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lunes, 25 de octubre de 2010

LIBERALISMO

LOKE, PADRE DEL lIBERALISMO.
Torquato Accetto (1641) un desconocido pero interesante escritor del XVII italiano, escribió un pequeño libro llamado “La disimulación honesta” cuya su dolorosa meditación versa sobre las técnicas con las que, en tiempos difíciles, la gente puede defenderse de los poderosos. Según Accetto el problema no es simular lo que uno no es (pues sería engaño) sino disimular lo que uno es, a fin de no irritar en demasía a los otros —especialmente a los poderosos— con las virtudes propias (la cuestión no es saber cómo causar daño sino cómo no recibirlo). El origen principal de estas meditaciones radica en el hecho de que no le gusta a los poderosos que los demás tengan ningún tipo de éxito o de virtud, ni siquiera los más ínfimos. En definitiva, en su ensayo subyace al atávico miedo de los hombres corrientes a los poderosos, ya políticos ya económicos. Cierto que en nuestro fuero interno consideramos que sería una bella manera de castigarlos tener éxito en algo en lo que ellos crean no tener igual. Sin embargo Accetto aconseja a la mayoría silenciosa, a los “temerosos”, en una actitud de modestia y recelo propia de los tibios, el no hacerlo, sino, muy por el contrario, ocultar nuestras virtudes y capacidades y usarlas discretamente en nuestro exclusivo provecho y defensa. ¿Son sus meditaciones aceptables? Pues dependerá del carácter y fortaleza de cada uno. Quevedo, por ejemplo, no se recataba en el momento de criticar a los poderosos, lo que le costó varios encarcelamientos y destierros, pero según el genial poeta: No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente? Y lo cierto es que en estos momentos en los que se vuelve a hablar de “Regeneracionismo” como si a finales del XIX nos encontrásemos, más parece tener razón el Señor de la Torre de Juan Abad que el italiano. Y frente a la mayoría sociológica de signo socialista, más por resabio, inercia e incultura que por fundamentos culturales o conocimiento, creo que llegado ha el momento de defender el “LIBERALISMO” del s. XXI frente a las tendencias marxistas ancladas en el XIX. Y hablo del “Liberalismo del s. XXI”, y no del liberalismo, cuyo padre teórico es Loke, de cuño ilustrado, materialista y antireligioso de Voltaire o de los prerrevolucionarios, ni tan siquiera del liberalismo económico capitalista y materialista de la postguerra mundial, de los años 60, sino del liberalismo contemporáneo, que basado esencialmente en las formulaciones del liberalismo clásico, debe evolucionar de modo esencial no hacia el Neoliberalismo, corriente a nuestro juicio repudiable por racionalista y materialista, sino tratando de encontrar claves que nos permitiesen hablar de un “nuevo liberalismo”. Hay varios autores que han contribuido a la formulación de lo que he venido en llamar “nuevo liberalismo” En un artículo titulado “¿Qué significa ser liberal?”, publicado por Carlos Alberto Montaner el 6 de febrero de 2009, en la Web CATO —cuya lectura recomiendo en el enlace destacado— encontramos varias reflexiones interesantes, entre las que destacaría la siguiente: “El liberalismo parte de una hipótesis filosófica, casi religiosa, que postula la existencia de derechos naturales que no se pueden conculcar —ni limitar por el poder— porque no se deben al Estado ni a la magnanimidad de los gobiernos, sino a la condición esencial de los seres humanos”. En cualquier caso, en esta “REFLEXION EHETERÓCLITA” quiero hablar de la enorme confusión que ha introducido la Iglesia Católica en relación con el Liberalismo en la muy cristiana Europa, desde su condena por el Papa Gregorio XVI en la Encíclica "Mirari vos" (1832) y, más específicamente, por Pío IX en la "Quanta cura" (1864) acompañada de la Syllabus complectens praecipuos nostrae aetatis errores (Listado recopilatorio de los principales errores de nuestro tiempo) y Pío X en la "Pascendi Dominici Gragis" (1907). Ahora bien, es preciso situarnos en el contexto temporal de dichas condenas, que no son contra el liberalismo económico, ni contra la defensa, frente a toda opresión, de la libertad —valor fundamental y constitutivo del hombre como ser racional así creado por Dios— sino contra desviaciones y errores dogmáticos y morales derivados del liberalismo filosófico, basado en una supuesta defensa de la autonomía del hombre ante Dios y ante la ley moral objetiva como norma última de conducta. Este liberalismo racionalista es el que de nuevo condenó Pablo VI en la Carta Apostólica "Octogesima adveniens" (1971), cuando dice que: "En su raíz misma el liberalismo filosófico es una afirmación errónea de la autonomía del individuo en su actividad, sus motivaciones, y el ejercicio de su libertad". Pensemos, en todo caso, que estas condenas del liberalismo encuentran su origen en la polémica decimonónica de la Separación entre la Iglesia y el Estado y en torno a conceptos como la “Libertad de Pensamiento” o la “Tolerancia interreligiosa”, hoy superados en la Sociedad e incluso en el seno de la propia Iglesia. Así, la “Syllabus complectens praecipuos nostrae aetatis errores” que se publicó simultáneamente con la encíclica “Quarta Cura” en 1864, considera errores, relativos al liberalismo, cuestiones que si la Iglesia tratase hoy de defender serían un escándalo, pues, por ejemplo, en la Syllabus se nos dice que es erróneo afirmar que: “En esta nuestra edad no conviene ya que la Religión católica sea tenida como la única religión del Estado, con exclusión de otros cualesquiera cultos. De aquí que laudablemente se haya establecido por la ley en algunos países católicos, que a los extranjeros que vayan allí, les sea lícito tener público ejercicio del culto propio de cada uno”. Benedicto XVI, en una carta enviada al filósofo y Senador Italiano Marcello Pera, desde Castel Gandolfo el 4 de septiembre 2008, en relación con su libro “Por qué tenemos que llamarnos cristianos. El liberalismo, Europa, la ética”, le dice: “(En su libro)… Con un conocimiento estupendo de las fuentes y con una lógica contundente, usted analiza la esencia del liberalismo a partir de sus fundamentos, mostrando que en la esencia del liberalismo se encuentra el enraizamiento en la imagen cristiana de Dios: su relación con Dios, de quien el hombre es imagen y de quien hemos recibido el don de la libertad”. Para continuar diciéndole: “Usted muestra que el liberalismo, sin dejar de ser liberalismo, más bien para ser fiel a sí mismo, puede referirse a una doctrina del bien, en particular a la cristiana, que le es familiar, ofreciendo así verdaderamente una contribución para superar la crisis”. En esencia esta carta rectifica la posición intransigente de la Iglesia respecto del Liberalismo, y admite la existencia de un liberalismo que, siendo fiel a sí mismo, puede referirse a la doctrina cristiana, como doctrina del bien, sin conflicto. La carta, que duda cabe, ha levantado ampollas en los sectores más conservadores de la Iglesia, que han llegado de acusar al Papa de defender ideas ya condenadas por la Iglesia "ex cathedra" en las encíclicas anteriormente citadas, llegandose a considerar que: “La errónea opinión personal del Papa Benedicto XVI en esta materia no altera en absoluto la condena del liberalismo hecha por Papas anteriores.” Mi primera reacción frente a tales intransigencias no puede ser sino la de un liberal católico, lamentando la intransigencia y la estrechez de miras intelectual de quienes así se posicionan. Lo más sorprendente de esto es que quienes así se manifiestan son quienes han venido defendiendo históricamente la muy equivocada “Doctrina social de la Iglesia” trufada de concesiones reiteradas a sindicatos y economistas de la izquierda marxista; y quienes se han mostrado más beligerantes frente a la economía de mercado y más han defendido el “intervencionismo” estatal en la materia, ocasionando, desde su equivocada buena fe, más daños de los que han tratado de evitar, como de modo brillante explica el economista católico norteamericano Thomas E. Woods en su libro “Porqué el Estado SI es el problema”, en el que nos dice: “Siento el más profundo respeto por los papas anteriores al Vaticano II cuyos comentarios económicos lamento haber tenido que criticar en el presente estudio. Eran hombres buenos, santos y valientes que gobernaron la Iglesia con gran habilidad y coraje y de cuyos escritos me he beneficiado inmensamente. Pero por grandes que fueran, por el mero hecho de ocupar el sillón de San Pedro no heredaron una perspectiva económica superior a la que pueda poseer cualquier persona medianamente inteligente.” En cualquier caso el punto esencial de la cuestión que pretendo esclarecer en esta “Reflexión Heteróclita” es el de contestar a la pregunta: ¿Qué pretende el liberalismo? Pues esencialmente de lo que se trata es de defender la libertad individual frente a las injerencias del Estado en todos los ordenes de la actividad humana, desde su más estricta intimidad a su comportamiento y relaciones sociales, y esencialmente en el orden moral y económico. El poder ha tratado siempre de intervenir en la conducta de los ciudadanos, primitivamente en beneficio propio de los poderosos, y en épocas más modernas, en la teórica defensa de los más débiles de la Sociedad. Sin embargo, como ya señalara el economista de la Escuela Austriaca, Ludwig Von Mises, el pensamiento económico liberal ilustrado descubrió ya en el s. XVIII que: “Los esfuerzos por mejorar el bienestar de determinados grupos sociales —los más débiles— a través de la intervención de los gobiernos, puede tener efectos perjudiciales y a menudo consecuencias totalmente contrarias a los deseos expresados por sus defensores.” En la misma línea se manifiestan los recientes premios Nóbel de Economía 2010, los profesores Peter A. Diamond (Massachussetts Institute of Technology, EEUU), Dale T. Mortensen (Northwestern University, EEUU) y Christopher Pissarides (London School of Economics, Reino Unido), que han analizado el perverso papel que pueden jugar los subsidios de desempleo en la destrucción de empleo en los países desarrollados con altas tasas de desempleo. Así efectivamente, los trabajos de Diamond, Mortensen y Pissarides analizan los efectos de políticas económicas de protección del trabajador y fomento del empleo, como subsidios al desempleo, salarios mínimos, impuestos salariales, subsidios a la creación de puestos de trabajo, etc…, y concluyen que, en general, cualquier política puede tener virtudes y defectos. Así, los subsidios al desempleo, si bien son herramientas absolutamente necesarias para proteger a las familias que sufren el drama del desempleo, también pueden generar efectos adversos como la disminución de los incentivos a buscar trabajo, lo cual puede producir un incremento del desempleo. Esta es, en definitiva, la clave fundamental en la que, en materia económica, se sustenta el liberalismo, en el convencimiento de que solo el mercado libre y las leyes económicas actuando en libertad, pueden generar el enriquecimiento y el progreso de las sociedades, que no se produce cuando la intervención de los Gobiernos en el mercado, en la vida económica, introducen efectos distorsionadores del funcionamiento del propio sistema. Pero como el tema es muy largo, creo que debo dejar aquí esta introducción, para continuar en próximos post explicando el porqué de esta afirmación y realizar un análisis de los fundamentos éticos y morales del liberalismo político, no estrictamente económico, que puede llevarme bastante espacio. Asi que ya nos veremos más adelante.

miércoles, 20 de octubre de 2010

NIHIL DIFICCILE VOLENTI


Esta expresión (hay quien dice que escrita en latín poco puro o “macarrónico”) aparece inscrita en la fachada del Palacio de Lungotevere en una de las esquinas de la Piazza Delle Belle Arti de Roma.

Será o no correcta según los latinistas, pero su significado merece una “reflexión heteróclita”.

“Nil difficile Violenti” “Nada Es difícil para quien quiere”

Bueno… pues relativamente.

Qué duda cabe que el esfuerzo personal es clave de muchos éxitos, pero también de muchas frustraciones.

Sin duda, pues no existe tratadista que se refiera al comportamiento humano que no anote la importancia de la fuerza de voluntad aplicada por el individuo al logro de sus objetivos, es esta una de las “potencias” del alma, pero es también, decíamos más arriba, fuente de frustraciones perpetuas, pues no podemos olvidar la cantidad de seres humanos que aplicando su plena fuerza de voluntad, su determinación y su esfuerzo, fracasan en el intento de aquello que anhelan, sin saber muchas veces a que es debido el fracaso sufrido.

“Nil difficile volenti, etsi fortuna favet fatuis”

“Nada es difícil para quien quiere, aunque la fortuna favorece a los necios”
Podríamos añadir sin temor a equivocarnos, pues ¿a cuántos necios afortunados no conocemos que, pese a su estulticia y necedad, alcanzan sus objetivos y el éxito en la vida, mientras que otros, sabios y esforzados, nunca lo consiguen?

Siempre fue la Diosa Fortuna caprichosa con sus favores, incluso con el pueblo romano, cuyo culto, introducido en Roma por Servius Tullius, Rey de Roma en el s VI a.C., tenía lugar en el santuario situado en la colina del Quirinal y cuyo árbol sagrado era el roble, tal vez de ahí la creencia de que abrazar a un roble traiga buena suerte, costumbre que también encuentra sus raíces en los ritos druídicos celtas.

Baltasar Gracián nos dice:

“La fortuna se cansa de llevar siempre a un mismo hombre sobre las espaldas”.

Mientras que Séneca afirma que:

“Hasta la desgracia se cansa”.

Es decir, que según los clásicos tanto la fortuna como el infortunio llegan, para cada uno, al cansancio, lo que en definitiva no hace sino que nos ratifiquemos en la consideración del carácter mutable de esta Diosa caprichosa, pues la fortuna se esfuma con idéntica facilidad que las nieblas matinales en los campos otoñales, o aparece de modo imprevisto como una tormenta de verano.

Por eso, el hombre afortunado no debería vanagloriarse de su fortuna, sino temer perderla, al igual que el hombre desgraciado no debiera desesperarse ante su desgracia, sino aguardar a que llegue pronto la fortuna.

Uno y otro han de saber que se encuentran en circunstancias caprichosamente mutables, no perdurables y por lo tanto, esencialmente humanas.

Y que ni siquiera serán igualados por el Hades pues tras el tránsito de la laguna Estigia, guiados por Caronte y llegados ante los tres jueces de lo eterno —Minos, Radamantis y Éaco— podrían acabar navegando por el río Letéo (o del olvido) hacia los felices Campos Elíseos; o por el contrario podría quedar condenados a navegar por el río Piriflegetonte (o río de fuego), a la región del Tártaro situada en las profundidades extremas y donde reina una noche eterna; Aunque si no son juzgados ni como bondadosos ni como malvados, las almas tibias son enviadas a través del río Aqueronte (o de la aflicción) hasta la llanura de Asfódelo, el lugar más frecuentado, donde la noche y el día no son más que un eterno crepúsculo y las almas de los difuntos se pasan la eternidad dando vueltas sin objeto.

Aunque lo cierto es que en ello nada tiene que ver la suerte, sino el comportamiento de cada uno durante su vida terrena, pues en todos y cada uno de estos “infiernos” se encuentran seres que sobre la faz de la tierra fueron agasajados por la fortuna o maltrechos por el infortunio, y en nada influye tal condición a su carácter de perversos, bondadosos o tibios...

El refranero español está lleno de expresiones que se refieren a esta compañía o ausencia de la fortuna.

Se habla así de “quienes nacieron con estrella o estrellados”, o se dice que “la suerte es una flecha lanzada al aire que hace blanco en el que menos la espera”.

Sin embargo otros contradicen la influencia de la fortuna con frases que la denigran; así hay quienes creen que la suerte no es más que la habilidad en aprovechar los momentos favorables, o que la suerte no se tiene, sino que hay que buscarla con el esfuerzo personal.

Así que como vemos existen opiniones para todos los gustos en relación con los juegos del destino en manos de la fortuna.

Pero, ¿existe realmente la suerte, la fortuna?

Yo creo que efectivamente si y que es determinante en la vida de los hombres, ¿o acaso no es más afortunado el que nace en una familia acomodada de un país desarrollado frente a quien lo hace en la miseria y la hambruna de una sociedad tercermundista?

En el fondo son hombre idénticos, dotados de igualdad física y espiritual, pero uno y otro, por la mera circunstancia de las de su nacimiento, tienen ante sí panoramas u oportunidades, radical y ferozmente, diferentes.

Y no es cuestión de justicia o injusticia, sino de fortuna o infortunio.

En todo caso, además, la Fortuna es tremendamente egoísta, pues alcanza tan solo a una mínima parte de los miles de millones de seres humanos que habitan nuestro mundo.
Habrá pues que olvidarse de sus veleidades y esforzarse cabalmente en hacer lo que debamos sin preocuparnos de si la Diosa se apiada, o no, de nosotros o nos toca con su dedo caprichosamente.

martes, 19 de octubre de 2010

SAN SALVADOR

Hay una tradición asturiana que se concreta en la frase: “Quien va a Santiago y no a San Salvador visita al siervo y no al Señor”. El origen de esta frase se encuentra en el hecho de que el Camino de Santiago en su ramal “Francés” no transita Asturias, sino que, bajando desde Roscenvalles a la meseta Castellana, obvia pasar por Asturias. A ello le hemos de sumar que en la Catedral de Oviedo, llamada San Salvador, en la que se venera una bellísima talla románica en piedra policromada de Jesús (San salvador), se custodia una reliquia tradicionalmente considerada como el Santo Sudario que envolvió la cabeza de Cristo en el momento del descendimiento de la cruz, junto a otras reliquias venerables que se conservan en la llamada Cámara Santa. Así pues los asturianos, siempre socarrones con sus vecinos gallegos (Gallegos y Asturianos primos hermanos, los gallegos los primos y nosotros los hermanos), critican la ruta de peregrinación que olvidando la visita de la Catedral de Oviedo y su atesorada reliquia de Cristo, viajaban para venerar al Apóstol y no a Jesús. La Cámara Santa de la Catedral de Oviedo es una torre románica ramirense del s. VIII que conserva reliquias de gran importancia en la tradición histórica Cristiana y del primigenio reino astur, cuna de la reconquista.
El edificio en cuestión fue volado por dinamiteros de las cuencas mineras asturianas durante la revolución de octubre de 1934, el intento de golpe de estado bolchevique contra la republica, promovido por Largo caballero e inicio, según los más modernos historiadores, de nuestra Guerra Civil del S. XX. En este edificio, hoy reconstruido, se guardan, además del santo sudario, que presenta según los más recientes estudios, coincidencias sorprendentes con la Santa Sindone, la Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias y que se considera la cruz de roble enarbolada por Pelayo en Covadonga enriquecida y recubierta de oro por los primeros reyes de la dinastía asturiana, así como la cruz de los Ángeles, símbolo de Oviedo, una sandalia de san Pedro, etc… Y a cuento de que esta referencia a todo lo relatado en esta reflexión heteróclita. Pues miren ustedes, tiene un sentido, la tradición cristiana ha sido el fundamento de nuestra sociedad occidental y hoy es desconocida, obviada y mancillada por la izquierda con Rodríguez a su cabeza, y esos fundamentos de nuestra sociedad europea occidental, que se transmiten de generación en generación desde hace dos mil años, se concretan en tradiciones formales como las descritas, tradiciones que le acaban de jugar una mala pasada diplomática a nuestro presidente Rodríguez. En atención a la importancia que tiene el Pontífice de la Iglesia Católica, cuya sede se encuentra en el Estado independiente del Vaticano, del que el Papa es su Jefe de Estado y que está en Roma, la republica de Italia, desde su nacimiento allá por la época de Garibaldi, mantiene unas normas protocolarias no escritas pero muy estrictas. Según esas normas cualquier Jefe de Estado o de Gobierno que visita Roma lo hace o bien para visitar al Papa, o bien para visitar a las autoridades de la Republica Italiana, pero no se admite mezclar ambos objetivos. Rodríguez, que se sitúa por encima del bien y del mal ha tenido el poco tacto de romper esa norma protocolaria diplomática no escrita y después de visitar al Papa en el Vaticano quiso visitar a Berlusconi y el resultado es el del video que les adjunto.
El tema es antiguo, pero el desplante de Berlusconi al "santificado Rodriguez" me ha hecho tanta gracia que no he podido evitar subirlo a mi blog.

viernes, 15 de octubre de 2010

DO WE CAN?

Obama utilizó el cartel que aparece a la izquierda durante su campaña electoral a la Presidencia de los estados Unidos de Norteamérica, con el slogan “SI PODEMOS”. A Rodríguez le presentamos con igual montaje escénico pero preguntando ¿PODEMOS? Lamentablemente creo que no, que no podremos salir fácilmente del agujero en que nuestra economía se encuentra. Cierto que la crisis no es fruto de la política de Rodríguez, sino que es una crisis mundial; pero mientras que los países de nuestro entorno han sabido, o al menos han comenzado, a adoptar medidas tendentes a la salida de la crisis, con gran desgaste incluso para algunos de sus dirigentes, Rodríguez se empeña en no aplicar las medidas necesarias, en parte porque tan solo piensa en los procesos electorales que se le avecinan y que teme que le pongan en situación muy delicada, comenzando con las autonómicas de Cataluña, y en parte por ineptitud, improvisación y empecinamiento en no hacer caso a los economistas, incluso de su partido, que le susurran las medidas que debe adoptar. Sir Winston Churchil dijo: “Un político se convierte en Estadista cuando deja de pensar en las próximas elecciones para pensar en las próximas generaciones”. y evidentemente Rodríguez no es un Estadista. Los más grave de la situación de Rodríguez es que sus problemas generales se ven agravados, ahora, por la amenaza de problemas internos en su partido, el PSOE, en donde ha empezado a sonar voces disconformes o manifestaciones de hartazgo de sus compañeros. El origen de todo ello ha sido la derrota de su candidata, e intima colaboradora, Trinidad Jiménez, en las primarias del PSOE madrileño para la designación del candidato a las elecciones autonómicas de Madrid. El Presidente Rodríguez había tratado de forzar la designación, como candidata, de la “Señorita Trini”, como la ha llamado Alfonso Guerra, y la resistencia del Secretario General de los socialistas madrileños Tomás Gómez, que forzó la celebración de las primarias, le ha explotado en las manos a Rodríguez y a la ejecutiva nacional del PSOE. El primero de los Barones en manifestarse expresamente contra la continuidad de Rodríguez ha sido el Presidente autonómico de Castilla la Mancha, Barreda, aunque luego haya reculado, supongo que por algún toque de atención recibido. Y no creo que este desgaste interno del Presidente no vaya a pasarle factura. El problema de Rodríguez no es que no sea inteligente, pues debe serlo si ha sido capaz de llegar a la Presidencia del Gobierno, carambolas aparte, y de mantenerse en él durante una segunda legislatura, ya sin carambolas. Ni tan siquiera podemos decir que sea malvado, actúa conforme a sus ¿creencias? o meros intereses, aunque algunos toques de dogmatismo y revanchismo sean evidentes en su “talante”. El problema de Rodríguez es que es un inepto, es decir un hombre no apto para el papel que desempeña y además un mentiroso. Y que es inepto y mentiroso lo demuestra el hecho de que hace pocos meses acusaba al PP de que sus medidas para atajar las “dificultades económicas” que atravesaba España —la palabra crisis no la usó hasta mucho después— serían medidas de carácter antisocial que el PSOE nunca adoptaría, como bajar las pensiones, congelar el sueldo de los funcionarios o reducir las inversiones y el gasto público; Precisamente lo que se ha visto obligado a hacer en las últimas semanas. Pero lo cierto es que con esas chapuzas no ha logrado nada, mientras que se mantienen las multimillonarias subvenciones a sindicatos, partidos políticos, ONG’s y apesebrados de todo tipo; no ha reducido el número de vehículos oficiales, que supera al existente en los Estados Unidos; no ha reducido el número de los asesores y demás contratados a dedo por la administración; ni nada de nada… Y el endeudamiento público sigue creciendo de forma galopante, de tal modo que la pésima gestión de nuestro Gobierno la pagarán las futuras generaciones, aunque no sé como si la población sigue envejeciendo y alargándose la esperanza de vida. Total que, por desgracia, la contestación a la pregunta que inicia este post no puede ser otra que la de decir que NO, que desde luego, así, NO PODREMOS. Y no quiero entretenerme en sus ministros, tan solo recordar que según la última encuesta del CIS el tercero de los problemas que más preocupa a los españoles son nuestros políticos, en general, sin excepciones. No quiero pensar que tenemos a los políticos que nos merecemos como pueblo, creo que deberíamos mantener más alta nuestra autoestima, pero si creo, con la mayoría de los encuestados, que nuestros políticos son un problema y lo son por su falta de honradez, por su falta de preparación y por su falta de visión de “servicio” a sus conciudadanos, que no otra cosa debería ser la política. Y si nuestra sociedad no es capaz de cambiar a nuestra clase política, auguro, desconsoladamente, un largo, frío y entristecido futuro para todos nosotros y para alguna que otra generación venidera.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

ADOCTRINAMIENTO

Llueve sobre Madrid, intensamente, y ha refrescado. Se nota que estamos ya en otoño. Y entre chubasco y chubasco leo la entrevista que se publicó el viernes 17 de septiembre en ABC, en la que la “Gran Maestre” de la Logia masónica “El Derecho Humano”, Paloma Martínez, trata de convencernos, cual si de monja clarisa se tratase, de que la masonería no es más que un club de gente “que no practica el secretismo, sino la discreción” y que no es anticlerical, sino laica, aunque propugna que “la religión se limite al ámbito privado” y que “la Iglesia se quede donde se debe quedar” aunque no nos diga donde es ese lugar. En “la Tercera” del mismo diario y fecha se publica un artículo firmado por David Cameron, en la que el Premier Británico valora positivamente la controvertida visita del Papa al Reino Unido, muy criticada en los círculos laicistas y el papel de la Iglesia Católica en el mundo, con una perspectiva muy diferente a la de los masones; en él nos dice: “… la visita del Papa tiene que ser bien recibida no sólo por los católicos del Reino Unido, o por los creyentes en general, sino por todos los que valoramos las contribuciones de los credos religiosos a nuestra sociedad, y por quienes comprenden que la fe es un don que se debe abrazar, no un problema que se tenga que superar. Quizás no siempre estemos de acuerdo con la Santa Sede, pero eso no debe impedirnos reconocer que el mensaje general de ésta puede ayudar a plantearnos preguntas sobre nuestra sociedad y la forma en que nos tratamos nosotros mismos y a los demás”. Estos dos sueltos periodísticos me dan pié a abordar, en esta nueva “reflexión heteróclita”, el problema del intervencionismo moral y sociológico en que incurre reiteradamente nuestro gobierno sobre la base de la “laicidad” y la “igualdad” que quiere imponer en nuestra Sociedad. ¿Pero qué es exactamente lo que se quiere? Pues una mezcla de resultados deseados históricamente desde el marxismo y desde la masonería. Y aunque les suene a mis lectores a “remedo” de la "conspiración judeomasónica” de la que ya advirtiera reiteradamente el “Invicto”, lo cierto es que desde posiciones democráticas liberal conservadoras, mucho me temo que nos encontremos ante algo más que una mera sospecha. No han faltado en los últimos tiempos quienes han criticado la opción de nuestro gobierno de implantar la “educación para la ciudadanía” como una muestra más del tradicional “adoctrinamiento marxista”. En parte tienen razón, pues si bien el propio Marx se declaró contrario a la “Educación de Estado”, también propugnaba la no intervención de la Iglesia en los procesos educativos; así, efectivamente, en sus “Glosas críticas al programa de Gotha [del Partido Obrero Alemán]” Marx nos dice: "...eso de "educación popular a cargo del Estado" es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc., y, como se hace en los Estados Unidos, velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado, y otra cosa completamente distinta es nombrar al Estado educador del pueblo! Lo que hay que hacer es más bien substraer la escuela a toda influencia por parte del gobierno y de la Iglesia.... por el contrario, es el Estado el que necesita recibir del pueblo una educación muy severa...." Pero junto con esta tesis del origen marxista de la pretensión adoctrinadora del Gobierno de Rodríguez, no podemos olvidar, tampoco, la influencia masónica de sus planteamientos. En La Conferencia Interamericana de la Masonería, Jorge Eliécer Salazar Avenia, Gran maestre de la Masonería Venezolana, citó al escritor uruguayo Jaime Monestier como adalid de la educación laica, ya que según él: “La educación laica es piedra angular y arco de resistencia en la construcción de la estructura filosófica de la masonería”. Por su parte, el Congreso Masónico internacional, reunido en París en 1889, el Gran Oriente de Francia, manifestó que: “La Masonería, que preparó la Revolución de 1789, tiene el deber de continuar su trabajo, tendente a la implantación de la república social universal, en la que, después del derrocamiento de toda clase de tiranía espiritual y política, de los poderes dinásticos y "teocráticos" y de los privilegios de clase, reinará la más grande libertad individual posible y una igualdad social y económica en conformidad con los ideales Masónicos, verdaderos objetivos finales de esta labor social.” Pero si estas declaraciones procedentes de la propia masonería son significativas, centrémonos también en los hechos que nos hacen profundizar en nuestro convencimiento: Hace pocas semanas un poeta mediano como es Gamoneda, amigo personal del Presidente Rodríguez y actual presidente de la logia masónica en la que sirvió su abuelo, ha sido galardonado con el premio Cervantes de Literatura. ¿A qué responde ese premio inmerecido a un poeta menor: a sus discutibles meritos literarios o a su cualidad de Masón ejerciente? Y la opinión ni es tan solo mía, ni es una invectiva. Como muestra dos botones: El Premio Nacional de Poesía Felipe Benítez Reyes define a Gamoneda como “un hombre tosco, con mucho complejo de inferioridad, y que además se ha creído un gran poeta cuando es un poeta del montón”. Por su parte, el Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Granada, el profesor Luis García Montero declaró no hace mucho en Canal+ que “si premiaron a Gamoneda fue por razones políticas, es un “Cervantes sin lector”. Por otra parte el autor encargado por la editorial SM para elaborar el libro de texto de de esta editorial para “Educación para la Ciudadanía” es José Antonio Marina, que da la casualidad de que es el portavoz oficioso del Ministerio de Educación en estas materia. Marina sostiene abiertamente que: “Es necesario superar el monopolio que las religiones han ejercicio sobre la moral” Un discurso abiertamente masónico, aunque no pueda afirmar que Marina abrace la disciplina masónica. Pero es que además, Marina defiende que la educación: “…debe ayudar al educando a forjar su identidad nacional, sexual, etc. Es decir, no se nace español o francés; ni hombre o mujer, sino que el educando va construyendo su propia identidad a su antojo". Estos datos confirman la tesis de algunos estudiosos del tema, que sostienen que la imposición desde el Gobierno de la Educación para la Ciudadanía es lo más masónico de los años de gobierno de Rodríguez, Gobierno cuyos miembros, sean o no masones, actúan como tales. Finalmente y como nuevo dato no olvidemos las palabras recién pronunciadas por el Ministro de Educación, Sr. Gabilondo, conforme a las cuales: “No creo que haya elementos educativos exclusivos de la familia, como para no contaminarse. La educación afectiva, de sentimientos sexuales, para la vida en convivencia, lo tenemos que hacer conjuntamente entre las familias y la comunidad educativa. Es una declaración ideológica”. Por lo visto es “cuestión ideológica” para el ministro no respetar la libertad educativa de los padres en materia moral y religiosa, que se establece en el artículo 27.3 de nuestra Constitución, conforme al cual: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.” Hace algunos meses el escritor Cesar Vidal comentaba en una tertulia radiofónica las conclusiones que el Gran Oriente de Francia, máxima autoridad de la Francmasonería, había publicado en un documento denominado “Libro Blanco de la Laicidad” , que pueden ustedes consultar en este vinculo de la página Web del Gran Oriente de Francia en el que se contienen las siguientes afirmaciones-recomendaciones: 1.- “la laicidad pretende liberar al niño y al adulto de todo lo que aliena o pervierte, especialmente el orden religioso”. 2 “La moral laica es esencial en la construcción de la armonía social y el reforzamiento del civismo democrático.” 3. “la educación laica” es una de las condiciones para la igualdad en la sociedad “ 4. “la escuela laica debe ser preservada de toda penetración confesional” 5. “si las iglesias quieren existir, la religión debe convertirse en un asunto privado y las iglesias no pueden estar dotadas de status oficial”. 6. La regulación legal del “nacimiento, la vida y la muerte” no deben ser consideradas “bajo el ángulo de la religión” lo que abre la puerta a fenómenos legales como la ampliación del aborto o la legalización de la eutanasia. 7. “los progresos de la ciencia deben verse libre de toda influencia… especialmente de grupos religiosos” lo que es una manera apenas oculta de abogar por la experimentación biológica sin restricciones. 8. “la laicización del estatuto del cuerpo (amor y sexualidad, muerte, enfermedad) no está concluida” considerándose como meta la regulación de “las modalidades sociales de la vida de las parejas y de las familias”, un eufemismo para el matrimonio de homosexuales. 9. Finalmente, en este documento del Gran Oriente de Francia, se indica la necesidad de evitar influencia religiosa en la cultura y la creación artística y en la información y la comunicación. Continuando con este análisis de las posiciones de la francmasonería, vemos como en documento emanado del Gran Oriente de Francia y fechado el 31 de octubre de 2007, esta obediencia masónica se refiere a la ley de memoria histórica señalando que: “en la hora en que España se apresta a cumplir con valor el examen de uno de los períodos más sombríos de su historia, el Gran Oriente de Francia quiere manifestar su apoyo a este necesario trabajo de memoria”. En este mismo documento, el Gran Oriente de Francia manifiesta: “Lamentamos que el Vaticano haya beatificado a cerca de quinientos religiosos víctimas de la guerra civil española” e indica que “mientras que la decisión del gobierno español debería ser saludada por todos, algunas corrientes – entre las más reaccionarias – trabajan para reafirmar la actualidad de ideologías que no pueden sino inquietarnos”. Finalmente, a la hora de interpretar la crisis económica, en otro documento de fecha 17 de octubre de 2008, el Gran Oriente de Francia, la atribuye a que: “el viento del liberalismo sin freno arrastraba todo a su paso” y señala la solución en la “refundación de un estado providencia” Documentación toda ella que puede consultarse en el siguiente vínculo: PAGINA DEL GRAN ORIENTE DE FRANCIA Todo lo anterior nos lleva a considerar conclusiones importantes: 1. La asignatura de Educación para la ciudadanía reproduce una extraña mezcla de los modelos educativos marxista y masónico, con lo que se quiere excluir cualquier influencia de los principios religiosos en la educación infantil, con flagrante violación del derecho constitucional de los padres de elegir la educación moral y religiosa que deseen para sus hijos. 2. La ampliación del aborto y la legalización de la eutanasia, preconizadas por los sectores de la “secta” progresista dogmática e intolerante que, de la mano de Rodríguez, tiene secuestrada al PSOE, se encuentran entre las metas de la masonería, e implican una absoluta desconsideración hacia la vida humana, inadmisible en una sociedad que se quiere llamar desarrollada. 3. El matrimonio de homosexuales defendido por la masonería ha sido uno de los proyectos estrella del Gobierno de Rodríguez, provocando una equiparación inadmisible con los matrimonios heterosexuales, base no solo moral, sino incluso demográfica, de nuestra enferma Sociedad. Reconózcanse derechos civiles a las parejas homosexuales, pero no se las equipare al “matrimonio”. 4. La ofensiva laicista del Gobierno Socialista se corresponda milimétricamente con los planes expresos de la masonería, que pretende reducir los principios religiosos al ámbito de la intimidad de los ciudadanos con olvido, o aún peor, con persecución, de la trascendencia social de los principios religiosos. 5. La pretensión de que se dé vía libre a los experimentos científicos sin ningún tipo de barrera moral, que defiende el socialismo español, se corresponde con las tesis de la masonería y abre la peligrosa puerta de la eugenesia. 6. El análisis erróneo y demagógico de la actual crisis económica que realiza Rodríguez es el mismo que propugna la masonería, ambos equivocados y con efectos nefastos para nuestra economía, abocada a una “japonización” preocupante. 7. La masonería respalda sin ambages el proyecto parcial y sectario de la denominada memoria histórica, que rompe los acuerdos reconciliadores de la “Transición”, volviendo a la división de las “Dos Españas” y tratando de reescribir la historia, con falsedades, como vía para que la izquierda gane la “Guerra Civil” que perdió en el s.XX. Se me puede acusar de alarmista, de que todo lo relatado no tiene importancia; se me puede decir que el mundo de los “principios” ocupa hoy una posición secundaria en el ranking de las preocupaciones de los ciudadanos, atenazados por sus preocupaciones económicas. Sin embargo es precisamente el mundo de los “principios” el único que puede aportar savia nueva a nuestra sociedad, nuevas ideas y nuevos planteamientos que procuren, no solo, una regeneración moral de la sociedad, sino que, como consecuencia de ese rearme moral que deseamos, la Sociedad busque ser más justa, más libre, más creativa, menos adoctrinada y adocenada y en consecuencia tenga mayores instrumentos para solventar sus problemas materiales. Solo desde la libertad del individuo, la limitación de la excesiva intervención del Estado y el respeto mutuo a las “creencias” de cada individuo, seremos capaces de superar las graves crisis, moral, económica y de identidad, que afectan a nuestra Sociedad enferma.