jueves, 19 de diciembre de 2013

EXCESO DE INFORMACION

 
En una sociedad con hiper información, como es la nuestra, en la que nos llegan, permanentemente, relatos de actualidad y opiniones a través de los medios de comunicación, internet o incluso rumores pseudo informativos procedentes de fuentes desconocidas,  lo crítico es tener criterio, saber diferenciar lo verdadero de lo falso y lo accesorio de lo fundamental;  saber lo qué es realmente importante, dentro de la marea informativa que nos abruma y diferenciarlo de su envoltorio, extrayéndolo el elemento esencial de lo que se nos cuenta, vemos  o escuchamos, tratando de que solo lo cierto e importante afecte a nuestra forma de pensar y actuar.
Lao Tse ya nos advirtió que los colores atractivos ciegan los ojos; los sonidos musicales ensordecen; los sabores exquisitos engañan al paladar; y la lucha por la adquisición de riquezas envilece las acciones humanas. Por eso el Hombre que desee ser un hombre justo no solamente ha de educar sus ojos, sino que también su mente, y así, libre de la influencia de los colores, sonidos y gustos, podrá elegir el verdadero camino de su vida.
Lo mismo debemos hacer con la información y opiniones que nos colapsan, educar nuestro criterio para no dejarnos influenciar por sus colores o melodías.
Sin embargo la tarea no es fácil, pues nunca sabremos donde está el contrapunto, el matiz diferencial, la certeza de las informaciones que nos llegan en un momento determinado.
Sobre todo si pensamos como Heráclito que Uno no se baña nunca en el mimo rio, pues las aguas en las que nos sumergimos nunca son ya las mismas”.
Así, el Taoismo de Lao tse, en un intento de preservarnos frente a la información que nos asalta desde el exterior, estableció una reglas para mantener el “sano criterio”
La primera es conocer a los demás y conocerse a uno mismo, para alcanzar la sabiduría.
La segunda es conquistar a los demás; pero conquistarse a uno mismo para ser invencible.
La tercera  es conservar la posición que se tiene; pensando no obstante que todo lo mundano se perderá  y que nuestro objetivo real es alcanzar la vida eterna, lo que significa morir y no perecer.
Con todo ello, continúa el maestro chino, el hombre llegara a ser “Justo” y su comportamiento se caracterizará por ser cauteloso como el que atraviesa un río en pleno invierno; vigilante como si temiera la actitud de los que le rodean; ceremonioso como si estuviera de visita; discreto como el hielo que se disuelve; sincero como la madera virgen; acogedor como un valle; turbulento como las aguas turbias de un río caudaloso.
Sin embargo la frenética hiperactividad de nuestro mundo contemporáneo nos cierra, en muchas ocasiones, la posibilidad de tomarnos el respiro necesario para reflexionar sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea, al modo que las viejas lecciones recomiendan, solucionando los conflictos entre las cuestiones opuestas que se nos planteen mediante una solución que no dé lugar a otros conflictos mayores.
Y frente al relativismo, que en este punto quiero representar con una poética frase de Paul Desjardins: “Ya está el bosque sombrío, pero azul sigue el cielo”, no olvidemos que son los árboles los que no nos dejan ver el bosque, ni la luz del sol, que por encima de sus copas, aún brilla majestuoso.
Y tampoco nos dejemos despistar por los “déjà vù, esas sensaciones, que nos vienen ocasionalmente, de que lo que estamos diciendo, haciendo o viviendo, ya lo hemos vivido, dicho o hecho antes, en una época remota; de haber estado rodeados, hace tiempo, por las mismas caras, objetos y circunstancias, como si no viviésemos una situación nueva para nosotros, sino que la recordásemos, pues en ocasiones la información recibida nos parece repetición de otras previas, aunque los supuestos sean diferentes y por lo tanto las conclusiones que de los mismos se deriven hayan de ser, forzosamente, diferentes.
Mi recomendación: No creamos nunca la primera “verdad” que nos llegue, contrastémosla con otras versiones de la misma “verdad y saquemos nuestras propias conclusiones.
Y, por desgracia, seamos mal pensados, llegando a la conclusión que todas las fuentes quieren transmitirnos no “La Verdad” sino “su verdad” y no dejemos manipularnos.[]

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