miércoles, 26 de septiembre de 2007

LA SIESTA

La siesta de VanGogh

Pues después de esta larga siesta de más de dos meses, vuelvo a la carga con mis “reflexiones heteróclitas”.

Si existe alguna institución española por antonomasia, esa es “La Siesta” o “pigazu” como la llaman en mis tierras asturianas, cuyo nombre proviene de ser el descanso habitual de la “hora sexta” romana, el adormecimiento típico posterior al almuerzo, al tiempo que debo reconocer que desconozco el origen semántico del termino bable.

Que duda cabe de que la siesta presenta grandes ventajas, puestas de manifiesto incluso por los médicos, pero es que, además, estoy convencido de que muchos de los grandes acontecimientos de nuestra historia se produjeron después de la siesta.

Así no me extrañaría que Colon durmiese la siesta cuando Rodrigo de Triana divisó las costas americanas y gritó “¡¡¡Tierra a la vista!!!”...

Ni que Pizarro quemara sus naves después de meditarlo durante la siesta...

Igual que no me extraña que nuestro Presidente Rodríguez transite adormecido por los entresijos del poder, en un duermevela propio de una siesta onírica ---dominada por sus ensoñaciones idealizadas que se le han convertido en pesadillas--- mientras que la economía se va al garete (diga lo que diga el pobre Solbes), nuestro crédito internacional ha llegado a ser prácticamente inexistente, y los separatistas radicales conquistan, a veces con métodos propios de su espíritu nazionalista, parcelas de poder real ---y asignaciones presupuestarias inmerecidas--- ante la desidia de los poderes del Estado.

Adormecido...

Lamentable espectáculo el que nos ofrece el poder adormecido en sus ensoñaciones, mientras los gobiernos nazional-socialistas de Cataluña, Galicia o Las Vascongadas, permiten a sus respectivos pandilleros de ETA, Terra Lliure y movimientos similares, renacidos de sus cenizas como aves fénix trágicas y diabólicas ante la inacción de la autoridad, que aleteen en los espacios como si estuvieran poseídos del efluvio de las hierbas, como lo estaban los “Hashishim”, en los vergeles de Alamut, antes de perpetrar sus atentados.

Según los relatos de Marco Polo ---quien sin embargo no pudo conocer Alamut, ya que la ciudad fortaleza había desaparecido mucho antes de que el veneciano pasase por sus proximidades--- Alamut tenía unos jardines secretos y maravillosos que se usaban para fanatizar a los iniciados de la secta.

Conforme a la leyenda que nos ha llegado, a quienes se les quería convertir en “Hashishim” ---asesinos suicidas--- se les drogaba con la substancia después llamada “hachís” en su recuerdo y se les hacía despertar en el jardín, donde gozaban, durante unos días, de lo que creían el paraíso.
Posteriormente se les volvía a drogar, y al despertar estaban de vuelta en el castillo y se les decía que sólo volverían a disfrutar del Paraíso que habían tenido ocasión de conocer si morían en combate contra el enemigo.

De mismo modo los adoctrinados jóvenes antisistema de estos territorios españoles, han sido formados bajo la influencia de la mentira, la manipulación de la Historia y el adoctrinamiento nazionalista según premisas muy del estilo de lo que en el nuevo sistema educativo socialista pretende ser la “Educación para la Ciudadanía”.

Efectivamente los jóvenes cachorros del nazionalismo violento y radical han sido educados bajo un sistema cuyas competencias fueron delegadas de modo irresponsable en los Gobiernos Autonómicos primero por los gobiernos de la UCD y después por los del PSOE, sin que tampoco el PP en su etapa de Gobierno hiciera nada para resolverlo, sistema educativo que les ha convertido en víctimas de lo que podríamos llamar el “Síndrome del Hashishim”.

Efectivamente, a estos jóvenes se les ha enseñado una radical mentira que lamentablemente se ha convertido en su verdad: la de una tierra y un pueblo (los suyos propios) conquistados y explotados por los Castellanos.

Se les ha enseñado, además, que la situación ideal, su paraíso “alamútico” particular, viene representado por Estados Independientes y libres de la dominación española.

Y se les ha enseñado, y se lo han creído ante la indiferencia de sus mayores y de la mayoría insensata de los españoles, que cualquier medio es legítimo para conquistar sus aspiraciones.

Y su convencimiento y determinación viene a ser mayor cuando ante sus abusos no encuentran respuesta alguna de la autoridad del Estado que frene sus desmanes.

Esta misma consideración, ha sido puesta de manifiesto por Arturo Pérez Reverte en un escrito que, bajo el título "Cortos de razones, largos de espada” circula por internet, del que os reproduzco algunos párrafos interesantes:

“Te gusta la novela [La última entrega de la saga del capitán Alatriste], pero lamentas que el autor haga trampas con la Historia real; la auténtica Historia que –eso no lo cuentas, pero se deduce– te enseñaron en el colegio.
Y consideras «poco riguroso» y «poco creíble» que una galera española estuviera tripulada por soldados vizcaínos que combatían al grito de ¡¡¡Cierra España!!!. Y añades, joven amigo –lo de joven es importante– que el episodio de los vizcaínos te chirría, pues parece forzado. «Metido con calzador –son tus palabras– para demostrar que los vascos (y no los vascongados, don Arturo) estábamos perfectamente integrados en las fuerzas armadas españolas, lo que no era del todo cierto.»
Esta contestación a tu carta la extiendo a la cuadrilla de embusteros y sinvergüenzas de los sucesivos ministerios de Educación, de la consejería autonómica correspondiente, de los colegios o de donde sea, que son los verdaderos culpables de que a los diecisiete años, honrado lector, tengas –si me permites una expresión clásica– la picha histórica hecha un lío.
En cuanto a lo de Cierra, España, ni es consigna franquista ni del Capitán Trueno. Quien conoce los textos de la época sabe que, durante siglos, ése fue el usual grito de ataque de la infantería española –en su tiempo la más fiel, sufrida y temible de Europa–, que en gran número, además de soldados castellanos y de otras regiones, estaba formada por vizcaínos; pues así, vizcaínos, solía llamarse entonces a los vascos en general, «a veces cortos de razones pero siempre largos de bolsa y espada». Y guste o no a quien manipuló tus libros escolares, amigo mío, con sus nombres están hechas las viejas relaciones militares, de Flandes a Berbería, de las Indias a la costa turca.
Los oprimidos vascos fuisteis –extraño síndrome de Estocolmo, el vuestro– protagonistas de todas las empresas españolas por tierra y mar desde el siglo XV en adelante. Ése fue, entre otros muchos, el caso de los capitanes de galeras Iñigo de Urquiza, Juan Lezcano y Felipe Martínez de Echevarría, del almirante Antonio de Oquendo, su padre y su hijo Miguel, o de tantos otros embarcados en las galeras del Mediterráneo o en la empresa de Inglaterra.
Las relaciones de Ibarra, Bentivoglio, Benavides, Villalobos o Coloma sobre las guerras del Palatinado y Flandes, los asedios, los asaltos con el agua por la cintura, las matanzas y las hazañas, las victorias y las derrotas, hasta Rocroi y más allá incluso, están salpicadas de tales apellidos, sin olvidar las guerras de Italia: en Pavía, por ejemplo, un rey francés fue capturado por un humilde soldado de Hernani, en el curso de una acción sostenida por tenaces arcabuceros vascos.
Y te doy mi palabra de honor de que aquel día todos gritaron, hasta enronquecer, Cierra, España: voz que, en realidad, no tenía significado ideológico alguno. Sólo era un modo de animarse unos a otros –eran tiempos duros– diciéndole al enemigo de entonces, fuera el que fuera: Cuidado, que ataca España.
Así que ya ves, amigo mío. No inventé nada. El único invento es el negocio perverso de quienes te niegan y escamotean la verdadera Historia: la de tu patria vasca –«La gente más antigua, noble y limpia de toda España», escribía en 1606 el malagueño Bernardo de Alderete– y la de la otra, la grande y vieja. La común. La tuya y la mía.

Pero no nos preocupemos de nada, porque el Presidente Rodríguez puede que no nos dé respuesta válida al reto de los nazionalismos frente al concepto y la verdad de España y la cohesión y solidaridad entre sus diferentes regiones, pero seguro que resolverá nuestro futuro añadiendo a sus grandes logros sociales ---como la legalización del matrimonio homosexual o la implantación del adoctrinamiento escolar a través de la educación para la ciudadanía--- otros logros de igual importancia y de mayor coste presupuestario, como la cobertura de las necesidades de asistencia dental de los niños, las ayudas a la juventud para el alquiler de vivienda, la reforma del régimen laboral del servicio doméstico, y sus reuniones internacionales, al más alto nivel, con Evo Morales, Erdogan y compañía, con el deseo de resolver el problema mundial del Cambio Climático; sin olvidarnos del proyecto estelar de sus ministros más delirantemente progresista-dogmático-intolerantes (Justicia y Sanidad) de instaurar la eutanasia, para lo que consideran que el pueblo español está ya suficientemente maduro.

Tema ese de la eutanasia sobre el que aunque ya haya escrito algo hace algún tiempo, me parece que alguno de estos días, cuando me recupere de la siesta nacional, voy a volver a incidir.

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