domingo, 10 de agosto de 2014

LOCURAS DE AMOR - OFELIA


Detalle de “Ofelia”, cuadro de John Everett Millais (1852)  Tate Gallery de Londres


A lo largo de la historia de las artes, múltiples son las representaciones literarias o grafica de las “Locuras de amor”, enajenaciones sufridas por consecuencia del amor, del desamor o de su influencia sobre el alma humana.
Hoy traigo a este blog la “Locura de Amor de Ofelia”, a mi juicio en su más bella representación, que he querido iniciar con un detalle de la obra de Millais.
Tras un largo periplo por diversas ciudades del mundo Ofelia ha vuelto a su hogar, la Tate Galery de Londres, donde se considera uno de los iconos esenciales de su colección.
Como detalles prosaicos podemos recordar que el cuadro fue pintado por Millais tomando por modelo la vegetación natural de las orillas del rio Hogsmill en Surrey, mientras que la modelo fue Elisabeth Siddall, que posó para el cuadro sumergida en una bañera de agua caliente, con el fin de que aguantase las horas de posado necesarias para la conclusión de la obra
 
 La "Ofelia" de Millais, está inspirada en el personaje del "Hamlet" de Shakespeare: Ofelia, que después de la muerte de su padre Polonio, por mano de su amado Hamlet ─tras confundirle con su tío el Rey Claudio─  enloquece por por consecuencia de ser su amado príncipe el autor de tan dramática muerte y, en su delirio, vagabundea por el bosque en los alrededores del lago.
Mientras recoge flores, la enajenada Ofelia se sube a un sauce con intención de colgar de sus ramas las guirnaldas de flores que ha trenzado; Por desgracia, la rama del árbol por la que trepa se rompe y muere ahogada en las fangosas aguas de un arroyo al que ha caído.
El cuadro, encuadrado en el movimiento “pretrafaelita” británico, de claras influencias románticas, nos presenta a Ofelia dejándose llevar por la corriente, inconsciente de su fatal destino, semisumergida en las aguas del arroyo, antes de hundirse y morir.
Shakespeare pone en voz de la reina Gertrude el anuncio de la muerte de Ofelia:
GERTRUDE: Una desgracia va siempre pisando las ropas de otra; tan inmediatas caminan. Laertes, tu hermana acaba de ahogarse.
LAERTES.- ¡Ahogada! ¿En dónde? ¡Cielos!
GERTRUDE: Donde hallaréis un sauce que crece a las orillas de ese arroyo, repitiendo en las ondas cristalinas la imagen de sus hojas pálidas. Allí se encaminó, ridículamente coronada de ranúnculos, ortigas, margaritas y luengas flores purpúreas, que entre los sencillos labradores se reconocen bajo una denominación grosera, y las modestas doncellas llaman dedos de muerto. Llegada que fue, se quitó la guirnalda, y queriendo subir a suspenderla de los pendientes ramos, se troncha un vástago envidioso, y caen al torrente fatal, ella y todos sus adornos rústicos. Las ropas huecas y extendidas la llevaron un rato sobre las aguas, semejante a una sirena, y en tanto iba cantando pedazos de tonadas antiguas, como ignorante de su desgracia, o como criada y nacida en aquel elemento. Pero no era posible que así durarse por mucho espacio. Las vestiduras, pesadas ya con el agua que absorbían la arrebataron a la infeliz, interrumpiendo su canto dulcísimo la muerte, llena de angustias.
 Millais representa a Ofelia abandonándose a su suerte, pocos instantes antes de morir ahogada, con sus ojos y boca entreabiertos, asumiendo la proximidad de su fin, sin reaccionar ante su fatal y cercano destino, “como ignorante de su desgracia”, en palabras de Gertrude.
La atormentada Ofelia, que no puede ya seguir depositando su amor en Hamlet, el asesino ─aún por error─ de su padre, se arropa en la enajenación para asumir su trágico destino, abandonándose a la muerte

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