sábado, 15 de mayo de 2010

MALTHUS




Estamos asistiendo a un ataque organizado y severo contra la Iglesia Católica que viene tanto de la izquierda radical comunista como desde las posiciones ultraconservadoras capitalistas, y que han puesto el foco sobre la Iglesia en tres frentes esenciales.

1º.- El carácter antidemocrático de la Iglesia por oponerse a la legislación interna de los países que autorizan el aborto, considerando la ley como bien supremo, aspecto tratado en el post
¿NO SON HUMANOS?

2º.- La pederastia como mal típico de la iglesia, a quien también me he referido el post
IGLESIA CATOLICA Y PEDERASTIA

3º.- Finalmente se ataca a la iglesia por anti progresista, insensible ante los problemas del SIDA y la prohibición del uso del preservativo en países del tercer mundo.

Lo que no se ha querido entender es que la Iglesia en este punto mantiene una posición contraria a los preservativos no por estrechez mental, sino por antimalthusianismo.

Desde 1798 Malthus y sus seguidores nos advierten de un peligro respecto de la cual deberían adoptarse medidas y que no es otro que el hecho de que mientras la población mundial crece en progresión geométrica, la capacidad del planeta para producir Alimentos crece en progresión aritmética, lo que nos conducirá a una situación insostenible.

O dicho de otra manera, ya que la superficie terrestre limita inexorablemente la producción alimenticia, también limita el número de seres humanos que pueden vivir en el planeta.

Las tesis sostenidas por Malthuse tendrían estas consecuencias fundamentales:

1º.- La naturaleza procede a una selección natural de los individuos tratando de evitar el colapso.

2º.- Sin embargo las medidas sociales adoptadas por los Estados perturban el juego de las leyes de la naturaleza encargadas de seleccionar a los más aptos y de eliminar al resto.

3º.- Dado que es inadmisible que los menos dotados perjudiquen a la especie, es preciso ayudar a la naturaleza en su proceso selectivo, con medidas tendentes a garantizar la viabilidad de los más aptos y deprimir la de los inútiles o no aptos.

Nos referimos a doctrinas nacidas a principios del s. XIX, pero, desgraciadamente, con plena vigencia actual.

Son interesantes las críticas dirigidas frente a la constante inspiración Malthusianista de la ONU en sus programas de control del crecimiento de la población, expuestas por el Profesor de la Universidad de Lovaina Michel Schooyans.

Sus conclusiones esenciales podríamos resumirlas del modo siguiente:

1º.- La política de control mundial de la natalidad propugnada por la ONU, esencialmente a través del FNUAP (Fondo de Población de Naciones Unidas) se basa en la falsa idea de que sin control de la población no existe desarrollo, sobre la base de tres controvertidos argumentos:

a) Los países pobres del tercer mundo tienen demasiados hijos y son responsables de su propia miseria.

b) El crecimiento poblacional desordenado es causa de la pobreza y del desempleo.

c) La concentración de pobres, desplazados a las grandes ciudades, es origen de criminalidad y delincuencia.

2º.- La corrientes neomalthusianistas explotan las concepciones hedonistas, el derecho al placer individual y la emancipación de la mujer como instrumentos de sus fines, tal y como se demuestra en las propias conclusiones de las Conferencias de la FNUAP (Fondo de Población de Naciones Unidas) desde 1994, que recogen postulados tan discutibles como los siguientes:

a)La educación y emancipación de las mujeres son medios para lograr la reducción de la natalidad” Lo que nos llevaría, por deducción, a considerar que las políticas “feministas” de la ONU no responden a una finalidad intrínseca de lucha por la igualdad de la mujer, si no que son mero instrumento demográfico.

b)La educación de la mujer debe de contener una expresa referencia a la educación sexual y reproductiva, en la que aparecen como “nuevos derechos” la libertad sexual, el aborto, la homosexualidad e incluso la esterilización voluntaria o forzosa”.

c)La familia debe ser “reinventada” pues en su concepción tradicional es una institución de opresión y marginación de la mujer, a la que impone un rol meramente reproductor, impidiendo su realización. Por ello debe defenderse la idea de los “nuevos modelos de familia” frente a la monógama y heterosexual, defendiéndose el modelo de familia monoparental, homosexual, reconstruida, etc...”

Formulaciones que se realizan, nuevamente, con una finalidad puramente demográfica tendente a la reducción de la natalidad, pues no se trata de defender las distintas opciones sexuales de la mujer y de liberarla de su carga reproductora en aras a su realización como ser humano, si no que lo que se pretende es disminuir la natalidad.

Además, no deja de ser escandaloso que los programas sobre población de las Naciones Unidas, siguiendo sin empacho el modelo Malthusianista, centren su acción en los países pobres a quienes, en la ola “neoecologista” tan de moda, se acusa de ser los causantes de los males que aquejan al planeta, pues sus políticas de desarrollo ocasionan la degradación del medio ambiente, la deforestación, la contaminación y el efecto invernadero. Lo que llevaría a la conclusión formulada por Malthus:

Ayudar a los pobres es transgredir la moral natural

Según el propio las concepciones de Schooyans Malthus se han reactivado en los últimos años en defensa de los intereses de los países ricos, en el dialogo Norte-Sur, países ricos-países pobres.

Sin embargo, el mismo autor cita los trabajos de varios Premios Nóbel para desmontar la teoría malthusinista.

Así, en primer lugar se nos cita al premio Nóbel Norman Borlaug quien en sus trabajos habría venido a demostrar que la pobreza de los llamados “países del tercer mundo” no es debida al agotamiento de los recursos productivos del planeta, si no a causas humanas, como serían las guerras, los malos gobiernos, la falta de educación, la precariedad en los sistemas de garantía de los derechos de los ciudadanos, o la imperfección de los procesos de distribución.

En segundo lugar se nos citan los trabajos del Premio Nóbel Gary Becker , premiado con este galardón en 1992 por sus trabajos tendentes a demostrar la importancia de la familia tradicional y el papel de la madre en la educación y en el desarrollo de la sociedad.

Finalmente se nos citan los trabajos del Premio Nóbel de Economía de 1998 Amartya Sen que pone el énfasis en los derechos políticos de los ciudadanos como instrumento esencial de lucha contra la pobreza, sobre el principio de que no hay desarrollo sin democracia, ni democracia sin libertad. Como dijera el propio Sen:

“La tentación de imponer un modelo obligatorio de control de la natalidad nace en el momento en que los Gobiernos tienen prioridades distintas a las de sus ciudadanos y sus familias”

La conclusión no puede ser otra que considerar que la ONU y sus programas malthusianistas de control de la natalidad responden a criterios materialistas inadmisibles, puestos al servicio de concepciones que atentan a los Derechos Humanos, a la dignidad de la persona, fruto de las concepciones antagónicas, pero en esta ocasión coincidentes en los métodos ---en cuanto que sirven a la consecución de sus dispares fines materialistas--- del capitalismo neoliberal y de la planificación neomarxista.

Ninguna de ambas corrientes doctrinales tiene consideración hacia el ser humano, sino que persiguen la defensa del Mercado o del Estado, como bienes supremos a los que debe supeditarse el individuo.

Ninguna de ambas corrientes doctrinales, en consecuencia, puede aportar una visión aceptable del problema del desarrollo en el tercer mundo, y solo concepciones basadas en el humanismo, podrían aportar luz en este asunto.

Y en este juego, de manera no explicita pero si evidente, la Iglesia ha tomado partido contra el Malthusianismo y su posición contraria a los preservativos no es un intransigencia sexual, sino una lucha contra la deshumanizada política de “control de la natalidad”, que pretende descapitalizar humanamente a los países del tercer mundo en beneficio de los países ricos y desarrollados.

El problema, como en muchos casos es que la Iglesia no ha sabido, o no ha querido, explicarse con más contundencia.

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