sábado, 28 de abril de 2007

MASONERIA


Tengo algunos amigos que siempre me han hablado favorablemente de la Masonería, comentándome que en nuestros días se trata de una asociación de índole más cultural y de búsqueda de las excelencias socio políticas de sus integrantes, que de arcanos secretismos.

Por otra parte, se ha venido hablando mucho, durante esta última temporada y a raíz del libro “La Gran Revancha” publicado por los periodistas Isabel Durán y Carlos Dávila, de la hipotética obediencia masónica de nuestro Presidente de Gobierno, el Sr. Rodríguez.

Esta cuestión me lleva a estudiar el fenómeno de la Masonería, con el objetivo de tratar de saber que es realmente la masonería y así contestar a una pregunta esencial.

¿Qué supondría la pertenencia de Rodríguez a la Masonería?

En primer lugar debemos decir que al hablar de la masonería no podemos hablar en un sentido unívoco y global, ya que no existe una única masonería sino que existen muchas masonerías independientes unas de otras ---como la inglesa, la norteamericana, el Gran Oriente de Francia, etc… --- y dentro de estas mismas se da una variedad extraordinariamente de ritos ---Rito escocés antiguo y aceptado, Rito de York, Rito escocés rectificado, Rito mixto universal, etc…--- que no solo afectan a los aspectos puramente formales, sino también al fondo de sus convicciones ideológicas.

En cualquier caso, con carácter general, y al objeto de simplificar nuestro análisis, podemos diferenciar una masonería regular u ortodoxa, frente a una masonería irregular y heterodoxa.

La primera, esencialmente la inglesa, sigue más fiel a los principios sobre los que fue fundada: creencia en un Ser Supremo, respeto de la Biblia y no injerencia en cuestiones políticas y confesionales, y ha preferido dedicar su actividad al campo humanitario.

La segunda, que es la propugnada por el Gran Oriente francés, es anticlerical, laicista, racionalista y no pocas veces declaradamente atea, sectaria y expresamente anticatólica, con mayor compromiso e implicación política.

Y es a esta segunda es a la que voy a referirme a partir de aquí, ya que la masonería española ha pertenecido tradicionalmente a este grupo, autocalificada de laicista y progresista, y respetuosa con el Gran Oriente de Francia.

Es difícil realizar una aproximación puramente objetiva, fría y aséptica a la francmasonería en nuestro país, si nos atenemos a sus antecedentes históricos, pues desde principios del s XIX, y por su vinculación a los movimientos liberales y revolucionarios ilustrados, la masonería española adquirió unas características peculiares: su carácter conspirador y reducto del militarismo romántico liberal, pues a ella pertenecieron todos aquellos (Lacy, Riego, Torrijos, etc.) que protagonizaron en España, de manera sistemática y continuada, el sinfín de pronunciamientos propios del siglo XIX hispánico.

En una página web he encontrado esta definición de la masonería:

"La francmasonería es una asociación universal, filantrópica, filosófica y progresista, que procura inculcar en sus adeptos el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes, los sentimientos de abnegación y filantropía y la tolerancia religiosa: que tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias y de intereses, uniendo a todos los hombres por los lazos de la solidaridad y confundiéndolos en mutuo afecto de tierna correspondencia".

Sin embargo, y pese a su protesta de “tolerancia religiosa” la francmasonería mantiene principios filosóficos que le hacen ser absolutamente incompatible con la religión, con cualquier religión, aunque quien más expresamente ha denunciado esa incompatibilidad sea la Iglesia Católica.

Efectivamente, desde un punto de vista religioso, la masonería defiende el racionalismo, el naturalismo y el laicismo, por lo que el pretendido respeto a la religión es más formal que de fondo.

En tal sentido es significativo que, en 1877, el gran Oriente de Francia eliminase de sus estatutos la obligación, hasta entonces exigida, de la creencia en el Ser Supremo, al que se da el nombre de Gran Arquitecto del Universo, supresión consecuente con la actitud anticlerical, laicista y racionalista que sus miembros propugnaban, que les lleva a abandonar su tradicional deísmo[1].

Por otra parte la masonería difunde la creencia en una moral universal, base de todas las religiones y que sería, por ello, superior a éstas. La inconcreción consecuente de toda norma moral objetiva, implicaría un relativismo moral difícilmente conciliable con ningún credo religioso.

Finalmente, y desde una perspectiva filosófica, la masonería defiende la teoría de que nadie puede poseer la verdad en exclusiva, defendiendo una visión cosmológica ecléctica en la que sería admisible incluso el ateísmo.

Pero con ser importante la incompatibilidad del “credo” masónico con la religión, son otros los elementos que hacen que la Masonería haya sido considerada tradicionalmente como una secta odiosa.

Así, el hecho de la defensa del principio de “moral universal” hace que la masonería, en la práctica, asuma un concepto de moral que le hace caer en el subjetivismo y el relativismo más absoluto, hasta el punto de que el fin justifique los medios.

Por otra parte es temible el carácter de “secta de iniciados” de la Masonería, que impone a sus miembros compromisos de asistencia entre “hermanos” que da lugar a prácticas discriminatorias e injustas para los no masones difícilmente admisibles en países desarrollados en los que se mantiene la pretensión de legalidad de los actos e igualdad de derechos entre los ciudadanos.

Esta aseveración no es una mera opinión, sino que viene fundamentada por documentos propios de la masonería como, por ejemplo, las normas del “Rito Americano” recopiladas por M.C.Duncan[2] que exigen, en el juramento de un nuevo masón, que formule el siguiente compromiso:

“Ayudaré a un compañero Masón cuando lo vea en cualquier dificultad y tomaré partido por su causa para liberarlo del problema tenga o no razón.”

Otro apunte preocupante: el carácter de secta de la masonería se manifiesta también en el deber de obediencia absoluta del masón a la Orden, así según relata Alberto Pike[3], en el juramento de los Caballeros Kadosh se dice:

“Me comprometo a defender el derecho y la verdad aun por la fuerza y la violencia, si fuese necesario y hubiese sido debidamente ordenado por mis superiores regulares. Así mismo me comprometo a obedecer sin titubeo cualquier orden que sea de mis Superiores regulares en la Orden"

Lo que en definitiva privaría al masón de su autentica libertad y conformaría una entidad que vincula a sus miembros a la obediencia ciega debida en relación con sus fines.

Finalmente la francmasonería de obediencia francesa se caracteriza por su implicación política radical; así, en el Congreso Masónico internacional, reunido en París en 1889, el Gran Oriente de Francia, manifestó que:

"La Masonería, que preparó la Revolución de 1789, tiene el deber de continuar su trabajo, tendente a la implantación de La república social universal, en la que, después del derrocamiento de toda clase de tiranía espiritual y política, de los poderes dinásticos y "teocráticos" y de los privilegios de clase, reinará la más grande libertad individual posible y una igualdad social y económica en conformidad con los ideales Masónicos, verdaderos objetivos finales de esta labor social.”[4]

Se nos dice, no obstante, que la Masonería contemporánea ha “dulcificado” sus objetivos y sus procedimientos, abandonando su radicalización laicista, así como su carácter revolucionario liberal-ilustrado.

Sin embargo, el secretismo propio de las actividades de las organizaciones masónicas no nos permite comprobar la realidad de tales asertos, ni la evolución real de los objetivos políticos y sociales de los masones.

Lo cierto es que no sé si una transformación tan profunda en la esencia de la masonería, como la que se nos comenta, pueda haberse completado a lo largo de un siglo tan convulso como el s.XX, y en cualquier caso insisto en lo comentado al principio: La multiplicidad de asociaciones masonas ---pues basta visitar Internet para comprobar la enorme proliferación de asociaciones, círculos, o centros que se auto definen como masones--- tampoco contribuye a una definición clara de “Masonería” y permite la coexistencia de movimientos de todo tipo, inclinación, ánimo y tendencia bajo epígrafe tan transitado.

Por último quiero volver a hacer mención al libro “La gran revancha” de los periodistas Isabel Duran y Carlos Dávila, en el que se reproducen documentos que demuestran, según sus autores, que el abuelo del Presidente, el famoso “Capitán Lozano” fundó y fue miembro activo de la logia masónica Emilio Menéndez Pallarés n.º15, de León. Cuestión ésta que no tendría mayor trascendencia de no ser porque al lugar donde el capitán Lozano celebraba las tenidas masónicas semanales de su logia acudió en julio de 2006 Rodríguez, en su calidad de Presidente del Gobierno, para inaugurar la casa museo propiedad de la Fundación Sierra-Pambley, tres días antes de que el Consejo de Ministros aprobara el polémico proyecto de ley de Memoria Histórica.

Estos autores apuntan así a la adscripción masónica de Rodríguez, que no solo se comenta en el libro citado, sino que se afirma por algún otro investigador como Ricardo de la Cierva, lo que explicaría su ímpetu laicista, su carácter jacobino y su “progresismo dogmático intolerante” en feliz expresión de mi buen amigo José María de Retana que he hecho ya propia.

No sé si con los apuntes recopilados habré sido capaz de explicar lo que la Masonería significa en nuestros días, tarea nada fácil ante el propio secretismo del mundo masónico, esoterismo que hace de las sectas masónicas un mundo arcano e impenetrable.

En cualquier caso si pensáis que no he logrado mi objetivo de realizar un esclarecedor análisis de la Masonería, reclamo para mi un reconocimiento tal como el que mereciera “Faetón” ---el hijo de Helios, muerto por un rayo de Zeus tras los desastres por él ocasionados en su fallido intento de guiar correctamente el carro solar de su padre--- concretado en el epitafio marcado en una roca por las Náyades, que Ovidio describiera en su “Metamorfosis”:

“Hic situs Phaethón currus auriga paterni, quem si non tenuit, magnis tamen excidit ausis”

es decir:

“Aquí yace Faetón, auriga del carro de su padre; si no fue capaz de gobernarlo, al menos cayó víctima de grandiosa audacia”


La caída de Faetón, por Rubens

Pues habréis de reconocer como audaz, cuando menos, mi intento de conocer algo que, por esencia, desea permanecer desconocido.


[1] DRAE: Deísmo: Doctrina filosófica que admite la existencia de un Dios creador, pero niega la revelación y la providencia
[2] DUNCAN, M. C. Duncan's Masonic Ritual and Monitor or Guide to the three symbolic degrees of the ancient York rite. 3º edition with additions and corrections
Philadelphia, Editions by the Washington Publishing Company, s/d. Cloth binding
[3] ALBERTO PIKE, Gran Comendador del Supremo Consejo (Charleston, Carolina del Sur-Washington), generalmente reconocido como la mejor autoridad en jurisprudencia Masónica en América. Su gran obra fue “Los Rituales del Rito Escocés”
[4] Circular del Gran Oriente de Francia, 2 Abril, 1889.

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