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lunes, 28 de octubre de 2013

EL ESTADO AUTONÓMICO




Puzzle de Agua - Chema Madoz ©
He escrito, en varias ocasiones, sobre la negativa de Torcuato Fernandez-Miranda a firmar la Constitución de 1978  al entender que su Título VIII transgredía el concepto de Nación y abriría abismos a un desastre, advertido por él con clarividencia y dramáticamente concretado en nuestra realidad  actual.
 
Gabriel Albiac en una reciente columna de ABC afirma que es esa configuración territorial, absurda, sobre el concepto de “Nacionalidades”, que no es sino concepto vergonzante cedido en beneficio de quienes desde un principio querían ser Naciones, donde se encuentra gran parte de la razón de los problemas que nos afectan como Nación, como Patria diría yo.
 
 
Es frecuente la opinión, fundamentalmente entre los autores que conforman la “historiografía Oficial” políticamente correcta, de que el Estado Autonómico se creó para superar un problema histórico, pero hemos de formularnos una pregunta
 
¿Existe realmente una “cuestión territorial” como problema histórico nacional?
 
Desde luego NO en los términos de soberanía en los que, abusivamente, se ha venido desarrollando esta cuestión a través de los Estatutos de Autonomía hoy vigentes.

Ya  Ortega, en su obra España Invertebrada, nos dice que la unidad de España se formó sobre los grandes retos de futuro que esa misma unidad anticipaba como objetivos posibles y que, solo desde la unidad, cada una de sus partes, consideró realizables.

Afirma Ortega que la desaparición de la ilusión por el logro de esos objetivos comunes, que identifica con la creación del Imperio Español, habría llevado a un proceso imparable de desintegración de la unidad, coincidiendo con la paulatina y continua decadencia de aquel Imperio.

 Y esa desaparición de un ideal común, esa “desvertebración”, tendría su origen, según Ortega, en lo que él llama “El particularismo”:

 “Cada grupo deja de sentirse a sí mismo como parte (del todo), y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás. No le importan las esperanzas o necesidades de los otros y no se solidarizará con ellos para auxiliarlos en su afán”

 Este particularismo afectó a toda España, y de manera crítica a Castilla, que tras haber sido quien forjó España, se convirtió en el elemento que la deshizo, pues según Ortega:

“Si Cataluña y Vasconia hubiesen sido las razas formidables que ahora se imaginan ser, habrían dado un terrible tirón de Castilla cuando esta comenzó a hacerse particularista, es decir, a no contar debidamente con ellas. La sacudida en la periferia hubiera acaso despertado las antiguas virtudes del centro y no habrían, por fortuna, caído en la perdurable modorra de idiotez y egoísmo que han vivido durante tres siglos de nuestra historia.”

Pero hemos de formularnos,  junto a las descritas por Ortega, otras cuestiones:

No es casualidad que los nacionalismos tengan mayor implantación en lo que fueran territorios carlistas durante nuestra Guerra de Sucesión, lo que constituyó un elemento de disgregación respecto del resto de España nunca plenamente reconducido.

No es casualidad que  los movimientos “nacionalistas” tengan su mayor expresión en las zonas más tempranamente industrializadas, en un deseo de sus oligarquías de proteger sus economías frente a la de zonas menos desarrolladas y su potencial competencia.

No es casualidad que, en el primer tercio del s.XX, la izquierda bolchevique, pese a ser internacionalista, utilice a los “nacionalismos”, como instrumento de desintegración de la Nación Burguesa Española, precisamente en esas mismas zonas, que eran las más industrialmente proletarizadas.

No es casualidad tampoco que, después de nuestra guerra civil, se produzca un uso intencionado de los nacionalismos como instrumento de unión de la oposición a Franco.

No es casualidad, en fin, que las competencias educativas de las Autonomías hayan creado una historia falsa, a medida de cada parte de España, desacreditando la Historia Nacional, inventando mitos y leyendas que refuercen la falsa “identidad” histórica de las diferentes Comunidades Autónomas. Actitud que es ya exacerbada en Cataluña.

Son muchas, pues, las cuestiones que tendríamos que analizar para deshacer el tópico de que el nacionalismo es un problema profundamente arraigado en nuestra historia, pues lo cierto es que se desarrolla en  las postrimerías del s.XIX y principios del s.XX, como efecto de la pugna ideológica entre conservadores y liberales, aprovechada después por la izquierda para desestabilizar el sistema.

En conclusión el “nacionalismo” NO es un problema histórico y siempre ha sido utilizado torticeramente para otros intereses espurios, a los que, como sardina cruda, otras fuerzas más poderosas han arrimado siempre a su ascua, provocando los incendios sociales que siempre le han acompañado.
 
La única forma de superar tal situación sería encontrar nuevos elementos de cohesión común: y ahí, junto con la necesidad de superar la falsa educación nacionalista y sesgada de generaciones de jóvenes instruidos en el odio a España, es donde radica hoy el problema de nuestra Nación.

Y ante este reto, lamentablemente, nuestros políticos no están dando la talla; No existen líderes sociales capaces de aglutinar las voluntades de todos los españoles frente a un mismo reto común, de configurar un puzle ilusionante de objetivos, pues se queda en poco la necesaria regeneración política y económica que necesita España.

Necesitamos retos patrios comunes ante los que lleguemos a la conclusión de que, sólo desde la unidad, cada una de las partes que componen España los pueda y los quieran realizar.

 Solo la grandeza de miras, la regeneración social, el renacimiento de los principios, el abandono del hedonismo ciudadano, la corresponsabilidad en nuestro futuro, el renacimiento del concepto de Patria, hará posible la aparición de tales objetivos.
 
Treinta años después de la implantación de un sistema de Autonomías territoriales por nuestra Constitución de 1978, que Ortega y otros intelectuales coetáneos defendieron de buena fe como forma de evitar el federalismo, no creo que ninguno de ellos imaginase que nos encontraríamos de nuevo en el punto de partida que se trataba de evitar: que se pusieran frente a frente “la España arisca y la España dócil”, y todos sabemos a que partes de España corresponde cada categoría. Pues dóciles son los que aceptan la Patria y ariscos quienes la combaten.
 

domingo, 16 de junio de 2013

CERDOS RACISTAS

            
   Acabo de leer la noticia de que dos jóvenes musulmanes atacaron el pasado día 8 de junio,  violentamente,  a otro joven  no musulmán en un autobús de París por el hecho de que este último se estaba merendado un bocadillo de jamón.

            El argumento de los atacantes no fue otro que afirmar que se sentían ofendidos por la actitud del merendante, pues estaba, en presencia de fieles musulmanes apretándose un "sadwich au jambon", y el consumo de producto de animales impuros es "harar", es decir ofende a los creyentes.

               El suceso podría no considerarse importante si la actitud de los creyentes de Alá no estuviesen concretándose en multitud de actos condenables a lo largo y ancho de Europa, poniendo en solfa los principios de nuestra sociedad occidental tolerante y de raíces cristianas.

 
              Podemos citar muchos antecedentes de lo que está ocurriendo, pero es llamativo el hecho de que hará un par de años la policía francesa clausurase un comedor benéfico privado porque en él se servía sopa de cerdo a los desamparados, lo cual fue considerado un acto “racista” por las autoridades gubernativas galas, ya que se trata de un alimento que ni los musulmanes ni los judíos pueden consumir por motivos religiosos.
 
                Un tribunal parisino ha declarado, no obstante, que aunque la práctica pueda considerarse discriminatoria, no puede prohibirse, pues el referido comedor ofrece alimento gratuito a quien lo desee y lo solicite, sin imponer a nadie el que tenga que comer cerdo.
La coña sin embargo tiene más enjundia.
Las “Pot au feux au cochon” servidas en estos comedores, responden a la finalidad de algunas asociaciones ---naturalmente catalogadas de fascistas desde los círculos del “progresismo dogmático”--- de alimentar a los indigentes europeos con preferencia a los musulmanes, ---no creo que nadie se haya acordado de los judíos entre otras cosas porque es grupo étnico entre el que se desconoce, al menos en Europa, la existencia de indigentes---.
           O sea, que lo que estas asociaciones pretenden, y así lo dicen expresamente, es ejercer una discriminación positiva a favor de los indigentes europeos, a través de estas denominadas “Sopas Identitarias”, frente a lo que estos grupos consideran un “desmesurado interés público hacia los indigetes de origen musulmán, con descuido hacia los europeos”, pues según ellos, la mayoría de indigentes de Paris, Niza o Estrasburgo son “tan franceses como la Torre Eiffel”.
Pero resulta que según las autoridades francesas la medida es xenófoba y racista, y han dado instrucciones a la policía para que recurran a la sentencia que impide prohibir esta actividad.
Debemos aconsejar a las “hermanitas de los pobres” que rechacen, a partir de ahora, la presencia de cerdo en cualquiera de sus menús; o sea que de los sufridos bocatas de jamón, chorizo, salchichón, chopped, o panceta, (según las generosas donaciones recibidas) que amorosamente repartían entre los hambrientos: “nasti de nasti”;    y cuidadín con incorporar a sus cocidos u “ollas podridas” una sola raspa de tan suculento cuadrúpedo, no vaya a ser que se metan en un lío por ofrecer su caridad “contaminada” a los discípulos de Mahoma.
A partir de ahora los bocatas que sean de sardinas, calamares, bonito o tortilla, aunque sean sensiblemente más caros que el cerdo; y la carne, preferentemente de ovino, que haya sido sacrificada según el halal, así que ya me veo a las monjitas acondicionando un espacio en sus conventos para acomodar una “oficina de supervisión halal” a cargo de algún ulema, y así matamos dos pájaros de un tiro:
1.- Evitamos que las pobres hermanitas, valga el retruécano, sean acusadas de racismo.
y 2.- Alegramos la vida a Mansur Escudero, pues si bien no le cedemos para sus rezos la mezquita de Córdoba, le vamos acondicionando “ámbitos de participación” que dijera el bobo de Gapar Llamazares, en los edificios que la Iglesia ostenta “ilegítimamente” ---pues ya se sabe que, como el patrimonio de la UGT, que nunca fue suyo, tampoco el de la Iglesia debería ser de esta---
No…, si el antecedente del motín ocurrido en un albergue canario para ilegales, de los llegados en patera, porque la policía les repartió bocadillos para atajar su desnutrición crónica, sin percatarse de que lo hacían a la luz del sol y durante el ramadán, tenía que traer cola.
La reacción de estas asociaciones no es sino un episodio más de la lucha por la identidad europea no musulmana, que las autoridades pretenden atajar por racista, cuando lo cierto es que el cerdo  ---Sus scrofa scrofa--- es un componente habitual y tradicional en la gastronomía gala y en la de toda Europa.
Lo más lamentable del asunto es que mientras las autoridades francesas se desviven para poner en marcha la medida de impulsar que los colegios públicos franceses sean escrupulosos en ofrecer, a judíos y musulmanes, alimentos admitidos y elaborados conforme a sus prescripciones religiosas ---halal para los musulmanes y kasher para los judíos--- resulta que lo que estas asociaciones denominan “sopas identitarias” provocan el escándalo.
Pues bien, vamos a prepararnos, pues si seguimos en esta línea, tampoco podrá ofrecerse en los desayunos benéficos a los musulmanes un mísero «croissant», pues tan delicioso bollito conmemora la victoria europea sobre los ejércitos musulmanes en Viena en 1683 ---si os fijáis no es más que un pan de Viena, dulce y con forma de luna creciente (croissant en francés)---.
           Y que se preparen los ganaderos porcinos, cuyos cerdos pastando en las dehesas pueden acabar siendo una imagen del pasado, al igual que los platos típicos de todas las regiones españolas, como la fabada asturiana, el lacón con grelos, el cocido madrileño, las secas con butifarra, la olla aranesa, los duelos y quebrantos, o la sobrasada mallorquina…
Si los hijos de mahoma imponen sus exigencias culturales-religioso-gastronómicas, la “Parabere” tendría que acabar siendo reescrita y nuestra Sociedad acabaría siendo, quizás, más piadosa aunque a lo moro, pero seguro que también más insípida.       
               Y en el Al Andalus, la tierra soñada de promisión, que se vayan olvidando del finito, que es alcohol, la chacina y el jamón de pata negra cortado muy finito…
 
Algo menos conocidas que tal intrascendente reflexión son las cifras del sector ganadero porcino.
Este sector supone el 33% de la producción final ganadera española, siendo su volumen de negocio anual de 3.600 millones de euros (algo más de medio billón de las antiguas pesetas) es decir, el 12% de la producción final agraria.
Los 2,3 millones de kilos de carne de cerdo que se venden en España representan más del 50% del
producto cárnico.
Según informa el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, España produjo en 1997 unos
20 millones de guarros.
Somos, pues, una potencia marrana dentro de la Unión Europea. Sólo nos supera Alemania, con cerca de 25 millones de cabezas, y marchamos muy por encima de Francia (15 millones y medio), Holanda y Dinamarca (11 millones y medio cada una) e Italia (8 millones).
El negocio del cerdo europeo supone el 12% de la producción agraria total del continente.
En cuanto al consumo de cerdo, y de acuerdo con las cifras del «Institute du Porc» francés1, en la Union Europea se consume un promedio de 43 kilos de cerdo por persona y año, siendo España el país europeo de mayor consumo porcino, con 64 kilos persona año, mientras que el Reino Unido es el de menor consumo con 25 kilos persona año, lo cual no es poco si pensamos que anualmente entre cuatro británicos se comen un «gochu» bien cebado de 100 kilos. Por su parte Francia se situa algo por debajo del promedio con 35 kilos persona año.
Asi que ya ven ustedes, con las veleidades proislamistas no solo ponemos en peligro nuestra identidad cultural, sino que si no nos andamos con pies de plomo pondremos tambien en peligro un tan saneado sector económico europeo como el porcino.
Pero las tonterías se producen en nuestro planeta mundo con una coincidencia de estupidez alarmante.
De norte a sur, y de este a oeste, nuestro mundo se ve sacudido por una ola de “corrección política” que sinceramente no sé donde acabará. 
Leo en la prensa que la televisión de la  Republica Popular de China (CCTV) va a censurar, dentro de lo posible, la presencia en su pantalla de nuestro amigo el cerdo, para no ofender, soliviantar o molestar a los 20 millones de chinos que profesan la religión musulmana.
Según informa la Agencia EFE, aunque la CCTV no ha anunciado oficialmente la limitación, ésta se ha descubierto a raíz de que a la empresa de alimentación Nestlé se le informara de que no se podría emitir en el país un anuncio televisivo que había preparado, en el que aparecía un cerdo felicitando a los chinos por el Año Nuevo Lunar del Cerdo, que oficialmente comienza el próximo 18 de febrero.
Sin embargo los problemas no sólo están ocurriendo en la China Continental, pues en Taiwán el imán de la Gran Mezquita de Taipei ha protestado al Gobierno de la isla por haberle mandado una tarjeta de felicitación de Año Nuevo del Cerdo en la que aparecían cuatro rosados cochinillos.
Recordemos que, según los últimos censos de población, China tenía en 2006 una población estimada de 1300 millones de habitantes, de los que aproximadamente el 90 por ciento lo son de la etnia han, cuya religión predominante es el budismo y el taoísmo, mientras que los 20 millones de musulmanes chinos están agrupados en numerosas minorías étnicas, entre ellas los hui (que habitan en todo el país) y los pueblos de Asia Central (uzbecos, turcomanos, etc…) que habitan en la región noroccidental china de Xinjiang.
O sea que la medida tiene por objeto preservar el buen humor religioso del 1,5% de su población, ¡¡¡y que se fastidie el restante 98,5%!!!
Loable intento cuando el año 2007 es, conforme al zodiaco-calendario chino, el año del cerdo, animal
que por aquellas latitudes es considerado símbolo de la fortuna, la prosperidad y la riqueza.
Así que los chinos van a vivir el año del cerdo sin cerdo. ¡¡¡ A ver como lo consiguen!!!, la pirueta  
puede ser “morrocotuda”.
 
Y mientras estos acontecimientos se producen, encontramos otra historia interesante, y es que según anunció la Universidad de Agricultura de China, en su centro de la provincia de Hebei se logró concluir, con éxito, el pasado mes de agosto, la clonación de un cerdo, trabajos que, según los propios científicos chinos, abre una importante línea de investigación tendente a lograr que el cerdo sea un donante de órganos compatible para trasplantes a humanos.
No sé lo que van a decir los ulemas ante tamaño despropósito, ni cual vaya a ser su reacción frente a un humano al que se logre, en un futuro no muy lejano, trasplantar, por ejemplo, el corazón de un cerdo.
Seguro que según ellos sería preferible la muerte del desdichado antes de llevar en su pecho un corazón impuro.
 
 
 vayamos a caer en el pecado de dar de comer a nuestros prójimos mahometanos unos suculentos cerdos racistas.

viernes, 5 de abril de 2013

CARLOS III - LLORAN CUANDO SE LES LAVA

El rey Carlos III, apodado como “El mejor Alcalde de Madrid” fue un Rey de alma ilustrada, y se empeñó en realizar numerosas mejoras en la Capital, tratando de darle un aire más moderno y cosmopolita, que le permitiera competir con otras ciudades europeas.

Así se esforzó por modernizar Madrid con la construcción de paseos y la realización de trabajos de saneamiento impulsando por ejemplo la recogida de basuras y la iluminación pública.

De igual modo intentó engrandecer la Ciudad con diversos edificios y monumentos como la Puerta de Alcalá, Cibeles o Neptuno, el Museo del Prado —concebido inicialmente como Gabinete de Historia Natural—, el Hospital de San Carlos (Actual Museo Reina Sofía) o la construcción del nuevo Jardín Botánico, en sustitución del antiguo de Migas Calientes, el Real Observatorio de Madrid, en una colina del Parque del Retiro y otros edificios representativos destinados a albergar los servicios de la creciente administración pública, como la Real Casa de Aduanas (Actual Ministerio de Hacienda de la calle de Alcalá) o las Reales caballerizas, en edificio anexo al Palacio Real, derruido durante la II República y que ocupaban los hoy llamados jardines de Sabatini, o la Iglesia y Convento de San Francisco el Grande.

Sin embargo sus medidas no siempre fueron admitidas de buena gana por los ciudadanos de la Real Villa. Así se cuenta que cuando el Rey emprendió el proyecto de construir un sistema de conductos de canalización de las aguas, cuyo propósito era el de limpiar la ciudad de residuos, se produjo una fuerte contestación por parte de los madrileños con protestas y tumultos, lo que llevó al Monarca a exclamar: Mis súbditos son como niños pequeños. Lloran cuando se les lava

martes, 26 de marzo de 2013

LA TOMA DE LA ROCHELLE 1372

Existe una tendencia generalizada a hablar de las invencibles escuadras inglesas cuando se habla de la guerra en el mar.

Cierto que, durante los siglos XVIII y XIX, el control británico de los mares fue apabullante, pero la historia presenta numerosos acontecimientos grandiosos de la fuerza naval española, que dominó los mares desde el s. XIV hasta el s.XVIII.

En los últimos tiempos ha contribuido a esta magnificación de la potencia naval británica la industria del “Showbiz” americano, que está plagada de omisiones, falsedades y leyendas, en aras de los éxitos de taquilla, y en la que lo británico es siempre lo bueno y lo español lo detestable.

No vamos a referirnos a Blas Lezo y su heroica defensa de Cartagena, o a los Galeones de Asia o de Indias, mil veces acosados por los corsarios británcos, franceses y holandeses, sino a páginas gloriosas de victorias poco conocidas de las armadas españolas.

Vayamos pues a 1372, último cuarto del siglo XIV, en que definitivamente se consolidó el poder español sobre los mares, que duraría hasta el s. XVIII.

En 1369 Carlos V de Francia reinició las hostilidades con Inglaterra, violando el Tratado de Brétigny de 1360, reanudando así la de la Guerra de los Cien Años.

Su decisión se basaba en contar con la ayuda de Enrique II de Castilla, quien disponía de una poderosa armada, alianza franco-castellana que se remonta a la Guerra Civil Castellana (1366–1369), en la que Enrique de Trastámara (futuro Enrique II), para contrarrestar la coalición con Inglaterra de su oponente Pedro I, firmó con Carlos V de Francia el tratado de Toledo de 20 de noviembre de 1368, por el que Castilla se comprometía a aportar el doble de naves que los franceses en las operaciones navales conjuntas que se desarrollaran a partir de entonces.

Dentro de su estrategia el rey francés pretendía someter La Rochelle, punto clave para el control del Ducado de Guyena, en poder de Inglaterra. Para lo que pidió la colaboración naval castellana.

Carlos v de Francia

Enrique II de castilla envió una flota al mando del almirante genovés Ambrosio Bocanegra, entre cuyos capitanes se encontraban, además del almirante, Fernán Ruiz Cabeza de Vaca, Fernando de Peón y Ruy Díaz de Rojas (Adelantado Mayor de Guipúzcoa y jefe de las naos).

Eduardo III de Inglaterra se propuso defenderla a toda costa con una armada constituida bajo el mando de yerno Juan de Hastings, conde de Pembroke. Además de los barcos de guerra iban en ella naves de transporte con hombres, material y dinero destinados a la guerra en la Guyena.

Pero no puede olvidarse que los intereses castellanos coincidían con los franceses, pues en esta intervención Castilla vio, de una parte, la posibilidad de reforzar su relación con Francia, que sufría derrota tras derrota en asedios estériles a los territorios dominados por el rey ingles.

Además los castellanos vieron también en su intervención una ocasión para exterminar la piratería inglesa que infestaba el mar del norte, dañando el
comercio con Flandes, al tiempo que era un ocasión para desestabilizar las

                                                                                                                                                                               Enrique II de Castilla
pretensiones al trono castellano por parte del Duque de Lancaster, Juan de Gante, casado con la infanta Constanza de Castilla, hija de Pedro I el Cruel, hermanastro de Enrique y legítimo heredero del trono castellano, a quien Enrique había matado, tras larga guerra de disputa por el trono de Castilla, concluida la batalla de Montiel y ayudado por el francés Bertrand Du Guesclin, quien en la pelea entre aquellos ayudó a Enrique pronunciando la famosa frase “Ni quito ni pongo Rey, pero ayudo a mi Señor”.

Pues bien, así las cosas, y tras el tratado hispano francés, las tropas del Rey Carlos sitiaban la fortaleza de La Rochelle, baluarte en poder del Rey inglés que servía para avituallar sus tropas en territorio de la Guyana.

La flota castellana de 12 galeras tenía como misión buscar y destruir cualquier nave inglesa que se avistase e impedir la arribada de la flota inglesa que lleva tropas de refresco a la Guyena a través de La Rochelle.

La flota inglesa estaba compuesta de 38 naves, y transportaba un ejército de 8.000 soldados y 500 caballeros con sus monturas y arneses, aparte de pertrechos para una campaña de varios meses.

                                                                                                 
El 22 de junio las flotas se encontraron a la altura de La Rochelle.                     
Boccanegra se encontraba a sotavento y ordenó a su flota esquivar el encuentro y mantenerse a distancia mientras esperaban la noche e intentaban ir ganando el barlovento.

Los ingleses, confiando en su superioridad numérica no varían el rumbo, esperando sortear la escuadra enemiga en la noche.

Galera "Sutil" Castellana
Lo que los marinos ingleses achacaron a una cobardía del genovés (como así lo pregonaron) fue en realidad una estratagema. Sabedor de las condiciones naturales del lugar y de las características de las naves de ambos bandos, el almirante castellano prefirió esperar al día siguiente. En esa jornada cuando, durante la bajamar, las naos inglesas, por su mayor calado, quedaron varadas, y antes de que subiera la marea y pudieran flotar, se acercó a ellas la escuadra castellana sacando ventaja de la mayor ligereza y menor calado de sus galeras.

Las naves de Pembroke apenas pudieron maniobrar en orden y Boccanegra hizo uso de un nuevo arma en la guerra naval : las bombardas.

Vomitando fuego desde sus costados, las galeras castellanas diezmaron terriblemente a la infantería inglesa. El pánico se apoderó de sus naves. El fuego se propaga de una nave a otra, mientras las galeras castellanas forman una línea impidiendo que ninguna escape. La victoria es aplastante. Pembroke es capturado, con 400 caballeros de “espuela dorada”, es decir nobles o hidalgos y unos 3.000 soldados de su fuerza inicial de 8.000 hombres.                                                         

                                                                                                                                                                   Nao o Nave redonda inglesa
     
Como colofón, Bocanegra, en su regreso a Santander capturan 4 naves inglesas más a la altura de Burdeos.

Boccanegra condujo a los nobles ingleses capturados a la presencia del monarca castellano.

Al hacer prisioneros, el almirante de Castilla tuvo con los vencidos en esta batalla un gesto humanitario inusual en aquellos tiempos, pues era costumbre entonces degollar o arrojar al agua a todos los adversarios, aunque se hubieran rendido

En Burgos, el rey castellano perdonó la vida a Pembroke y sus caballeros de alto rango, devolviéndoles la libertad, y permitiéndoles su regreso a Inglaterra bajo palabra de caballeros de 'no alçar las armas e gentes contra el rei de Castilla'.

Con la toma de La Rochelle terminó el control ingles del canal de la mancha que pasó a manos castellanas.

Posteriormente a la toma de La Rochelle, Las naves de Boccanegra saquearon diversops puertos de la costa inglesa en el mismo año. Los puertos del cantábrico y de Vizcaya se llenaron con las presas de mercantes ingleses realizadas por los corsarios de la Hermandad del Cantábrico.

Posteriormente se conquistó Roche-Guyon, en el estuario del Loira, y la flota castellana llegó a atacar con éxito las cercanías de Londres en 1380, remontando el Támesis al mando de Sánchez de Tovar y destruyendo Gravesend, a poca distancia de la capital británica.

                               

Puertos ingleses destruidos por la flota castellana

Para la Corona de Castilla, la victoria tuvo favorables repercusiones militares y económicas. Se consolidó como primera potencia naval en el Atlántico, otorgando así mayores posibilidades mercantiles a sus marinos. El comercio de lana entre Inglaterra y Flandes se había interrumpido a causa de la guerra, y ahora será Castilla la que sustituya en esta actividad a la derrotada con la lana de sus “merinas”. Sus mercaderes construyeron incluso un almacén en Brujas. Los ingresos obtenidos de las exportaciones propiciaron un auge económico castellano, y Burgos se convirtió en una las ciudades más importantes de Europa Occidental. Y todo esto duraría hasta la derrota y destrucción de la “Armada invencible”, en 1588, bajo el reinado de Felipe II, momento en que comenzó el paulatino e inexorable declive de la fuerza marítima de los Reinos españoles en beneficio de la Armada Inglesa.

En cualquier caso, lo más sorprendente de la Historia son las incomprensibles tergiversaciones, que implican el desastre de la Armada española de 1588, pues el episodio es con frecuencia referido por historiadores anglosajones como un brillante ejemplo de la gran tradición defensiva inglesa que ha impedido, desde la invasión normanda del siglo XI, el desembarco en suelo inglés de cualquier fuerza hostil por poderosa que fuera.

En realidad, tropas españolas atacaron y saquearon localidades inglesas en diversas ocasiones, tanto antes como después del episodio de la Armada Invencible, si bien estos hechos suelen ser omitidos en la historiografía inglesa.

Y no solo durante la Guerra de los 100 años, en episodios antes relatados que llegaron a incursiones hasta Londres.

Años después, y durante el mismo conflicto, el corsario español Pero Niño, volvió a atacar en 1405 la península de Cornualles, asolando la Isla de Pórtland y saqueando Poole.

Asi mismo, en julio de 1595 se produjo la Batalla de Cornualles. Una flota compuesta por cuatro galeras españolas al mando de Carlos de Amésquita, que patrullaba en aguas inglesas, desembarcó unos 400 soldados de los tercios en la bahía de Mount, en la península de Cornualles, al suroeste de Inglaterra para aprovisionarse.

Las milicias inglesas, encargadas de la defensa inglesa en caso de invasión de tropas españolas, huyeron, y los españoles tomaron todo lo que necesitaban y quemaron las localidades de Mousehole, Paul, Newlyn y todos los pueblos de los alrededores. Al final del día, celebraron una tradicional misa católica en suelo inglés, embarcaron de nuevo y lograron esquivar una flota de guerra al mando de Francis Drake y John Hawkins que había sido enviada para expulsarlos.

Dos años después del ataque de Amésquita, en 1597, Felipe II volvió a enviar una nueva flota de invasión contra Inglaterra, más poderosa que su precursora de 1588. Tras avanzar hacia las costas inglesas sin encontrar oposición, un fuerte temporal dispersó la flota, si bien en esta ocasión no se produjeron los catastróficos resultados de 1588. Aun así, siete barcos llegaron a tierra en las proximidades de Falmouth, desembarcando a 400 soldados de élite que se atrincheraron esperando refuerzos para marchar sobre Londres. Tras dos días de espera en los que las milicias inglesas no se atrevieron a hostigarlos, recibieron la orden de embarcar, pues la flota se había dispersado irremediablemente, regresando a España.

Luego el suelo de la “Pérfida Albión” fue hoyado por tropas españolas muchas más veces da las que los ingleses quieren contar o reconocer.

Finalmente no creo que esté de más recordar que desde el s XV hasta 1776, año en que partió la última Flota de Indias, y durante más de 250 años, las pérdidas de la flota por ataques fueron mínimas.

Puede calificarse así a la Flota de Indias como una de las operaciones navales más exitosas de la historia. De hecho, en los 300 años de existencia de la Flota de Indias solo dos convoyes fueron hundidos o apresados por los ingleses.

El resto que se cuenta, es cuento o tergiversación histórica anglosajona y malintencionada.

lunes, 18 de marzo de 2013

LA GUARDIA SUIZA - EL LEON DE LUCERNA


Cuando se habla de “Guardia Suiza” todo el mundo recuerda la colorida guardia del Vaticano, y se identifica el país como un lugar plácido, pacifico y alejado de toda clase de conflictos. Pero pocos saben que los Suizos, siempre Independientes de los Grandes Reinos Europeos, aportaron Regimientos de apreciados Mercenarios Voluntarios a todos ellos, desde el s.XIII. y siempre con sus coloridos uniformes llamados de “Reisläufer”.
Desde el siglo XV y hasta mediados del s.XIX, un regimiento de mercenarios suizos formó la Guardia Personal de los reyes de Francia.
En 1789 estalló la Revolución Francesa. En junio de 1791 Luis XVI trató de huir al extranjero y fue condenado a arresto domiciliario. En la insurrección del 10 de agosto de 1792, los revolucionarios tomaron el Palacio de las Tullerías. Cuando comenzó el asalto 5 miembros de la Guardia Suiza fueron asesinados ante su capitán por la turbamulta, pero la Guardia logró contener el asalto mientras el Rey se refugiaba en la Asamblea Legislativa, donde fue obligado a ordenar a su Guardia Suiza que se retirase y volviese a sus cuarteles. El capitán Dürler  pidió la orden por escrito al Rey y cuando la acató y al salir del palacio, indefensos, la Guardia fue masacrada sin piedad. De los 1.000 miembros de la Guardia Suiza que defendían al Rey, sólo sobrevivieron 300.
La iniciativa de crear el monumento en recuerdo de esta matanza, fue tomada por Karl von Pfyffer Altishofen, oficial de la Guardia que estaba de permiso en Lucerna en el momento de la lucha. El diseño del monumento se debe al danés  Bertel Thorvaldsen y su realización al cantero alemán  Lucas Ahorn y está tallado directamente sobre la roca bajo la inscripción “HELVETIORUM FIDEI AC VIRTUTI” “A LA LEALTAD Y VALENTÍA DE LOS SUIZOS”

 
Y esa tradición guerrera pervive hoy en día en el país alpino, que mantiene un ejército activo de 500.000 hombres con 7,5 millones de habitantes, mientras que España, con 50 millones de habitantes, apenas llega a los 150.000 efectivos.
Pero junto a esta tradición guerrera llama la atención la exigua pero conocidísima Guardia Suiza Vaticana, que se hace más presente en estos momentos, con la atención del mundo pendiente de la ciudad estado como consecuencia de la renuncia de Benedicto XVI al papado. Su origen se encuentra en la petición formulada por el papa Julio II, en 1505, encargando a Peter von Hertenstein conducir hasta Roma a 200 hombres que se ocuparían de la custodia de la persona del Papa y de los palacios pontificios.

 
Una de las más dramáticas historias en torno a este cuerpo de guardia fue el protagonizado durante el ‘saco di Roma’, saqueo de la ciudad por las tropas del emperador Carlos V al mando de Carlos Montpensiertercer duque de Borbón, enfrentado con Francisco I, su señor natural, y al mando de una tropa de 20.000 hom,bres, de ellos 17.000 lansquenetes alemanes luteranos, a los que debía su paga y quiso pagar con el saqueo de la Ciudad Santa, al tiempo que escarmiento al papa Clemente VII por su cercanía a la Liga de Cognac, formada por Francisco I  –el mortal enemigo del Emperador– como alianza militar enfrentada al ‘César’ Carlos. El pontífice, protegido por la Guardia Suiza, se salvó refugiándose en el castillo Sant’Angelo, pero 147 de los guardias perecieron en su defensa.

Carlos I que no había autorizado el saqueo, se manifestó enseguida indignado, pidiendo expreso perdón al Papa y vistuendo de luto en esñal de su rrepentimiento, aunque lo cierto es que el Papa Clemente no volvió a aliarse con Francia.
Y es precisamente el 6 de mayo, fecha de aniversario del famoso ‘saco’ cuando la Guardia Suiza celebra anualmente la ceremonia de juramento de los nuevos guardias que se han incorporado al cuerpo, bellísima celebración en que la Guardia al completo forma con sus alabardas, corazas y morriones con plumas rojas, salvo las moradas y blancas de los suboficiales y oficiales.

 
En este acto, los reclutas sujetan con su mano izquierda la bandera, y con la derecha alzada con solo los dedos pulgar índice y corazón estirados, en referencia a la Santísima Trinidad, juran lealtad al Papa y al Colegio Cardenalicio, a quienes sin dudarlo protegerán hasta con su propia vida, si se ven, de nuevo y como han demostrado que puede suceder, abocados a ello.