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domingo, 15 de agosto de 2010

IZQUIERDA ESPAÑOLA E ISLAM

La crisis económica, que lo llena todo, nos está cubriendo como un velo tupido e intencionadamente tendido sobre la sociedad, como un inmenso “burka”, que nos oculta la realidad, moralmente descompuesta, languideciente, sociológica y éticamente, así como los múltiples problemas que se digieren sin una conciencia clara de lo que estamos tragando. Hoy debo confesaros, en esta reflexión heteróclita, que los propalestinos no dejan de sorprenderme. ¿A cuento de que viene eso de la “flotilla de la libertad” como denominación para un conjunto de barcos que tratan de penetrar, ilegalmente, en la franja de Gaza sin control alguno sobre la carga de los mismos? ¿Cree alguien por muy antisistema y propalestino que sea que un Estado como Israel, en permanente lucha por su supervivencia, iba a permitir la entrada incontrolada de una flotilla de barcos propagandísticamente fletados por hamás sin control alguno? La izquierda, despistada desde la caída del imperio Comunista Soviético no gana para despropósitos y se olvida que serían incapaces de sobrevivir, en su esencia, en cualquier país musulmán. Muchos de los líderes de este pro palestinismo, “Cerolo” y compañía por ejemplo, serían lapidados, ahorcados o decapitados, según el país islámico en que se encontrasen, por practicar lo que el Islám considera una conducta sexual desordenada y físicamente punible como es la homosexualidad, pero además lo sería también la apostasía y la libertad de pensamiento, ¿o es que en alguno de estos países tan democráticamente propalestinos como Iran, por ejemplo, creen que podrían manifestar su “pensamiento libre” sin ser brutalmente perseguidos?. Es lamentable que ciudadanos españoles, aunque sean unos descerebrados minoritarios y extremistas, caigan en ese juego antiisraelí. ¿Acaso los “propalestinos” no se declaran “libertarios y pacifistas”? Pues no son ni lo uno ni lo otro; al menos si consideramos que están de acuerdo con los líderes palestinos a los que defienden y que, por lo general, suelen decir estas lindezas que os transcribo. Munir Maqdah, responsable en Líbano del partido mayoritario palestino Fatah, tras promover la entrada por la fuerza de los movimientos “propalestinos” en Israel, violentando sus fronteras, acaba de declarar que "La causa palestina necesita muchos más esfuerzos y más sangre" Eso implica que “nuestros propalestinos” lo que nos proponen es que defendamos la causa palestina y a sus líderes, ergo… “más esfuerzos y más sangre”. Tampoco le viene a la zaga el Presidente Iraní Mahmud Ahmadineyad, quien ha arengado a sus masas diciéndoles: "Miles de flotillas similares en todo el mundo navegarán con luchadores por la libertad para acabar con el régimen sionista y traer la paz y la libertad a toda la humanidad" Finalmente Alí Shirazí, asesor del ayatolá supremo Alí Jameneí. Manifestó hace unos días que "Si el líder supremo lo ordena, la fuerza naval de la Guardia Revolucionaria hará lo que esté en su mano para garantizar la seguridad de los barcos. Es deber de Irán defender al inocente pueblo de Palestina. La fuerza naval de la Guardia Revolucionaria está totalmente preparada para utilizar su capacidad en la escolta de las flotillas libertarias y pacíficas que se dirijan a Gaza.” Vayamos por partes: La “flotilla de la Libertad” se ha publicitado como defensora de los derechos humanos de los palestinos, presuntamente pisoteados por Israel. Sin embargo ninguno de estos tan libertarios propalestinos que atacan, hasta físicamente, a unos empresarios israelíes que iban a dar una conferencia sobre energías renovables en la Universidad Autónoma de Madrid, quiere enterarse de que el concepto de “derechos Humanos” en los países musulmanes difiere mucho de su concepción occidental.
En el año 1990 la 19ª Conferencia Islámica, formada por 45 países musulmanes, promulgó la “Declaración de Derechos Humanos en el Islam”, como respuesta a la declaración de Derechos Humanos de la ONU de 1948. En esta “Declaración de Derechos Humanos en el Islam”, se establecen principios que son esclarecedores en relación con la filosofía de fondo que subyace en el Islam y en su relación con el resto del mundo. Así, en primer lugar, su artículo 10º nos dice: “El Islam es la religión indiscutible” Y como corolario de ello el artículo 22 de la misma declaración añade: “a) Todo ser humano tiene derecho a la libertad de expresión, siempre y cuando no contradiga los principios de la Sharía. b) Todo ser humano tiene derecho a prescribir el bien, y a imponer lo correcto y prohibir lo censurable, tal y como dispone la Sharía Islámica. c) La información es una necesidad vital de la sociedad. Se prohíbe hacer un uso tendencioso de ella o manipularla, o que ésta se oponga a los valores sagrados [del Islam] o a la dignidad de los Profetas. Tampoco podrá practicarse nada cuyo objeto sea la trasgresión de los valores, la disolución de las costumbres, la corrupción, el mal o la convulsión de la fe. Recordemos que la Sharía es la ley islámica, contenida en el Corán y en la tradición de los “hazid” —hechos o dichos del Profeta ratificados en su autenticidad por los Ulemas— y que en palabras de Jomeini: «El gobierno islámico está sometido a la ley del Islam, que no emana ni del pueblo ni de sus representantes, sino directamente de Dios y su voluntad divina. La ley coránica, que no es otra que la ley divina, constituye la entidad de todo gobierno islámico y reina enteramente sobre todas las personas que están bajo ella.» La consecuencia fundamental de esos preceptos es que la libertad de expresión queda sometida a la Ley Coránica. Y puesto que “El Islam es la religión indiscutible”, cualquier defensa de otra fe, o de cualquier idea ajena a las enseñanzas de “El Profeta”, no puede quedar amparada por el derecho a la libertad de expresión. Por otra parte, profundizando en la misma idea, el apartado c del artículo 22 de esta declaración prohíbe expresamente que la información pueda oponerse a los valores sagrados [del Islam] o a la dignidad de los Profetas. Según Pedro Buendía en su comentario a la declaración de Derechos Humanos en el Islam, publicada en la página Web del Grupo de Estudios Estratégicos, (www.gees.org): “La parte más grave de la Declaración es aquella que afirma "Todo ser humano tiene derecho a prescribir el bien, y a imponer lo correcto y prohibir lo censurable". Bajo esta filantrópica expresión alcoránica (al-amr bi-lma'ruf wa-n-nahi 'ani-l-munkar, 3:104), la Declaración oculta un concepto islámico de la moral pública que, en el plano práctico, equivaldría a autorizar a todo el mundo a fiscalizar la vida de su vecino y, en última instancia, a emprender particularmente la acción política represiva. "Imponer lo correcto y prohibir lo censurable" es, en efecto, una parte esencial del programa político del yihadismo internacional, y desde luego es una conducta que han aplicado los regímenes musulmanes más represivos, como el sudanés, el talibán, el iraní o el de Arabia Saudí, donde incluso hay departamentos de policía moral con ese nombre "Al-amr bi-l-ma'ruf wa-n-nahi 'ani-l-munkar". Pues bien, si consideramos estos principios, que aparecen en el mundo islámico como esencia de la filosofía que debe presidir la vida de todo “buen musulmán” y su relación con los no creyentes, difícilmente podrá nunca llegar a concretarse un entendimiento razonable entre Occidente y el Islam. Pero es que, además, y aunque la cita del “Libro” me ponga en el punto de mira de los integristas, lo que no me va a arredrar para ejercer mis derechos de occidental a la libertad de pensamiento y de expresión, es el propio Corán el que insta a la violencia contra los cristianos y lo hace, esencialmente en varios versículos de la Sura “Al taueba” (El arrepentimiento), o Sura 9ª, entre los que podemos citar los siguientes: “9,5 Cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociadores dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes!” “9,38 ¡Creyentes! ¿Qué os pasa? ¿Por qué, cuando se os dice: «¡Id a la guerra por la causa de Alá!» permanecéis clavados en tierra? ¿Preferís la vida de acá a la otra? Y ¿qué es el breve disfrute de la vidad de acá comparado con la otra, sino bien poco...?” “9,39. Si no vais a la guerra, os infligirá un doloroso castigo. Hará que otro pueblo os sustituya, sin que podáis causarle ningún daño. Alá es omnipotente.” “9,41. ¡Id a la guerra, tanto si os es fácil como si os es difícil! ¡Luchad por Alá con vuestra hacienda y vuestras personas! Es mejor para vosotros. Si supierais...” No faltan estudiosos, incluso sabios ulemas, que interpretan el concepto coránico de “yihad” no como “guerra” sino como “lucha espiritual” que se impone al musulmán frente a la mentira y la descreencia, lucha que ha de estar encaminada a lograr el bien y la sintonía con las enseñanzas de Alá, conocidas por boca del Profeta. Por desgracia estas posiciones moderadas no ocupan el sentir de la mayoría en el mundo Islámico, en el que las posiciones fundamentalistas siguen ganando adeptos desde Marruecos hasta Filipinas, en todo el Orbe Musulmán. Por otra parte, mucho se ha hablado de la cercanía del Islam a las otras religiones del “Libro”, Judaísmo y Cristianismo y la deslegitimación de la “yihad” emprendida contra Occidente, ya que aquella solo sería legítima frente a politeístas y animistas, pero nunca contra los miembros de las religiones monoteístas. A tal efecto se cita el versículo 62 de la “Sura Al Bacara”, del Corán, que dice: “Los creyentes, los judíos, los cristianos, los sabeos, quienes creen en Alá y en el último Día y obran bien. ésos tienen su recompensa junto a su Señor. No tienen que temer y no estarán tristes.” Sin embargo, la opinión más extendida entre los fundamentalistas, por desgracia mayoritarios, es que el Corán ha de interpretarse en el sentido de que los “asociadores”, a los que reiteradamente se refiere, son todos los politeistas, y que los cristianos, en cuanto que defienden el Dogma de la Santísima Trinidad, declaran la divinidad de Jesús y elevan a sus santos a los altares, han de ser considerados politeistas y por tanto “asociadores”, ya que tales creencias son contrarias al principio esencial del Corán de que “Dios es Uno”. En tal sentido se citan varios versículos de la ya citada Sura “Al taueba” (El arrepentimiento), concretamente: “9,30. Los cristianos dicen: «El Ungido —Jesús— es el hijo de Alá». Eso es lo que dicen de palabra. Remedan lo que ya antes habían dicho los infieles. ¡Que Alá les maldiga! ¡Cómo pueden ser tan desviados!” “9,31. Han tomado a sus doctores y a sus monjes, así como al Ungido, hijo de María, como señores, en lugar de tomar a Alá cuando las órdenes que habían recibido no eran sino de servir a un Dios Uno. ¡No hay más dios que Él! ¡Gloria a Él! ¡Está por encima de lo que Le asocian!.” versículos que se argumentan como demostración de la “desviación” en que han caído los cristianos en la interpretación, errónea según Mahoma, del papel y la realidad de Jesús —tan solo un profeta más— que en modo alguno puede considerarse hijo de Dios ni ponerse en pié de igualdad con “El Profeta”. Desviación que todo buen musulmán debe combatir conforme a las enseñanzas coránicas transcritas. Y, ¿a dónde nos lleva esta perspectiva islámica del mundo? Pues a la conclusión de que no solo no cabe Alianza alguna entre ambos mundos, sino que el Islam, al menos el mayoritario Islam fundamentalista, no está dispuesto a renunciar a su guerra contra Occidente, contra su “inmoralidad”, su “herejía” y su “corrupción”. Y en ello no cejarán, pese a que zapatero reciba al líder de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbás, en Moncloa condenando el ataque israelí a la “flotilla de la Libertad”, prometiéndole plena colaboración para el desbloqueo de Gaza y la creación de una “Comisión Interministerial” Hispano-palestina, no sé muy bien con que finalidad Y mientras tanto Occidente, debilitado en su esencia, en sus creencias, en sus principios, acobardado desde sus posiciones extremistamente “pacifistas”, adormecido en el reconocimiento de su propia identidad, se empeña en el dialogo, la alianza, el pacto, con quienes no lo desean en absoluto, presa de un nuevo impulso del concepto de “appeasement” . En esta línea se incardinan las recientes manifestaciones propalestinas y antisionistas. No quiero concluir estas líneas sin una referencia al problema de la inmigración musulmana que ha crecido exponencialmente en Europa durante las últimas décadas. La inmigración es un fenómeno complejo, que por si solo requeriría un análisis detenido y profundo; pero en lo que ahora nos concierne no dejo de pensar en las corrientes ideológicas robustecidas últimamente en Europa, en ocasiones peligrosamente cercanas a los postulados del Fascismo, que nos previenen de la instrumentalización “islamista” de la inmigración musulmana a Europa. No se si será un planteamiento simplista, pero desde el “yihadismo” internacional no parece descabellada la idea de financiar en Europa Mezquitas, centros culturales o instituciones de asistencia cultural y social a los musulmanes —en gran medida procedentes de la monarquía wahabista Saudí, uno de los movimientos más intransigentes del Islam— en vez de que las ingentes cantidades de dinero destinadas a tales fines se inviertan en programas de ayuda al desarrollo de naciones musulmanas esencialmente exportadoras de inmigrantes. Y esa proliferación de instituciones musulmanas en Europa no parece responder sino a un deseo de reforzar la presencia del Islam en la vida social, política y cultural europea, en un deliberado intento de acabar con el “monopolio” del cristianismo en la sociedad Occidental. Es más, ¿acaso todo ello no es un síntoma de la existencia de una decisión concertada y oculta, dirigida a la “conquista” de occidente a través de la emigración que se está produciendo desde los países musulmanes y el fortalecimiento social del Islam en nuestra sociedad?. —Una prueba de ello serían las reiteradas campañas en defensa de las peculiaridades sociológicas musulmanas derivadas la aplicación de las normas del Corán, como por ejemplo el uso del chador o velo que año tras año se plantean en Francia o Inglaterra— No deberíamos olvidar que el Corán mismo impulsaría, desde esa interpretación “yihadista”, la idea que apuntamos, pues no en balde el versículo 20 de la Sura Al taueba, nos dice: “Quienes crean, emigren y luchen por Alá con su hacienda y sus personas tendrán una categoría más elevada junto a Alá. Ésos serán los que triunfen”. Ciertamente, si no queremos vernos empapados por el persistente goteo de la intransigencia religiosa y política musulmana, de la dilución de los principios filosóficos del humanismo cristiano, de la desaparición de la esencia de Occidente y de la cada día mayor influencia de lo musulmán en las sociedades occidentales, deberíamos ser capaces de reaccionar frente a la amenaza del islamismo, no solo del radical, activo y terrorista, sino también de ese islamismo sordo, cultural y sociológico, que nos invade poco a poco, y, abandonando las tentaciones del “appeasement”, profundizar en la defensa de los principios y valores que conforman el ser y la conciencia occidental. Los principios de libertad y tolerancia, el respeto a “los otros” no pueden, nunca, ser coartada para permitir que esos otros cercenen nuestros derechos y nuestra libertad. Frente a esta consideración fundamental, se nos plantea la cuestión del crecimiento de las comunidades musulmanas en Europa y la cada día mayor influencia, a través de ellas, de lo islámico en nuestras sociedades. De esta realidad se derivan, necesariamente, algunas cuestiones que voy a abordar en este nuevo escrito. El 30 de junio de 2006 el “Financial Times” publicó un artículo de Jonh Lloyd en el que su autor formulaba una pregunta clave para tratar de definir las relaciones del Islam y Europa: ¿Puede un musulmán devoto ser leal a un Estado laico? O dicho con otras palabras: ¿Será posible que los musulmanes europeos puedan separar, de modo expresamente diferenciado, el ámbito de su fe y la piedad con la que la defienden y practican sus ritos, y el ámbito de sus derechos y obligaciones civiles impuestas por la legislación del Estado en el que residen o del que formen parte? La cuestión es efectivamente crítica, y las consecuencias derivadas de ella, inmensas. Una de las consecuencias es que al igual que los musulmanes exigen respeto a su fe y libertad para su práctica, deberían corresponder, pues tales son las leyes de las sociedades occidentales, con un pleno respeto hacia las posiciones religiosas o filosóficas de los demás, especialmente de aquellas para las que el Islam exige una mayor beligerancia y falta de respeto. Y junto a ello, pues nuevamente es consecuencia de los principios inspiradores de las sociedades occidentales modernas, debería exigirse a todo musulmán respeto hacia los musulmanes disidentes o críticos con las interpretaciones mayoritarias del propio Islam, favoreciendo así un necesario proceso de adaptación de la fe islámica a las sociedades desarrolladas occidentales en las que está integrada. La cuestión que todas estas preguntas plantean es la de si es posible aventurar la emergencia de un Islam moderado capaz seducir a los musulmanes y ofrecer alguna perspectiva de libertad y respeto hacia quienes tienen creencias incompatibles con las del propio Islam, propiciando así la coexistencia del Islam con los no musulmanes. No faltan expertos que piensan que sería perfectamente posible, ya que afirman que el Corán no avala ninguno de los comportamientos antiéticos (desde el punto de vista occidental) que caracterizan los sistemas legales intransigentemente apoyados en la Sharía ---v.g.: la pena de muerte y otros castigos físicos para delitos como el adulterio o la conversión a otra religión--- y ciertamente no existe la menor razón que nos impida creerlo. Dado que tampoco los Evangelios incitan a la violencia y ello no fue óbice para que, durante un largo período de nuestra historia, su interpretación sesgada fuera utilizada como coartada para justificar las cruzadas o para quemar herejes, muchos sostienen que es posible una evolución modernizadora de las sociedades musulmanas similar a la modernización de las sociedades cristianas acaecida a partir de la revolución francesa. Sin embargo es preciso tener en cuenta que esa modernización choca contra la creencia, incontrovertida en las distintas ramas del Islam, de la infalibilidad del Profeta y la inamovilidad de los principios derivados del Corán y la Sunna. A diferencia de los evangelios cristianos, que constituyen una relación de hechos y dichos de Jesús ---fundamentalmente de sus enseñanzas, pasión, muerte y resurrección, en los que se basan los elementos de su fe--- redactados por sus discípulos los evangelistas, el Corán es, según los propios musulmanes, la revelación de Alá, la palabra de Alá revelada directamente al profeta por el arcángel Gabriel. Esta diferencia plantea una cuestión fundamental, los cristianos creen que son ciertos los hechos relatados en los evangelios y las enseñanzas del Maestro, pero que no son sino los relatos reproducidos por sus discípulos, los cuatro evangelistas, por lo que, sin negar esa autenticidad, se ha discutido en el seno de la cristiandad la posibilidad de interpretaciones diversas de su contenido, lo que dio lugar históricamente a las llamadas corrientes protestantes, frente a la interpretación “verdadera” de la Iglesia católica, divergencias que contribuyeron positivamente a la evolución sociológico-filosófica de Occidente. Por el contrario los musulmanes creen que el Corán contiene mandatos dictados por el propio Alá, y por tanto, según la interpretación integrista mayoritaria, tales mandatos son inamovibles y solo son susceptibles de interpretación limitada sobre la base de los dichos del profeta transmitidos, sin ruptura del enlace histórico, de ulema a ulema: las llamadas “hazid”. En tal sentido, si consideramos que la ley del Islam, no emana ni del pueblo ni de sus representantes, sino directamente de Dios y su voluntad divina. La ley coránica, así, no es otra que la ley divina y todo gobierno islámico y toda Sociedad, están bajo ella.» Esta consideración elimina toda posibilidad, en las sociedades musulmanas —partidarias mayoritariamente de una interpretación integrista del Corán— de llegar a una efectiva división de los poderes religioso y político, que ha sido una de las constantes de la evolución político-histórica en los países occidentales, y uno de los hitos de la evolución de nuestras sociedades hacia lo que hoy conocemos como sociedades democráticas desarrolladas. En esta línea son interesantes las conclusiones manifestadas por el candidato a la Presidencia de la Republica Francesa Nicolás Sarkozy en su libro, que ha de publicado la editorial Gota a Gota de la fundación FAES, bajo el título “La República, las religiones, la esperanza” De este libro se deducen las siguientes conclusiones. Los Estados deben garantizar el respeto y la promoción del culto de las distintas religiones que se practiquen en sus territorios, pero, en el caso de la Unión Europea, deben mostrar una especial sensibilidad hacia el cristianismo, que no solo es una religión, sino que es la base de nuestra cultura. Entre los sistemas defendidos en distintos países europeos en relación con le Islam, el “multiculturalismo” y la “asimilación” y pese a reconocer los fallos de ambos sistemas, Sarkozy defiende la exigencia de integración de los musulmanes a la cultura occidental para evitar la formación de “getthos” culturales o la deriva de los ciudadanos europeos musulmanes hacia la violencia del “yihadismo” integrista. Su pensamiento se puede resumir en la frase dirigida por Sarkozy, en un programa televisivo, a una defensora del uso del velo o “chador” por las jóvenes musulmanas en las escuelas francesas: “Al igual que los cristianos tienen que quitarse sus zapatos, por respeto a las tradiciones musulmanas, al entrar en una mezquita, las musulmanas se tiene que quitar el velo, por respeto a nuestra tradición de escuela laica, al entrar en un colegio.” Solo un proceso de “integración” cultural del Islam en los esquemas sociológicos y de derechos y libertades Occidentales permitiría la coexistencia de Islam y cultura occidental, del modo en que es posible la coexistencia entre cultura occidental y cristianismo. Algunos estudiosos defienden que esa posibilidad existe ya en el seno del Islam, en el que no podría obviarse la inexistencia de una uniformidad de interpretación del Corán y la Sunna. En ese sentido, y como muestra de la evolución del Islam se señala, por ejemplo, la diferente redacción que se propugna entre las corrientes integristas y las más moderadas, del último inciso del versículo 34 de la Sura An-Nisáa (Sura 4ª La mujer): “En relación con aquellas mujeres de las que tengáis pruebas de su hostilidad, hacedlas entrar en razón, evitad su intimidad e imprimid en ellas la necesidad de un cambio” (Versión moderada) “Respecto de aquellas mujeres de las que temáis que no os serán sumisas, reñidlas, relegadlas a sus habitaciones, y golpeadlas” (versión Integrista) En cualquier caso, con ser groseras las diferencias entre una y otra versión, se olvida que lo esencial de la cuestión no se encuentra en este último inciso del versículo, si no en su primer inciso, que ambas corrientes declinan de modo idéntico: “Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Alá ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan.” Lo que implica una sumisión de la mujer al hombre contraria a los principios de la Declaración Universal de Derechos Humanos y difícilmente conciliable con ella. Son estas, y otras cuestiones fundamentales referidas a la falta de respeto por parte del Corán a aspectos concretos de la Declaración Universal de Derechos Humanos, las que dificultan una verdadera integración del Islam en la cultura occidental, no solo las posiciones más integristas, si no su esencia general que, hoy por hoy, dificulta la conciliación de pensamientos entre los postulados de las sociedades laicas occidentales y la concepción teológica de la existencia y la presencia de los postulados del Corán en todas las esferas y en todos los aspectos de la vida pública y privada de los musulmanes. Y mientras tanto, seguimos presenciando nuevas muestras de la debilidad de la sociedad occidental frente a las presiones y amenazas del Islam. Así, los alcaldes de diversas localidades del Levante español, en las que son tradicionales las llamadas “Fiestas de Moros y Cristianos” han decidido alterar las tradiciones de esas fiestas eliminando de su programa la tradicional “quema de Mahoma” con el fin de “no herir a la sensibilidad de los musulmanes”. Aunque nadie se ha escandalizado de que Bisbal, en el vidioclip de presentación de su nuevo disco se presente “crucificado” colgando de una soga, en una estética de imitación de la crucifixión que, no se muy bien porqué, encanta a nuestros faranduleros. Por otra parte, los inmigrantes musulmanes retenidos en las instalaciones de acogida de Tenerife, se han amotinado contra la policía porque siendo “Ramadán” se les han repartido bocadillos a la luz del sol, contraviniendo así sus preceptos del ayuno y a nadie se le ha ocurrido decirles que se coman sus bocadillos, cada uno de ellos, cuando sus convicciones religiosas personales se lo recomienden. Y Marruecos se niega a aceptar que varias decenas de vehículos todoterreno, regalados por España, entren en su territorio por la frontera de Melilla, pues eso sería tanto como aceptar que Melilla es Español y que hay una frontera legítima, mientras que nuestro Gobierno acuerda con las autoridades de Gibraltar abrir un centro del Instituto Cervantes en el Peñón, reconociendo de facto su cualidad de territorio extranjero. Y así vamos viendo pequeñas, pero constantes muestras de lo que es un permanente intento de islamización de nuestra sociedad: Los aragoneses discuten la eliminación de las cuatro cabezas de moro que aparecen en su escudo desde la Edad Media; en Granada se piensa eliminar de sus fiestas la exposición y el flameo del pendón de los Reyes Católicos, que recuerda su reconquista, tal y como se ha venido haciendo desde 1492; en Córdova se insiste en realizar una oración musulmana colectiva en la mezquita pese a que sea templo cristiano desde hace casi 800 años, concretamente desde 1236, año de la conquista de la ciudad por Fernando III; etc... Y fuera de España se suspende la representación de la Opera “Idomeneo” porque en su montaje hay escenas que pueden ofender al Islam, pero nadie suspende el estreno de obras de cine o teatro que ofenden los sentimientos cristianos, (v.g. la obra “Cospus Christi” del autor Terence McNally que presenta a un Jesucristo homosexual y que va a estrenarse en Broadway) y salvo a los ortodoxos rusos, a nadie se le ocurre quejarse de la crucifixión (nuevamente) de Madona. No podemos seguir en esta dinámica, Occidente tiene la obligación de defender los esquemas de su Sociedad laica, liberal y democrática, creada sobre la base del pensamiento cristiano, si no quiere verse arrastrada a una situación de islamización de consecuencias impredecibles. Lamentablemente los últimos treinta años los intelectuales han estado presididos en Europa por la vuelta al sentimiento de “appeasement” como lo demuestras las siguientes frases de Saramago: Parece que tenemos mala memoria porque lo que están haciendo los musulmanes, lo hicimos los cristianos en el pasado con la Inquisición que también fué una organización tan criminal como la actual [¿Cuál de ellas Hammas, Hizbolá, Los Hermanos Musulmanes…?]. Lo que pasa ahora es consecuencia del desprecio que los occidentales, los blancos, los guapos y los cultos que creemos que somos todos, hemos usado con los árabes y asiáticos como a los demás ". Por lo que parece también Saramago, aparte de ser un dogmático intolerante disfrazado de alma pura, debía tener muy mala memoria, puesto que el Cristianismo ha evolucionado, abandonando prácticas como las Cruzadas (Yihad) o como la Inquisición (Polícia de Moral Publica existente en muchos países musulmanes), y además ha vivido una reforma y contrarreforma que ya me gustaría que viviera el Islám.

jueves, 12 de agosto de 2010

COMPETENCIAS DE LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS

Prometí en mi post HISPANIA DELENDA ESTque analizaría con mayor detenimiento y sosiego las distintas medidas que proponía para dar solución a la trágica situación económico socio opolítica que atraviesa España.
El primero de estos análisis vengo a recojerlo en esta “reflexión heteróclita” referente al desmán de competencias y gasto de las Comunidadesw Autónomas.
Creo que una de las razones por las que el régimen de autonomías ha fracasado en España, aparte del dislate de gasto que producen, lo ha sido, en primer lugar, el régimen legal electoral vigente, problema al que me he referido en mi post ¡¡¡ O TE CALLAS O TE VAS!!!
El segundo problema ha sido el de la indefinición del concepto de Estado que han padecido nuestros sucesivos gobiernos desde la entrada en vigor de nuestra vigente Constitución, que ha dado lugar a una definición de las competencias de las CCAA y a un proceso de descentralización de las mismas, absolutamente lamentable.
Las CCAA se han convertido no en centros de gestión de los intereses de los ciudadanos, de la Sociedad, en su ámbito territorial, sino en auténticos “Mini - Estados” en proceso de competencia entre ellos, contrario al principio de solidaridad de las gentes y los pueblos de España que proclama el art.xxx de nuestra CE.
La inexistencia de ese concepto claro de Nación, de España, lo puso de manifiesto de modo expreso el Presidente Rodríguez al afirmar en 2004 ante el Senado que “El concepto de Nación es un concepto discutido y discutible”.
Pero el problema de esa indefinición práctica a afectado a todos los gobiernos constitucionales desde la UCD, pasando por el PP hasta el PSOE y todos ellos han contribuido al disparatado sistema de delegación de competencias estatales en las CCAA, empezando por la educación y terminando con la seguridad ciudadana.
El caso de la educación es, posiblemente, uno de los más disparatados, pues ha contribuido a la debilitación del concepto de España mediante la reescritura de la Historia y el invento de las propias “historias” de las autonomías. Así, las Vascongadas, que históricamente nunca fueron más que territorios tributarios de los reinos de Castilla o Navarra; o Cataluña, que lo más que fue a lo largo de su historia fue un conjunto de condados tributarios de la Corona de Aragón, han pasado a ser, por mor de los libros de texto salidos de las Consejerías de educación de los respectivos Gobiernos autonómicos, territorios históricamente soberanos sojuzgados por España (entendida esta como todo aquello que en la Península no son ellos mismos) Todo ello ha contribuido a la exacerbación del sentimiento autonómico frente al “Todo” que es España, y a la definición de lo español como lo agresivo y enemigo de esa identidad reinventada. Y ello es en gran medida causante de la situación existente. Por otra parte, la desmembración del sistema judicial, con el invento de los Tribunales Superiores de Justicia de las CCAA, por mucho amparo constitucional que el sistema tenga, dejando al Supremo una mera competencia de interpretación uniforme de la Ley, que en muchos casos no llega a cumplirse por verse agotadas las instancias jurisdiccionales en aquellos; o la delegación del sistema sanitario en las CCAA con decisiones que cada CA adopta con independencia en cuanto, por ejemplo, a tratamientos aplicables por el sistema de salud pública en cada Comunidad, han socavado, de forma importante los conceptos de igualdad y de solidaridad Constitucionalmente proclamados. Y a ello le unimos la existencia de fuerzas de policía autonómicas, normativas de mercado o de comercio independientes, normas sobre uso de la lengua en detrimento del Español, e incluso competencias en materia de puertos, fronteras , etc… el disparate es, a parte de carísimo, incalificable. Y la solución solo es una, la recuperación de competencias esenciales por parte del Estado, que podría articularse a través de la propia constitución que en su artículo 155 establece que:
1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras Leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general. 2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.
El asunto es delicado y sin duda será puesto en solfa por la mayoría de las gentes deseosas de mantener, a toda costa, la “paz social”, y muy especialmente por los nazionalistas, pero como ya le dijera Quevedo al Conde Duque: No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente? Pues en resumen, ante las amenazas de los nacionalistas de “tomar medidas por su cuenta” con permanente vulneración de las normas constitucionales —y claro ejemplo de ello es la actitud del Gobierno y del Parlamento catalanes, que continúan dictando normas conformes con su Estatuto, incluso en las materias declaradas inconstitucionales, recientemente, por el Tribunal Constitucional, hora es de que se actúe como exigía Quevedo sin atender al miedo y con la valentía suficiente que devuelva las cosas a su legítimo ser.

viernes, 30 de julio de 2010

PROHIBIENDO, QUE ES GERUNDIO

Me sorprende cada día más la inexorable tendencia de los políticos de prohibir todo aquello que no les gusta, en un alarde de "Despotismo" propio de los más aguerridos totalitarios, que en el fondo es lo que oculta la miserable alma de los miembros de la "Casta Política". En un ejercicio de violación flagrante de las libertades individuales e incluso de las Leyes y la Constitución, los políticos catalanes han adoptado la decisión de prohibir las corridas de toros en Cataluña. En primer lugar dudo mucho que uno de cada dos catalanes esté por la prohibición de las corridas de toros, pero, es más, en segundo lugar afirmo que la decisión de los políticos no se ha adoptado por un afán de protección de los animales o de evitar su sufrimiento, pues están exentos de la prohibición acordada festejos taurinos arraigados en Cataluña, como los toros embolados de fuego [«Bou embolat», «bous al carrer» o «bous capllaçats»] que son una tradición muy catalana y más cruel, si cabe que una corrida y si no vean ustedes el video del toro embolado de fuego al que se le rompe una pata en el momento de embolarlo. ¿De qué se trata entonces? Pues de prohibir las corridas por su cualidad intrínseca de festejo español por excelencia, es decir por su españolidad. ¿Pero saben lo más insultante? El Partido Socialista y CIU han dejado “libertad de conciencia” a sus diputados para que votasen conforme a sus ideas propias, cosa que por supuesto no hicieron en el momento de la votación parlamentaria de la Ley del aborto, en donde se mantuvo la férrea disciplina de voto conforme a las instrucciones de las ejecutivas de ambos partidos de apoyar la Ley Aido. Pero esto no se acaba aquí, según acabo de leer en la prensa la Generalidad está estudiando que procedimiento puede aplicarse para prohibir la venta, en las tiendas de suvenires, de las muñecas vestidas de flamencas, pues lo que en esas tiendas debería venderse es “artesanía popular catalana” concretamente Huguet, responsable de Turismo y Comercio de la Generalidad, al calor del debate sobre los toros, reiteró en TV3 que «trabajamos para combatir esos iconos turísticos con la propuesta de artesanía propia catalana». Según el abogado Joaquín Moeckel, asesor jurídico de los toreros, el artículo 148.1.17 de la Constitución permite a las comunidades autónomas asumir competencias sobre el fomento de la cultura y la investigación, pero no sobre los espectáculos. La Constitución «olvidó» los espectáculos públicos. Además el artículo 149 le atribuye al Estado la competencia exclusiva sobre la defensa del patrimonio cultural, artístico y monumental. Como se ve, los toros están implicados en todo ello. ¿Cuántas plazas de toros son monumento histórico artístico? Pero no es el único precepto que pude ser vulnerado, ya que la norma aprobada ayer va contra el artículo 20, que habla de la creación y difusión artística; el 44 y 46, que obliga a los poderes públicos a promover y preservar los fenómenos culturales; o el 38, que habla de la libertad de empresa. No olvidemos que la Fiesta es una actividad económica. Vamos que ya tenemos pendiente otra asonada del Tribunal Constitucional en ciernes.

jueves, 29 de julio de 2010

HISPANIA DELENDA EST¡¡¡

Los “Nazionalistas” son partidos que generalmente encuentran su origen en los “liberales” de la derecha burguesa del S.XIX que trataban de mantener, en sus territorios, los aranceles de entrada sobre mercancías procedentes de otras tierras, con el fin de garantizar la viabilidad y salud de su comercio e industria local. A ello le añadiremos la existencia de lenguas o dialectos de extensión variada —y siempre repudiados por las clases sociales dominantes, pues hablarlos era propio de las gentes “del campo” venidas a las ciudades como mano de obra proletaria— así como de un folclore y tradiciones locales, generalmente vinculadas a festejos religiosos, y ya tenemos la “idiosincrasia nacional” ahormada. A continuación solo hace falta algún energúmeno racista, como Sabino Arana, algún iluminado del pelo del catalán Maciá o algún cursi como el el gallego Castelao. Finalmente filtrémoslo todo con la influencia de los movimientos marxistas obreristas revolucionarios del s.XX… Et voilá, Nación que nos hemos creado para oponernos al “Centralismo Castellano-Madrileño”. Es imprescindible poner de manifiesto la influencia notable que han tenido los nazionalismos en la gestación y gravedad de la crisis económica que nos afecta. Efectivamente a lo largo de los últimos 32 años, desde la aprobación de nuestra Constitución de 1978, con su fatídica introducción de las Autonomías, los nazionalistas han estado exigiendo ingentes sumas de dinero al Estado con el fin de garantizar la “paz social” y evitar la quiebra de la unidad de España. Ahora van más allá, pues siguen exigiendo sumas ingentes y concesiones económicas sin mesura, al tiempo que, también sin mesura, defienden, de modo incluso agresivo, su derecho a la autodeterminación, a la Independencia, vamos. Según todos los expertos los presupuestos presentados para el ejercicio 2010 por el Gobierno Socialista del Sr. Rodríguez, no aportaban ninguna medida apta para combatir la situación económica en que nos encontrábamos ya entonces, sin embargo esos presupuestos inútiles fueron aprobados gracias a nuevas concesiones económicas a los nazionalistas Vascos, Gallegos y Canarios. Su responsabilidad por tanto habrá de ser compartida en relación con la inoperatividad de los poderes públicos ante la crisis. Por su parte los nazionalistas catalanes, ya suficientemente contentos en el ámbito económico con las cesiones estatales, quieren ahora jugar al independentismo activo, a la autodeterminación, llegando a la osadía de aprobar una iniciativa en el Parlament de convocar un referéndum soberanista. Y dentro de este “tutum revolutum” prohíben la fiesta de los toros no por que haya que sustraer a los bóvidos lidiados de sufrimientos inhumanos, sino porque se trata de una seña de identidad “españolista” que hay que borrara de la geografía catalana como muestra de pureza Nazional. Los movimientos separatistas de Vascongadas y Cataluña coinciden con el deseo histórico de Francia de mantener ambas regiones como estados colchón que debiliten a España, rememorando el deseo de Napoleón de trasladar la frontera hispano-francesa de los Pirineos al Ebro. La frase que encabeza este post, que parafrasea la reiterada por Catón, “Carthago Delenda est”, con la que terminaba todas sus intervenciones en el senado Romano mientras duraron las guerras Púnicas y no implica otra cosa que la expresión obsesiva de un objetivo “Cartago debe ser destruida”, frase que transformada en la que encabeza este post, podría ser perfectamente aplicable y pronunciada por los nacionalistas: “España debe ser destruida”. Pero… ¿A dónde nos quieren llevar los nacionalistas y muy concretamente los nacionalistas Catalanes? Zapatero ha caído en los mismos errores que el propio Azaña lamenta en sus escritos, el de fomentar la política nacionalista de los nazionalistas. Azaña, no era precisamente sospechoso de antinacionalista, como lo demuestran los Pactos de San Sebastián de 17 de agosto de 1930, pactos por él mismo propiciados en los que se negoció y se llegó a un acuerdo para solucionar lo que el propio Azaña definió como “el problema catalán” con un sistema de autonomía sustancial catalana dentro de la unidad de la República, fórmula que los catalanistas negociadores de ese Pacto aceptaron de forma expresa [...] “un Estatuto de Autonomía dentro de la Constitución republicana y sometido a la deliberación y debate de las Cortes de la República" Sin embargo el propio Azaña se encontró pronto con la deslealtad propia de los nazionalistas, dramática y repetida, lamentando haber fomentado inconscientemente el nazionalismo y sus desmesuras. Así, de manera dramáticamente desleal, el mismo día de la proclamación de la República, 14 de abril de 1931, Francesc Maciá, declaró en Barcelona el Estat Català. El Gobierno central consiguió la revocación de tal iniciativa, pero de ahí en adelante el nacionalismo se hizo, durante toda la república, codicioso e imparable. Esa Generalitat, que tenía preparado su Estatuto antes de que estuviese aprobada la Constitución, no se recataba al decir que "Cataluña quiere que el Estado español se estructure de manera que haga posible la federación entre todos los pueblos hispánicos". Nótese que la palabra "España" ya brilla allí por su ausencia y que se trata del mismo discurso que hoy, en 2010 repiten los nazionalistas catalanes. Pero no paró ahí la cuestión. Azaña hizo lo posible por lograr el encaje del Estatuto en la Constitución, pero no tardó en percatarse de la insaciabilidad del nacionalismo: el 6 de octubre de 1934 Companys, coincidiendo sin inocencia con la insurrección de Asturias, volvió a proclamar el Estat Català. Ante todos estos acontecimientos, y tal y como relata Eduardo García de Enterría en el libro “Manuel Azaña: Sobre la autonomía política de Cataluña” [Tecnos, 2006], y es generalmente conocido, el propio Azaña escribió: "Una persona de mi conocimiento asegura que es una ley de la historia de España la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años. El sistema de Felipe V era injusto y duro, pero sólido y cómodo. Ha durado para dos siglos". En mayo de 2007 Miquel Porta Perales, en un interesante artículo publicado en la “tercera” de ABC nos relata la polémica suscitada con ocasión de la discusión del Estatuto de Cataluña en las Cortes de la II República en mayo de 1932, entre Ortega y Gasset y Manuel Azaña. Según este autor en ambas intervenciones se coincide en algo que se considera una realidad: “El problema catalán existe: los catalanes siempre se enfrentan con alguien, el particularismo catalanista es un sentimiento que impulsa a una comunidad a vivir al margen, hay muchos catalanes que -aunque no se atrevan a decirlo en público- quieren vivir con España, se debe calmar la deriva soberanista del nacionalismo catalán, cualquier propuesta debe mantenerse dentro de los límites de la Constitución, la solución reside en la autonomía de Cataluña, los recursos del Estado que lleguen a Cataluña no pueden ir en detrimento de los que correspondan a las otras regiones españolas.” ¿Cuál es la diferencia entre ambas intervenciones? Mientras José Ortega y Gasset afirma que «no se puede curar lo incurable» y que el problema catalán «sólo se puede conllevar». Manuel Azaña cree que la República conseguirá la unión esencial de todos los españoles al «conjugar la aspiración particularista o el sentimiento o la voluntad autonomista de Cataluña con los intereses o los fines generales y permanentes de España dentro del Estado organizado por la República». El pesimista José Ortega y Gasset frente el optimista Manuel Azaña. Con el tiempo, el primero se mantendrá en el pesimismo mientras el segundo abandonará el optimismo como mostró en “La velada de Benicarló” (1939): «Mientras dicen privadamente que las cuestiones catalanistas han pasado a segundo término, que ahora nadie piensa en extremar el catalanismo, la Generalidad asalta servicios y secuestra funciones del Estado, encaminándose a una separación de hecho». Para concluir afirmando: «[El problema catalán es…] En el fondo provincianismo fatuo, ignorancia, frivolidad de la mente española, sin excluir en ciertos casos doblez, codicia, deslealtad, cobarde altanería delante del Estado inerme, inconsciencia, traición. En Cataluña, la historia no sólo se repite, sino que empeora.» Volviendo al análisis de Miquel Porta Perales: ¿Cuál es el secreto de la persistencia del problema catalán? Según Porta Perales, dicha persistencia se explica en función de cinco variables. En primer lugar, la variable ideológica -la frontera interior romántica- propia de quien construye una identidad a la carta con el objetivo de diferenciarse del Otro. En segundo lugar, la variable psicológica -el narcisismo de las pequeñas diferencias- propia de quien tiende a exagerar su personalidad y espera ser valorado como una cosa especial en virtud de su ser. En tercer lugar, la variable antropológica -el chivo expiatorio- propia de quien cree que carga sobre sí las culpas de los demás precisamente por ser un cuerpo distinto y no asimilable al colectivo. En cuarto lugar, la variable económica -la competición por los recursos- propia de quien se vale de la identidad para obtener ventajas de toda índole. Y, en quinto lugar, la variable política -la suspensión de juicio propiciada por el oportunismo- propia de quien busca sacar tajada -el actual gobierno catalán y el actual gobierno español- de la coyuntura. Lo grave es que “El problema catalán” puede acabar teniendo dramáticas consecuencias derivadas de la actitud de los Nazionalistas catalanes, que amenazan con “tomar medidas por su cuenta” si no se deroga la sentencia del Tribunal Constitucional y se les da la razón. ¿Pero, qué medidas por su cuenta: Las de Maciá y Companys? En Cataluña la sobreexcitación nacionalista, puede desembocar, si nadie lo remedia, en comportamientos políticos irresponsablemente rupturistas, mientras que para España, el problema catalán —alimentado por la irresponsabilidad y el oportunismo de un Rodríguez Zapatero que necesita del nacionalismo para mantenerse «como sea» en el poder— no es sino la inexistencia de una concepción de España clara y concreta, la permanente indefinición del concepto de España, concebida como una realidad pendiente de definir al son de las lecturas e intereses que de la misma hagan las partes en cada hora y momento. El «Estado inerme», decía Manuel Azaña. Si bien se mira, el problema catalán es el nacionalismo catalán. Y el problema español es un Rodríguez Zapatero que, en beneficio propio, ha dado oxígeno, irresponsablemente, —aunque tal debe ser el vicio de los Socialistas patrios, ya que en el mismo optimismo cayera erradamente Azaña— a unos nacionalismos periféricos detenidos en el túnel del tiempo de los derechos históricos medievales y el principio de las nacionalidades decimonónico. Como dijese Porta : “Mientras alguien no ponga límite a tamaño desatino, mientras la pesadilla continúe, sólo queda recordar el sabio consejo de José Ortega y Gasset: el problema catalán «sólo se puede conllevar». Conllevar: sufrir, soportar las impertinencias, ejercitar la paciencia.” Pues bien, tratemos de realizar ese ejercicio, tratemos de plantear fórmulas, que rompan esa permanente paciencia, ese conllevar la realidad, deshaciendo ataduras y negándonos a revivir eternamente esta pesadilla. Las medidas necesarias no serán, desde luego, ni asimilables por todos los implicados, ni aceptables por algunos, pero habrán de ser adoptadas e impuestas desde la autoridad indiscutible del Estado, pues a nuestro juicio son absolutamente inevitables: La primera cuestión que debe abordarse es la de reducir la influencia de los partidos nacionalistas al ámbito estrictamente territorial que define su existencia. Entiendo que los nacionalistas estén dedicados e implicados al ciento por ciento en la gobernación de sus territorios, pero no comparto la necesidad de dotarles de una excesiva fuerza, como hoy ocurre, en el Gobierno nacional. Ya hemos descrito en nuestro articulo “O te callas o te vas¡¡¡” las consecuencias funestas y la injustificada representatividad parlamentaria de los partidos nacionalistas, que hacen ingobernable España e hinchan como un globo las ínfulas del “provincianismo fatuo” que, según Azaña anida en el nacionalismo. En vista de los cual es imprescindible un cambio de sistema electoral general, esencialmente en lo que a las elecciones al Congreso de los Diputados se refiere, pues la presencia de los nacionalistas en el senado vendría justificada por su carácter de Cámara de representación territorial. Propondríamos aquí varias medidas: a.-La aplicación de un sistema proporcional con correcciones mayoritarias para las elecciones al Congreso. b.- El computo en circunscripción única nacional del porcentaje de votos necesarios para ostentar representación parlamentaria en el mismo Congreso. Una vez modificado el sistema electoral, para lo que basta un acuerdo entre PSOE y PP, se procedería inmediatamente a la formación de un Gobierno de salvación Nacional entre ambos partidos, con un programa públicamente explicado y no formulado sobre las prácticas secretistas del “Consenso” sino basado en la publicidad y transparencia total de sus objetivos, que habrían de ser: I.- La Modificación del régimen de las Autonomías, recuperando para el Gobierno nacional competencias como las relativas a Educación, Sanidad, Justicia y Orden Público, Defensa, Relaciones Internacionales, Control Presupuestario sobre las Administraciones Autonómicas y Locales, y Ordenación General del Territorio, no en cuanto a la gestión del suelo ni urbanística, sino en cuanto al establecimiento de los procedimientos aplicables y la inalterabilidad de la calificación de espacios protegidos. II.- La introducción de un voto de censura parlamentario que no obligase a formar gobierno si no a convocar elecciones. III.- La reforma del procedimiento de nombramiento de los vocales del Consejo general del Poder Judicial determinando la competencia exclusiva, al efecto, de los Magistrados y Jueces en un proceso electoral limitado a los mismos y sin intervención de los poderes ejecutivo ni legislativo. IV.- La reforma del procedimiento de nombramiento de los Magistrados del Tribunal Constitucional, que deberían serlo con carácter vitalicio e inamovible, y respecto de los que la designación de sustitutos para las vacantes ocurridas habría de producirse por el voto favorable de una mayoría de dos tercios de votos del Congreso. V.- Restablecimiento del recurso previo de inconstitucionalidad. Las leyes recurridas ante el TC por el Congreso o el Senado no entrarán en vigor hasta la sentencia. Si la sentencia no se produce en el plazo de dos años se declara la ley nula de pleno derecho. VI.- Referendum obligatorio sobre leyes aprobadas por el parlamento en relación con los derechos y libertades individuales o las instituciones esenciales del Estado. Si la ley aprobada se declara inconstitucional por el TC después de su aprobación por referéndum, habrá que plantearse la reforma Constitucional. VII.- La aplicación de un sistema electoral para la designación del FISCAL GENERAL DEL ESTADO como forma de independizar las funciones de defensa de la legalidad que le corresponden, de los vaivenes de la situación política coyuntural fruto de cada proceso electoral politico. Y finalmente evacuemos la ciudad de Barcelona de su población civil, dejando dentro de ella a sus políticos, de cualquier signo o siglas y procedamos al bombardeo de la ciudad; eso sí, procurando que las bombas solo caigan en los edificios en que tienen su sede las distintas, aunque innumerables, instituciones creadas por los nacionalistas desde la Generalidad, salvando de ellos, tan solo, los que tengan valor histórico-monumental. No sé si la medida será bien recibida por los nazionalistas, pero como dijera Azaña: “Es una ley de la historia de España la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años. El sistema de Felipe V era injusto y duro, pero sólido y cómodo. Ha durado para dos siglos". A ver si esta vez nos dura tres o cuatro. Comprendo que todas las medidas manifestadas más arriba tienen sus pros y sus contras, y tendrán, naturalmente sus detractores y sus defensores, por ello, tal vez, fuese conveniente desarrollarlas todas y cada una de ellas en posts independientes, aunque el ingente trabajo que ello conllevaría no me seduce excesivamente. Sirvan de momento los esbozos apuntados, y si las musas me otorgan su inspiración, prometo daros la lata con el desarrollo más profundo de cada medida propuesta, aunque realmente ese debiera ser el trabajo de redacción de un programa electoral de un partido sensato.

lunes, 26 de julio de 2010

RUBALCHÉ MANIPULA OTRA VEZ

Nuestro Ministro del interior, el ínclito Rubalché, es experto en la manipulación de la opinión pública, pero en ocasiones, como en esta le sale el tiro por la culata.

Los dos videos que acompaño se explican por si mismos, sin embargo creo que es precisa, también, otra explicación más detallada.

Cándido Azpiazu es un hombre afortunado, y al mismo tiempo un malvado. Ramón Baglietto estaba en la puerta de su negocio familiar de muebles cuando observó a una señora que llevaba a un niño en brazos y a otro de la mano, que salió corriendo justo en el momento en que se acercaba un camión. La señora se lanzó tras el muchacho con la intención instintiva de protegerlo, y a Ramón apenas le dio tiempo de quitarle al niño que tenía en brazos y ver con horror cómo la madre y el otro hijo morían aplastados.

Ramón Baglietto fue un hombre menos afortunado, pero también mejor persona; el 13 de mayo de 1980, a las nueve menos cuarto de la noche, Ramón Baglietto, dueño de una tienda de muebles y simpatizante de la UCD, llamó a su mujer para decirle: "Ve preparando la cena, que voy para casa". En el camino, un terrorista de ETA lo acribilló a tiros.

El terrorista que le acribilló a balazos, “protegido” por su comando no fue otro que Cándido Azpiazu, el mismo que de niño fuera salvado de una muerte segura por su ahora victima Ramón Baglietto. Candido Azpiazu fue condenado a una pena de cincuenta y dos años por el asesinato de Ramón.

Pero, con un poco de suerte, en doce estaba otra vez en la calle Y claro, volvió al pueblo, a Azkoitia. Y como la dicha nunca lo abandona, retornaría a tiempo de conseguir aquel local que tanto le gustaba; aquél en el que tenía pensado montar una cristalería; sí, aquél tan bonito que era ideal para el negocio, ese bajo que había quedado libre en el edificio en el que vive Pilar, la viuda de Ramón Baglietto.

La cristalería que está junto a su portal, y en la que todos los días se ve reflejada cuando vuelve del mercado, acaba de ser comprada por Candido Azpiazu, el hombre que mató a su marido.

Ahora, el afortunado Cándido vive libre; Pilar no, ella debe ir a todas partes seguida de dos escoltas. El dichoso Cándido y Pilar se cruzan cada mañana. Y cada mañana se repite la misma rutina; detrás de sus cristales, él la mira de frente orgulloso, desafiante; ella también observa, aunque a derecha e izquierda, a todos sus flancos posibles, antes de que uno de sus guardaespaldas compruebe si se esconde algo en los bajos del coche. Sucede todas las mañanas de todos los días del año. Siempre.