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sábado, 8 de agosto de 2020

TORCUATO O LA COHERENCIA

    Hoy me veo en la necesidad de contestar a un artículo publicado por un tal Julio Merino en el digital “Cierre Digital” bajo el título:

“El día que el estratega de la Transición, Torcuato Fernández Miranda, lloró y se arrepintió de dar el sí a las Autonomías”

    Todo lo relatado en este artículo no es más que una falsedad, e intuyo que, en el fondo, no es más que una manipulación de la figura de mi padre con el oculto deseo de criticar a Don Juan Carlos I, desde posiciones de ultraderecha en que al parecer se ha movido siempre este personaje, según he podido averiguar.

       En el texto de este artículo su autor manifiesta que le unía a mi padre una “vieja amistad”, amistad desconocida tanto por mí como por mis hermanos, lo que me hace, de entrada, dudar de su existencia.

    Pero empecemos por el principio.

    Torcuato Fernandez-Miranda no era un hombre de lágrimas, y puedo asegurar que durante el tiempo que compartí su vida nunca le vi llorar, es más, pese a la imagen de adusto, serio y frio, no lo era, y se enfrentó a los momentos más difíciles de su vida con un sentido del humor constante, una verdadera manifestación de la alegría que presidía su vida íntima y privada.

    De hecho, en algún momento de su vida afirmó

Os aseguro que el llanto más doloroso es aquel que carece de lágrimas, de lamentos y de palabras.”

    Continúa su relato ficticio el Sr. Merino afirmando que, en la primavera de 1980, lo encontró pesimista como asqueado de todo, desilusionado, desesperanzado, un místico de la catástrofe…

    Desde luego no era esa la imagen que mi padre transmitía no era desde luego un espejo de la alegría, pero tampoco llegó, nunca a esa desilusión o desesperanza.

    Y es a partir de este punto donde el relato de Merino toma unos derroteros absolutamente disparatados, pues según relata, mi padre le manifestó su arrepentimiento sobre varias cuestiones, incluso sobre la propia Transición, y pone en boca de mi padre la afirmación de que el proceso de conquista de la democracia debería haberse hecho desde la absoluta ruptura con el franquismo, y por tanto de acuerdo con las posiciones de la Platajunta, que no era sino el conjunto de partidos y movimientos sociales que querían la ruptura total con el franquismo y no la transición.

Tales afirmaciones son Inconcebibles en Torcuato Fernandez-Miranda.

       Además, para explicar las falacias contenidas en el artículo de Merino, debemos tener en cuenta que Torcuato era un creyente profundo para quien un “juramento” era cuestión de esencial importancia, y él había jurado respetar las “Leyes Fundamentales” del franquismo no en una, sino en varias ocasiones, razón por la cual nunca hubiera apostado por la ruptura y vulneración de aquellas leyes, ni por apoyar la tesis de un referéndum que decidiera entre República y Monarquía de acuerdo con las tesis de la “Platajunta”, pues eso hubiese sido una traición impensable al Rey.

Torcuato defendió, siempre, la formulación del tránsito a la Monarquía Parlamentaria y democrática a través de la formulación de hacerla “De la Ley a la Ley”, es decir respetar la legalidad franquista para desde ella llegar a una nueva legalidad democrática, procedimiento que estaba pactado con Don Juan Carlos mucho antes de su acceso a la Corona.

       En cuanto al Rey Don Juan Carlos I hemos de recordar, también, que en el año 1969 el General Franco propuso al entonces Príncipe Juan Carlos, de 31 años, asumir la posición de ser su heredero, a título de Rey, para lo que era imprescindible que jurase lealtad a las “Leyes Fundamentales” del régimen.

       Ello supuso un dilema moral para el Príncipe, pues le preocupaba que para alcanzar su íntimo deseo de que su Monarquía fuese una Monarquía “de todos los españoles” parlamentaria y democrática, tuviese que romper su juramento.

       El conflicto se salvó con el consejo de Torcuato Fernández-Miranda,  quien argumentó que la jura de las “Leyes Fundamentales” llevaba implícito el juramento del procedimiento establecido para su modificación, que habría de ser la llave de la democracia.

Por otra parte, es definitiva para manifestar que todo lo contado en el artículo de marras es falso absolutamente, de la afirmación de su arrepentimiento por dar el SI a las autonomías, pues nunca dio ese “SI”, de hecho Torcuato Fernandez-Miranda no votó a favor de la aprobación de la Constitución, y efectivamente no lo hizo por el recorte de facultades de la Corona, y por la inclusión del concepto “Nacionalidades” en su texto, y la regulación de las Comunidades Autónomas, dado el riesgo que suponía, hoy concretado, de desintegración territorial de España.

Así, mi padre no asistió a la sesión del Senado en que se votó la Constitución, ni su firma aparece en el ejemplar original de la Constitución, que se custodia en el Congreso y en el que aparecen las firmas del Rey, del Gobierno y de todos los Diputados y Senadores, pero no la firma de mi padre.

Después de ello explicó al Rey Juan Carlos las razones de no votar a favor de la Constitución, elaborada desde el “consenso” entre la UCD de Suárez y el PSOE de Felipe González, con formulaciones que le preocupaban enormemente.

El Rey premió su trabajo, lealtad y dedicación, con el Ducado de Fernandez-Miranda y con la concesión del Toisón de Oro, máximo galardón dinástico a los servidores de la Corona.

Y no olvidemos que, tal y como aparece en la fotografía de la firma de su abdicación en su despacho de la Zarzuela, entre las fotografías colocadas en su biblioteca aparece la fotografía de Torcuato, el único personaje no miembro de la familia Real que aparece entra las fotos de la familia, en dicha biblioteca.

Y les aseguro que no existió conflicto o desencuentro entre mi padre, Torcuato, y el Rey Juan Carlos I, y ello lo apoyo en una reciente anécdota.

Un buen amigo me comentó hace algunos meses, que en un almuerzo que compartió con don Juan Carlos el Rey manifestó expresamente:

“Torcuato Fernandez-Miranda ha sido la persona más leal y fiel a la Corona y a mí mismo, de las muchas que he conocido a lo largo de mi vida.”

CONCLUSIÓN Julio Merino hace un artículo en el que se inventa la amistad con mi padre y manipula su figura, y quien sabe si no lo hace con la intención de hacer una crítica más a Don Juan Carlos I en otra manifestación de hacer leña del árbol caído.


domingo, 2 de agosto de 2020

GENERALES NEGROS DEL EJÉRCITO ESPAÑOL EN AMÉRICA. LA AMÉRICA NO ESCLAVISTA ESPAÑOLA


Retrato del General Puello por Ferrer Dalmau


Estados Unidos vive la tormenta perfecta de su «Black lives matter», que se ha extendido hacia la “Hispanofobia” con el derribo de esculturas que representan a personajes de nuestra historia que contribuyeron a forjar la Nación norteamericana.

Sin embargo, las revueltas populares nada tienen que ver con la discriminación racial en EEUU.

Cierto que pudieron comenzar como consecuencia de la muerte de George Floyd, un ciudadano negro, en una actuación abusiva de un policía blanco, ya apartado del Cuerpo Policial y a la espera de juicio por su acción, pero pronto degeneraron en una protesta financiada por los lideres antisistema mundiales, especialmente Soros, convirtiéndose en un movimiento revolucionario de corte anarquista antisistema, que más tarde o más temprano acabará siendo reprimido por las autoridades, ya estatales, ya federales.

Y todo ese movimiento, en cuanto a su manifestación “hispanofóbica” demuestra una incultura absoluta hacia lo que España y los Españoles representaron para América.

Así, se acusa de esclavista a Colón y a los Reyes Católicos, cuando todos los indígenas traídos por Colón a la Península, fueron devueltos a sus tierras por orden Real.

De igual modo, ya en 1504, tan solo 12 años después del descubrimiento de América, la Reina Católica dio instrucciones para que:

«No consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien».

La “Real Cedula de 1514” de Fernando el Católico, vino a avanzar en la colonización no esclavista de América, al autorizar los matrimonios mixtos, y reconocía de forma legal una realidad que se convertiría en una de las principales características de la experiencia colonial española, y cuyas consecuencias afectarían el entramado social de Sudamérica hasta nuestros días: el mestizaje, debiendo advertirse como mientras en EEUU y Canadá el porcentaje de población indígena o mestiza es del 3 o 4 %, mientras que en los países de habla hispana de sudamerica ese porcentaje es superior al 85%.

Por otra parte, en EEUU no se autorizaron los matrimonios mixtos entre blancos, indios o negros hasta los años 60 del s.XX.

Incluso se ha vandalizado una escultura de Cervantes, desconociendo que él mismo fue esclavo de los berberiscos en Argel durante cinco años, hasta su liberación por los padres trinitarios.

En cualquier caso, la esclavitud en España, que fue una práctica habitual en los diferentes reinos de la península ibérica durante la Edad Media, se abolió pronto en las posesiones españolas en América. 

La esclavitud indígena fue abolida con las Leyes de Burgos en 1512, tan sólo 20 años después del descubrimiento. 

En 1873 se abolió todo tipo de esclavitud, aunque de facto no había esclavos en la península ibérica desde 1766, cuando fueron expropiados por el Estado y vendidos a Marruecos o liberados.

Sólo Cuba y Puerto Rico quedaron expresamente exentas de cumplir la norma, pues amenazaron que si se abolía la esclavitud se unirían a los Estados Unidos.

La exención relativa a Puerto Rico fue derogada por la I República en 1873, y la de Cuba en 1886, si bien desde 1880 ya no se permitía la tenencia de nuevos esclavos

En cualquier caso, de entre las potencias colonizadoras, España fue posiblemente la menos esclavista como consecuencia de la firma del Tratado de Tordesillas en 1494, que impedía el transporte de esclavos desde África, entre otros límites al comercio.

Tratados posteriores, como por ejemplo el firmado en 1713 con Inglaterra cedían la totalidad del comercio de esclavos de raza negra a otras potencias.

Como consecuencia directa de esta política, en las regiones conquistadas por España apenas existieron negros.

Además, los esclavos tenían derechos impensables en otras latitudes, como el descanso dominical, establecer pequeños negocios de subsistencia y comprar su libertad. Y aunque hoy pueda pensarse lo contrario, tanto los indígenas americanos como los afrodescendientes fueron firmes pilares de la monarquía hispánica frente al independentismo americano. Se sentían protegidos por el Rey frente a las arbitrariedades de los criollos, oligarcas de origen español, como Simón Bolivar, perteneciente a una rica familia propietaria de minas de cobre.

    Pero aquí no se acaba la historia colonial no esclavista americana de España, pues el primer General Negro con mando sobre soldados blancos, del que tenemos noticias en el mundo entero, lo fue Eusebio Puello y lo fue en 1861, un siglo antes de que EE.UU. tuviera alguno, cuando Benjamin Davis llegó a general en 1960.


Eusebio Puello y Castro nació en 1811 en Santo Domingo, el antiguo territorio hispano que ocupaba la mitad occidental de la isla de La Española. Ingresó en filas en 1824 y siempre demostró un gran valor y una extraordinaria capacidad de liderazgo, lo que le proporcionó una meteórica carrera durante las guerras de la República Dominicana contra sus vecinos de la República de Haití.

En 1859 y ante las continuas invasiones haitianas, Santo Domingo solicitó la anexión a España para protegerse de sus violentos enemigos. 

Puello sería admitido entre las tropas españolas en 1861 con el grado de mariscal de campo (general de división). Pronto tuvo que hacer frente a la sublevación de sus compatriotas opuestos a la anexión, que abrió desde 1863 un período de casi tres años de guerra, en la que participaría del lado de España en innumerables combates.

España decidió abandonar su presencia en Santo Domingo en 1865. Los numerosos dominicanos que, como Puello, habían apostado por España se vieron en la necesidad de emigrar a Cuba o Puerto Rico. Como otros muchos afrodescendientes libres convivieron con los rescoldos de una esclavitud que, debido a los intereses de los oligarcas y hacendados antillanos, no sería abolida definitivamente hasta 1888.

Puello había sido condecorado con la Gran Cruz de la Orden de Carlos III por su actuación en Santo Domingo. Al estallar la sublevación independentista cubana en 1868, empuñó nuevamente las armas, ahora para defender la integridad nacional de su país de adopción. Mientras otros compañeros dominicanos emigrados eligieron unirse a los rebeldes cubanos, Puello participó en numerosas operaciones militares -siempre al mando de tropas españolas de raza blanca- contra los mambises, como eran llamados los insurrectos.

A mediados de 1869 fue nombrado comandante general del Departamento Central o de Camagüey, con sede en Puerto Príncipe. Allí fortificó la ciudad, reparó las líneas de ferrocarril y animó a los habitantes, muy afectados por el hambre y las enfermedades tropicales.

El 30 de diciembre de 1869, al mando de una columna compuesta por unos 1.200 hombres (Batallones de Chiclana, La Unión, Reina y Voluntarios de Madrid; Infantería de Marina, Caballería, Ingenieros y 4 piezas de artillería) atacó y ocupó el pueblo de Guáimaro, que las fuerzas insurrectas habían establecido como su capital.

El 1 de enero de 1870 se enfrentó en Las minas de Juan Rodríguez (en el camino de Guáimaro a Palo Quemado) a las tropas rebeldes dirigidas por el aventurero norteamericano Thomas Jordan (un antiguo general del ejército confederado) y el líder independentista Ignacio Agromonte. En esta acción, sus tropas sufrieron 223 bajas y Puello resultó herido en el asalto a pecho descubierto contra un enemigo fuertemente atrincherado y emboscado, que le esperaba con el grueso del ejército rebelde. Su arenga a sus soldados bisoños fue:

 «¡Soldados! ¡Yo que soy negro, me ofrezco como blanco a los enemigos de España! ¡Adelante!»

Cuatro meses más tarde y tras recibir críticas por deficiencias en la administración y organización de sus tropas, Puello sería relevado del mando de Camagüey y, aunque estaba dispuesto a seguir cumpliendo con su deber hacia España, no volvería a dársele ningún mando en campaña.

A las secuelas de sus muchas fatigas y heridas de guerra se unió el pesar de sentirse apartado y olvidado. Pocos meses después, un 15 de diciembre de 1871, el valiente, honrado y leal general fallecía en la ciudad de La Habana, rodeado de sus diez hijos, fruto de su unión con cinco esposas diferentes.

Sin embargo, puede que Puello no sea el primer negro con rango de General en el ejército español, pues hay un personaje llamado Georges Biassou que ostentó dicho rango, aunque no al mando de tropas regulares sino de los “auxiliares negros”.


George Biassou nació en 1741 en Haití hijo de esclavos traídos de África para trabajar en la isla, y murió en 1801, en San Agustín (Florida) fue un prócer de la independencia haitiana y el primer líder de los esclavos rebeldes de Haití.

El mismo Biassou fue esclavo de Los Padres de la Caridad, ​ trabajando en plantaciones de azúcar.

En 1791, miles de esclavos se levantaron y se enfrentaron contra sus dueños blancos.

Biassou, que tenía en aquel momento cincuenta años, se unió a ellos y pasó a asumir rápidamente la jefatura rebelde con Jean Francois.

Biassou envío a 40.000 esclavos, para que quemaran las plantaciones y asesinaran a los blancos.

En cuatro años de guerra, Biassou desarrolló una importante reputación que provocó el desarrollo de leyendas sobre su persona.

Dado que la isla de la Española, estaba dividida entre España y Francia los esclavos decidieron luchar contra los franceses uniéndose al bando español.

Allí, el gobernador español reclutó a los esclavos rebeldes, ofreciendo a los líderes de la revolución haitiana libertad para ellos y sus familias y posiciones en el ejército de Santo Domingo en la guerra contra Francia.

El gobernador les dio armas, suministros, ropa,​ salarios y la nacionalidad española.

Jean - Francois Papillón, Jorge Biassou, y su ayudante Toussaint L'Ouverture recibieron medallas de oro y cartas de agradecimiento y confianza por parte del gobierno español.

Biassou fue reconocido como "Caudillo de los Auxiliares Negros de Carlos IV" en Santo Domingo​ y "Virrey de los territorios conquistados".

Aunque el gobernador les estaba agradecido por sus hazañas en la guerra contra Francia, cuando esta terminó, los auxiliares negros fueron disueltos y enviados fuera de la Española, y con tanta rapidez que Biassou no tuvo tiempo de vender su propiedad o encontrar a su madre.

A Biassou y varios de sus seguidores se les ordenó marchar a San Agustín (Florida).

Biassou se trasladó a Florida con su familia y sus seguidores en 1795 y, allí, se instaló como un ciudadano libre español.

 El gobernador español de Florida le nombró General de la milicia negra.

Jorge Biassou sirvió en el ejército militar de San Agustín durante cinco años. Murió en 1801 a la edad de sesenta años, como hombre libre y ciudadano español.

Tras su muerte, surgió un importante y expontáneo reconocimiento de la posición del General Biassou como un oficial condecorado de España, incluso reemplazando las distinciones raciales. Se le honró con una misa y el Gobernador acompañó el cortejo fúnebre al cementerio de la iglesia con tambores y una guardia negra de honor.

Jorge Biassou está enterrado en el cementerio de Tolomato, aunque la ubicación exacta de su tumba se desconoce.

Como conclusión de esta reflexión, podríamos resumir diciendo que la esclavitud y el genocidio de indígenas, no llegaron a América en la Pinta, la Niña y la Santa María en 1492, sino con el Mayflower en 1620.

Y concluimos esta reflexión con la “Marcha de Infantes” que es la marcha de honor a los Generales, según las vigentes ordenanzas militares.