miércoles, 27 de marzo de 2013

ASTURIAS Y SUIZA



Se dice coloquialmente que Asturias es la Suiza española, por sus verdes valles, por sus montañas nevadas y por su grandioso y sobrecojedor paisaje, pero hay más relación que la puramente física entre el Reino del Norte de España y el pais centoeuropeo de los Cantones.

 El dialecto castellano que se habla por tierras del Reino, hoy Principado de Asturias, y que en su conjunto, con sus peculiaridades domésticas o localistas, se conoce genéricamente como “bable”, tiene sus raíces hundidas en el pasado más remoto de nuestra historia.

Según los investigadores, las primeras aproximaciones a lo que, siglos después, sería esta forma peculiar del habla de los asturianos, se encuentra en algunos documentos medievales, en los que ya se establecen diferencias entre los escritos en latín culto propio de los monasterios y en latín vulgar, con notables influencias autóctonas, celtíberas y visigodas, que sería el origen de las lenguas “romance” y muy concretamente del Castellano.

Una peculiaridad asturiana citada por los investigadores es la distinción entre domus, término latino, y el término casa, de origen visigodo, y que ya en documentos de los siglos X y XI se utilizan con pleno sentido para designar, respectivamente, la vivienda principal, centro de una unidad de propiedad y explotación (domus-latin), y las simples dependencias y viviendas de los siervos de estos primitivos señoríos territoriales (casas-visigodo).

La distinción se aprecia ya en un documento de 1024, en el que la infanta Cristina entrega la villa de Cornellana « cum domibus, edificiis, cassas… », y se hace más evidente en 1054, cuando el presbítero Martino dona al monasterio San Vicente la villa de Rozas, « hec domus cum omnia edificia sua, kasas, orreis, abutezis cum suas cupas, torcularia et omnia undensilia domorum ».

Este documento es también interesante por contener una de las primeras, sino la primera, referencia escrita a los hórreos (orreis).



En fin, ya desde el siglo X aparecen en la documentación asturiana otras expresiones que han caracterizado históricamente el hábitat y las unidades de explotación de la tierra en la región, aunque habrá que esperar a documentos del siglo XII para que aparezcan los caseros, arrendadores de una explotación agraria, y la propia célula de explotación pase a ser identificada como “casería” o “quintana”.

Existen, por lo demás, otras circunstancias interesantes para seguirle la pista a las influencias celtas/visigodas de la lengua asturiana.

Así, las similitudes toponímicas existentes entre Asturias y la zona de los Alpes suizos, en donde encontramos asentada a la tribu de los “ESTURES” entre los ríos Tinee y Tanaro, que nos hace recordar el propio nombre dado a los “ASTURES” prerromanos y a los toponímicos asturianos Tineo y Tarna. Lo que no es de extrañar si tenemos en cuenta que según los historiadores los “astures” proceden de la zona geográfica centroeuropea de “Estiria”.



Otras similitudes toponímicas entre ambas zonas son las siguientes:

Lozana-Lausanne; Libardón-Yverdon; Sevares-Siviriez; Arnicio-Arnés; Pendás-Penthaz; Zardón-Chardonne; Bobia-Vevey; Ercina-Orzens; Melendreras-Mollendruz; Bulnes-Baulmes; San Román-Saint Romont; Cabranes-Chavornay.

Por no citar la antigua ciudad astur de Noega (en la Campa de Torres, próximo a Gijón) que nos recuerda a la Noecium belga.

Pese a nuestras peculiaridades lingüísticas y culturales, los asturianos nunca hemos tenido otras veleidades nacionalistas más que las españolas, pues no en balde uno de nuestros dichos preferidos es que “Asturias es España y lo demás terreno conquistado a los moros”.

Posiblemente ello encuentre su explicación en el hecho de que la reconquista se inició en Asturias desde una concepción visigótica de “España”, a la que se refiere San Isidoro en su “Cronicae Visigotorum”

“De todas las tierras, cuantas hay desde Occidente hasta la India, tú eres la más hermosa, oh sacra España, madre siempre feliz de príncipes y de pueblos.; no envidias los sotos y los pastos de Etruria, ni los bosques de Arcadia... Rica también en hijos, produces los príncipes imperantes, a la vez que la púrpura y las piedras preciosas para adornarlos. Con razón te codició Roma, cabeza de las gentes, y aunque te desposó la vencedora fortaleza Romúlea, después el florentísimo pueblo godo, tras victoriosas peregrinaciones por otras partes del orbe, a ti amó, a ti raptó, y te goza ahora con segura felicidad, entre la pompa regia y el fausto del Imperio"

Todas estas palabras de San Isidoro, escritas hacia el año 630, suponen el primer texto de un protonacionalismo ideológico en el seno de la cultura occidental.

El nuevo ideal nacional, que reflejan los textos del Santo visigodo sevillano, se concreta en un territorio, la Península Hispánica y en un pueblo, los Godos, hasta identificar en su conjunción una Patria diferenciada de todos, España.



 
Y son precisamente aquellos hispano-godos los que más tarde, refugiados en territorio cántabro-astur ante el avance musulmán, mantendrán la conciencia de una «Hispania por restaurar», conciencia de la que carecerían por completo los pueblos autóctonos de aquellos valles norteños, antaño enfrentados tanto al poder unificador romano como al poder central visigodo toledano.

Y sobre la base de esa conciencia cristalizará la creación de un poder político nuevo, el reino astur-leonés, guiado por el claro objetivo de la recuperación de las tierras de Hispania sometidas a los invasores islámicos.

Sobre esos mimbres difícilmente pueden construirse teorías nacionalistas artificiales antiespañolas.


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