lunes, 4 de marzo de 2013

KUMANO KODO



Los caminos espirituales son, desde el nacimiento de las culturas, sendas de reencuentro del hombre con los espíritus que adora. La UNESCO ha reconocido el carácter de “Patrimonio de la Humanidad”, tan solo a dos de ellos, “EL CAMINO DE SANTIAGO” en España, que desde el siglo IX acoge a los peregrinos que desde distintos puntos de Europa acuden visitar la tumba del Apóstol Santiago, recorriendo el norte de la Península Ibérica desde los Pirineos hasta Santiago de Compostela, en Galicia, y que en nuestros días atrae aún a millares de peregrinos que, aunque lo inicien como una experiencia meramente turística, acaban, en su mayoría, respirando la espiritualidad que emana cada rincón de la ruta, y “KUMANO KODO” o camino de Kumano, en los montes Kii de Japón, al que traemos hoy a nuestras páginas.


En cualquier caso la declaración de la UNESCO ha hecho que existan protocolos de colaboración entre las autoridades, españolas y japonesas, para su promoción y conservación, baste como ejemplo que si visitamos la página Oficial de la Oficina de Turismo Japonesa de Kumano Kodo, encontraremos una explícita referencia al camino de Santiago y viceversa.

Al igual que ocurre con nuestro “Camino”, los japoneses mantienen con absoluto respeto, la bellísima tradición del “Camino de Kumano” o “KUMANO KODO”, en el que se visita el hogar de los “Yomi Kami”, o espíritus de los ancestros, que, según sus tradiciones, habitan su asombrosa naturaleza.

Kumano, es una remota región montañosa situada al sur de Kioto, que ocupa la mitad inferior de la península Kii. Es un lugar sagrado desde tiempos prehistóricos y origen de la espiritualidad japonesa, que tiene sus raíces en la adoración de su impresionante entorno natural, con gigantescos árboles y hermosas cascadas en las que se cree que habitan los espíritus. Estas montañas se consideran la morada mística de los dioses y como hemos dicho, muy especialmente de los espíritus —Kami— de los fallecidos —Yomi—.


Cuando el budismo llegó a Kumano en el siglo VI se fusionó armónicamente con el sintoísmo, la religión indígena del Japón, creando formas únicas de sincretismo.

Surgió la creencia de que las deidades locales son manifestaciones de entidades budistas, lo que transformó Kumano en una matriz espiritual rica y compleja, un paraíso terrenal de purificación, sanación y salvación.



Los principales lugares de culto se consolidaron en un conjunto formado por tres grandes Santuarios: Kumano Hongu, Kumano Hayatama y Kumano Nachi. En torno a ellos se desarrolló una red de rutas, el Kumano Kodo, para que circulasen los peregrinos en su arduo viaje. Devotos de todos los estratos sociales –antepasados imperiales, guerreros samuráis o gente del pueblo llano– han recorrido estos caminos, buscando contacto con las fuerzas de este lugar sagrado.

Y hoy continúan haciéndolo.



Los sintoístas distinguen varias clases de Kami o dioses, los inmemoriales, entre los que se encuentra Amaterasu, Diosa del Sol y ancestro de los Emperadores, los de la naturaleza, personificados en ríos, piedras, arboles, montañas, etc.. y los Kami Yomi familiares o espíritus de los ancestros.

Para pasar de este mundo finito al infinito de los Dioses o espíritus, es necesaria una Torii (puerta) especial que delimita el espacio sagrado de los templos y el mundo terrenal. Y en el Kumanu Kodo pueden contemplarse infinidad de ellas que permiten la comunicación espiritual con los “Kami Yomi” de cada uno.



En 1946, el emperador Hirohito declaró, en un discurso radiofónico, y por imposición de las autoridades Norte Americanas, que él no era akitsumikami (divinidad encarnada). Sin embargo, después de esta declaración, el propio Hirohito pidió el permiso a las fuerzas de ocupación para adorar a sus antepasados, entre los cuales adoró a Amaterasu, la Gran Diosa del Sol; así, implícitamente, manifestaba su descendencia divina.

Hoy en día, pese a la abolición por los Americanos del Sintoísmo como religión de Estado y al hecho de que la Constitución japonesa declare el principio de laicidad, que es escrupulosamente respetado, el 90% de los japoneses se declaran sintoístas y la Familia Imperial continúa celebrando sus ritos ancestrales, aunque sean calificados, oficialmente, de rituales privados.

Pero volvamos a Kumano Kodo, pues aparte de su profunda espiritualidad, lo cierto es que la estética del Camino o “Kodo” es espectacular. Desde la conservación exquisita de la naturaleza hasta la de sus construcciones ancestrales y los ritos y tradiciones que allí se celebran.


Una tradición es la procesión de los peregrinos en el Festival de Yata que se celebra el último fin de mes de agosto.

Una de estas tradiciones es la Fiesta del Fuego o Nachi no Hi Matsuri, que se celebra el 14 de julio en el santuario de Kumano Nachi Taisha, consistente en una procesión en la que se transportan, desde el fondo del Valle donde cae la catarata de Nachi hasta el Santuario, a hombros de los participantes, 12 enormes antorchas de pino de unos 50 kg que representan a las deidades que habitan los bosques de Kumano.


La belleza natural, del “Camino” sus tradiciones ancestrales, y el cuidado de las mismas por los japoneses, bien merecen nuestra atención.

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