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miércoles, 6 de julio de 2022

ETA BLANQUEADA POR EL PSOE DE SÁNCHEZ

 

Reunión de ex presos de ETA. Durango 2014

"Y el demonio contestó: Mi nombre es Legión, pues somos muchos" Marcos 5:9

“Aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos y se precipitaron en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron” Marcos 5:1-20

 

    Se produce, en estos días, el vigésimo quinto aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco.

    Mientras esto ocurre, la Guardia Civil está llevando a cabo una investigación para imputar a los entonces jefes de la banda terrorista ETA, los asesinos José Javier Arizcuren, alias “Kantauri”, Miguel Albisú, alias “Mikel Anza”, Ignacio Gracia Arrregui, alias “Iñaki de Rentería” y María Soledad Iparaguirre, alias “Anboto” ―a quienes, por su participación como autores intelectuales de aquel asesinato, persigue el Juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón―

    Y para caer en otra indignidad, el Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, alias “Antonio”, ha cometido una de las mayores felonías de nuestra reciente historia política, consistente en incluir a EH-BILDU, rama política de ETA ―incrustada en nuestras instituciones― en los acuerdos de “adecuación” de la Ley de Memoria Democrática, a fin de que se puedan “investigar las violaciones de derechos humanos cometidas por el franquismo entre 1977 y 1983” es decir, que no se investigarán las violaciones de esos derechos cometidas por ETA mediante los asesinatos coacciones y extorsión a sus víctimas, pero si las que, según los asesinos comunistas de ETA/EH-BILDU, sufrieran sus “gudaris” por parte del aparato represor del franquismo.

    Vamos, que se da otra pasada de jabón y esponja a esos hijos de la grandísima puta que son los etarras y bilduetarras, y se considera violadores de derechos humanos a los policías y guardias civiles que persiguieron detuvieron y en ocasiones mataron, en enfrentamientos armados, a los terroristas.

    Y todo ello con la mera finalidad de tener los votos necesarios para que el Gobierno Frankenstein pueda sacar adelante la reforma que pretende de la Ley de Memoria Democrática, de estilo absolutamente revanchista comunista.

A cualquier persona decente y de espíritu realmente democrático, el comportamiento de Sánchez, alias “Antonio”, y todos sus socios antisistema comunistas y separatistas, no le puede provocar otra cosa que un inmenso vómito.


Y todo responde a ese afán resentido de ganar, por medio de decisiones políticas disparatadas, aquellos “conflictos” que la izquierda ha perdido a lo largo de la Historia.

    Así, la Ley de Memoria Democrática sirve a la finalidad de intentar ganar sociológicamente la Guerra Civil 1934/1936 ―provocada por la izquierda al intentar establecer una República Soviética― perdida por la izquierda en los campos de batalla, o de ganar lo que estas alimañas separatistas llaman “conflicto vasco” ―otro intento similar de convertir las Vascongadas en una Albania Ibérica―, perdido por ellos ante la eficacia de la Policía y la Guardia Civil y el valiente quehacer de algunos fiscales y jueces, muchos de los cuales fueron sus víctimas.

    Y todo responde a una estrategia ya definida por el comunista Gramsci, para quien

“La conquista del poder cultural es previa a la del poder político, y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales llamados 'orgánicos' infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios”.

Se trata, en fin, de lograr la “hegemonía cultural”, concepto con el que se designa la dominación ideológica de la sociedad, culturalmente diversa, por la clase dominante, para justificar un determinado statu quo social, político y económico ―como natural e inevitable, perpetuo y beneficioso para todo el mundo― pero que en realidad beneficia únicamente a la clase dominante que la impone.”

Estrategia aplicada con fruición por Sánchez, alias “Antonio”, como servidumbre a sus socios parlamentarios comunistas y separatistas ―repugnantes sostenes de su Gobierno― que no han condenado las acciones criminales de sus “Basapiztia gudariek” (Guerreros alimañas)― y que trata de convencer a la Sociedad española de que la “lucha armada” ―mera delincuencia criminal― de sus huestes asesinas, no fue un simple ejercicio de terrorismo marxista con intención de crear en las Vascongadas una república soviética, sino una lucha por la democracia y la libertad frente a la represión del Estado Español.

Afortunadamente, en los últimos tiempos son numerosas las voces que se levantan, con mayor o menor autoridad intelectual, contra esta conquista cultural de nuestra Sociedad.

Uno de los más recientes ha sido Juan Carlos Girauta, que en su nuevo libro “Sentimentales, Ofendidos, Mediocres y agresivos “, alerta contra las actuales formas de manipulación sentimental e ideológica, afirmando que la izquierda se ha hecho con la hegemonía cultural.

Lo que se agrava por el hecho, indiscutible, de que la derecha ha abandonado los principios esenciales de la democracia liberal, con una aborregada población a la que se ha manipulado torticeramente hasta convencerla de que no es tolerable soportar las opiniones contrarias a las mayoritariamente imperantes, interpretándose cualquier disensión como una forma intolerable de violencia.

Ya en 1926 Dicey y Lowell afirmaron que

“La democracia es el gobierno de la opinión”

Hoy, algunos autores como Sartori siguen aceptando la idoneidad de tal afirmación

 “Actualmente, el pueblo soberano opina sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar. Y en el hecho de conducir la opinión, el poder de la imagen, se coloca en el centro de todos los procesos de la política contemporánea, de modo que la opinión pública, moldeada por el Gobierno a través de los medios de comunicación, condiciona las propias decisiones del Gobierno”

y aquí debemos tener en cuenta que la “Opinión” es tan solo eso, opinión subjetiva y no demostrable, mudable y acomodaticia, e inspirada, hoy en día, por el propio poder en beneficio de sí mismo.

                  Sin embargo, el pueblo español es cualquier cosa menos estúpido, y todas estas maniobras repugnan a los ciudadanos, que cada día se apartan más de la política de Sánchez, alias “Antonio”, como han demostrado los recientes resultados electorales de Madrid, Castilla y León y Andalucía.

 Y como no quiero alargar demasiado esta reflexión heteróclita, cuyo objetivo no es sino el de hacer pensar a mis lectores sobre la materia tratada, me despediré, según acostumbro, con una pieza musical, que hoy solo puede ser reflejo de tristeza...

En este caso “Lacrimosa” de la Misa de Requiem de Mozart  



sábado, 2 de julio de 2022

CITAS LITERARIAS DE UN CLIMAESCÉPTICO


 

Algunos de mis lectores han criticado mi último POST por considerar que en él se contenían excesivas citas de otros autores.

Sin embargo, ya lo dijo Michel De Montaigne

“Yo no cito a otros más que para expresar mejor mi pensamiento.” [SIC]

Se trata pues de una forma retórica de elegir las mejores sentencias para mis “reflexiones”, pero no elaboradas por mi propia pluma, sino por la pluma de quienes expresan mejor que yo las ideas que trato de transmitir.

Sin embargo, en esta nueva “reflexión” trataré de no abusar de esta manía para demostrarles que, con mejor o mayor fortuna, en ocasiones Calíope me susurra sus bondades, y soy capaz de escribir algo medianamente interesante.

Y voy a hacerlo con algo que me desasosiega y que no es sino la tremenda farsa, el engaño interesado al que nos han conducido nuestros políticos con el tan manido tema del “Cambio Climático” y su concreción en el porege ecologista objetivo llamado “Agenda 2030”

En relación con ello, debo iniciar mi reflexión confesando que, contra corriente, soy un absoluto climaescéptico, que se manifiesta tan contundentemente contra el cambio climático como contra la deriva de los continentes, dos fenómenos absolutamente naturales que, sin embargo, en nada dependen ni se producen como consecuencia de la actividad humana.

Efectivamente, un muy importante, aunque silenciado, número de notables científicos, niegan el carácter antropogénico de los cambios que está experimentando el clima terrestre, que, por cierto, no se sabe si nos conducen a un calentamiento global o a un drástico enfriamiento que pueda ocasionar un nuevo episodio de “Pequeña Edad de Hielo", como los conocidos científicamente como “Los mínimos de Dalton, Maunder o Spöder” que tuvieron lugar durante los siglos XVIII y XIX, en los que una de las causas de los cambios del clima, con un notable enfriamiento en nuestro planeta, fue la variación de la actividad solar y la disminución del número de manchas en la superficie de nuestra estrella.

Por otra parte, también han tenido notable influencia en esos cambios climáticos los grandes acontecimientos volcánicos, como las erupciones de los volcanes Tambora de 1815, o Pinatubo de 1991, o la fisura de Laki, en Finlandia en 1783.

Paisaje durante la Pequeña edad de hielo por Francisco Collantes (1599-1656)

La conclusión es que no sabemos cuanto tiempo será preciso que se vaya enfriando nuevamente la Tierra para que nos demos cuenta de que no se está calentando.

Y entonces será demasiado tarde.

Habremos gastado cantidades ingentes de recursos para luchar contra al calentamiento global, con prohibición de uso de combustibles fósiles ―electrificacando masivamente nuestra Sociedad, para lo que se necesitará de aquellos combustibles, pues las fuentes “limpias” de producción eléctrica solar o eólica aún no están suficientemente desarrolladas― y habremos empobrecido nuestras economías en aras de las histerias ecológicas que la izquierda “progresista” ha vendido a las naciones como el Shangri-lá del futuro  (Ese lugar mítico y próspero en que reina la paz total y la felicidad absoluta, descrito por  el novelista británico James Hilton en su obra “Horizontes Perdidos” de 1933)

Sin que, de otra parte, podamos olvidar el riesgo no calculado que, para nuestra supervivencia como Sociedad desarrollada, tiene la electrificación como única fuente de energía, pues todo el sistema eléctrico podría colapsar en un instante, sin que existan medidas previstas para evitar tal desastre, si se produjese una “Tormenta Solar”, un flujo geomagnético de vientos solares imprevisibles que haría caer todas las redes eléctricas del planeta.

Efectivamente, según diversos medios de comunicación, es más que probable que en los próximos años se produzca un gran flujo electromagnético solar, es decir, una “Gran Tormenta Solar” que generaría un enorme volumen de partículas imantadas que impactarían con el campo magnético que protege la Tierra y cuyos efectos podrían ser apocalípticos.

Este tipo de tormentas ocurren cuando una gran burbuja de gas sobrecalentado, llamada plasma, es expulsada de la superficie del Sol y golpea frontalmente a la Tierra. A esta burbuja se la conoce como eyección de masa solar coronal.

Según los científicos que analizan esta posibilidad, el impacto económico de un suceso de esas características sería gigantesco.

  Buena parte del mundo quedaría sin electricidad, provocando que el planeta esté apagado durante varios días.

Son muchas las tormentas solares que han tenido lugar a lo largo de la historia, aunque no muchas impactaron con fuerza.

No obstante, podemos recordar la de 1921 o la ‘Carrington event’ de 1859. 

En esta última, las agujas de las brújulas se descontrolaron y las líneas de telégrafo entre Europa y Estados Unidos quedaron inutilizadas. Además, también se pudieron presenciar auroras boreales en partes del mundo tan sorprendentes como Colombia.

Según los cálculos de la NASA, la probabilidad de que una “gran tormenta solar” de efectos devastadores, golpee nuestro planeta dentro del plazo de los próximos 10 años es del 12%. La cifra un es excesivamente elevada, pero es cuando menos inquietante.

Y mientras la preocupación de numerosos científicos con estas posibilidades es omitida por nuestros políticos, estos se afanan en profundizar es sus políticas ecologistas y climáticas con un infantiloide entusiasmo, profundizando en su “Agenda 2030” de espaldas a la realidad; condenando nuestro futuro y regodeándose en su propio universo utópico a costa de nuestros esquilmados bolsillos.

O Tempora¡¡ O Mores¡¡

Así que nuestro “progresista futuro” será una devastación total de nuestros mecanismos sociales por la quiebra del sistema eléctrico mundial, mientras que nuestros políticos seguirán jugando a la gallinita ciega, con venda en los ojos, risas e irresponsabilidad…

Y, mientras tanto, yo quiero concluir esta breve reflexión con una nueva cita de Michel De Montaigne

“La principal ocupación de mi vida es pasarla lo mejor posible.“

y una pieza musical adecuada a mis reflexiones…; el Segundo Movimiento de la Sinfonía nº 7 de Beethoven con videoclip de la Película “Señales del futuro” de Nicolas Cage, que cuenta, precisamente, el fin del mundo provocado por una “Tormenta Solar”




lunes, 27 de junio de 2022

SI DESAPARECE LA ESCRITURA SÓLO QUEDA LA BARBARIE

 


Hace ya demasiado tiempo que no aparezco por mi BLOG con nuevos posts, con nuevas “Reflexiones Heteróclitas”, pero ello tiene explicación.

Tal y como nos cuenta Harry Heller, según relato de Herman Hesse, algunas noches, estando despierto en la cama, empezó súbitamente a recitar versos, versos demasiado bellos, demasiado singulares para que él, un “lobo estepario”, hubiera podido pensar en escribirlos, versos que a la mañana siguiente ya no recordaba y que, sin embargo, estaban guardados en él como una nuez sana y hermosa dentro de una cáscara rugosa y vieja.

A mí me ocurre lo mismo con mis reflexiones que, en ocasiones, desarrollo mentalmente en mi cama por las noches, pero que, la mayoría de las veces, no soy capaz de llevarlas al papel a la mañana siguiente.

Y esa situación es tremendamente frustrante, pues me lleva al convencimiento de que se pudiera estar acabando para mí el pulso de la escritura, ese juego que permite al animal hablante trasladar sus pensamientos a otros y tratar de proyectar sobre ellos las sombras de la luz que, como ser pensante, proyecta más allá de su propia esencia.

Y es, para tratar de romper esa sensación, que me enfrento hoy al papel en blanco para intentar escribir una “reflexión”, aunque las musas no estén rondando mi imaginación.

En ocasiones creo que me son perfectamente aplicables las palabras dedicadas por Asinio Polión a Cicerón:

¡Ojalá hubiera sido capaz de soportar la prosperidad con mayor autocontrol y la adversidad con mayor energía!

Pues hoy, destruida mi prosperidad y en manos de la adversidad, sólo me queda decir, parafraseando a Chateaubriand, que ya estoy cansado de sufrir tempestades y vivir naufragios, tras los cuales solo me queda recado de escribir sobre la mesa de trabajo que son los escollos de los sufridos desastres.

Es, en cualquier caso, el ejercicio de la escritura, una de las más sublimes expresiones de la cultura, de la capacidad humana de razonar y transmitir a los demás el sentido de nuestros razonamientos; la forma más sublime de evitar la victoria de la barbarie.

Ya lo decía Albiac, al afirmar que:

No hay realidad humana sin la danza, laberíntica y cruelmente hermosa, del miedo y la esperanza. Lo demás es barbarie.

Pero no quiero ser pedante.

Si de escribir se tratase, por el mero hecho de emborronar hojas con letras que nada digan, estaría el mundo lleno de grandes literatos.

Lo complejo es que, al escribir, se diga aquello que se quiera expresar y se diga de modo inteligible, con ritmo y con destreza.

Y no se trata de ser original, pues es original no quien primero manifiesta una idea, sino quien la manifiesta de modo más preciso y brillante que todos los que antes lo hubieran intentado.

Con todo ello, y en mi situación actual, no dejo de pensar en el desolador paso de los años, y convivir con los achaques de la edad y sus efectos sobre mi capacidad y mis deseos de escribir.

Ya lo decía Chateaubriand

Es un suplicio conservar intacto el propio ser intelectual, aprisionado en una envoltura material gastada

de tal modo que la escritura constituye una especie de refugio, de última morada en donde guarecerse.

Nietzsche, antes de abandonar su mente a las diosas Manías (Μανίαι), afirma, en su “Más allá del Bien y del Mal”, que

Todo hombre selecto aspira instintivamente a favor de un castillo. Un escondite donde quedar redimido de la multitud, de los muchos, de la mayoría, donde tener derecho a olvidar.

y mi castillo son mis cuartillas en blanco, mis plumas y mis escritorios, entre los que me refugio, preferentemente en la noche, cuando ya decaen las horas y la oscuridad diluye el último rubor del ocaso, pues como nos dice Nicoáy Berdiáyev

la noche no es menos maravillosa que el día, no es menos de Dios, y el resplandor de las estrellas la ilumina. La noche tiene revelaciones que el día ignora. La noche tiene más afinidad con los misterios de los orígenes que el día. El abismo no se abre más que con la noche.




Y abierto el abismo, fluyen las ideas, danzan las Musas, y se nos permite contemplar los misterios de la razón, que se atesoran en el subconsciente y en los posos de nuestra cultura gracias a la educación recibida.

Reconozco, no obstante, que a lo largo de mi vida siempre he expresado mis opiniones, mis “reflexiones”, sin valorar el efecto, positivo o negativo, que ellas hayan podido producir en mis lectores. Y siempre lo he hecho con una cierta dosis de vehemencia y dominado por mi espíritu de independencia política e intelectual.

En ello sigo las enseñanzas de Chateaubriand

¡Bendita seas, oh mi innata y cara independencia, alma de mi vida!

Hasta mi último puerto

Dulce y encantadora estrella,

Siempre seguiré tu rayo

puro y nuevo.

Y cuando dejes de brillar

Sobre mi vela,

Brillarás sobre mi tumba.


Y por ello, sé que muchos pensarán que debería exponer mis ideas con menos dureza, expresándolas con voz más placentera, pero nunca he sabido hacerlo, pues soy un alma compleja ―espero que más llena de sorpresas agradables que de intransitables recovecos― aunque a la manera del Marqués de Bradomín, y pese a haber sido, por mi carácter, calumniado y mal comprendido, nunca he sido otra cosa que un místico galante, como San Juan de la Cruz.

Sin olvidar que, como dijera Nietzsche que

El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.

         Y es por ello que nunca he sido partidario de la corrección política, que no deja de ser una forma de autocensura impuesta a los ciudadanos por el progresismo dogmático intolerante de la izquierda cultural y política que ha visto, en esa regla, una concreción de las normas de dominio de la Sociedad promovidas por los marxistas gramscianos, que defienden que aquella no ha de ser conquistada violentamente, sino mediante la conquista cultural, por infiltración, de todos los ámbitos de influencia o poder que constituyen la propia Sociedad.

         Y ante tal estrategia no queda sino dar la batalla ideológica, defender los principios liberales conservadores, la auténtica DEMOCRACIA, y no la democracia popular o populista, defendida por los herederos del “Eurocomunismo”, que no es sino la adaptación del comunismo, promovida por Gramsci y abrazada por los Partidos Comunistas europeos en los años 70 del siglo pasado, a las reglas de las democracias occidentales no por comunión con ellas, sino como medio de “asaltar los cielos”

         En esa línea no deberíamos olvidar las palabras de Albiac en EL MUNDO en 2018

Cuando oigo a esa banda de necios que han invadido el universo político, volver a hablar del asalto a los cielos y del advenimiento del hombre nuevo, me quedo absolutamente estupefacto, porque la gran fantasía de la consecución de un mundo y un hombre nuevos, es lo que la primera mitad del s. XX nos enseña a entender como elemento de destrucción sin precedentes.

         Y es precisamente esto, la cuestión de la “batalla ideológica”, lo que la mayoría de la derecha occidental no ha sabido tomarse en serio, limitando sus deseos y su acción política a la mera gestión económica, obviando todo lo que se refiere a los principios, a la concepción de un mundo, de una sociedad, no marxista.

Y no nos engañemos, pues la tan cacareada “socialdemocracia” no deja de ser, como ya advirtió Trotsky en su obra “El Frente Único Defensivo (Carta a un obrero Socialdemócrata)”, un marxismo acomplejado, un marxismo no combativo, un preludio de lo que acabaría siendo el “Eurocomunismo” anteriormente mencionado, que desea convertir la Sociedad en su malhadada “Nueva Sociedad” des alienadora a través de la democracia. Lo cual Trotsky considera imposible, pues según él mismo:

Los socialdemócratas consideran que la constitución democrática está por encima de la lucha de clases. Para nosotros los comunistas, la lucha de clases está por encima de la constitución democrática.

y, por tanto, no nos dejemos engañar por los mensajes “progresistas” de los poderosos. La socialdemocracia, cuyo fin último es imponer una Sociedad totalitariamente igualitarista, ha sido impuesta sibilinamente por el PSOE a lo largo de los últimos años, sin que debamos olvidar que este partido ha gobernado en España, desde la instauración de la democracia, casi el 70% del tiempo.

Y con métodos diseñados por Gramsci en la primera mitad del s.XX, ha ido socavando los principios liberal-conservadores imperantes en nuestra Sociedad, tachados de retrógrados, fascistoides o contrarios a “su” igualdad, imponiendo su ideología como la única aceptable y tildando a sus opositores de fascistas, machistas, negacionistas o franquistas, como medio para eludir el debate mediante la descalificación apriorística de todo opositor.

Lo cierto, sin embargo, es que esta realidad no es nueva. No nos encontramos con un escenario que el hombre no haya vivido antes.

Chateaubriand, en sus “Memorias de Ultratumba” nos describe una situación que él vivió en el s.XIX, parecida a la que vivimos hoy en el s.XXI, cuando nos dice:

El Gobierno ha inventado una moral nueva, la moral de los intereses: la de los deberes se reserva para los imbéciles. Ahora bien, esta moral de los intereses, de la que quiere hacerse la base de nuestro gobierno, ha corrompido más al pueblo en el espacio de tres años que la Revolución en un cuarto de siglo.

Y esta “casualidad” me hace ser optimista, pues, tras esa corrupción de la moral, se recuperó el buen sentido de las cosas, aunque fuera por breve tiempo y el marxismo volviera a intentar la destrucción de la Sociedad socavando sus cimientos.

Pero ¡Ay, con los tiempos que vivimos!; ¡Ay con las costumbres que imperan en nuestra Sociedad!

En la mayoría de los casos se prefiere agachar la cabeza ante el tirano en lugar de rebelarse, pues el hombre contemporáneo, inmerso, según definición de Bauman, en una “sociedad líquida” en la que no existen pétreos principios, ni rocosas convicciones morales, se encuentra más cómodo siguiendo las corrientes dominantes, las mareas definidas por los manipuladores sociales de la izquierda, en donde el relativismo y la innecesaria lucha por las propias creencias, permite al común de los mortales vivir una existencia sin sobresaltos, acomodaticia y nutrida de confortable ignorancia.

Pedro Sánchez es el paradigma de esa posición manipuladora y totalitaria de la izquierda, como reflejó en su reciente primer debate parlamentario con Núñez Feijóo, al decirle que “El PP solamente estorba”, con lo que negó de raíz la idea de que, en una autentica Democracia, la oposición no solo es una cuestión de legitimidad política, sino que su existencia es una exigencia de tipo moral u ontológico, pues, si no existiese la oposición, si no se defendiese la existencia posible de una alternativa a quien ostenta el Poder, renunciaríamos a controlar a quienes lo ocupan, a quienes pretenden, desde ese poder ocupado, controlar una realidad que se pretende imponer como única realidad posible.

Y tan indigno ha demostrado ser, personal y políticamente, el personaje ― “Antonio” Pedro Sánchez ― que bien le acomoda el juicio que Mefistófeles dedica a Fausto:

…aquello que no comprendéis, para vos no existe; aquello que no calculáis, creéis que no es verdad; aquello que no pensáis, no tiene para vos peso alguno; aquello que no podéis amonedar, imagináis que nada vale…

De todas formas, y para quien quiera profundizar en la situación existente y en la necesidad de dar la “Batalla Cultural” a que me refiero, aconsejo algunos libros:

▪ Una filosofía del Miedo de Bernat Castany

▪ Disidencia Activa de Capitán Bitcoin

▪ La Tiranía de la Igualdad de Alex Kaiser

Todos ellos disponibles en Amazon.

Y para concluir, recuperando una inveterada costumbre de mis post, aquí os dejo una pieza musical adecuada a lo tratado. En este caso una escena de la película “Amadeus”, en la que Mozart ridiculiza a Salieri, como la Sociedad debería ridiculizar a Antonio…





viernes, 6 de noviembre de 2020

LA NUEVA, VIEJA, IZQUIERDA

 


    Vuelvo a publicar mis "Reflexiones Heteróclitas" agobiado por lo que creo que es la cercanía, indeseada, a una Dictadura de corte marxista y populista buscada por la izquierda totalitaria que nos gobierna.

    A los filósofos herederos del movimiento “Mayo 68” les entusiasma el concepto de “subversión permanente”.

    Así se manifiesta, por ejemplo, los Gluksmann (padre e hijo)

    Claro está que lo de la "subversión permanente" viene bien para un país como España, que ha respaldado en las elecciones a un estalinista metido a permanente "subvertidor" o emancipador, o lo que sea que pretenda hacer Pedro Sánchez en compañía de Pablo Iglesias y sus socios parlamentarios antisistema. Se entiende, por tanto, la adopción del concepto.

    En cualquier caso, conviene aclarar que buena parte de la izquierda occidental, heredera del sesentayochismo, no ha hecho todavía la crítica del totalitarismo, ni del propio ni del ajeno, por mucho que haya asimilado las pretendidas formas emancipatorias de esa parodia de revolución, que fue Mayo del 68.

    Por ello, los líderes de la nueva (aunque vieja) izquierda, antisistema y republicana, sigue transitando por los vericuetos de ese totalitarismo soviético, que no han sabido abandonar, aunque lo hagan con un barniz gramsciano, por aquello de darle un tinte más intelectual.

    Prueba de ello es que como dijera el profesor alemán Peter Sloterdijk,

“La permanencia del antifascismo, como ideología dominante, se debe a que el fascismo de izquierda nunca hizo sus duelos. Sus representantes nunca confesaron lo que en verdad son. Acusando de fascistas a los fascistas de derecha y ocultando su propia calidad de fascistas, incluido el maoísmo, que fue el peor de los fascismos”.

    Y no se trata de una consideración caprichosa sobre nuestra izquierda gobernante, sino que se refleja en sus propios actos y actitudes permanentes.

    La última lo es la Orden publicada en el BOE de 5 de noviembre de 2020, Orden PCM/1030/2020, de 30 de octubre, por la que se publica el “Procedimiento de actuación contra la desinformación” aprobado por el Consejo de segundad Nacional, que no es sino un remedo de la censura franquista a la prensa, disfrazada de “medidas para el bien de la ciudadanía”

    O la Orden de intervención de las redes sociales para evitar “informaciones fake” que el Gobierno ha llevado hoy al BOE y que incluye la creación de una comisión bajo la batuta del jefe de Comunicación de Moncloa, Miguel Ángel Oliver.

    La cabeza visible de este plan en España ha sido el jefe de Gabinete del presidente Pedro Sánchez, Iván Redondo.

    Todo ello no son sino manifestaciones de aquel no superado totalitarismo de la izquierda marxista para limitar las libertades de información, opinión y expresión de los disidentes y así garantizar el monopolio de la información y de la opinión, a modo del “Ministerio de la Verdad” orwelliano.

    Sin embargo, nuestra izquierda no respeta ni al propio Marx que criticaba a los revolucionarios hoy al uso con estas palabras, descriptivas y premonitorias:

"La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran, temerosos en su exilio, a los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal”

    Afirmando que cada Revolución ha de tener su forma y su estética propias, las adecuadas al momento histórico en que se produzca y no imitando las actitudes de otras revoluciones anteriores, advertencia que no parece ser recordado por la NUEVA IZQUIERDA que pretende encarnar PODEMOS, que no deja de ser un calco risible de los mensajes frentepopulistas de la España de los años 30 del s.XX (Arderéis como en el 36 – Vamos a quemar la conferencia episcopal - La referencia permanente a la República- No Pasarán- etc…)

    Y mientras todo esto ocurre, la UE no se cree el proyecto de Presupuestos presentado por el Gobierno Sanchista, y dudan de sus números desde el Gobernador del Banco de España hasta la mayoría de los economistas con sentido crítico.

    Los derechos y libertades de los ciudadanos se restringen con seis meses de suspensión del Congreso, se trata de politizar la Justicia y nuestros tribunales, tanto el Supremo como en Constitucional se han reciclado en modo “Bella Durmiente” y la dictadura de las izquierdas avanza inexorable.

    ¿Y que hace el Pueblo Soberano?

    Educado, durante la Dictadura de Franco, a vivir holgadamente y sin rechistar, los 40 años de democracia han servido para anestesiar aún más su conciencia gregaria de rebaño adocenado, que resiste todo y cualquier cosa sin protestar.

    Los bienpensantes esperan que el freno a tanto abuso venga de la UE, pero esta, impregnada de socialdemocracia, no hará nada hasta que sea tarde,

    Y al final, cuando los abusos sean insoportables y haya muertos por violencia del Estado Dictatorial, explotará otra guerra civil, mientras los demás europeos repetirán el “mantra” de nuestra leyenda negra.

“Cosas de los españoles, que no tienen arreglo”

sábado, 8 de agosto de 2020

TORCUATO O LA COHERENCIA

    Hoy me veo en la necesidad de contestar a un artículo publicado por un tal Julio Merino en el digital “Cierre Digital” bajo el título:

“El día que el estratega de la Transición, Torcuato Fernández Miranda, lloró y se arrepintió de dar el sí a las Autonomías”

    Todo lo relatado en este artículo no es más que una falsedad, e intuyo que, en el fondo, no es más que una manipulación de la figura de mi padre con el oculto deseo de criticar a Don Juan Carlos I, desde posiciones de ultraderecha en que al parecer se ha movido siempre este personaje, según he podido averiguar.

       En el texto de este artículo su autor manifiesta que le unía a mi padre una “vieja amistad”, amistad desconocida tanto por mí como por mis hermanos, lo que me hace, de entrada, dudar de su existencia.

    Pero empecemos por el principio.

    Torcuato Fernandez-Miranda no era un hombre de lágrimas, y puedo asegurar que durante el tiempo que compartí su vida nunca le vi llorar, es más, pese a la imagen de adusto, serio y frio, no lo era, y se enfrentó a los momentos más difíciles de su vida con un sentido del humor constante, una verdadera manifestación de la alegría que presidía su vida íntima y privada.

    De hecho, en algún momento de su vida afirmó

“Os aseguro que el llanto más doloroso es aquel que carece de lágrimas, de lamentos y de palabras.”

    Continúa su relato ficticio el Sr. Merino afirmando que, en la primavera de 1980, lo encontró pesimista como asqueado de todo, desilusionado, desesperanzado, un místico de la catástrofe…

    Desde luego no era esa la imagen que mi padre transmitía no era desde luego un espejo de la alegría, pero tampoco llegó, nunca a esa desilusión o desesperanza.

    Y es a partir de este punto donde el relato de Merino toma unos derroteros absolutamente disparatados, pues según relata, mi padre le manifestó su arrepentimiento sobre varias cuestiones, incluso sobre la propia Transición, y pone en boca de mi padre la afirmación de que el proceso de conquista de la democracia debería haberse hecho desde la absoluta ruptura con el franquismo, y por tanto de acuerdo con las posiciones de la Platajunta, que no era sino el conjunto de partidos y movimientos sociales que querían la ruptura total con el franquismo y no la transición.

Tales afirmaciones son Inconcebibles en Torcuato Fernandez-Miranda.

       Además, para explicar las falacias contenidas en el artículo de Merino, debemos tener en cuenta que Torcuato era un creyente profundo para quien un “juramento” era cuestión de esencial importancia, y él había jurado respetar las “Leyes Fundamentales” del franquismo no en una, sino en varias ocasiones, razón por la cual nunca hubiera apostado por la ruptura y vulneración de aquellas leyes, ni por apoyar la tesis de un referéndum que decidiera entre República y Monarquía de acuerdo con las tesis de la “Platajunta”, pues eso hubiese sido una traición impensable al Rey.

Torcuato defendió, siempre, la formulación del tránsito a la Monarquía Parlamentaria y democrática a través de la formulación de hacerla “De la Ley a la Ley”, es decir respetar la legalidad franquista para desde ella llegar a una nueva legalidad democrática, procedimiento que estaba pactado con Don Juan Carlos mucho antes de su acceso a la Corona.

       En cuanto al Rey Don Juan Carlos I hemos de recordar, también, que en el año 1969 el General Franco propuso al entonces Príncipe Juan Carlos, de 31 años, asumir la posición de ser su heredero, a título de Rey, para lo que era imprescindible que jurase lealtad a las “Leyes Fundamentales” del régimen.

       Ello supuso un dilema moral para el Príncipe, pues le preocupaba que para alcanzar su íntimo deseo de que su Monarquía fuese una Monarquía “de todos los españoles” parlamentaria y democrática, tuviese que romper su juramento.

       El conflicto se salvó con el consejo de Torcuato Fernández-Miranda,  quien argumentó que la jura de las “Leyes Fundamentales” llevaba implícito el juramento del procedimiento establecido para su modificación, que habría de ser la llave de la democracia.

Por otra parte, es definitiva para manifestar que todo lo contado en el artículo de marras es falso absolutamente, de la afirmación de su arrepentimiento por dar el SI a las autonomías, pues nunca dio ese “SI”, de hecho Torcuato Fernandez-Miranda no votó a favor de la aprobación de la Constitución, y efectivamente no lo hizo por el recorte de facultades de la Corona, y por la inclusión del concepto “Nacionalidades” en su texto, y la regulación de las Comunidades Autónomas, dado el riesgo que suponía, hoy concretado, de desintegración territorial de España.

Así, mi padre no asistió a la sesión del Senado en que se votó la Constitución, ni su firma aparece en el ejemplar original de la Constitución, que se custodia en el Congreso y en el que aparecen las firmas del Rey, del Gobierno y de todos los Diputados y Senadores, pero no la firma de mi padre.

Después de ello explicó al Rey Juan Carlos las razones de no votar a favor de la Constitución, elaborada desde el “consenso” entre la UCD de Suárez y el PSOE de Felipe González, con formulaciones que le preocupaban enormemente.

El Rey premió su trabajo, lealtad y dedicación, con el Ducado de Fernandez-Miranda y con la concesión del Toisón de Oro, máximo galardón dinástico a los servidores de la Corona.

Y no olvidemos que, tal y como aparece en la fotografía de la firma de su abdicación en su despacho de la Zarzuela, entre las fotografías colocadas en su biblioteca aparece la fotografía de Torcuato, el único personaje no miembro de la familia Real que aparece entra las fotos de la familia, en dicha biblioteca.

Y les aseguro que no existió conflicto o desencuentro entre mi padre, Torcuato, y el Rey Juan Carlos I, y ello lo apoyo en una reciente anécdota.

Un buen amigo me comentó hace algunos meses, que en un almuerzo que compartió con don Juan Carlos el Rey manifestó expresamente:

“Torcuato Fernandez-Miranda ha sido la persona más leal y fiel a la Corona y a mí mismo, de las muchas que he conocido a lo largo de mi vida.”

CONCLUSIÓN Julio Merino hace un artículo en el que se inventa la amistad con mi padre y manipula su figura, y quien sabe si no lo hace con la intención de hacer una crítica más a Don Juan Carlos I en otra manifestación de hacer leña del árbol caído.