viernes, 13 de abril de 2007

JON SOBRINO Y LA TEOLOGIA DE LA LIBERACION


El affaire de la Iglesia de San Carlos Borromeo de Madrid y la actitud de los llamados “curas rojos” que la regentan ha dado lugar a una reedición de la polémica existente en relación con la llamada teología de la liberación.

Más concretamente se ha reabierto el asunto de la Notificatio dirigida por la Congregación para la Doctrina de la Fe al teólogo liberacionista Jon Sobrino, que pese a haberle sido remitida en el mes de octubre del año pasado adquiere ahora, al socaire del affaire de los curas de entrevías una nueva edición de publicidad.

Lo grave del asunto es que muchos católicos practicantes se encuentran en la disyuntiva de justificar la posición de los teólogos liberacionistas sobre la base de considerar que es muy ejemplificadora su actitud de defensa y sacrificio a favor de los desheredados del mundo.

Comprendo que desde una aproximación superficial y no puramente teológica a las doctrinas del jesuita “rebelde” Jon Sobrino ---pues sólo como rebeldía puede calificarse su carta al General de los Jesuitas padre Peter Hans Kolvenbach, en la que el padre Sobrino, a modo de contestación a la Notificación, se despacha sin ambages contra la Congregación para la Doctrina de la Fe y contra el propio Ratzinger--- y en atención a su amor a las “victimas” y a los “desposeídos del mundo” pueda defenderse no ya su labor social, sino incluso sus posiciones teológicas.

Qué duda cabe que a cualquiera que tenga una mínima sensibilidad le emociona la labor de los religiosos repartidos por el mundo en su constante, desinteresado y ejemplar trabajo a favor de los pobre, los oprimidos o los sufrientes del mundo.

Que duda cabe que ayuda a incrementar nuestra fe el ejemplo abnegado de los miles de religiosos que se dejan la vida en la defensa de los pobres o los desamparados.

El problema radica en que el contacto permanente con la injusticia ha provocado, en algunos sectores de nuestra Iglesia, reacciones prácticas y formulaciones teológicas que se apartan de las enseñanzas del “Maestro” Jesús con el peligro de desvirtuar la verdadera fe de los cristianos.

La Iglesia hispanoamericana ---término que prefiero al de latinoamericana más propio de los movimientos liberacionistas o indigenistas, y acuñado como modo de ningunear la labor española en América--- muy influenciada por el contacto con la injusticia y los abusos del poder sobre una inmensa población marginada, buscó alternativas teóricas de acción que, por desgracia, han caído en aberraciones que no pueden calificarse sino de preocupantes desde la ortodoxia de las enseñanzas de la Iglesia Católica, con cuyos postulados de fe el padre Sobrino choca frontalmente, como lo hace el conjunto de la llamada “Teología de la liberación”

Voy a explicar las razones de estas “reflexiones heteróclitas” criticas hacia la “Teología de la Liberación”.

No es admisible que la fe se formule desde posiciones de metodología de clase, la de los “Pobres”, lo que no es sino una practica hermenéutica desviada hacia el materialismo dialéctico de la lucha de clases más propia del marxismo que del cristianismo.

El padre Sobrino define a los pobres ---únicos miembros legítimos, según él, de la Iglesia de Jesús--- al afirmar en su obra “Jesucristo Libertador”, recurriendo a las definiciones elaboradas por el padre Ellacuría, que:

“Pobres son, en primer lugar, los "materialmente pobres", "las grandes mayorías del Tercer Mundo". En segundo lugar, "los empobrecidos, los oprimidos". Luego, los que toman conciencia de su situación individual y colectivamente. Enseguida, "son los que convierten esa toma de conciencia en organización popular y en praxis". Por último, "pobres son los que viven su materialidad, su toma de conciencia y su praxis con espíritu, con gratuidad, con esperanza, con misericordia, con fortaleza en la persecución, con amor y con el mayor amor de dar la vida por la liberación"

añadiendo que:

"Los pobres cuestionan dentro de la comunidad la fe cristológica y le ofrecen su dirección fundamental"; la "Iglesia de los pobres es […] el lugar eclesial de la cristología, por ser una realidad configurada por los pobres"

Lo que, según decía ya en mi escrito sobre los curas de la Iglesia de San Carlos Borromeo de Madrid, citando al autor inglés Samuel Gregg, constituye la formulación de una teología de clase, una “teología de la Iglesia de los Pobres” ---pues aplican al catolicismo el tipo de análisis que lo reduce todo a la clase, conforme a los esquemas metodológicos del marxismo--- que cree que la teología sólo puede hacerse desde el punto de vista de esa "Iglesia de los pobres", entendiendo por "pobres", como hemos señalado, no a los "pobres de espíritu" del Evangelio ---esto es, cualquiera, ya sea materialmente rico o pobre, que necesite encontrar a Jesucristo--- sino a aquellos que sufren privaciones materiales, de tal modo que para los “liberacionistas” con el Padre Sobrino a su cabeza, la "verdadera Iglesia” ha de encontrarse en los que son materialmente pobres, en lugar de en aquellos que se adhieren a la fe católica y apostólica transmitida de generación en generación.

Es más. El propio Benedicto XVI, en su etapa como Cardenal Ratzinger manifestó, como el propio Sobrino recuerda en su carta al General de los Jesuitas, que:

"El concepto fundamental de la predicación de Jesús es "Reino de Dios". Este concepto se encuentra también en el núcleo de las teologías de la liberación, pero leído sobre el trasfondo de la hermenéutica marxista. Así, Según J. Sobrino el reino no debe comprenderse de modo espiritualista, ni universalista, sino que debe ser entendido en forma partidista y orientado hacia la praxis. Sólo a partir de la praxis de Jesús, y no teóricamente, se puede definir lo que significa el reino: trabajar con la realidad histórica que nos rodea para transformarla en el Reino"

Pero el padre Sobrino no se limita a definir a los “pobres” y utilizar el concepto como concepto de “Clase” en una muestra de retórica puramente marxista, sino que va más allá y en la misma obra nos dice que la visión de Cristo sólo es válida si se acepta la idea de una:

“... nueva imagen de Cristo liberadora porque tiene "capacidad de liberar de la diversidad de esclavitudes que afligen a los pobres del continente, de otorgar dirección a esa liberación y de animar a los creyentes a ser sujetos activos de ella" (114). La nueva fe en Cristo liberador se opone a la fe en un Cristo de quien se puede esperar una salvación trascendente pero no histórica”

Es decir que la fe en Cristo Liberador de los pobres que operaría así la Salvación Histórica, sería opuesta (y por lo tanto incompatible) a la fe en el Cristo autor de nuestra Salvación Trascendente.

En relación con tale afirmaciones la Notificatio de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 13 de octubre de 2006 remitida al padre Sobrino nos dice explícitamente que:

“(En los textos del padre Sobrino) se afirma que no hay datos para pensar que Jesús otorgara un sentido absoluto trascendente a su propia muerte. Se dice sólo que va a la muerte con confianza y le atribuye un valor de ejemplo motivante para otros.
De esta manera no se toman debidamente en consideración los pasajes evangélicos en los que Jesús atribuye a su muerte un significado en orden a la salvación.
Pero el problema no se reduce a la conciencia con la que Jesús habría afrontado su muerte y al significado que él le habría dado. El P. Sobrino expone también su punto de vista respecto al significado soteriológico que se debe atribuir a la muerte de Cristo:

"Lo salvífico consiste en que ha aparecido sobre la tierra lo que Dios quiere que sea el ser humano […]. El Jesús fiel hasta la cruz es salvación, entonces, al menos en este sentido: es revelación del homo verus, es decir, de un ser humano en el que resultaría que se cumplen tácticamente las características de una verdadera naturaleza humana […].

Por supuesto, hay que conceder todo su valor a la eficacia del ejemplo de Cristo, que el Nuevo Testamento menciona explícitamente, pero no se puede reducir la eficacia de la muerte de Jesús al ejemplo.
La redención se reduce, así, al moralismo.
Las afirmaciones del Nuevo Testamento y de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia sobre la eficacia de la redención y de la salvación operadas por Cristo no pueden reducirse al buen ejemplo que éste nos ha dado. El misterio de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la fuente única e inagotable de la redención de la humanidad, que se hace eficaz en la Iglesia mediante los sacramentos
”.

En definitiva, los liberacionistas entienden que la fe ha de vivirse como instrumento materialista de liberación terrenal de los pobres y oprimidos con olvido de su trascendentalidad.

La conclusión de estas ideas presentes en la obra de Jon Sobrino, es que, pese a partir de la sana idea de analizar nuestra fe desde la perspectiva de las victimas, se cae en formulaciones no ya teológicas sino políticas desde mi punto de vista intolerables.

Así, en su ensayo “Espiritualidad del anti-imperialismo” el padre Sobrino, partiendo de formulaciones muy aceptables en cuanto a la necesidad de oposición al carácter marcadamente materialista y hedonista del tipo de sociedad que América ambiciona implantar en el mundo, siguiendo el modelo de la “American way of life”, acaba incurriendo en formulaciones políticas a mi juicio reprobables.

Así se refleja en la expresión contenida en ese ensayo:

“Contra el imperio hay que luchar de diversas maneras, y los cristianos no deben rehuir ni el desarrollo de teorías antiimperialistas, ni la creación de fuerzas sociales y políticas que se le opongan o que lo minen poco a poco, ni siquiera la participación en revoluciones justas, como ha ocurrido a lo largo de la historia”.

lo que justificaría peligrosamente una actitud de relativismo moral en el que “todo vale” contra la opresión y la injusticia, incluso la violencia y el terrorismo, como se intuye de las palabras contenidas en el mismo ensayo:

“No hay que dejarse imponer la definición (desde los imperialistas) de lo que es terrorismo y paz”

Como puede verse, existen motivos doctrinales teológicos de calado para poner en tela de juicio las conclusiones doctrinales del padre Sobrino y del conjunto todo de la llamada “Teología de la Liberación”, tal y como se desprende de la opinión fundamentada de los teólogos que conforman la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Podrá o no estarse de acuerdo con ellos, pero lo cierto y verdad es que la Iglesia Católica, como Institución, y a través de sus órganos competentes, ha manifestado sin dobleces que las formulaciones teóricas de Sobrino se apartan de la verdadera fe cristiana, tal y como esta está formulada por el “Magisterio de la Iglesia”.

La reflexión daría para mucho más, pues las discrepancias de Sobrino con las doctrinas aceptadas por la Iglesia se extienden, conforme al contenido de la Notoficatio a aspectos no sólo metodológicos o relativos al efecto salvífico del sacrificio de Jesús, sino a otros aspectos como por ejemplo la encarnación de Dios, la divinidad de Cristo o la idea de “Reino de Dios” en Jesucristo.

En cualquier caso y para acabar, siento de verdad tener la sensación de que poco bueno dice a favor del padre Sobrino la sombra de soberbia que se intuye en el contenido en su carta al padre Kolvenbach, con expresiones como:

“No acepto la Notificatio porque varios teólogos han leído mis obras antes de la publicación de la Notificatio de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Todos ellos son buenos conocedores del tema cristológico, al nivel teológico y doctrinal. Son personas responsables. Se han fijado explícitamente en posibles errores doctrinales míos. Son respetuosos de la Iglesia. Y no han hallado errores doctrinales ni afirmaciones peligrosas. Entonces no puedo comprender cómo la notificatio lee mis textos de manera tan distinta y aun contraria. En conclusión "no me siento representado en absoluto en el juicio global de la notificatio". Por ello no me parece honrado suscribirla. Y además, sería una falta de respeto a los teólogos mencionados.”

o la frase:

Sí siento que la notificatio producirá algún sufrimiento. Por decirlo con sencillez, algo sufrirán mis amigos y familiares, y una hermana que tengo, muy cercana a Monseñor Romero y a los mártires...”

Vamos, que al padre Sobrino la Notificatio recibida a cerca del contenido de sus obras… pues ni frío ni calor.

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