viernes, 9 de marzo de 2012

LAS MIMOSAS


Ya casi alcanzamos la primavera y están florecidas las mimosas, con su amarillo intenso y ese olor dulzón y penetrante que recuerda al de la miel.

Siempre que llegamos a esta época y la mimosa de mi jardín se despereza, recuerdo un bello artículo publicado hace algunos años por Mónica Fernández-Aceytuno en ABC, bajo este mismo título: LAS MIMOSAS

Eran tres hombres, tres hombres morenos y corpulentos. Tan altos que se agacharon para entrar al estudio pequeño y azul donde iban a ser entrevistados. Se sentaron los tres muy juntos, como para volver a conformar su país dividido por una guerra civil. Con un español golpeado de acentos yugoslavos, contaron el horror de su guerra con esa contención en los ojos que da el dolor cuando media la distancia. Nos describieron la violencia con la que mataron a sus familiares, cómo fueron perdiendo todo. A la orilla del Adriático, tenían restaurantes en una zona turística, al parecer muy hermosa.
Yo estaba en aquel estudio de casualidad, pero les pregunté qué árboles había junto a su casa, y me respondieron: «Mimosas, mimosas por todas partes».
Entonces, les dije, ahora tienen que estar florecidas... Y aquellos hombres se echaron a llorar con tal desgarro que se dio por terminada la entrevista.
Por aquí se ha despertado estos días no el aroma de las flores sino un hedor inquisitorial que huele a humedad y a carcoma de madera de patíbulo, en cuanto se han pronunciado dos palabras: justicia histórica. Es una pena que el abuelo de nuestro presidente no viva, porque, conocedor como fue de los desgarros de la guerra, le diría a su nieto, agarrándole fuertemente de la mano, «déjalo, no hace falta, no hace falta».
Porque la vida, y esto deberían de habérselo enseñado, señor Presidente, es irreversible. Han empezado a florecer las mimosas y ni siquiera son las mismas flores del año pasado, ni las del año anterior, ni las del otro: son otras flores del mismo árbol.

Pero los hombres nos empeñamos en no darnos cuenta de la realidad que manejamos; ya lo decía de La Rochefocauld:

“No hay hombre tan hábil como para conocer el mal que hace”

Y mientras las mimosas florecen, los Progresistas Dogmáticos Intolerantes (PDIs) que se han adueñado del PSOE, de IU y de los Sindicatos —volviendo a sus viejos tics revolucionarios y callejeros— han convocado Huelga General para el próximo día 29 de marzo.

Y ¿cuál es elmotivo de la Huelga?: ¿Los cinco millones de parados? NO; ¿Las medidas de reducción del déficit? NO; ¿La reforma laboral? NO; ¿La pérdida de la iniciativa política por parte de la izquierda? TAL VEZ; ¿Un intento de deslegitimación del reciente resultado de las Urnas? NOS VAMOS ACERCANDO.

Desgraciadamente “Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetir sus tragedias” (Cicerón – Ruyz de Avellaneda- o quien quiera que haya sido el autor de la frase) y por lo tanto debemos recordar la última vez que, en nuestra Historia, la izquierda montaraz y antidemocrática se echó a la calle para tratar de deslegitimar la victoria de la derecha.

El ejemplo más característico de ello fue Largo Caballero, presidente de la UGT desde 1918 a 1938 y del PSOE desde 1927 hasta 1935, al tiempo que Ministro en varios Gobiernos de la República y Presidente del Gabinete durante 1937 y 1937.

En el año 1934, tras largos y concienzudos preparativos, Largo Caballero lideró en la sombra el golpe de Estado contra la legalidad de la República. A tal efecto y desde el 3 de febrero de 1934 presidió el Comité Nacional Revolucionario. Motivo por el que fue condenado a 30 años de cárcel por rebelión militar, condena que nunca cumplió.

Por todo ello, Largo es considerado como uno de los máximos responsables de la revolución de Asturias de octubre de 1934. El balance del tristemente famoso golpe de Estado socialista fue casi de 1.400 muertos en 26 provincias.

Fervoroso defensor del marxismo y la dictadura del proletario, el golpe de Estado de Largo Caballero y el PSOE, es considerado por muchos historiadores como el inicio de la Guerra Civil de 1936-1939.

El 3 de diciembre de 1933, las elecciones fueron ganadas por las derechas, siendo la consecuencia inmediata la nueva distribución de los escaños del Congreso, ya que ahora los partidos de la derecha ocupaban 217, de los cuales 115 pertenecían a la CEDA y 96 a los de izquierdas. Por primera vez habían participado las mujeres, mientras que los anarquistas se abstuvieron.

Ese mismo día Largo Caballero instaba a la Directiva del Partido a concretar “un movimiento revolucionario a fin de impedir un régimen fascista”.

Así pues, el alzamiento de 1934 no fue una consecuencia, como a veces se ha intentado hacer creer, del abuso de la derecha en el Gobierno durante su mandato, ya que éste aún no había tomado posesión y el golpe ya se estaba preparando.

Largo Caballero difícilmente podía ser más explícito sobre las intenciones del PSOE de cara a las elecciones de 1936.

En el curso de una convocatoria electoral que tuvo lugar en Alicante, el político socialista
afirmaba:

“Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos” (El Liberal, de Bilbao, 20 de enero de 1936).

Tras el anuncio de la voluntad socialista de ir a una guerra civil si perdía las elecciones, el 20 de enero, Largo Caballero decía en un mitin celebrado en Linares:

“... la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”.

El 10 de febrero de 1936, en el Cinema Europa, Largo Caballero volvía a insistir en sus tesis:

“... la transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas... estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia”.

Para afirmar finalmente:

“Yo declaro... que, antes de la República, nuestra obligación es traer al socialismo... Hablo de socialismo marxista... socialismo revolucionario... somos socialistas pero socialistas marxistas
revolucionarios... ¿Procedimiento? ¡¡El que podamos emplear!!...”

Y así fue.

Tras las elecciones de 1936, según datos aportados por Cesar Vidal en un artículo publicado en la Bitácora “Rabos de Pasa”, en las elecciones los resultados fueron los siguientes:

9.716.705 votos emitidos
4.430.322 fueron para el Frente popular
4.511.031 para las derechas
682.825 para el centro
91.641 emitidos en blanco o resultaron destinados a candidatos sin significación política.

Sobre estas cifras resulta obvio que la mayoría de la población española se alineaba en contra del Frente popular.

Sin embrago, y según relato del que fuera presidente de la República, Alcalá Zamora, al diario Journal de Geneve, publicadas en 1937:

“A pesar de los refuerzos sindicalistas, el "Frente Popular" obtenía solamente un poco más, muy poco, de 200 actas, en un Parlamento de 473 diputados. Resultó la minoría más importante pero la mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo, logró conquistarla consumiendo dos etapas a toda velocidad, violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia.
Primera etapa: Desde el 17 de febrero, incluso desde la noche del 16, el "Frente Popular", sin esperar el fin del recuento del escrutinio y la proclamación de los resultados, lo que debería haber tenido lugar ante las Juntas Provinciales del Censo en el jueves 20, desencadenó en la calle la ofensiva del desorden, reclamó el Poder por medio de la violencia.
Crisis: algunos Gobernadores Civiles dimitieron. A instigación de dirigentes irresponsables, la muchedumbre se apoderó de los documentos electorales: en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificados.
Segunda etapa: Conquistada la mayoría de este modo, fue fácilmente hacerla aplastante. Reforzada con una extraña alianza con los reaccionarios vascos, el "Frente Popular" eligió la Comisión de validez de las actas parlamentarias, la que procedió de una manera arbitraria.
Se anularon todas las actas de ciertas provincias donde la oposición resultó victoriosa; se proclamaron diputados a candidatos amigos vencidos. Se expulsaron de las Cortes a varios diputados de las minorías. No se trataba solamente de una ciega pasión sectaria; hacer en la Cámara una convención, aplastar a la oposición y darle mayoría absoluta al Frente Popular.”

En consecuencia no podemos sino denunciar la responsabilidad de los líderes del Socialismo español, de los años 30, en el desencadenamiento de la Guerra Civil, de la que, con toda desfachatez, culpan a la derecha.

Pero lo más grave es que los dirigentes de la Izquierda patria contemporánea, los PDIs (progresistas dogmáticos intolerantes), están acercándose peligrosamente a los antecedentes de los años 30, de talante veladamente guerracivilista-frentepopulista, con su postura de fomentar la movilización callejera contra las decisiones democráticamente adoptadas por un Gobierno que, hace pocos meses, ha conquistado su posición con mayoría absoluta en el Parlamento.

Como decía hace unas horas un twitero, en Grecia se han realizado 15 Huelgas Generales, todo un éxito: El resultado ha sido su Quiebra. Fitch Ratings ha bajado la nota de Grecia, de "C" a "default parcial" (quiebra restingida).

Esperemos no acabar llorando todos recordando el florecer de las mimosas.

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