A diferencia de Chateaubriand hablo frecuentemente de mis intereses, de mis emociones, de mis trabajos, de mis ideas, de mis afectos, de mis alegrías, de mis tristezas, sin pensar en el profundo tedio que el francés temía causar a los demás hablandoles de si mismo.
Es
un juicio sintético aprióri trascendental saber que el Socialismo es teoría
errada pues pone el acento de su doctrina en el concepto de “igualdad”, como si
la vida fuese el “Lecho de Procusto” y desprecia el elemento esencial de lo
humano que es la “libertad”
Partiendo
de ello, concluimos que la socialdemocracia no es sino una manifestación
burguesa del socialismo marxista que tan solo renuncia a la revolución, aunque no al
igualitarismo, como explicó Trotski en 1929, en su crítica a la
socialdemocracia austriaca de Adler y Seitz.
Y es
en esos lodos donde transita de modo autómata, irreflexivo e irracional, el PSOE
y sus líderes, hoy entregados al marxismo más radical de comunistas y
separatistas.
Pero
las críticas a la socialdemocracia y su deseo de conciliar democracia y socialismo,
y planteando la dialéctica entre revolución y reforma, ya fue planteada por
Marx en un famoso opúsculo titulado “Crítica del Programa de Gotha”, Programa que no era sino el del Partido Socialdemócrata Alemán,
aprobado el año de su fundación (1875).
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial la socialdemocracia europea abandonó ─teóricamente─ el marxismo y
elaboró una «una visión diferente de las
relaciones entre capitalismo y socialismo», y su propuesta se centró en «una mayor intervención estatal en los procesos deredistribución que en los de producción, de forma que una política fiscal progresiva
permitiese consolidar eficazmente la red asistencial que configuraría el Estado de bienestar.
Frente a la
aceptación del capitalismo propugnada por el SPD y el resto de partidos
socialdemócratas del centro y del norte de Europa, sus homólogos del sur
elaboraron una alternativa que llamaron socialismo democrático en la
que no renunciaban a alcanzar el socialismo, aunque siempre mediante el respeto
a las reglas de la democracia —los partidos comunistas del sur también se
sumaron a esta iniciativa construyendo su propia alternativa «socialista
democrática» que llamaron eurocomunismo—.
Así pues, según
los socialdemócratas no existe un conflicto entre la economía capitalista de
mercado y su definición de una sociedad de bienestar ─mientras el
Estado posea atribuciones suficientes para garantizar a los ciudadanos una
debida protección social─.
En general, esas
tendencias se diferencian tanto del social liberalismo como del liberalismo
progresista en la regulación de la actividad productiva, y en la
progresividad y cuantía de los impuestos, así como en la intervención del Estado en todos y cada uno de los ámbitos de actuación de los ciudadanos, con total merma de su libertad individual.
Y esto se traduce
en un incremento en la acción del Estado y los medios de comunicación
públicos, así como de las pensiones, ayudas y subvenciones a asociaciones
culturales y sociales.
Algunos gobiernos
europeos han aplicado en los últimos años una variante de la Tercera Vía que
es un poco más próxima al liberalismo, con un menor intervencionismo y
presencia de empresas públicas, 一pero con el mantenimiento de las ayudas y
subvenciones típicas de la socialdemocracia —cuyo principal exponente ha sido
el laborista británico Tony Blair.
Por lo demás, su
ideología en temas sociales es equiparable a la del resto de la izquierda
política.
Y ello sobre la premisa proclamada
por el Partido Socialdemócrata Alemán en su Programa de Godesberg de 1959.
“Competencia
donde sea posible, planificación donde sea necesaria”
Pero
es que es ahí, precisamente, donde empieza el problema, pues la planificación
estatal, las subvenciones o la imposición de una concreta concepción de la
sociedad, conducen al totalitarismo, muy deseado por la izquierda, mediante la
represión de todo aquel que mantenga posiciones contrarias a la ideología
oficial de esa izquierda.
Una
víctima de manía persecutoria, que no escasea, es cierto tipo de filántropo que
está constantemente haciendo favores a las gentes contra su voluntad y se
asombra y horroriza al ver que no se lo agradecen.
Se
trata, efectivamente, de imponer lo que la progresía considera que “Hace Bien”
a la gente, sin importarle su opinión, o, es más, contra la opinión mayoritaria
de los ciudadanos.
Y todo ello a base de “prohibir” todo
aquello que esa progresía tribal considera malo “subjetivamente”, en la mayoría
de los casos sin tener en cuenta la opinión de especialistas ─salvo que sean miembros
de la tribu─
Por cierto, en lo que respecta al “Estado
del Bienestar”, en el que se desea que todo ciudadano goce de educación,
sanidad, ocio y recursos para la vida, aunque no trabaje ─incluso porque no
quiera─ las subvenciones juegan también un papel primordialmente discriminatorio,
que diluye la idea de ese modelo de Estado, convirtiéndolo en un “Estado de
Bienestar para los miembros de la Tribu”.
Si no,
explíquenme ustedes porque se juega siempre a la absurda “discriminación
positiva”, en favor de los familiares o amigos, mujeres, inmigrantes o gentes ─como
ellos dicen─ “racializadas”,
y en perjuicio y discriminación de los opositores, hombres, nacionales o
blancos.
En
todo caso, en la situación actual de España, la Socialdemocracia que quiere
representar el PSOE, ha dejado de ser tal desde el momento en que su mayoría
parlamentaria y su Gobierno Frankenstein, se sustentan en los comunistas de UP,
ERC, EHBILDU/ETA y demás purrias Separatistas, al igual que hiciera en los años
30 del siglo pasado el dirigente Socialista Largo Caballero, al que en la
reunión del Comité Federal del PSOE de julio de este año, Sánchez elogió
diciendo que el actual PSOE quiere hacer lo que Largo hizo entonces ─Tratar de
imponer un Estado soviético en España─
De
modo y manera que no nos gobierna la Socialdemocracia, sino la extrema
izquierda.
Y es
contra ella contra la que debemos mantenernos activamente beligerantes, si no
queremos que nos destruyan, que destruyan nuestras libertades y derechos en
aras del concepto marxista de igualdad que olvida la esencial “libertad
individual” de cada ciudadano.
Baste por otra parte recordar como Arthur Koestler, en su libro "El cero y el infinito" afirma que:
"El dominio de la JERGA MARXISTA, permite a cualquier idiota pasar por inteligente."
Y eso es precisamente lo que hacen nuestros gobernantes social comunistas.
Para mayor desgracia los docialdemócratas europeos han asumido los postulados del ecologismo militante, y con su Agenda 2030, y quiere hacer pagar a los países desarrollados la contaminación procedente de Rusia, China e India.
Efectivamente, mientras en Europa el reciclaje de plásticos, papel, aceites, etc. están muy desarrollados, con importantes reducciones de contaminación, esos tres Países están contaminando sin límite alguno el aire y los mares. Pero ellos no pagan por esa contaminación, mientras se cargan las medidas anti contaminación sobre los ciudadanos europeos con la malhadada Agenda 2030 de marras.
Y concluyamos,
como siempre con un video musical. Y que menos que el himno Comunista “La Internacional”
que canta el PSOE en todos sus actos, puño en alto, cual marxistas radicales que han vuelto a ser.
Ayer, día 7 de
noviembre, se cumplió el 84 aniversario del bombardeo por la Aviación Republicana de la
localidad de Cabra (7 de noviembre de 1938) realizado sobre esa localidad
cordobesa, en poder de los nacionales.
El bombardeo se
saldó con 107 muertos y más de 200 heridos, todos civiles, en una localidad que
no era objetivo militar, pues se situaba a bastante distancia de las líneas del
frente, ni era centro logístico ni nudo de comunicaciones importante de los nacionales.
Hacia las 7:31 horas de ese día, tres aviones de procedencia soviética
Katiuska SB-2, con tripulación totalmente española, atacaron la localidad.
Los Katiuska, unos
bombarderos ligeros y rápidos, se empleaban para el bombardeo estratégico sobre
la retaguardia enemiga.
Los aviones dejaron
caer una veintena de bombas, que provocaron la pérdida de 107 vidas humanas (96
en el acto) y más de 200 heridos. El bombardeo afectó fundamentalmente a zonas
del centro de Cabra, incluida la plaza del mercado, y en especial el barrio
obrero de la villa.
Se calcula que cada
aparato llevaba en sus bodegas unas dos toneladas de bombas de diverso tamaño.
La mayor, de 200 kilogramos, cayó en el Mercado de Abastos. Un artilugio
similar detonó en la esquina de las calles Platerías y Juan de Silva. De todas
las explosiones, la del mercado fue la más potente, resultando muertas en el
acto a 36 personas, más otras 14 posteriores a consecuencia de las heridas
causadas.
Entre los muertos,
pertenecientes todos a población civil, se hallaban mujeres y niños. El
resultado de los bombardeos y la magnitud de la masacre fue recogido por el
Noticiario Documental (NO-DO).
El ir y venir de la
población aterrorizada a los hospitales también quedó recogida, así como el
amontonamiento de los cadáveres que fueron trasladados en carrillo e incluso,
con capachos.
El parte de guerra
del 9 de noviembre de 1938 recogía su versión de los sucesos, con unos datos aún
erróneos del número de aviones y de bajas:
«La aviación roja, huyendo de los encuentros aéreos
que tantas pérdidas le cuestan y alejándose de todo objetivo militar, lleva
varios días dedicada a batir pueblos civiles de la zona nacional, lo más
alejados posible de las actividades militares y desde los que les es fácil la
huida.
Hoy correspondió la cobarde e inhumana agresión al
pueblo de Cabra, en donde, en la madrugada, nueve aviones rojos han sorprendido
a la población civil bombardeándola y causaron 86 muertos y 117 heridos, en su
totalidad personas civiles y en gran número mujeres y niños».
A lo largo de mis
más de 60 años de vida siempre he oído hablar, por los aparatos
propagandísticos de la izquierda, del brutal bombardeo de Guernica por aviones
alemanes de la Legión Cóndor, pero no había conocido la historia del bombardeo
de Cabra.
Pero es lo que
tiene la Ley de Memoria Democrática, que, por desgracia, despierta la de ambos
bandos enfrentados en nuestra guerra
civil 1934-1939 del siglo pasado.
Así, existen
pruebas, en los propios partes de guerra del bando rojo, que acreditan que el
bando republicano fue el primero en bombardear ciudades.
Antes de finalizar
el mes de julio de 1936 ya habían sido bombardeadas Zaragoza, Córdoba, Sevilla
y otras muchas ciudades fueron bombardeadas durante la guerra por las tropas
rojas sin ser objetivos militares y estar alejadas de los frentes de batalla.
O sea, que Guernica
no es un acontecimiento aislado y procedente de la maldad de las derechas, sino
un acontecimiento más, uno más simplemente, de los muchos sangrientos y
dolorosos ocurridos en nuestro dramático enfrentamiento civil del siglo XX.
Y como este POST no me inspira al alma para melodías, os traigo, simplemente, el video de noticias del No-Do sobre la matanza...
Cuando
uno se encomienda a la memoria con el fin de hacer un retrato de juventud,
suele ocurrir que se mezclan recuerdos e imaginaciones que tratan de explicar
retazos de su vida.
De
este modo, en ocasiones, aquello que creemos un recuerdo se confunde con el
contenido de una historia escuchada, o sucesos conocidos de las vidas de otros,
aunque los incorporemos a nuestra memoria como vivencias propias.
En
otras ocasiones se produce el efecto de la "Magdalena de Proust" y
cualquier olor, sabor, o melodía, nos retrotrae automáticamente a sucesos
acaecidos en nuestro pasado.
Pero
dentro de todo este proceso de memorización y recuerdo de nuestro pasado, me ha
llamado especialmente la atención el llamado “Síndrome de Memoria Falsa”, que
implica la evocación de hechos cuya existencia sólo es reconocida por la
persona que los evoca.
Es
decir, se trata de recuerdos de hechos
que no han ocurrido realmente, o cuya memoria han sido distorsionadas de manera
importante.
Este
”Síndrome” no es reconocido hoy en día por las organizaciones internacionales
especializadas.
No
obstante, el síndrome de memoria falsa cada día está más presente en
investigaciones científicas y legales, como consecuencia de distintas polémicas
y controversias generadas en dichos contextos, y como consecuencia de la
profundización de los estudios sobre el funcionamiento de la memoria.
Las
más modernas teorías psiquiátricas consideran que nuestra memoria no trabaja
como un disco duro que almacena y esconde recuerdos.
Muy
por el contrario, y como ya he adelantado en los párrafos iniciales de esta
reflexión, nuestra memoria es más bien un sistema reconstructivo y reproductivo
que se construye y modifica con el paso del tiempo y a través de nuestras
propias narraciones, interacciones y experiencias, por lo que está sujeta a
errores y distorsiones.
Tales
RECUERDOS FALSOS pueden ser:
a.-
Espontáneos, es decir como mero resultado del complejo funcionamiento de
nuestra memoria
b.-
Implantados, o resultado de la asimilación de una información falsa, que se nos
presenta por un tercero de modo coherente y lógico con los esquemas de memoria
de cada persona y con el efecto de generar tales recuerdos falsos.
Por
ejemplo, la psiquiatra Janet Boakes (1999), quien es una de las pioneras en los
estudios sobre el síndrome de la memoria falsa, sugiere que este síndrome ocurre en
gran medida como consecuencia de la sugestión producida a los pacientes en el
contexto psicoterapéutico como consecuencia de las creencias del paciente y la
influencia del profesional gestor de tales procesos psicoterapéuticos.
A los efectos de este POST, tan solo me
interesan los “recuerdos falsos espontáneos”, que son los que se producen en la
mente de las personas digamos “sanas”, es decir, no sometidas a terapias
psicológicas.
Y son estos RECUERDOS FALSOS
ESPONTÁNEOS los que articulan en la memoria de todos y cada uno de nosotros,
esas autojustificaciones, esas "amnesias" voluntarias, que tratan de justificar
ya una vida que en su conjunto consideramos así muy positiva, o falsas
experiencias traumáticas que, inexistentes, justifican nuestras decepciones,
manías o angustias presentes.
Frente a esas falsedades históricas
que constituyen esa "memoria a la carta", nada como ser realistas, y
aceptar que nuestra vida toda no es ni un dechado de virtudes y buenas
experiencias, ni un cúmulo de desgracias e infelicidades insuperables, pues la
realidad es que de todo tenemos en nuestra vida, como de todo hay en rebotica.
Ya Shakespeare nos
dijo que
“La memoria es el centinela
del cerebro”
y por lo tanto no permitirá
que esas ensoñaciones o falsas verdades enturbien la verdad de mantener una
visión integral de nuestra existencia, con sus bondades y maldades, sus éxitos
y sus fracasos, sus esperanzas y sus decepciones, sus alegrías y sus tristezas.
Al final, analizada mi
vida hasta donde alcanza mi memoria, llego a dos conclusiones.
Por una
parte y como dice uno de los personajes de la novela “La Lapida Templaria” de
Nicholas Wilcox:
“Soy
un asceta; Pertenezco a una comunidad de un solo miembro, y en la que soy, al
mismo tiempo, Abad Mitrado, Monje, Portero, Ecónomo, Visitador y Enfermero
siendo un solo individuo; a veces es arduo, pero a todo se acostumbra uno”
O
bien, rememorando “Sonata de Primavera” de Valle Inclán, podría decir, como el Marqués
de Bradomín, que
“Yo,
calumniado y mal comprendido, nunca fui otra cosa que un místico galante como
San Juan de la Cruz”
Y en
ambas ideas concreto la totalidad de mis desgracias y alegrías, mis reproches a
mi mismo y mi complacencia con mi vida toda.
Y
reflejan un sentimiento que siempre tengo presente: Soy un hombre de tendencias
solitarias y melancólicas, me gusta disfrutar de mis cosas sin gente que me
distraiga.
Puedo
parecer antisocial sin realmente serlo, pues es mi esencia personal la que me
mantiene en esa actitud, y siempre me pregunto ¿Qué pensarán los demás de mi
comportamiento?
Aunque
en el fondo vuelvo a los clásicos y con Cicerón afirmo que mis principios, mi
conciencia, mis hábitos y mis convicciones, tienen para mí mucho más valor que
la opinión de todos los demás.
De
todas formas soy consciente, como lo fue Nietzsche, de que mi personalidad se
ha ido acrisolando con el paso de los años por medio de la conjunción de mis
experiencias.
“Quid luce fuit,
tenebris agit”
“Lo que estuvo en la
luz, actúa en las tinieblas”
Así,
a la manera de Proust, trato de dormir infructuosamente.
Después
de un breve sueño, despierto agitado por mis ensoñaciones, mezcla de recuerdos
infantiles y de pesadillas, y en el acogedor silencio de la oscuridad de mi
habitación vuelvo adormirme, no sin antes acurrucarme en mi cama en busca del
consuelo del sueño que me esquiva.
Y en
esos momentos de duermevela, mezclo mis recuerdos con mis frustraciones, mis ilusiones
y mis deseos, hasta que, recobrada la conciencia, alejo esos pensamientos que
me entretienen, los reconozco como obsesiones de mi alma y tras respirar
profundamente vuelvo a la paz del sueño, que generalmente no dura mucho tiempo pues
la experiencia se repite una y otra vez hasta el alba.
No
obstante, si hacemos caso a Nietzsche, esa experiencia proustiana habría venido
a contribuir a la formación de mi “YO”, con idéntica fuerza que mis vivencias “reales”
y así, lo que ahora conocéis es el resultado de mi vida real y de la onírica,
lo que no deja de ser, al menos, poético, sin que todo ello deje de ser el
conjunto de vivencias y recuerdos que dan una explicación completa de mi propia
vida, y de las experiencias vividas a lo largo de ella.
Y
ciertamente, el único retrato de mi juventud que aparece en este POST es el la fotografía que lo encabeza, en la que aparezco con 15 años.
No he hecho, pues, un retrato de mi juventud, pero he transitado, con
vosotros por los laberintos de mis ideas, y he de reconocer que si bien mi alma
es, como la de todos, compleja, espero que os parezca más llena de sorpresas agradables que de
vericuetos intransitables.
Concluyamos
con música. En esta ocasión os traigo "Sueño de Amor" de Franz Litz
Tumba de Santa Cecilia Mártir, Catacumbas de San Calixto Roma
Para vivir un año
es necesario
morirse
muchas veces mucho.
Ángel González
Lo cierto es que la vida son muchas pequeñas muertes
cotidianas.
Mueren los sentimientos, las ilusiones, las decepciones, las
alegrías, las desgracias.
Van muriendo nuestros recuerdos, nuestras sensaciones
nuestros amigos y parientes, nuestras ambiciones.
Hasta el máximo placer es llamado “la petite mort” por
nuestros vecinos franceses, como si experimentarlo matase parte de nuestro ser.
Solo falta que muramos, del todo, nosotros mismos para
alcanzar la plenitud de esa muerte que vivimos cada instante.
Según Albiac:
“… el fin del mundo no
sucede un día, a una hora, en un instante; el fin del mundo es cada instante en
el cual el mundo existe, porque jamás podremos remontar el flujo herácliteo del
tiempo, y ese mundo que fue se extingue en el acto mismo de nombrarlo. Y, con
él, nosotros. (…………) La muerte, como el fin del mundo, sucede en cada partícula
del tiempo, es el tiempo. Y así lo supo San Agustín, ásperamente empeñado en
ser griego en cristiano: «¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta lo
sé; pero si quiero explicarlo al que me lo pregunta no lo sé... Porque los dos
tiempos de pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es él y
el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y
no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad».”
Y a tal tránsito del tiempo, inexplicable, apunta otro
Grande, Quevedo, en su verso “soy un fue y un
será y un es cansado”
Esa fuga inescrutable del tiempo ha inspirado a todo
escritor desde el nacimiento de la filosofía en la Grecia Clásica hasta
nuestros días.
Pero nada lo altera, y tras múltiples pequeñas muertes, todo se disolverá yno dejará rastro, y llegará el dormir
postrero.
¡Morir, dormir, dormir… tal vez soñar!
En palabras de Hamlet, de Shakespeare.
Pero no puedo quedarme en esta mera reflexión, pues la muerte
ha estado en estos últimos tiempos, más que cotidianamente presente, dramáticamente
presente, en primer lugar por la Pandemia de COVID, que ha provocado la muerte,
en España, de más de 150.000 personas, aunque las estadísticas, falseadas, del
Gobierno de Sánchez, diga que han sido muchas menos.
Como continuación del drama,
España presenta, junto con Portugal, el mayor número de muertes extraordinarias
después del proceso de vacunación, lo que hace pensar que este programa ha
causado efectos sorprendentes, pues la “vacuna”, si bien es cierto que ha
minorado la gravedad de los efectos de la enfermedad, no ha evitado su contagio, y ha provocado
un exceso inexplicable de muertes extraordinarias.
Y finalmente nos asomamos
diariamente a la realidad, por la ventana que son nuestros televisores, e
incluso nuestros teléfonos inteligentes, a comprobar las matanzas provocadas en Ucrania
por los rusos de Putin, que se comportan como bestias rabiosas con la población
civil ucraniana, al tiempo que pierden la iniciativa militar en aquellas
tierras de Dios.
Esperemos que la guerra termine pronto y con la derrota del Tirano Putin.
Y despidámonos con otro video musical, hoy “Tears in Heven” (Lágrimas
en el Cielo) de Eric Clapton
Los
derechos colectivos no son derechos humanos sino intereses de grupo
Un fantasma pernicioso deambula por las naciones
occidentales y golpea con la furia de la “Guerra Santa” a sus ciudadanos y sus
instituciones, mientras que nuestros políticos y periodistas miran para otro
lado en tributo a la religión de la “corrección política.
Se trata de el abrumador triunfo de los “DERECHOS
COLECTIVOS”
Y quiero advertir a mis lectores que esta reflexión es larga, pues el tema tratado es importante. Espero no aburriros.
Se entiende por “Derechos Colectivos” los derechos
cuyo sujeto no es un individuo ─como es el caso de los derechos individuales─,
sino un conjunto, colectivo o grupo social.
Mediante esos derechos se pretende proteger los
intereses e incluso la identidad de tales colectivos.
El asunto de los derechos colectivos es muy
controvertido, particularmente cuando los derechos colectivos entran en
conflicto con los derechos individuales.
Como en toda clase de derechos, el debate se centra
en tres aspectos:
1.- Determinar si realmente existen esos derechos
colectivos.
2.- Si se acepta su existencia ¿Cuáles son?
3.- Determinar, si se acepta su existencia, como
juegan en su interrelación con los derechos individuales.
Todas estas cuestiones, aunque en orden aleatorio o
implícitamente, se tratan en estas líneas.
Los modernos autores marxistas nos permiten afirmar
que, desde un punto de vista estrictamente teórico, los derechos colectivos
tienen su raíz en la consideración marxista de que su materialismo y el
colectivismo de la síntesis marxista, no dejarían lugar para la formulación de
lo que, desde la consideración occidental se llaman habitualmente «Derechos Humanos».
Si acudimos a los escritos de Marx, podemos
contemplar cómo, desde épocas muy tempranas, critica lo que hoy conocemos como
derechos humanos y que el refiere a la declaración revolucionaria francesa de
los derechos del hombre y del ciudadano ─no olvidemos que La “Declaración
Universal de Derechos Humanos” se formula en la ONU en 1948, mucho más tarde de
la muerte de Marx─, y respecto de tales derechos ya nos dice en «La Cuestión
Judía», inserto en el primer y único número de los «Anales Franco Alemanes»,
publicados por él en París en 1843, que:
«…comprobamos ante todo el hecho de que los
llamados derechos del hombre son los derechos del miembro de la sociedad civil,
es decir, del hombre egoísta, del hombre separado de los demás hombres y de la
comunidad»
para
afirmar, más adelante que:
«Ninguno de los llamados derechos del hombre
sobrepasa, pues, al hombre egoísta, al hombre tal como es, miembro de la
sociedad civil, al individuo cerrado en sí mismo, reducido a su interés privado
y a su arbitrio particular, separado de la comunidad. Lejos de considerarse al
hombre un ser social —continúa— la propia vida social, la sociedad, aparece más
bien como un cuadro exterior al individuo, como una limitación de su autonomía
originaria.»
párrafos
en donde vemos ya la formulación “social” del concepto del “hombre” que
posteriormente formularía en “El Capital”, pues Marx considera que el hombre no
es una realidad unipersonal y autónoma, sino que para Marx el hombre es ante
todo el conjunto de sus relaciones sociales, y concretamente nos dice:
«La esencia humana no es algo abstracto inherente a
cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de sus relaciones sociales.»
Concepción que nos marca el camino a la negación de
los derechos individuales y nos acerca al concepto de “derechos colectivos”.
Esta idea la recoge Gianfranco Morra, sociólogo y
ensayista católico italiano, quien escribió:
«para Marx, el verdadero hombre es el social, el
hombre colectivo; para él, hablar de la «dignidad de la persona humana» es un
juego de palabras, como ha hecho la revolución burguesa con la «Declaración de
los derechos del hombre y del ciudadano». En realidad, para el marxismo, el
hombre y el ciudadano existen solamente cuando cesa el dualismo entre vida
privada y vida social. El hombre individual, según esta doctrina, debe ser integrado en el hombre social: sólo
entonces la emancipación será un hecho real y la religión, ese juego interior,
no tendrá ya sentido»
Por su parte Mounier, fundador de la corriente
filosófica “Personalista” afirma:
«La laguna esencial del marxismo es haber
desconocido la realidad íntima del hombre, la de su vida personal.»
Finalmente, Benedicto XVI expone que:
«El marxismo parte de la idea de que la libertad es
algo indivisible y subsiste por tanto, como tal, sólo si es la libertad de
todos. La libertad está unida a la igualdad: para que haya libertad, hay que
establecer ante todo la igualdad. Lo que significa que para el objetivo de una
plena libertad son necesarias ciertas renuncias a la libertad. La solidaridad
de los que combaten por la libertad común, de todos, precede la realización de
la libertad individual.»
En definitiva, en Marx prevalece la idea de la
postergación de la libertad del individuo en aras de lograr la igualdad de
todos los miembros de la Sociedad, lo que lleva, a la postre, a una libertad
limitada del individuo, pues sobre la libertad individual ha de prevalecer la
igualdad de los miembros comunidad y sobre sus derechos individuales como
persona los derechos de la Colectividad.
Llegamos, así pues, a la consideración indiscutible
de que los llamados Derechos humanos de tercera generación, o “derechos
colectivos”, nacen y se fundamentan en la concepción sociológica marxista de
los derechos humanos, que niegan su individualidad y solo aceptan su existencia
en tanto que tales derechos sean “colectivos”.
Pues bien, lo asombroso de esta cuestión es que
tales derechos colectivos han sido abrazados con entusiasmo no solo por la
izquierda marxista ─Socialdemócratas, Socialistas y Comunistas─, sino que
también lo ha sido por Partidos que pretenden autodefinirse de derecha o centro
derecha, y ello porque esa política responde al principio de lo
“políticamente correcto”.
Lo cierto es que tales “derechos colectivos” no son sino
privilegios en perjuicio de las mayorías, y en beneficio de las minorías que lo
sean por razón de nacionalidad, real o pretendida, raza, sexo, pensamiento
político, religión, circunstancias económicas o familiares, etc.
Así, en los últimos decenios hemos visto como se ha
penalizado a los movimientos “provida”, con la disculpa de que se perjudican
los derechos de las minorías proabortistas.
Hemos visto cómo se penaliza el cristianismo a
costa del Supremacismo islámico, mediante la penalización de la “Islamofobia” y
la censura de las posiciones cristianas por “ultraconservadoras”.
Hemos visto cómo se penaliza la heterosexualidad
con la condena del inventado heteropatriarcado y la subvención y fomento de los
movimientos LGTBI, hasta el punto de la censura de la libertad de expresión de
quienes se oponen a los privilegios de estas minorías sexuales, o la imposición
de la educación infantil en la “ideología de género”, que defiende que las
diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de las obvias diferencias
anatómicas y fisiológicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son
unas construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los
roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos, y que por lo tanto
lo importante no es lo que cada cual sea biológicamente sino psicológicamente.
Hemos visto cómo, en España, la Ley de Memoria
Histórica se utiliza para reinventar la Historia, reescribiendo la “Victoria
Moral” de los vencidos en la guerra civil 1934-1939 y elevando a la categoría
de héroes a asesinos y pandilleros comunistas frentepopulistas y golpistas,
tratando de vender como verdad la mentira de que la II República fue un ejemplo
de Democracia, y olvidando injustificadamente, que en una guerra civil los
abusos y la violencia se ejerce, siempre y desgraciadamente, desde las dos
partes contendientes.
Hemos visto como los fondos destinados al injusto
sistema del PER andaluz han sido desviados a sindicatos y partidos y a sus
dirigentes, sin que haya existido una acción contundente de la Justicia, y
cuando la ha habido se juega desde la izquierda con el indulto a los penados
por estas fechorías.
Hemos vivido la politización de la Justicia, en
beneficio esencialmente de la izquierda, sin que se haya reaccionado
contundentemente frente a ella.
Hemos visto como la Nación española se desintegra
en beneficio de los Reinos de Taifas en los que se han convertido la
Autonomías, que además han quintuplicado el gasto público en los últimos 30
años.
Hemos visto ¡¡tantas cosas!! que, al final, las
mayorías silenciosas han empezado a decir ¡Basta!
Y toda esta acumulación de agresiones formuladas
desde la “corrección política” no hacen sino establecer mecanismos de censura y
sanción al discrepante, como nos dice Armando Pego:
«Es una pretensión tiránica intentar relegar al
ámbito privado la disconformidad de los ciudadanos por razones morales y/o
religiosas con esa usurpación de facto ─del derecho a la discrepancia─.
obligándoles a un asentimiento público por acción u omisión. Y lo es sobre todo
en una época cuya ideología dominante ─la corrección política y el conjunto de
los derechos colectivos─ está tejiendo un entramado legal que intenta imponer
la "transparencia" -¿cómo cumplimiento del ideal ilustrado?- hasta en
la intimidad del hogar, que se quiere identificar, de manera gnóstica, como un
ámbito de oscuridad y de freno al progreso.»
Y finalmente, si llegamos a la conclusión de que
son una mera construcción ideológica izquierdista, la respuesta a la pregunta
de cómo funcionan frete a los “derechos humanos Individuales” es evidente:
Mi conclusión es que “Los pretendidos “derechos
humanos colectivos” nunca pueden prevalecer sobre los “Derechos Humanos
Individuales”, realidad que la progresía dogmática intolerante de la “izquierda
progresista” niega, pues es un freno a sus privilegios, que se concretan,
esencialmente, en predominio social y subvenciones.
El problema es que de momento las mayorías dicen
¡Basta! con la boca pequeña, pero puede llegar un día que lo digan de tal modo
que, en España, se pueda llegar a producir algún fenómeno tan inesperado como
la victoria electoral de Trump, el Brexit o la amenaza de crecimientos
importantes en partidos de la extrema derecha en diversos países europeos, como
acaba de ocurrir en Italia.
Pero el stablishment parece ciego y sordo, y
continuará, por desgracia, en la senda que ellos consideran que les perpetuará
en el poder, que no es otra que el uso de la corrección política como una
reedición del despotismo ilustrado del s. XVIII, consistente en decirle al
pueblo, a la gente, como debe comportarse, como debe pensar y lo que debe
censurar.
Y no porque lo que les digan busque su bienestar, sino porque
facilita su perpetuación en el poder, sin tener en cuenta que la corrección
política, articulada como esa reedición del despotismo ilustrado, es
incompatible con la democracia, con la sociedad abierta, porque niega la
libertad de pensamiento, expresión y debate, dando lugar a un nuevo puritanismo
que se escandaliza con un inocente retrato dieciochesco, una suerte de religión
laicaal estilo de lo planteado por
Rousseau, en su “Contrato Social” publicado en 1762, que establece como ideal
del jacobinismo la imposición por el Estado de un credo laico: una profesión de
fe civil, cuya definición corresponde al Soberano, que hoy son los políticos y
los medios de comunicación, fijando las reglas, no como dogmas de religión,
sino como sentimientos de sociabilidad, sin las cuales es imposible ser buen
ciudadano; religión laica concretada en un conjunto de prohibiciones, códigos y
tabúes lingüísticos, cuya excusa es que sólo prohíbe lo que pudiera resultar
ofensivo para las “víctimas” sin tener en cuenta que la ofensa suele ser
subjetiva, que no se encuentra en el emisor sino en el receptor y que por ello,
la frontera entre lo permitido y lo prohibido es arbitraria y, demasiadas
veces, interesada.
Pero esta ideología no tiene nada que ver con el
respeto al ciudadano, pues de hecho, es antagónica al respeto porque anima a
denigrar, a denostar, a linchar a quienes no se pliegan a sus dictados.
Y, al mismo tiempo, muestra una exquisitez tan
extrema y exagerada con otros, que prohíbe muchas expresiones que ni por asomo
tienen ánimo de injuriar
En España, la expansión de esa corrección fue
primero consentida, y después alentada, por las élites, porque políticos y
burócratas cayeron en la cuenta de que podían utilizarla en su favor.
Clasificar a la sociedad en rebaños dificulta el
control sobre los gobernantes.
Además, políticos y partidos podían suplir su mala
gestión y ganar notoriedad sumándose a las nuevas “causas sociales”, incluso
llegando a ser sus ideólogos.
Y por último, la súbita eclosión de
“discriminaciones” justificaba una ingeniería social que, como es lógico, lleva
aparejada más poder y más gasto.
Claro que… una cosa es resolver problemas y otra
muy distinta favorecer a unos cuantos grupos de activistas bien organizados.
Con demasiada frecuencia, las nuevas medidas no
sólo agravan los problemas, sino que crean otros nuevos.
Y la solución, cómo no, es la creación de más
organismos, más observatorios, más burocracia, más presupuesto…
Pero juzgar a los individuos por el colectivo al
que pertenecen, y no por sus hechos y cualidades personales, desemboca
finalmente en aquello que la corrección política dice combatir: la injusta
discriminación.
Error sobre error, la ingeniería social no cambia
la naturaleza humana, no puede erradicar la maldad, mucho menos construir un
mundo feliz.
Más bien suele conseguir lo contrario.
De hecho, la corrección política, como herramienta
de transformación social, se ha convertido en un factor determinante de la
alarmante polarización política que hoy aflora en muchos países.
Convierte a
muchas personas en personajes dogmáticos, quejumbrosos y neuróticos, que en
todas partes ven agresiones, conflictos, agravios contra su propio colectivo.
A un martillo todo le parecen clavos.
Aun sin saberlo, podemos estar convirtiendo el
mundo en un sufrido espejo de nuestros miedos y traumas personales. En esta
línea se revela Richard Dawkins, con quien no comparto su ateísmo militante,
pero que acierta al afirmar que:
«La Universidad no puede ser un “espacio seguro”.
El que lo busque, que se vaya a casa, abrace a su osito de peluche y se ponga
el chupete hasta que se encuentre listo para volver. Los estudiantes que se
ofenden por escuchar opiniones contrarias a las suyas quizá no estén preparados
para venir a la Universidad.»
Se que con este post voy a ganarme los adjetivos de
islamófobo, homófobo, incorrecto políticamente, intolerante y fascista.
Lo doy por descontado y lo asumo, pues
parafraseando a Thoreau:
«El único sitio decente para un hombre libre, en
una sociedad que persigue injustamente las libertades, es la cárcel»
Todas estas políticas, sobre las que reflexionamos,
responden al ideal Gramsciano de superación de la “Cultura Occidental” como vía
para su destrucción y posterior imposición de una Sociedad Marxista mediante la hegemonía social de sus postulados, en la que
sea posible la quimérica creación de la utopía del “Hombre Nuevo”
No olvidemos que, para Gramsci, teórico marxista
italiano idolatrado por los neocomunistas:
«Si la revolución brota de un hecho violento o de
una ocupación militar, siempre será superficial y precaria, y se mantendrá
asimismo en un estado violento. El hombre no es una unidad que se yuxtapone a
otras para convivir, sino un conjunto de interrelaciones activas y conscientes.
Todo hombre vive inmerso en una cultura que es organización mental, disciplina
del yo interior y conquista de una superior conciencia a través de una
autocrítica, que será motor del cambio. La vida humana es un entramado de
convicciones, sentimientos, emociones e ideas; es decir, creación histórica y
no naturaleza.»
Y, por lo tanto el gran objetivo del marxismo
contemporáneo ha de ser, como lo fue en su primer experimento en el “Mayo del
68” ─el mayor éxito hasta la fecha de la penetración del marxismo en las sociedades
occidentales─ la destrucción de la familia, de la religión, de los principios
morales occidentales de raíz cristiana, que constituyen, en lenguaje
gramsciano, el entramado de convicciones, sentimientos, emociones e ideas, que
conforman el armazón de la sociedad occidental que debe ser destruida como paso
previo a la implantación de una sociedad marxista.
Lo más lamentable es que es que todo esto se está
haciendo con la complicidad, o al menos con la obtusa idiocia del pasotismo de
algunos sectores definidos como “conservadores” o considerados “de derecha”,
como pueda ser el propio Partido Popular, trufados de corrección política de
sesgo socialdemócrata.
No quiero concluir esta reflexión introductoria sin
una referencia a lo que está sucediendo actualmente en los países occidentales:
El crecimiento político de los movimientos “antistablishment”.
Efectivamente, los ciudadanos de los países
occidentales están decantando su voto hacia posiciones que, con carácter
siempre despectivo, el stablishment izquierdista socialdemócrata que nos viene
gobernando por décadas, define como “POPULISTAS” o de "ULTRADERECHA" y ello, a mi juicio, no es más
que una reacción de las “mayorías silenciosas” que se han visto flagrantemente
perjudicadas por las políticas en beneficio de las minorías étnicas, sexuales o
religiosas y han contemplado como su propio “bienestar” se ha reducido,
mientras el de esas minorías ha mejorado, pero no gracias a su esfuerzo, su
trabajo y su mérito, sino a través de multimillonarias subvenciones o subsidios
pagados con sus impuestos.
En cualquier caso, si somos optimistas, todavía nos
queda la reflexión de Popper:
«El marxismo solamente constituye un episodio más,
uno de los tantos errores cometidos por la humanidad en su permanente y
peligrosa lucha para construir un mundo mejor y más libre»
Veremos cómo evoluciona todo, y si Popper tenía
razón, pero la denuncia de la situación que hoy vivimos debe hacerse para
contribuir a la superación de la situación de acercamiento al apocalipsis
social.
Ante este panorama, recemos….
Veremos cuánto dura…
Y concluyamos, como siempre con un video musical.
Hoy “Lascia ch'io pianga” (Déjame que
llore) de Händel, aria de la Ópera “Rinaldo” en la versión de la película “Farineli”
Pues, como dice su letra, llorar puede que acabe
siendo nuestro último refugio…
«Déjame llorar sobre
mi cruel destino
y déjame suspirar por
mi libertad.
Que el
dolor rompa
estas cadenas,
por mis tormentos,
sólo por piedad.»