domingo, 13 de enero de 2013

MUERTE COTIDIANA

                                Cementerio de Milan

Para vivir un año es ne­ce­sa­rio
mo­rir­se mu­chas veces mucho.
 Ángel González

Lo cierto es que la vida son muchas pequeñas muertes cotidianas. Mueren los sentimientos, las ilusiones, las decepciones, las alegrías, las desgracias…
Van muriendo nuestros recuerdos, nuestras sensaciones nuestros amigos y parientes, nuestras ambiciones…
Hasta el máximo placer es llamado “la petite mort” por nuestros vecinos franceses, como si experimentarlo matase parte de nuestro ser.
Solo falta que muramos nosotros mismos para alcanzar la plenitud de esa muerte que vivimos cada instante.
Ya lo decía Albiac en su artículo del pasado 17 de diciembre en ABC:
 
 "…. el fin del mundo no sucede un día, a una hora, en un instante; el fin del mundo es cada instante en el cual el mundo existe, porque jamás podremos remontar el flujo heraclíteo del tiempo, y ese mundo que fue se extingue en el acto mismo de nombrarlo. Y con él, nosotros.”
 
 En cualquier caso, nuestra muerte será el fin del mundo, al menos de nuestro Mundo. Continuará este, más será otro, pues nosotros ya no estaremos en él.

 


 

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