jueves, 19 de abril de 2007

VEGA SICILIA


Ahora van y nos tocan el Vega Sicilia.

Según informa la prensa la nueva autovía A-11, autovía Barcelona - Oporto en su tramo Aranda de Duero - Tudela de Duero, se hará expropiando, entre otras, 14 hectáreas del famoso viñedo vallisoletano de Vega Sicilia.

Al parecer todas las alternativas son malas, en una zona donde los viñedos de calidad se encuentran, desgraciadamente, en el corredor paralelo a la antigua carretera N-112, cuyo desdoblamiento es el sistema elegido para la construcción de la autovía.

¿Creen ustedes que esto ocurriría en Francia con sus emblemáticos viñedos de Romané Conty en Borgoña o de Chateau Lafitte en Burdeos?

¡¡¡Desde luego que no!!!

Pero como aquí somos más papistas que el papa y la Constitución establece la “función social” de la propiedad, pues que se fastidien los ricos, tanto los que producen aquel maravilloso vino como los que tienen dinero para comprárselo y beberlo, que el pueblo llano no va a sentirlo, ya que sus posibles le hacen imposible degustarlo y si que van a transitar por la nueva autovía.

El problema del vino en España, de indudable calidad, incluso muy superior a la de los afamados caldos franceses o italianos, es un problema de cultura; aun diría yo más: de educación.

Ya lo han visto ustedes con la famosa Ley de Bebidas alcohólicas promovida por nuestra incasablemente prohibicionista Ministra Salgado, que niega el carácter de alimento al vino y lo penaliza igual que a las bebidas destiladas, y que se ha retirado no porque Rodríguez tenga otra visión más culta del producto, sino porque los ministros Caldera (Trabajo) y Espinosa (Agricultura) previnieron al Presidente de los peligros de la protesta del campo, tractoradas incluidas en las carreteras, en pleno período preelectoral.

Veremos lo que pasa una vez que se hayan celebrado esas elecciones.

Por desgracia en España, esencialmente desde la perspectiva utópica del progresismo dogmático intolerante de la izquierda radical apoltronada en el PSOE, el vino es equiparado al “morapio” de consumo inmoderado, elaborado en pitarras y bebido por las familias enteras con desconocimiento de su intrínseca maldad para los niños.

Y ya saben ustedes que al pueblo soberano, pero súbdito, la izquierda quiere imponerle “su” concepto del bien a base de prohibiciones legales educativas, pues en caso contrario, si se le dejase a su aire, seguiría siendo una masa inculta y oprimida por los poderosos.

No se por qué la idea me recuerda al despotismo ilustrado jacobino del peor estilo.

La falta de respeto de nuestros gobernantes del PSOE y sus socios parlamentarios, ante las realidades históricas, sociológicas o culturales españolas es para nota.

Y lo que es más grave, su visión miope de las realidades les hace cometer inmensos errores.

¿Acaso no merecerían los viñedos de la Ribera del Duero, todos y cada uno de ellos, ser preservados de la nueva autovía por muchos rodeos que esta tuviera que dar?

¿O se limita todo a un problema de mal entendido desarrollo económico?

Existe, por lo visto alguna alternativa que dejaría incólume los viñedos todos de la Denominación de Origen Rivera de Duero, pero según los políticos y dado los rodeos que tendría que dar y su alejamiento del eje del Duero, y de los núcleos de población de la comarca, carecería de los efectos integradores del territorio que, entre otras cosas, se busca con la autovía.

¡¡¡Pamplinas!!!

¿Qué hay más integrador para un territorio que respetar su riqueza natural?

Cada vidueño se caracteriza por presentar una combinación única de composición del terreno, variedades vitícolas, microclima, insolación, edad de los pies de viña, técnica y tradición, que por irrepetible le hace excepcional.

Y eso es precisamente lo que ocurre con todos y cada uno de los viñedos de La Ribera del Duero, de tal forma que los que se pierdan por consecuencia de la construcción de la autovía serán irrepetibles e irrecuperables.

Pero esto a nuestros políticos les trae al pairo, pues una autovía alejada mínimamente de los núcleos de población o que no tenga en su ejecución el efecto ejemplificador de machacar alguna Bodega o algún vidueño no sería políticamente correcta.

No sabemos cual será el vino preferido del Presidente Rodríguez, pero tal vez el hecho de que nuestros políticos gobernantes quieran tocarle los “fundamentos” a la Rivera del Duero, tenga algo que ver con su obsesión casi enfermiza con el ex presidente Aznar, que en su etapa de Gobierno no tenía empacho en proclamar su amor por los vinos de esta Denominación de Origen.

Ya saben ustedes que en las mentes preclaras de Ferraz todo lo que recuerde al Sr. Aznar es sinónimo de guerra, mentira, extremismo, falta de talante y por lo que se ve, ahora, también falta de gusto vitivinícola.

Así que ya lo saben ustedes: Ganaremos en “talante democrático” gracias a la acción de nuestros políticos, aunque ello implique perder en calidad vitivinícola.

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