza”, circunstancias que ponen de manifiesto hasta
que punto se había frustrado toda esperanza sin necesidad de que un alzamiento
militar le pusiera fin.”
Para continuar relatando:
“En su
última intervención parlamentaria acaecida el 1 de julio (de 1936) las
constantes interrupciones e insultos le obligaron (a José Cavo Sotelo) a
abandonar el uso de la palabra, y fue ese mismo día cuando pudo escucharse
decir a diputado del PSOE Angel Galarza:
“Pensando
en Su Señoría, encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de
la vida”.
Reprendido por Martínez Barrio, quien mandó
retirar las amenazas del Diario de Sesiones, Galarza respondió:
“Esas
palabras, que en el Diario de sesiones no figurarán, el país las conocerá y nos
dirá a todos si es legítima o no la violencia”
No olvidemos que Galarza fue
Ministro de Gobernación en el Gobierno Socialista poco después de estos
acontecimientos.
Concluye
Bullón de Mendoza relatando como el asesinato de Calvo Sotelo, ejecutado con la
directa intervención de los socialistas Fernando Condés,(responsable de la escolta personal de
Indalecio Prieto) y Luis Cuenca (uno de los guardaespaldas de dicha escolta
conocida como “La Motorizada”), fue conocido en la mañana del 14 de julio de
1936 por los diputados socialistas Vidarte, Zugazagoitia, director además de
“El Socialista”, y por el propio Indalecio Prieto, quienes no solo no
procedieron a denunciar los hechos (el gravísimo asesinato del líder de la
oposición parlamentaria) sino que, además, encubrieron a sus autores,
circunstancias todas ellas que demuestran, según Bullón la “anormalidad del
régimen republicano del 36”.
El Cadáver de Calvo Sotelo en el depósito del cementerio de
la Almudena.
Pues bien, nuestros demócratas del PSOE, IU, ERC, PODEMOS y demás
patulea “progresista”, exigen la retirada de los nombres de todas las plazas,
calles o avenidas que recuerden al “fascista” Sr. Calvo Sotelo, pues su sola
presencia es considerada una provocación antidemocrática.
3º.- El 14 de agosto de 1936 la aviación nacional bombardea Gijón
causando cincuenta víctimas.
En represalia por dicho bombardeo, el Consejo Soberano de Asturias y
León, presidido por el socialista Belarmino Tomás, ordenó la ejecución de
ciento dieciséis presos políticos (Diccionario Histórico de Asturias, La Nueva España, Oviedo, pág. 882,)
Consejo Soberano de Asturias y Leon Presidido por el Belarmino Tomás(en el centro con cazadora oscura)
Efectivamente, dos horas después del
bombardeo, se empezaron a sacar presos de la recién construida Iglesia de San
José, que como otras de Gijón había sido convertida en cárcel. Se eligió
metódicamente a las víctimas que fueron transportadas en autobuses al
cementerio de Jove, donde fueron asesinados (lo cuenta un superviviente,
Bonifacio Lorenzo, Disparad sobre nosotros. Los cuarteles de Gijón y otros
sucesos).
Los cadáveres de los fusilados
permanecieron insepultos varios días, hasta que se les roció de gasolina y
fueron quemados y sepultados en una fosa llena de cal viva. Existe una lapida
con sus nombres, totalmente abandonada, en el cementerio citado. Figuran en
ella numerosos gijoneses de prestigio, entre ellos los diputados republicanos
Romualdo Alvargonzález y Mariano Merediz.
A continuación, el día 29 de agosto de 1936, se ordena el traslado de
500 presos políticos de las cárceles gijonesas de “la iglesiona” (Iglesia del
Sagrado Corazón) y de “El Coto” al buque "José Luis Caso de los
Cobos", que fue fondeado en la dársena del puerto de El Musel, con la
intención de crear un escudo humano frente a los bombardeos que sufría el
referido puerto.
El buque Jose Luis Cabo de los Cobos (Colección Rubén)
A diferencia de lo ocurrido en Gijón ¿qué ocurrió con Oviedo
en manos del “sublevado” Aranda?:
«La ofensiva republicana arrasó Oviedo con un bombardeo
diario de 3.000 proyectiles de cañón y bombas de aviación del 21 de febrero a
finales de marzo (1937)». Fundación Pablo Iglesias, AFLC XXIV, pág. 722
“Oviedo sufrió durante el sitio 130 bombardeos aéreos,
algunos de13 horas seguidas, 120.000 proyectiles de cañón, 10.000 bombas de
aviación.” La Nueva España, 06-03-04, pág. 48, Francisco Camarero
Oviedo tras los bombardeos republicanos
Pese a la pertinaz dureza de los
bombardeos, no consta, históricamente, que en Oviedo se realizasen ejecuciones
de prisioneros políticos como represalia por los bombardeos sufridos.
Ello no quita que, durante los
primeros momentos de la sublevación en Oviedo ocurrieran desmanes en forma de
juicios sumarios y ejecuciones de “enemigos” de los sublevados, que nadie
pretende justificar.
3º.- Desgraciadamente las represalias sobre los vencidos
fueron una constante en ambos bandos Pero no es, sin embargo, cierto que la
represión fuera mayor o más inhumana en el bando franquista.
Citaremos algunos ejemplos de
represión ejercida sobre los Nacionales por parte de los leales republicanos,
ya que la recuperación de la memoria histórica al amparo de la nueva Ley, por
parte de los entonces vencidos, dará lugar a la rememoración de ejemplos
múltiples de la “represión fascista”.
a.- Últimamente oímos hablar mucho del fusilamiento del
Capitán Rodríguez, abuelo de nuestro actual Presidente del Gobierno, por
consecuencia de su “lealtad” a la República.
Sin embargo no hemos oído nada de otros fusilamientos, igual
de dramáticos, ocurridos en la zona republicana, como el del Comandante Ortiz
de Zarate, sublevado en Guadalajara y fusilado tras su intento de alzamiento,
inmediatamente después de su apresamiento, sin juicio y por decisión “popular”
de los milicianos que le apresaron, hechos a los que corresponde la fotografía
que sigue, en la que Ortiz de Zarate es conducido al paredón por sus captores.
b.- Genocidio sobre los defensores
cautivos del Cuartel de la Montaña, de Madrid; su ejecutor Enrique Castro
Delgado, cuenta en su libro Hombres made in Moscú:
“Ya dentro
del Cuartel, alguien dice: “Allí” están los que no han escapado, serios,
lívidos, rígidos... Castro sonríe al recordar la “fórmula”. “Matar... matar,
seguir matando hasta que el cansancio impida matar más... Después... Después
construir el socialismo”. “Que salgan en filas y se vayan colocando junto a
aquella pared de enfrente, y que se queden allí de cara a la pared... ¡Daros
prisa! La fórmula se convirtió en síntesis de aquella hora... luego un
disparo... luego muchos disparos... La fórmula se había aplicado con una
exactitud casi maravillosa”.
Más de
cincuenta cadáveres de los defensores del cuartel de la Montaña, masacrados por
los saltantes milicianos, yacen en el Patio del Cuartel; No hay presos, solo
asesinados.
c.- Se nos relatan también, de
modo insistente y machacón, los fusilamientos de centenares de presos milicianos
detenidos en la toma de Badajoz por los Nacionales el 15 de agosto de 1936,
tras ser encarcelados en la plaza de toros de la localidad convertida en
prisión improvisada y según las crónicas, fusilados por las tropas franquistas.
Según los propagandistas de
izquierdas los fusilados fueron 4.000, aunque según el nada sospechoso Hugh
Thomas y otros historiadores más objetivos, los ejecutados fueron no más de
300, lo cual no deja de ser una barbaridad, pero difiere considerablemente de
los datos aportados por la propaganda marxista.
d.- Sin embargo, desde la
izquierda no se habla, nunca, de los fusilamientos en Paracuellos del Jarama,
Soto de Alcoleay Pozuelo de Alarcón, de
más de once mil setecientos (11.705) “fascistas” sacados de las cárceles de Madrid
---según la relación nominal de víctimas contenida en el libro “Checas de
Madrid” de Cesa Vidal--- especialmente durante el mes de noviembre de 1936,
ante la proximidad de las tropas nacionales a Madrid, al parecer con
intervención del ínclito Santiago Carrillo, y encima la progresía patria se
indigna cuando a “don Santiago” le increpan como “asesino” en actos públicos…
Entre los asesinados se
encontraban varios padres con sus hijos adolescentes, como por ejemplo el
capitán Enrique Sicluna Burgos y sus dos hijos, Luis y Enrique Sicluna
Rodriguez, estudiantes de 21 y 17 años respectivamente, o el de Anselmo
Larrondo Gonzalez y su hijo Anselmo de dieciséis años. En el caso de los tres
jóvenes, su único delito era el de ser “hijos de fascistas”.
Sinceramente creo que el resumen
de los hechos trágicos enunciados no resulta nada atractivo.
¿De verdad pretende el Gobierno
Social Comunista que padecemos, llevarnos al recuerdo activo de estos
acontecimientos?
Mientras las nuevas generaciones
viven preocupadas por su futuro, por el futuro de un mundo en equilibrio
económico inestable, y en estos momentos con las enormes incertidumbres
económoicas y sociales que van a derivarse de la epidemia de COVID19, nuestros
gobernantes viven preocupados por reinventar la “memoria” del pasado más
dramático de nuestra historia reciente, en un irresponsable ejercicio de
revisionismo partidista que solo conduce a la reapertura de las heridas que
durante la época de nuestra llamada “transición” quisieron dejarse
definitivamente cerradas.
Por desgracia parece que no lo hemos conseguido.
Por cierto, el efecto de rebote ya
se está produciendo; No hay más que ver la reacción de la gente manifestándose
en las calles contra el Gobierno durante los momentos en que está permitida la
salida de sus confinamientos, las enormes caceroladas que se escuchan por toda
España contra los sinvergüenzas que nos dirigen y la desmesurada reacción de la
policía y los medios contra esas manifestaciones de descontento.
Mientras tanto nuestros
gobernantes, mezcla inaudita de Socialistas, Comunistas radicales, etarras,
separatistas y republicanos herederos del asesino Companys, pretenden acabar
con nuestro sistema constitucional del 78, derrocar la monarquía e implantar
una “República Ibérica bolchevique”, la epidemia les está sirviendo de coartada
perfecta para sojuzgar a los ciudadanos restringiendo sus derechos y
libertades.
Según los estudios que
cacarea el Gobierno, sólo un 5% de la población española (somos47,5 millones
aprox.) se ha infectado de COVID19.
Eso son los 2,4 millones de
infectados oficialmente reconocidos, de los que han fallecido, realmente, unos
50.000 enfermos.
Es decir que con el “Estado
de Alarma” se mantiene encerrado al 95% de la población que está sana.
Así, los fallecidos
representan tan solo un 2,08 de los infectados y un 0,10% de la población
española.
¿Y con esas cifras
mantienen el confinamiento total de la ciudadanía? Es decir, ¿de unos 45
millones de españoles sanos?
Con ello se demuestra que
el Estado de Alarma y el Confinamiento no responden a motivos sanitarios, sino
chavistas.
Sin embargo, los comunistas y socialistas no se han dado cuenta de que la situación sociológica de España en no tiene nada que ver con la de los años 30 del siglo pasado. Hoy España está dominada por una clase media inmensa, con propiedades, educación, sanidad y todas las ventajas de un Estado del Bienestar, y la gente no va a estar dispuesta a que se lo arrebaten un grupo minoritario de bolcheviques. España ha empezado a manifestar su hartazgo, no sólo por el confinamiento, sino por el recorte de las libertades y derechos de los ciudadanos, la desastrosa gestión de la epidemia que sufrimos y la ruina del país, que cada día es mayor. Y lo hace con sus caceroladas y su presencia en las calles exigiendo la dimisión de Gobierno y su enjuiciamiento. Y todo esto no ha hecho más que empezar.
Desde pequeño he sentido una admiración inmensa, una malsana
envidia, acrecentada por los años de frustración, hacia las personas que se
acuerdan de todas y cada una de las demás que han conocido a lo largo de su
vida, y es más, las identifican por su
nombre y apellido con memoria exquisita de sus distintas circunstancias
personales, familiares y laborales.
Es esta una habilidad personal que me falta y que he añorado
permanentemente.
Envidio la sensación de seguridad que debe dar entrar en una
sala repleta de gente y pensar: allí esta Cayo, el Notario, con su mujer
Agripa, ya repuesta de su ataque de lumbago; y allá Casio el Banquero y su
ayudante Publio, y allá más al fondo mi compañero de partido de golf de hace
dos semanas, Bruto, el dentista y un poco más a su derecha Nepociano...
A diferencia de esta gente, tan apreciada socialmente, somos
otros muchos los que no recordamos, nunca, una sola cara, una sola anécdota de
nuestro interlocutor, y que nos sentimos azorados cuando, con inmenso
desparpajo, alguien, propietario de tan envidiada habilidad y en ese momento
totalmente desconocido para nosotros, nos saluda por nuestro nombre de pila y
nos pregunta, con exacto conocimiento, a cerca de aspectos que creíamos íntimos
de nuestra existencia.
¡¡¡ Hombre
Jesús, que alegría encontrarte por aquí ¡¡¡, Por cierto ¿qué tal está tu madre
después de su caída?
Nosotros, por el contrario, debemos recurrir a argucias, una
y otra vez ensayadas, para no ofender con nuestro desconocimiento a nuestro
interlocutor, sobre todo después de la familiaridad con la que nos ha saludado:
“Hombre si, yo también me alegro mucho de
verte, ¿qué tal todo?”
Para evitar preguntar por la familia, pues no sabemos si la
tiene o no, o si acaba de divorciarse, o por el trabajo, pues desconocemos si
el interlocutor es un rentista o un exitoso profesional o acaba de ser
despedido de su trabajo....
Lo malo de la situación es que después de un buen rato, y de
haberle preguntado a tu amigo el anfitrión, sales de dudas y encima con
sensación de que te han madrugado:
“Si hombre si, no te acuerdas, es Sexto
Appio Catón; Encantador. Te lo presenté hace tres meses en casa de Lucio Cayo
Macrino. Me acuerdo perfectamente porque es traumatólogo y comentamos la
fractura de cadera de tu madre.”
Un viejo amigo me decía hace algún tiempo, resignado ante su
ineptitud social en este sentido:
“Yo ya no quiero
que me presenten a más gente, Jesús; ¿para que?, si después nunca me acuerdo de
nadie.”
Creo sinceramente que, en un alarde de espíritu igualitario,
pues es socialmente injusto y discriminatorio que algunos gocen de esa
habilidad y otros no, habría que imponer la práctica de la “despresentación”.
Así, si te presentan
a alguien en algún momento, podrías charlar tranquilamente con ese alguien
circunstancialmente, y sin temores, pues después, si su conocimiento te resulta
intrascendente, podrías pedir al introductor del sujeto que te lo “despresente”
y aquí paz y después gloria, sin compromiso social de ninguna clase.
Además, así, se podría hacer realidad el aforismo de
Nietzche:
“La ventaja de la
mala memoria es que nos permite disfrutar varias veces, por primera vez, de las
cosas ya conocidas pero olvidadas.”
Seún el catedrático y
economista Peter F. Drucker:
"Si quieres hacer algo nuevo, tienes que
dejar de hacer algo viejo"
Cada X años, en la historia occidental se produce una
fuerte transformación.
En unas pocas
décadas, la sociedad, su cosmovisión, sus valores básicos, sus estructuras
sociales y políticas, sus instituciones claves se reorganizan a sí mismas... En
efecto la sociedad deja de hacer lo que le era habitual (algo viejo) y enfrenta
la realidad desde perspectivas diferentes (algo nuevo), desde una forma nueva
de hacer y de pensar.
La caída del imperio romano y la invasión de Europa
por los bárbaros; La desaparición del feudalismo y la aparición de las Naciones
modernas; la Reforma en el cristianismo; La revolución francesa y Napoleón; La
caída de las Monarquías y el transito al Estado democrático moderno; el
enfrentamiento de los totalitarismos con la democracia; los procesos de
emancipación colonial; etc… Son algunos ejemplos de esos procesos de
transformación.
Hoy esa
transformación viene forzada por la Pandemia de COVID19, que ha obligado a
todas las naciones desarrolladas, y a gran parte de las demás, a la adopción de
medidas extraordinarias, con limitación de los derechos de los ciudadanos, fundamentalmente
mediante el confinamiento de estos en sus hogares, con el pretendido fin de
evitar contagios, al tiempo que desde los Estados y los Gobiernos se cometen
abusos inaceptables cercanos a los regímenes dictatoriales.
La salida de
esta situación y la pretendida recuperación de la normalidad social, económica
y política de las Sociedades Occidentales tras la pandemia, hará que,
nuevamente, estas Sociedades, su cosmovisión, sus valores básicos, sus
estructuras sociales y políticas, sus instituciones claves, se reorganicen a sí
mismas...
En efecto la
sociedad dejará de hacer lo que le era habitual (algo viejo) y se enfrentará la
realidad desde perspectivas diferentes (algo nuevo), desde una forma nueva de
hacer y de pensar.
Y así, dentro
de cincuenta años, surgirá un nuevo mundo, y las personas entonces no imaginarán
como era el mundo en que vivieron sus abuelos...
En estos momentos esa transformación se
centra en la opción de una de estas dos vías:
-El triunfo de los postulados del Neomarxismo
-El tránsito de la La sociedad capitalista a la sociedad del conocimiento y
la comunicación.
En un sistema capitalista,
como el que hemos venido viviendo los últimos doscientos años, el “capital” era el recurso de producción crítico, totalmente en
oposición, hasta en “lucha”, con el “trabajo”. Lo que fue denunciado por el
marxismo, y sin embargo superado por el neocapitalismo, que como explicamos en
nuestro anterior post, dejó
sin argumentos al marxismo ortodoxo, que se ha convertido en un sistema de búsqueda
del poder, de la “Hegemonía” social, mediante el fortalecimiento de los grupos
sociales marginales y el reconocimiento de sus falsos derechos colectivos.
Sin embargo, creo que en la sociedad postcapitalista, hacia
donde nos estamos dirigiendo muy rápidamente, será el “saber” ─ que no puede
ser comprado con dinero ni creado por capital de inversión─ y no el capital, el
recurso clave.
Ello dará lugar a una economía diferente, la economía del
conocimiento y la comunicación, cuyos protagonistas serán, de una parte,
los operadores del conocimiento y las comunicaciones, y de otra los ciudadanos,
que tendrán la capacidad de acceder fácilmente al conocimiento y la
información, lo que tendrá unas implicaciones mayores de las que podemos pensar
en la actualidad.
Entre otras consecuencias decisivas, está la desaparición de la
dialéctica de la lucha entre “capital” y “trabajo”, en que hemos vivido desde mediados
del s.XIX, con las inmensas consecuencias que ello tendrá a efectos de
“reorganización” del “equilibrio entre poderes”, que en un futuro muy cercano
se centrará en la doble dialéctica “Conocimiento vs Ignorancia” y “Proveedor vs
Destinatario” del conocimiento y la información, frente a la dialéctica
“Capital vs Trabajo”.
Por ello la crítica del neomarxismo al sistema capitalista es ya
algo completamente desfasado, aunque siga durante años dando coletazos, la
dialéctica no va a volver a ser la pugna “Capital vs. Trabajo” y las posiciones
anticapitalistas de los partidos de izquierdas, completamente desnortados ante
una Sociedad que ha logrado las cotas de nivel de vida y bienestar que
actualmente se disfrutan en occidente ─jamás soñadas en el pasado─ se diluirán
como un bloque de hielo en una corriente primaveral, al no entender que el
tránsito histórico que vivimos y el mundo que nos depara el futuro, es
precisamente el de la “Sociedad del Conocimiento y la Información”, que
permitirá mejorar aún más las condiciones de vida, de todos los ciudadanos del
planeta, con los avances tecnológicos y sociales que del conocimiento van a
desprenderse.
Sin embargo, este nuevo paradigma social no estará exento de problemas,
de críticas y de enemigos.
Los operadores/proveedores del conocimiento y la información
serán élites que dominarán en la práctica todos los recursos de la Sociedad, y
naturalmente, en una tendencia nefastamente humana, la de la ambición y la
codicia, se constituirán en una nueva clase dominante, y no lo serán a título
individual, sino a través de grandes corporaciones e instituciones multinacionales
de ámbito global.
Los marxistas contemporáneos consideran que hoy,
en una sociedad fuerte y rica que permite al hombre desenvolverse y
satisfacer mejor que nunca las necesidades materiales y culturales, sigue
e4xistiendo ua clara “esclavitud” de las mayorías sociales.
Por eso el socialismo
tiene que hacerse hoy más utópico que nunca, tiene que afirmar que su ruptura
es una ruptura total con la historia, un rompimiento radical, un ir hacia el
reino de la libertad que solamente puede lograrse destruyendo de raíz la
sociedad actual, con todos sus fundamentos culturales y morales.
Para el neomarxismo, la
sociedad moderna, en todo su desarrollo, significa la transición de la
servidumbre de la miseria a una servidumbre que se considera peor: la
servidumbre voluntaria, que
acepta, con los valores, maneras y formas de vivir que la sociedad opulenta
ofrece, y con resignación, la docilidad y la obediencia.
Y ello porque al crear una existencia
humanamente satisfactoria, destruye en el hombre su capacidad de negación, su
actitud negativa ante los valores que ellos llaman burgueses, que son los
valores de la civilización occidental, que son, en último término, los valores
humanistas, los valores cristianos, los valores cuya defensa habría de unirnos
de cara a defender nuestro futuro como sociedad libre.
En definitiva, se produce el efecto que nos describeEmile Durkheim:
“El individuo se somete a la
sociedad y esta sumisión es la condición de su liberación. Para el hombre, la
liberación consiste en librarse de las fuerzas físicas ciegas e irracionales;
lo consigue oponiéndoles la enorme e inteligente fuerza de la sociedad, bajo
cuya protección se ampara. Poniéndose bajo el ala de la sociedad se vuelve, en
cierta medida, dependiente de ella [como tributo a su propio hedonismo, y
nihilismo, esencialmente manifestados en la pretensión de irresponsabilidad del
“hombre de alma líquida”]. Pero se trata de una dependencia liberadora.”
Pero lo cierto es que esa “sumisión” a la sociedad, no tiene nada de
liberadora y nace por los temores propios del individuo a su individualidad, ya
que, como nos dice Bauman:
“El individuo contemporáneo
no quiere ni “ser”, ni “decidir”, ni “actuar” asumiendo la responsabilidad que
de ello se deriva y rechaza su propio libre albedrío, pues no quiere depender
de sus propios recursos para satisfacer sus propios deseos”.
Surge así la colectivización social: los individuos, inermes ante los retos
de su vida y temerosos de no alcanzar sus objetivos individuales, se incrustan
dentro de un colectivo determinado, cuyos miembros se asemejan a ellos en sus
gustos, inclinaciones morales, religiosas, sexuales o raciales, y es a través
del “Colectivo” que pretende obtener la ayuda de la Sociedad para colmar sus
deseos. Es el “síndrome del rebaño”
Y se fabrica artificialmente, así, la idea de los llamados “Derechos
Colectivos” en contraposición a los “Derechos Humanos”, pues estos últimos
están referidos a los individuos en cuanto tales y no a los colectivos en los
que se integran.
Hoy en día, en la práctica, todos esos colectivos representan, tan sólo, a
minorías sociales muy activas y que tratan de imponer sus particulares credos a
la totalidad de la población, hasta caer en contradicciones, a veces ridículas,
de modo que vemos coaligados en las calles a miembros del colectivo LGTB con
Islamistas radicales, sin que los primeros se den cuenta de que el Corán les
condena a muerte y de que sus compañeros de algarada, si vencen, acabarán,
físicamente, con ellos.
O a movimientos comunistas radicales de la mano de Islamistas, también
radicales, olvidando que ya Marx avisó que “La religión es el opio del pueblo”
y que la actual estrategia deconstructivista de los Comunistas, pasará por la
eliminación del Islam, si el Islam no acaba primero con los ateos comunistas
por herejes, ya que no siguen las enseñanzas de su “Libro”.
Aunque en este punto sería bueno recordar las palabras de la exiliada rusa Nadiezda
Mandelstam:
"La atracción de los comunistas por el Islam no
es casual. El determinismo, la disolución del individuo en la sagrada
militancia, el orden que aplasta al individuo. Todo eso les atrae más que la
doctrina cristiana del libre albedrio y el valor de la personalidad humana”
En cualquier
caso, debe advertirse como el socialismo marxista pretende destruir los poderes
económicos y sociales para buscar la libertad a todos los seres humanos y el
medio que utiliza es una política de dirección e intervención estatal que
conduce a la radical funcionarización de la vida humana y esa funcionarización
tiene una consecuencia de radical gravedad:
El
abandono del propio destino.
Para Torcuato Fernández-Miranda:
"La vida humana es radical intimidad,
mismidad, destino propio, peculiar, infungible, intimo. Así como nadie puede
morirse por mí, soy yo el que tengo que morir mi muerte, así de la misma manera
sólo en mi radical intimidad puede mi vida ser vivida. Renunciar a esta radical
intimidad, al propio destino de nuestra vida infungible, para asumir un destino
ajeno, enajenar nuestra vida, es dimitir del modo más absoluto de la vida
humana y aceptar la peor de las esclavitudes".
El
socialismo marxista amenaza tanto la libertad cuanto algo más radical: La
intimidad, la posibilidad de vivir cada uno dentro de sí mismo, en ese castillo
interior que es el alma y la vida del hombre.
"El concepto de intimidad quiere
subrayar esto: Cada hombre tiene su propio destino, su vocación específica,
infungible. Pretender, por tanto, funcionarizar al hombre, estandarizarlo,
uniformar su vida bajo la igualdad de una normatividad igualitaria, es
desconocer lo que la vida tiene de infungible y hacer imposible la vida
concreta de cada hombre para designar la cual hemos empleado la palabra
intimidad.”
Continúa diciéndonos Torcuato Fernandez-Miranda
Al
final es otra forma de sojuzgar al hombre en Sociedad, despersonalizarlo,
hacerlo número y masa gobernable por la élite neomarxista instalada en el
aparato del Estado, y ello con una finalidad, la imposición de un “pensamiento
único” que adocene y someta al individuo negándole su “libre albedrío” en aras
de una igualdad utópica de todos.
Y la “Sociedad del
Conocimiento” es un nuevo escollo para esa doctrina, pues el acceso de todos a
la información, a la cultura, al conocimiento, los hará no cada vez más
iguales, sino cada vez más libres.
En cualquier caso, la “Sociedad
del Conocimiento” presenta también sus riesgos, fundamentalmente el que se
unifique el mensaje, se dosifique y adoctrine el pensamiento mediante el
control de esa Sociedad, mediante el control de los “Trabajadores del
Conocimiento”, lo que ya ha comenzado a intentarse, afirmando que la verdadera
cultura es de izquierdas, que el verdadero conocimiento es el previamente
sometido a censura y legitimado por la izquierda, retorciendo torticeramente la
“realidad histórica” para legitimar, sólo, “Su” verdadera historia.
Y es aquí donde los “demócratas”
debemos esforzarnos en la defensa de la libertad de conciencia, la libertad
religiosa, la libertad de Cátedra, la libertad de expresión, la libertad de
información, la libertad de creación artística y cultural; en definitiva, de
los derechos fundamentales que garanticen la libertad del conocimiento,
rechazando las sectarias mentiras, el adoctrinamiento y la censura.
Deshacer, en definitiva, el velo
de control de esas libertades que desde la nueva izquierda se nos quiere
imponer.
Y el camino no será fácil, pues en
la DEFENSA DE LA VERDAD, nos moveremos en el fiel de la balanza, ya que
deberemos evitar esa pretendida “Supremacía Cultural de la Izquierda” pero sin
caer en la “Supremacía Cultural de la Derecha”, pues cualquier totalitarismo o
defensa de intereses de tercero por encima de LA VERDAD, será el fracaso de la “NUEVA
SOCIEDAD”.