viernes, 17 de octubre de 2014

EL ÁNGEL CUSTODIO DE ESPAÑA


He tenido siempre una especial debilidad y devoción hacia la figura del Ángel de la Guarda.
La idea de que Dios nos haya asignado un auxilio espiritual en forma de espíritu puro que vela por nosotros a lo largo de nuestra vida y que nos acompaña en el momento de nuestra muerte, me parece una auténtica delicia, y su fundamento se quiere encontrar en la biblia y muy concretamente en el libro del Éxodo:

«Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado» [1]

Su culto surgió en España en el s.V, por ello no ha de extrañarnos que en la Iglesia de San José de Madrid, en la calle de Alcalá), exista una imagen que representa al “Angel Custodio de España”, co-patrón de nuestra Patria junto al Apóstol Santiago y La Inmaculada Concepción, por petición del Rey Fernando VII al Papa León XII.

Su imagen representa a un arcángel con coraza dorada que sostiene una espada en su mano derecha mientras que con la izquierda sujeta una corona real y el escudo de España, y que se cubre con una capa roja cuajada de flores de lis, mientras pisa la cabeza de una serpiente. Y se eleva sobre un altar adornado con los escudos de las distintas regiones españolas.

 El altar fue inaugurado el 12 de mayo 1920 por el rey Alfonso XIII acompañado por la familia real y por el Presidente del Consejo de Ministros Eduardo Dato.

Pese a que los antecedentes de esta devoción que se remontan a la edad media, lo cierto es que se ha ido perdiendo a lo largo de los años y actualmente es casi residual.

La imagen había sido trasladada desde el Cerro de los Ángeles, y se había proyectado como modelo para un gran monumento nacional, que extendiese esta devoción, hoy casi olvidada. Cuando, diez años después, estalló la persecución religiosa, las imágenes del Cerro fueron profanadas por los republicanos, y la del Ángel Custodio -que porta en su mano una corona, un escudo con blasones de los reinos de Castilla, León, Navarra y Aragón, y que luce más de cien borbónicas flores de lis en su capa; o sea, todo un desafío para los fieles de la República- se salvó de las llamas porque los milicianos respetaron la iglesia al estar dedicada a san José, «que era un obrero».

Pero la devoción al Ángel de España no nació el siglo pasado, sino que hunde sus raíces en las del nacimiento de la nación. Ya hay mención de ella durante la invasión de las tropas francas de Carlomagno, en el siglo VIII, y también en la victoria de Las Navas de Tolosa, en 1212, con la que comenzó el principio del fin de la Reconquista, y en la que un misterioso pastor guio a las tropas cristianas para emboscar a los moros, y luego desapareció. En 1624, la obra El Bernardo [2], que canta la Victoria de Roncesvalles, contra Carlomagno y los musulmanes, dice así:

«Los demonios, que tratan de destruir a España, muestran la insaciable sed que tienen de nuestra perdición, y con qué gusto y facilidad la harían, si el freno de la potencia divina no los detuviese, significada por el Ángel Custodio de España, que descubre cuan cortas fuerzas son las del infierno para ofender a los que el cielo tiene por amigos».

Tal era la confianza que nuestros antepasados tenían en su fiel protección, que Fernando VII, tras la guerra contra Napoleón y con el país desvencijado por la contienda, solicitó -y consiguió- que el Papa León XII nombrase a tan celestial protector co-patrón de España, junto a la Inmaculada Concepción y a Santiago Apóstol, y aprobase una fiesta litúrgica con oficio propio.





[1] Éxodo 23, 20; Libreria Editrice Vaticana (7 de mayo de 2007). Otros ejemplos se hallan en el Libro de Daniel (6, 22; y 10, 13-20), en el Libro de los Salmos (34, 7; y 91, 11-12) y en el Evangelio de Mateo (18, 10).

[2]  El Bernardo: poema heroico / del doctor D. Bernardo de Balbuena (1568-1627) Biblioteca Virtual de las Letras Mexicanas; Madrid, Imprenta de Gaspar y Roig, 1852.

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