viernes, 14 de mayo de 2010

EL MARQUES DEL VALLE DE TENA


Siempre recordaré mi primera visita a la Casa de ABC en Serrano; en ella se respiraba el olor de la tradición y la Historia.

Era octubre de 1983.

Conocí aquel día a Guillermo, mi jefe y amigo, después, durante muchos años, con su impresionante porte, su pelo blanco y su innata autoridad, que emanaba de todo él como parte propia de su propio ser.

Quien conociera a Guillermo sabe que era un hombre con gran criterio y mucho sentido del humor, oculto tras su impresionarte aspecto serio y formal.

Nos entendimos bien desde el primer día, tal vez le hiciese gracia, desde su bonohomía, aquel joven abogado que yo era entonces y poco a poco fuimos haciéndonos depositarios de confianza y afecto mutuos, de los que me siento orgulloso aún hoy, cuando él se ha ido y yo llevo ya más de diez años sin colaborar profesionalmente con él, aunque el afecto y la confianza se mantengan incólumes.

Yo tenía entonces 28 años, él 56.

Mi relación con él se fundamentó desde mi juventud y mis circunstancias, pues mi padre había muerto hacía tan solo tres años y me encontraba con un hombre maduro que me acogía bajo sus alas y que estaba dispuesto a aconsejarme y ayudarme, no solo a que trabajase para él o con él.

Desde 1983 hasta el año 1999 fui su colaborador, su consejero y su amigo, hasta que, fruto de una lamentable enfermedad y de una insoportable traición, se alejó de la Presidencia de la “Casa” y yo con él de mis responsabilidades, aunque nunca nos perdimos el afecto, que mantengo hacia sus hijas y que sé, me consta, es correspondido.

La última vez que nos vimos fue almorzando en su compañía y con su hija Soledad, mi querida Petisa, en el “Nuevo Club”, uno de los sitios que le gustaban de su Madrid, si acaso no pudiera decirse que le gustaba Madrid todo, aunque su ciudad amada fuese Sevilla.

Se ha escrito mucho sobre Guillermo, todo podría decirse, desde su fallecimiento (q.e.p.d.), pero yo he querido dejar pasar algunos días desde su despedida para escribir estas líneas de adiós.

Guillermo fue, efectivamente como se ha dicho numerosas veces, un gran editor cuya pasión era ABC; recuerdo como me definió un día lo que era la independencia del periódico:

No se trata de mantener una objetividad cuasi virginal, sino de informar verazmente y opinar sobre los acontecimientos y sobre las noticias, de acuerdo a nuestros principios fundacionales, es decir, de acuerdo a nuestra línea editorial y sin admitir influencias o presiones externas.”

Pero también era un gran empresario, que cuando su hermano Torcuato propuso, allá por los años 70, la suspensión de pagos de PRENSA ESPAÑOLA, la Sociedad editora de ABC, ante sus dificultades económicas, Guillermo compró la mayoría de Capital a sus hermanos y familiares, hipotecándose con todo su patrimonio y añadiendo más préstamos con pignoración de las acciones adquiridas, y todo con el fin de evitar la muerte de ABC.

A la larga su apuesta tuvo éxito llegando a acumular más de 67% del Capital de una saneada Prensa Española; Años más tarde presencié como un accionista le preguntaba:

“¿Oye Guillermo, como es que tu tienes tantas acciones si tu padre os dejó a todos los hermanos la misma cantidad?”

a lo que Guillermo contestó:

“Porque, como muchos accionistas no se fiaban del futuro, he ido comprando las de casi todo el mundo y además acudiendo a las ampliaciones de Capital que tuvimos que ir haciendo y que en parte quedaban desiertas”

Años más tarde fui testigo y en alguna medida co-protagonista de la cancelación tanto de los endeudamientos personales en que Guillermo había incurrido, como de los de la Sociedad y ello gracias a los beneficios que empezaron a generarse en PRENSA ESPAÑOLA a partir de 1994, mi primer año como Consejero Delegado de la Empresa.

Hace algunos días, Luis María Ansón ha cometido el error imperdonable de publicar en “El Mundo” un artículo inmisericorde contra Guillermo, en su sección “Canela Fina”, que, en esta ocasión, más huele a “fétido muladar” que a fina especia ultramarina, en expresión por él acuñada años atrás, para denunciar las miserias morales de otros, expresión que el Tribunal Supremo consideró como una “expresión de critica aceptable” dentro de los usos periodísticos.

No voy a comentar las insidias y medias verdades relatadas en su artículo por Ansón, que a fuer de atacar a Guillermo se convierte en protagonista, él mismo, de su propio escrito, pero que olvida que todo lo que es se lo debe al hecho de haber sido Director de ABC precisamente por la decisión personal de Guillermo. Allá él y su conciencia. Al final no deja de ser penoso tener que acabar , ya anciano, amparado por quien, durante años, fuera tu principal competidor “El Mundo”

Ya lo decía Nietsche:

“Hablar mucho de uno mismo no es, también, sino una forma de ocultarse.”

Pero volvamos a Guillermo que es lo que me ocupa.

En nuestro último almuerzo hablamos de lo divino y de lo humano, como siempre nos había gustado, y solo cruzamos dos frases sobre ABC:

Guillermo: “Que pena, Jesús, que no lográsemos los objetivos que nos habíamos propuesto para la Casa”

Yo: “Las circunstancias fueron las que fueron Patrón, pero no miremos al pasado, al fin y al cabo ahí sigue el ABC cada día en el quiosco, hablemos de otras cosas”

Me dirigió una entrañable sonrisa y continuamos charlando de tirios y troyanos.

En el año 2003 S.M. El Rey concedió a Guillermo el Título de Marqués del Valle de Tena con Grandeza de España; en este solo gesto se resumen el reconocimiento de los méritos y valores de Guillermo, quien vivió su vida en la lealtad a España y la Corona y dedicado, en cuerpo y alma, a sus dos grandes pasiones, ABC y la vida toda, tal y como nos recordó hace algunos días su hija Soledad en un artículo publicado en ABC.

Descansa en paz, Guillermo y que encuentres sosiego y recompensa más allá de los mármoles de tu última morada.

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