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viernes, 26 de noviembre de 2010

AGITPROP

Os debo, queridos lectores, una continuación de mis reflexiones a cerca del liberalismo, pero he de dejarlo para más adelante, pues los acontecimientos concidionan. Cuenta Florentino portero en un acertado artículo publicado en ABC que el adalid de la lucha contra los principios de la Sociedad occidental, el “progresista, dogmático e intolerante” Rodríguez Zapatero —insisto en que solo se llama por sus dos apellidos a los árbitros de futbol y al impresentable de nuestro Presidente del “Gobierno de España”— ha tragado con la declaración del “Concepto Estratégico” de la OTAN recientemente aprobado en la Cumbre de Lisboa en el que se nos dice literalmente: La Alianza se basa en la defensa de la libertad individual, la democracia, los derechos humanos y el imperio de la ley y en el propósito compartido de salvaguardar la libertad y seguridad de sus miembros. «Estos valores y objetivos son universales y perpetuos»” Como dice Portela en su artículo: Parece que el clima de crisis que nos envuelve está haciendo reaccionar a esta vieja cultura occidental hasta el punto de reivindicar aquello que le caracterizó y que en estas últimas décadas despreció: el convencimiento de que es posible distinguir el bien del mal, lo justo de lo injusto y, por lo tanto, rechazar el principio relativista de que casi todo vale, de que no somos quién para juzgar los comporta mientos de musulmanes, hindúes, chinos... Los derechos humanos no entienden de culturas”. Es decir, que quien se presentó ante el electorado español y ante la comunidad internacional como el campeón del relativismo cultural, del laicismo anticatólico beligerante, del igualitarismo absoluto, del desprecio al concepto de Nación; quien por mantenerse inamovible en el poder pactó con ETA y los nacionalistas/separatistas; quien, en fin, carece de principios éticos, ratifica, en su agonía política, el reconocimiento del carácter universal de los valores y renuncia a su absoluto relativismo ideológico fundamental, por el mero hecho de halagar y satisfacer a sus ¿socios? europeos. Mientras tanto, y como maniobra de despiste, una más, se nos promete a través de Rubalché una “Ley reguladora de la Muerte Digna”, como si hasta la fecha la muerte de todos los fallecidos no hubiese sido tal. En Octubre de 2007 escribí en este blog un post titulado ”EUTANASIA Y EUGENESIA" sin embargo quiero volver a hacer algunas referencias en relación con este tema. He tenido siempre una reiterada tendencia, incluso en ocasiones con el manifiesto desagrado de algunos amigos, hacia el análisis de la “Muerte” como única realidad incontestable e ineludible de la condición humana, que se ha concretado en diversos escritos publicados en relación con “ella”. La psiquiatra americana Pema Chodrom afirma: “Quienes aprenden a conocer la muerte, más que a temerla y luchar contra ella, se convierten en nuestros maestros sobre la vida.” Al final la reflexión a cerca de la necesidad de no temer a la muerte aparece en muchos clásicos, entre ellos quiero destacar a Shakespeare, quien pone en boca de Cesar, ante el aviso de los riesgos a cerca de su próxima muerte, las siguientes palabras: “¡Los cobardes mueren varias veces antes de expirar! ¡El valiente nunca saborea la muerte sino una vez! ¡De todas las maravillas que he oído, la que mayor asombro me causa es que los hombres tengan miedo! ¡Visto que la muerte es un fin necesario, cuando haya de venir, vendrá!” O cuando hace decir a Macbeth: “Había de morir tarde o temprano: alguna vez vendría tal noticia. El mañana se arrastra con paso mezquino, día tras día, hasta la sílaba final del tiempo escrito y la luz de todo nuestro ayer nos guía hacia el polvo de la muerte. ¡Apágate, breve llama!” En cualquier caso y frente a la pretensión legislativa de nuestro Gobierno, no sería admisible considerar que la muerte se dignifica cuando se provoca, que es lo que parece interpretar el Gobierno con su propuesta. Bien está y ya se hace, que se apliquen cuidados paliativos a enfermos terminales huyendo del ensañamiento terapéutico; incluso la propia Iglesia católica, siempre acusada de intransigente y retrograda, aclara en su "Declaración sobre la Eutanasia" de la "Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe" de 5 de mayo de 1980, que: "Los que tienen a su cuidado los enfermos deben prestarles su servicio con toda diligencia y suministrarles los remedios que consideren necesarios o útiles, ¿Pero se deberá recurrir, en todas las circunstancias, a toda clase de remedios posibles?. La respuesta debe encontrarse en la calificación de esos medios como "proporcionados" y "desproporcionados", en atención, en cada caso, al grado de dificultad y de riesgo que comporta, los gastos necesarios y las posibilidades de aplicación con el resultado que se puede esperar de todo ello, teniendo en cuenta las condiciones del enfermo y sus fuerzas físicas y morales. Para facilitar la aplicación de estos principios generales se pueden añadir las siguientes puntualizaciones: Es lícito interrumpir la aplicación de los medios terapéuticos que se estén utilizando, cuando los resultados defrauden las esperanzas puestas en ellos. Pero, al tomar tal decisión, deberá tenerse en cuenta el justo deseo del enfermo y de sus familiares, así como el parecer de médicos competentes; éstos podrán sin duda juzgar mejor que otra persona si el empleo de instrumentos y personal es desproporcionado a los resultados previsibles, y si las técnicas empleadas imponen al paciente sufrimientos y molestias mayores que los beneficios que se pueden obtener de los mismos, además es siempre lícito contentarse con los medios normales que la medicina puede ofrecer. No se puede, por lo tanto, imponer a nadie la obligación de recurrir a un tipo de cura que constituya una carga desproporcionada o sea demasiado costosa. Su rechazo no equivale al suicidio: significa más bien o simple aceptación de la condición humana, o deseo de evitar la puesta en práctica de un dispositivo médico desproporcionado a los resultados que se podrían esperar, o bien una voluntad de no imponer gastos excesivamente pesados a la familia o la colectividad.En conclusión, ante la inminencia de una muerte inevitable, a pesar de los medios empleados, es lícito en conciencia tomar la decisión de renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo las curas normales debidas al enfermo en casos similares.” La cuestión fundamental, en consecuencia, se encuentra en la definición de lo que deba entenderse por “medios terapéuticos desproporcionados” y aquí la comunidad médica española es ejemplar en su comportamiento. ¿A cuento de qué, entonces, pretender abrir una puerta a la “eutanasia”? ¿A cuento de qué Rubalché advierte que no se trata de regular esta figura? —“Excusatio non petita acusatio manifesta”, dice el aforismo romano— Pero las “sorpresas/cortinas de humo” no se han limitado a este asunto. La Ministra más ordinaria del Gobierno, Srta. Pajín ha dicho hoy en rueda de prensa (literalmente, les juro que no hay erratas en la transcripción): “Mañana llevaré al Consejo de Ministros la propuesta de reformar el Código Civil para prohibir expresamente la atribución de la custodia de los hijos y las hijas al cónyugue incurso en un proceso de violencia de género” Es decir, que se pretende que, de forma automática, los “incursos en un proceso de violencia de género” sean privados de la patria potestad sin más, con lo que lo único que están fomentando es el fraude judicial, pues la mera denuncia de malos tratos por parte de uno de los “Cónyuges”, implicaría la pérdida de la patria potestad por el denunciado. Los Jueces, a través de sus Asociaciones y del Consejo general del Poder Judicial ya se han manifestado en contra de ese automatismo, que cercena su libertad de actuación en cada caso concreto en atención a sus circunstancias, y no me cabe duda de que el Tribunal Constitucional no admitiría tal reforma. Pero se trata de contravenir, por conveniencias del “agitprop”, el principio enunciado por el sabio San Ignacio de Loyola de que “En tiempos de tribulación conviene no hacer mudanza”. Es decir, de lo que se trata es de cuadricular nuestros cerebros con la finalidad de ocultar, manipulándola mediante la agitación y la propaganda, la realidad de la incapacidad del propio Gobierno para resolver la situación económica desastrosa que nos tiene a todos agobiados; ocultar los problemas y disipar las preocupaciones de las mentes bien pensantes mediante la introducción de falsos debates en la Sociedad, o magnificando los problemas existentes mucho más allá de su autentica gravedad en la propia Sociedad, de lo que existen diversos ejemplos: Memoria histórica Matrimonio Homosexual Laicismo beligerante Adoctrinamiento educativo Alianza de civilizaciones Eutanasia Violencia de género Igualdad Aborto Denigración del concepto de Nación Negación intencionada de la crisis Búsqueda del final de ETA sin considerar sus costes Corrección política lingüística etc… Acusando, al mismo tiempo a la oposición de cavernícola, retrograda, ultraconservadora, fascista, antidemocrática, etc… por no apoyar sus “iniciativas progresistas” No quiero creerme, por preocupante, el rumor o “leyenda urbana” conforme al cual se estarían empezando a circular SMS’s en el entorno del PSOE advirtiendo que las críticas de la derecha al Gobierno pueden acabar con “tiros en las calles” crispando el ambiente con amenazas guerracivilistas. Sería demasiado grave.

lunes, 25 de octubre de 2010

LIBERALISMO

LOKE, PADRE DEL lIBERALISMO.
Torquato Accetto (1641) un desconocido pero interesante escritor del XVII italiano, escribió un pequeño libro llamado “La disimulación honesta” cuya su dolorosa meditación versa sobre las técnicas con las que, en tiempos difíciles, la gente puede defenderse de los poderosos. Según Accetto el problema no es simular lo que uno no es (pues sería engaño) sino disimular lo que uno es, a fin de no irritar en demasía a los otros —especialmente a los poderosos— con las virtudes propias (la cuestión no es saber cómo causar daño sino cómo no recibirlo). El origen principal de estas meditaciones radica en el hecho de que no le gusta a los poderosos que los demás tengan ningún tipo de éxito o de virtud, ni siquiera los más ínfimos. En definitiva, en su ensayo subyace al atávico miedo de los hombres corrientes a los poderosos, ya políticos ya económicos. Cierto que en nuestro fuero interno consideramos que sería una bella manera de castigarlos tener éxito en algo en lo que ellos crean no tener igual. Sin embargo Accetto aconseja a la mayoría silenciosa, a los “temerosos”, en una actitud de modestia y recelo propia de los tibios, el no hacerlo, sino, muy por el contrario, ocultar nuestras virtudes y capacidades y usarlas discretamente en nuestro exclusivo provecho y defensa. ¿Son sus meditaciones aceptables? Pues dependerá del carácter y fortaleza de cada uno. Quevedo, por ejemplo, no se recataba en el momento de criticar a los poderosos, lo que le costó varios encarcelamientos y destierros, pero según el genial poeta: No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente? Y lo cierto es que en estos momentos en los que se vuelve a hablar de “Regeneracionismo” como si a finales del XIX nos encontrásemos, más parece tener razón el Señor de la Torre de Juan Abad que el italiano. Y frente a la mayoría sociológica de signo socialista, más por resabio, inercia e incultura que por fundamentos culturales o conocimiento, creo que llegado ha el momento de defender el “LIBERALISMO” del s. XXI frente a las tendencias marxistas ancladas en el XIX. Y hablo del “Liberalismo del s. XXI”, y no del liberalismo, cuyo padre teórico es Loke, de cuño ilustrado, materialista y antireligioso de Voltaire o de los prerrevolucionarios, ni tan siquiera del liberalismo económico capitalista y materialista de la postguerra mundial, de los años 60, sino del liberalismo contemporáneo, que basado esencialmente en las formulaciones del liberalismo clásico, debe evolucionar de modo esencial no hacia el Neoliberalismo, corriente a nuestro juicio repudiable por racionalista y materialista, sino tratando de encontrar claves que nos permitiesen hablar de un “nuevo liberalismo”. Hay varios autores que han contribuido a la formulación de lo que he venido en llamar “nuevo liberalismo” En un artículo titulado “¿Qué significa ser liberal?”, publicado por Carlos Alberto Montaner el 6 de febrero de 2009, en la Web CATO —cuya lectura recomiendo en el enlace destacado— encontramos varias reflexiones interesantes, entre las que destacaría la siguiente: “El liberalismo parte de una hipótesis filosófica, casi religiosa, que postula la existencia de derechos naturales que no se pueden conculcar —ni limitar por el poder— porque no se deben al Estado ni a la magnanimidad de los gobiernos, sino a la condición esencial de los seres humanos”. En cualquier caso, en esta “REFLEXION EHETERÓCLITA” quiero hablar de la enorme confusión que ha introducido la Iglesia Católica en relación con el Liberalismo en la muy cristiana Europa, desde su condena por el Papa Gregorio XVI en la Encíclica "Mirari vos" (1832) y, más específicamente, por Pío IX en la "Quanta cura" (1864) acompañada de la Syllabus complectens praecipuos nostrae aetatis errores (Listado recopilatorio de los principales errores de nuestro tiempo) y Pío X en la "Pascendi Dominici Gragis" (1907). Ahora bien, es preciso situarnos en el contexto temporal de dichas condenas, que no son contra el liberalismo económico, ni contra la defensa, frente a toda opresión, de la libertad —valor fundamental y constitutivo del hombre como ser racional así creado por Dios— sino contra desviaciones y errores dogmáticos y morales derivados del liberalismo filosófico, basado en una supuesta defensa de la autonomía del hombre ante Dios y ante la ley moral objetiva como norma última de conducta. Este liberalismo racionalista es el que de nuevo condenó Pablo VI en la Carta Apostólica "Octogesima adveniens" (1971), cuando dice que: "En su raíz misma el liberalismo filosófico es una afirmación errónea de la autonomía del individuo en su actividad, sus motivaciones, y el ejercicio de su libertad". Pensemos, en todo caso, que estas condenas del liberalismo encuentran su origen en la polémica decimonónica de la Separación entre la Iglesia y el Estado y en torno a conceptos como la “Libertad de Pensamiento” o la “Tolerancia interreligiosa”, hoy superados en la Sociedad e incluso en el seno de la propia Iglesia. Así, la “Syllabus complectens praecipuos nostrae aetatis errores” que se publicó simultáneamente con la encíclica “Quarta Cura” en 1864, considera errores, relativos al liberalismo, cuestiones que si la Iglesia tratase hoy de defender serían un escándalo, pues, por ejemplo, en la Syllabus se nos dice que es erróneo afirmar que: “En esta nuestra edad no conviene ya que la Religión católica sea tenida como la única religión del Estado, con exclusión de otros cualesquiera cultos. De aquí que laudablemente se haya establecido por la ley en algunos países católicos, que a los extranjeros que vayan allí, les sea lícito tener público ejercicio del culto propio de cada uno”. Benedicto XVI, en una carta enviada al filósofo y Senador Italiano Marcello Pera, desde Castel Gandolfo el 4 de septiembre 2008, en relación con su libro “Por qué tenemos que llamarnos cristianos. El liberalismo, Europa, la ética”, le dice: “(En su libro)… Con un conocimiento estupendo de las fuentes y con una lógica contundente, usted analiza la esencia del liberalismo a partir de sus fundamentos, mostrando que en la esencia del liberalismo se encuentra el enraizamiento en la imagen cristiana de Dios: su relación con Dios, de quien el hombre es imagen y de quien hemos recibido el don de la libertad”. Para continuar diciéndole: “Usted muestra que el liberalismo, sin dejar de ser liberalismo, más bien para ser fiel a sí mismo, puede referirse a una doctrina del bien, en particular a la cristiana, que le es familiar, ofreciendo así verdaderamente una contribución para superar la crisis”. En esencia esta carta rectifica la posición intransigente de la Iglesia respecto del Liberalismo, y admite la existencia de un liberalismo que, siendo fiel a sí mismo, puede referirse a la doctrina cristiana, como doctrina del bien, sin conflicto. La carta, que duda cabe, ha levantado ampollas en los sectores más conservadores de la Iglesia, que han llegado de acusar al Papa de defender ideas ya condenadas por la Iglesia "ex cathedra" en las encíclicas anteriormente citadas, llegandose a considerar que: “La errónea opinión personal del Papa Benedicto XVI en esta materia no altera en absoluto la condena del liberalismo hecha por Papas anteriores.” Mi primera reacción frente a tales intransigencias no puede ser sino la de un liberal católico, lamentando la intransigencia y la estrechez de miras intelectual de quienes así se posicionan. Lo más sorprendente de esto es que quienes así se manifiestan son quienes han venido defendiendo históricamente la muy equivocada “Doctrina social de la Iglesia” trufada de concesiones reiteradas a sindicatos y economistas de la izquierda marxista; y quienes se han mostrado más beligerantes frente a la economía de mercado y más han defendido el “intervencionismo” estatal en la materia, ocasionando, desde su equivocada buena fe, más daños de los que han tratado de evitar, como de modo brillante explica el economista católico norteamericano Thomas E. Woods en su libro “Porqué el Estado SI es el problema”, en el que nos dice: “Siento el más profundo respeto por los papas anteriores al Vaticano II cuyos comentarios económicos lamento haber tenido que criticar en el presente estudio. Eran hombres buenos, santos y valientes que gobernaron la Iglesia con gran habilidad y coraje y de cuyos escritos me he beneficiado inmensamente. Pero por grandes que fueran, por el mero hecho de ocupar el sillón de San Pedro no heredaron una perspectiva económica superior a la que pueda poseer cualquier persona medianamente inteligente.” En cualquier caso el punto esencial de la cuestión que pretendo esclarecer en esta “Reflexión Heteróclita” es el de contestar a la pregunta: ¿Qué pretende el liberalismo? Pues esencialmente de lo que se trata es de defender la libertad individual frente a las injerencias del Estado en todos los ordenes de la actividad humana, desde su más estricta intimidad a su comportamiento y relaciones sociales, y esencialmente en el orden moral y económico. El poder ha tratado siempre de intervenir en la conducta de los ciudadanos, primitivamente en beneficio propio de los poderosos, y en épocas más modernas, en la teórica defensa de los más débiles de la Sociedad. Sin embargo, como ya señalara el economista de la Escuela Austriaca, Ludwig Von Mises, el pensamiento económico liberal ilustrado descubrió ya en el s. XVIII que: “Los esfuerzos por mejorar el bienestar de determinados grupos sociales —los más débiles— a través de la intervención de los gobiernos, puede tener efectos perjudiciales y a menudo consecuencias totalmente contrarias a los deseos expresados por sus defensores.” En la misma línea se manifiestan los recientes premios Nóbel de Economía 2010, los profesores Peter A. Diamond (Massachussetts Institute of Technology, EEUU), Dale T. Mortensen (Northwestern University, EEUU) y Christopher Pissarides (London School of Economics, Reino Unido), que han analizado el perverso papel que pueden jugar los subsidios de desempleo en la destrucción de empleo en los países desarrollados con altas tasas de desempleo. Así efectivamente, los trabajos de Diamond, Mortensen y Pissarides analizan los efectos de políticas económicas de protección del trabajador y fomento del empleo, como subsidios al desempleo, salarios mínimos, impuestos salariales, subsidios a la creación de puestos de trabajo, etc…, y concluyen que, en general, cualquier política puede tener virtudes y defectos. Así, los subsidios al desempleo, si bien son herramientas absolutamente necesarias para proteger a las familias que sufren el drama del desempleo, también pueden generar efectos adversos como la disminución de los incentivos a buscar trabajo, lo cual puede producir un incremento del desempleo. Esta es, en definitiva, la clave fundamental en la que, en materia económica, se sustenta el liberalismo, en el convencimiento de que solo el mercado libre y las leyes económicas actuando en libertad, pueden generar el enriquecimiento y el progreso de las sociedades, que no se produce cuando la intervención de los Gobiernos en el mercado, en la vida económica, introducen efectos distorsionadores del funcionamiento del propio sistema. Pero como el tema es muy largo, creo que debo dejar aquí esta introducción, para continuar en próximos post explicando el porqué de esta afirmación y realizar un análisis de los fundamentos éticos y morales del liberalismo político, no estrictamente económico, que puede llevarme bastante espacio. Asi que ya nos veremos más adelante.

miércoles, 20 de octubre de 2010

NIHIL DIFICCILE VOLENTI


Esta expresión (hay quien dice que escrita en latín poco puro o “macarrónico”) aparece inscrita en la fachada del Palacio de Lungotevere en una de las esquinas de la Piazza Delle Belle Arti de Roma.

Será o no correcta según los latinistas, pero su significado merece una “reflexión heteróclita”.

Nil difficile Violenti” “Nada Es difícil para quien quiere

Bueno… pues relativamente.

Qué duda cabe que el esfuerzo personal es clave de muchos éxitos, pero también de muchas frustraciones.

Sin duda, pues no existe tratadista que se refiera al comportamiento humano que no anote la importancia de la fuerza de voluntad aplicada por el individuo al logro de sus objetivos, es esta una de las “potencias” del alma, pero es también, decíamos más arriba, fuente de frustraciones perpetuas, pues no podemos olvidar la cantidad de seres humanos que aplicando su plena fuerza de voluntad, su determinación y su esfuerzo, fracasan en el intento de aquello que anhelan, sin saber muchas veces a que es debido el fracaso sufrido.

“Nil difficile volenti, etsi fortuna favet fatuis”

“Nada es difícil para quien quiere, aunque la fortuna favorece a los necios”
Podríamos añadir sin temor a equivocarnos, pues ¿a cuántos necios afortunados no conocemos que, pese a su estulticia y necedad, alcanzan sus objetivos y el éxito en la vida, mientras que otros, sabios y esforzados, nunca lo consiguen?

Siempre fue la Diosa Fortuna caprichosa con sus favores, incluso con el pueblo romano, cuyo culto, introducido en Roma por Servius Tullius, Rey de Roma en el s VI a.C., tenía lugar en el santuario situado en la colina del Quirinal y cuyo árbol sagrado era el roble, tal vez de ahí la creencia de que abrazar a un roble traiga buena suerte, costumbre que también encuentra sus raíces en los ritos druídicos celtas.

Baltasar Gracián nos dice:

“La fortuna se cansa de llevar siempre a un mismo hombre sobre las espaldas”.

Mientras que Séneca afirma que:

“Hasta la desgracia se cansa”.

Es decir, que según los clásicos tanto la fortuna como el infortunio llegan, para cada uno, al cansancio, lo que en definitiva no hace sino que nos ratifiquemos en la consideración del carácter mutable de esta Diosa caprichosa, pues la fortuna se esfuma con idéntica facilidad que las nieblas matinales en los campos otoñales, o aparece de modo imprevisto como una tormenta de verano.

Por eso, el hombre afortunado no debería vanagloriarse de su fortuna, sino temer perderla, al igual que el hombre desgraciado no debiera desesperarse ante su desgracia, sino aguardar a que llegue pronto la fortuna.

Uno y otro han de saber que se encuentran en circunstancias caprichosamente mutables, no perdurables y por lo tanto, esencialmente humanas.

Y que ni siquiera serán igualados por el Hades pues tras el tránsito de la laguna Estigia, guiados por Caronte y llegados ante los tres jueces de lo eterno —Minos, Radamantis y Éaco— podrían acabar navegando por el río Letéo (o del olvido) hacia los felices Campos Elíseos; o por el contrario podría quedar condenados a navegar por el río Piriflegetonte (o río de fuego), a la región del Tártaro situada en las profundidades extremas y donde reina una noche eterna; Aunque si no son juzgados ni como bondadosos ni como malvados, las almas tibias son enviadas a través del río Aqueronte (o de la aflicción) hasta la llanura de Asfódelo, el lugar más frecuentado, donde la noche y el día no son más que un eterno crepúsculo y las almas de los difuntos se pasan la eternidad dando vueltas sin objeto.

Aunque lo cierto es que en ello nada tiene que ver la suerte, sino el comportamiento de cada uno durante su vida terrena, pues en todos y cada uno de estos “infiernos” se encuentran seres que sobre la faz de la tierra fueron agasajados por la fortuna o maltrechos por el infortunio, y en nada influye tal condición a su carácter de perversos, bondadosos o tibios...

El refranero español está lleno de expresiones que se refieren a esta compañía o ausencia de la fortuna.

Se habla así de “quienes nacieron con estrella o estrellados”, o se dice que “la suerte es una flecha lanzada al aire que hace blanco en el que menos la espera”.

Sin embargo otros contradicen la influencia de la fortuna con frases que la denigran; así hay quienes creen que la suerte no es más que la habilidad en aprovechar los momentos favorables, o que la suerte no se tiene, sino que hay que buscarla con el esfuerzo personal.

Así que como vemos existen opiniones para todos los gustos en relación con los juegos del destino en manos de la fortuna.

Pero, ¿existe realmente la suerte, la fortuna?

Yo creo que efectivamente si y que es determinante en la vida de los hombres, ¿o acaso no es más afortunado el que nace en una familia acomodada de un país desarrollado frente a quien lo hace en la miseria y la hambruna de una sociedad tercermundista?

En el fondo son hombre idénticos, dotados de igualdad física y espiritual, pero uno y otro, por la mera circunstancia de las de su nacimiento, tienen ante sí panoramas u oportunidades, radical y ferozmente, diferentes.

Y no es cuestión de justicia o injusticia, sino de fortuna o infortunio.

En todo caso, además, la Fortuna es tremendamente egoísta, pues alcanza tan solo a una mínima parte de los miles de millones de seres humanos que habitan nuestro mundo.
Habrá pues que olvidarse de sus veleidades y esforzarse cabalmente en hacer lo que debamos sin preocuparnos de si la Diosa se apiada, o no, de nosotros o nos toca con su dedo caprichosamente.

martes, 19 de octubre de 2010

SAN SALVADOR

Hay una tradición asturiana que se concreta en la frase: “Quien va a Santiago y no a San Salvador visita al siervo y no al Señor”. El origen de esta frase se encuentra en el hecho de que el Camino de Santiago en su ramal “Francés” no transita Asturias, sino que, bajando desde Roscenvalles a la meseta Castellana, obvia pasar por Asturias. A ello le hemos de sumar que en la Catedral de Oviedo, llamada San Salvador, en la que se venera una bellísima talla románica en piedra policromada de Jesús (San salvador), se custodia una reliquia tradicionalmente considerada como el Santo Sudario que envolvió la cabeza de Cristo en el momento del descendimiento de la cruz, junto a otras reliquias venerables que se conservan en la llamada Cámara Santa. Así pues los asturianos, siempre socarrones con sus vecinos gallegos (Gallegos y Asturianos primos hermanos, los gallegos los primos y nosotros los hermanos), critican la ruta de peregrinación que olvidando la visita de la Catedral de Oviedo y su atesorada reliquia de Cristo, viajaban para venerar al Apóstol y no a Jesús. La Cámara Santa de la Catedral de Oviedo es una torre románica ramirense del s. VIII que conserva reliquias de gran importancia en la tradición histórica Cristiana y del primigenio reino astur, cuna de la reconquista.
El edificio en cuestión fue volado por dinamiteros de las cuencas mineras asturianas durante la revolución de octubre de 1934, el intento de golpe de estado bolchevique contra la republica, promovido por Largo caballero e inicio, según los más modernos historiadores, de nuestra Guerra Civil del S. XX. En este edificio, hoy reconstruido, se guardan, además del santo sudario, que presenta según los más recientes estudios, coincidencias sorprendentes con la Santa Sindone, la Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias y que se considera la cruz de roble enarbolada por Pelayo en Covadonga enriquecida y recubierta de oro por los primeros reyes de la dinastía asturiana, así como la cruz de los Ángeles, símbolo de Oviedo, una sandalia de san Pedro, etc… Y a cuento de que esta referencia a todo lo relatado en esta reflexión heteróclita. Pues miren ustedes, tiene un sentido, la tradición cristiana ha sido el fundamento de nuestra sociedad occidental y hoy es desconocida, obviada y mancillada por la izquierda con Rodríguez a su cabeza, y esos fundamentos de nuestra sociedad europea occidental, que se transmiten de generación en generación desde hace dos mil años, se concretan en tradiciones formales como las descritas, tradiciones que le acaban de jugar una mala pasada diplomática a nuestro presidente Rodríguez. En atención a la importancia que tiene el Pontífice de la Iglesia Católica, cuya sede se encuentra en el Estado independiente del Vaticano, del que el Papa es su Jefe de Estado y que está en Roma, la republica de Italia, desde su nacimiento allá por la época de Garibaldi, mantiene unas normas protocolarias no escritas pero muy estrictas. Según esas normas cualquier Jefe de Estado o de Gobierno que visita Roma lo hace o bien para visitar al Papa, o bien para visitar a las autoridades de la Republica Italiana, pero no se admite mezclar ambos objetivos. Rodríguez, que se sitúa por encima del bien y del mal ha tenido el poco tacto de romper esa norma protocolaria diplomática no escrita y después de visitar al Papa en el Vaticano quiso visitar a Berlusconi y el resultado es el del video que les adjunto.
El tema es antiguo, pero el desplante de Berlusconi al "santificado Rodriguez" me ha hecho tanta gracia que no he podido evitar subirlo a mi blog.

viernes, 15 de octubre de 2010

DO WE CAN?

Obama utilizó el cartel que aparece a la izquierda durante su campaña electoral a la Presidencia de los estados Unidos de Norteamérica, con el slogan “SI PODEMOS”. A Rodríguez le presentamos con igual montaje escénico pero preguntando ¿PODEMOS? Lamentablemente creo que no, que no podremos salir fácilmente del agujero en que nuestra economía se encuentra. Cierto que la crisis no es fruto de la política de Rodríguez, sino que es una crisis mundial; pero mientras que los países de nuestro entorno han sabido, o al menos han comenzado, a adoptar medidas tendentes a la salida de la crisis, con gran desgaste incluso para algunos de sus dirigentes, Rodríguez se empeña en no aplicar las medidas necesarias, en parte porque tan solo piensa en los procesos electorales que se le avecinan y que teme que le pongan en situación muy delicada, comenzando con las autonómicas de Cataluña, y en parte por ineptitud, improvisación y empecinamiento en no hacer caso a los economistas, incluso de su partido, que le susurran las medidas que debe adoptar. Sir Winston Churchil dijo: “Un político se convierte en Estadista cuando deja de pensar en las próximas elecciones para pensar en las próximas generaciones”. y evidentemente Rodríguez no es un Estadista. Los más grave de la situación de Rodríguez es que sus problemas generales se ven agravados, ahora, por la amenaza de problemas internos en su partido, el PSOE, en donde ha empezado a sonar voces disconformes o manifestaciones de hartazgo de sus compañeros. El origen de todo ello ha sido la derrota de su candidata, e intima colaboradora, Trinidad Jiménez, en las primarias del PSOE madrileño para la designación del candidato a las elecciones autonómicas de Madrid. El Presidente Rodríguez había tratado de forzar la designación, como candidata, de la “Señorita Trini”, como la ha llamado Alfonso Guerra, y la resistencia del Secretario General de los socialistas madrileños Tomás Gómez, que forzó la celebración de las primarias, le ha explotado en las manos a Rodríguez y a la ejecutiva nacional del PSOE. El primero de los Barones en manifestarse expresamente contra la continuidad de Rodríguez ha sido el Presidente autonómico de Castilla la Mancha, Barreda, aunque luego haya reculado, supongo que por algún toque de atención recibido. Y no creo que este desgaste interno del Presidente no vaya a pasarle factura. El problema de Rodríguez no es que no sea inteligente, pues debe serlo si ha sido capaz de llegar a la Presidencia del Gobierno, carambolas aparte, y de mantenerse en él durante una segunda legislatura, ya sin carambolas. Ni tan siquiera podemos decir que sea malvado, actúa conforme a sus ¿creencias? o meros intereses, aunque algunos toques de dogmatismo y revanchismo sean evidentes en su “talante”. El problema de Rodríguez es que es un inepto, es decir un hombre no apto para el papel que desempeña y además un mentiroso. Y que es inepto y mentiroso lo demuestra el hecho de que hace pocos meses acusaba al PP de que sus medidas para atajar las “dificultades económicas” que atravesaba España —la palabra crisis no la usó hasta mucho después— serían medidas de carácter antisocial que el PSOE nunca adoptaría, como bajar las pensiones, congelar el sueldo de los funcionarios o reducir las inversiones y el gasto público; Precisamente lo que se ha visto obligado a hacer en las últimas semanas. Pero lo cierto es que con esas chapuzas no ha logrado nada, mientras que se mantienen las multimillonarias subvenciones a sindicatos, partidos políticos, ONG’s y apesebrados de todo tipo; no ha reducido el número de vehículos oficiales, que supera al existente en los Estados Unidos; no ha reducido el número de los asesores y demás contratados a dedo por la administración; ni nada de nada… Y el endeudamiento público sigue creciendo de forma galopante, de tal modo que la pésima gestión de nuestro Gobierno la pagarán las futuras generaciones, aunque no sé como si la población sigue envejeciendo y alargándose la esperanza de vida. Total que, por desgracia, la contestación a la pregunta que inicia este post no puede ser otra que la de decir que NO, que desde luego, así, NO PODREMOS. Y no quiero entretenerme en sus ministros, tan solo recordar que según la última encuesta del CIS el tercero de los problemas que más preocupa a los españoles son nuestros políticos, en general, sin excepciones. No quiero pensar que tenemos a los políticos que nos merecemos como pueblo, creo que deberíamos mantener más alta nuestra autoestima, pero si creo, con la mayoría de los encuestados, que nuestros políticos son un problema y lo son por su falta de honradez, por su falta de preparación y por su falta de visión de “servicio” a sus conciudadanos, que no otra cosa debería ser la política. Y si nuestra sociedad no es capaz de cambiar a nuestra clase política, auguro, desconsoladamente, un largo, frío y entristecido futuro para todos nosotros y para alguna que otra generación venidera.