miércoles, 7 de marzo de 2007

MELANCOLIA

"Per Pietá amore mio, perdoname" de la Opera "Cosí fan tutte" de Mozart

© Ralf Crosslens – Deep Sorrow (Profunda Pena)

(Cementerio Hamburgo Ohlsdorf)



Una de las obras intelectualmente más asequibles de Kant, que suele ser plúmbeo en sus formulaciones, aunque lo sean de gran contenido e intensidad, es un breve ensayo llamado “Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime”.

En este ensayo el pensador alemán define, entre otras cosas, la tipología de lo que él llama los hombres “melancólicos”.

Si nos detenemos un poco en la definición tipológica del prusiano, se nos da la paradoja de que en ella pueda aparecer un certero retrato de nuestro Presidente del Gobierno, Sr. Rodríguez Zapatero, a quien, por cierto, ya os habréis percatado de ello, es la única persona en España, junto con los árbitros de fútbol, a quien los periodistas llaman por sus dos apellidos, cosa a la que yo me niego.

Efectivamente, si analizamos el comportamiento del Sr. Rodríguez, siguiendo las definiciones kantianas, fácilmente apreciamos que algunos rasgos de la personalidad del personaje son los característicos de los melancólicos por aquel definidos.
El primero de estos rasgos es que Rodríguez, como todos los melancólicos kantianos, se preocupa poco de los juicios ajenos a cerca de sus propios actos, ya procedan de la oposición o de sus correligionarios, al tiempo que se manifiesta obstinadamente inamovible en sus posiciones políticas y está permanentemente enfadado con el mundo que le rodea porque le lleva la contraria.

Pero lo más grave, es que el Sr. Rodríguez se ha inclinado ---como sucedería con los melancólicos según las reflexiones de Kant cuando incurren en la degeneración de su carácter--- hacia el fanatismo y el entusiasmo por sus propias acciones, siendo vengativo con todo aquel que ose oponérsele, amigo o enemigo, a quienes trata de destruir sin misericordia.

Así mismo desprecia el peligro, especialmente el riesgo al que está arrostrando a España con su debilidad proverbial ante los terroristas, los nacionalistas y los radicales.

Como su inteligencia muestra, pues, todas las características de lo que Kant considera debilidad, ha incurrido en lo monstruoso, dando alas a todos los mencionados extremistas; es presa de sueños significativos, presentimientos y señales milagrosas, hasta el punto de que ha caído en la extravagancia de entender que es depositario de un doble destino histórico, casi mesiánico, cual sería, de una parte, el de lograr la desaparición del terrorismo de ETA, sin importarle el coste de su empeño o el sufrimiento de las víctimas ---hasta el punto de llegar a tratar con mayor conmiseración a los asesinos como de Juana que a sus víctimas--- y de otra su obstinación en alcanzar una “Alianza de Civilizaciones” que tal y como se concretan los trabajos del GAN presentados en Estambul más parece una “rendición de la civilización occidental” que una Alianza sin vencedores ni vencidos, aunque quien sabe, detrás de esta ambición acaso se esconda también el deseo inconfesable de conquistar el premio Nóbel de la Paz.

De todo lo expresado debemos concluir que lo más preocupante del talante personal del Presidente del Gobierno no es responder a la definición del “Hombre Melancólico”, sino su inclinación a la chifladura o el desvarío, anunciada por Kant para los melancólicos cuando en ellos se dan aquellas desviaciones de su carácter.

Y no otra cosa que esa inclinación a la chifladura puede ser la causante de sus desvaríos, torpezas y obsesiones, pues estoy seguro que el Sr. Rodríguez es profundamente inteligente, pues solo desde una inteligencia singular podría alcanzarse la Presidencia del Gobierno, salvo que nos encontrásemos ante un “sosias” del “Mr. Chance” de Jerzy Kosinski, personificado en la película “Bienvenido Mr.Chance” por Peter Sellers.

En cualquier caso, esta inclinación no parece preocupar al Presidente ni a sus partidarios de la izquierda radical, pues en la tradición comenzada en el convento de los dominicos de la calle de San Jacobo del París revolucionario, que les ha dado nombre, nada habrá mejor para lograr los propios medios ansiados, que abandonarse a la locura y hacer que el Gobierno de la Nación actúe como un a modo de “Comité de Salvación Pública[1]” donde ZP-Robespierre y Pepiño-Saint-Just impongan sus designios políticos arropados por los votos del PSOE y sus partidos coaligados –--sus “montagnards” particulares---.

Solo sería deseable, ante tamaño despropósito, que su mandato fuese tan efímero como lo fuera el de tan reprobables jacobinos.

Me encantaría pensar que nuestra Sociedad es lo suficientemente madura como para que las urnas acaben apreciando la vesania de sus gobernantes y los desplacen del poder.
Al menos me conforta que con sus actuaciones ellos mismos estén contribuyendo a tal desenlace.


[1] El “Comité de Salvación Pública” órgano creado en 1793 para encargarse de salvaguardar la seguridad pública, investigando y juzgando a todo sospechoso de simpatizar con la monarquía o de ser contrarrevolucionario, fue de facto el “Gobierno de la República” durante “El Reinado del Terror”, bajo la autoridad de Maximilien de Robespierre asistido por su mano derecha Louis de Saint-Just, hasta la ejecución de ambos en la guillotina le “jour de l’Arrosoir” ---día de la regadera, feliz coincidencia--- ó 10 de Termidor del año II de la República (28 de julio de 1794).

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