lunes, 16 de septiembre de 2019

EL SUPREMACISMO ISLAMICO EN EUROPA …y la falta de respuesta de los gobiernos europeos.



Una de las cuestiones cruciales que están ocurriendo en nuestra actual Europa, y sobre las que habitualmente se pasa de puntillas, es la del “SUPREMACISMO ISLÁMICO”, que se propaga entre los musulmanes inmigrados a los países de la CE, con escasa o nula reacción de los gobiernos europeos frente a ello.

Pero, ¿En qué consiste lo que he llamado “SUPREMACISMO ISLÁMICO”?

Pues en la exigencia de los musulmanes de que su fe sea tratada con privilegios que no se reconocen a ninguna otra creencia religiosa, y ello sobre la base de considerar que su fe es la “UNICA FE VERDADERA” y que cualquier comportamiento que se realice en nuestras sociedades, que no se corresponda fielmente a su Ley Divina o Sharía, debe ser considerado como una ofensa al Islam y por lo tanto ser tratada como una conducta criminal por “Islamofóbica”.

La otra cara de la moneda es el absoluto desprecio, e incluso persecución, por parte de los los musulmanes a cualquier credo, modo de vida o costumbres, que no se amparen en el Corán y la Sharía, con un talante discriminatorio y totalitario que pone a los no musulmanes en la tesitura de ser considerados islamófobos por el mero hecho de vivir conforme a sus costumbres, fe o modo de vida.

Y no pensemos que tal SUPREMACISMO es algo excepcional. Las manifestaciones a lo largo de toda Europa de musulmanes exigiendo la aplicación de la Sharía, incluyendo a las comunidades nacionales occidentales, es un fenómeno frecuente. Pongamos algunos ejemplos.

En Inglaterra, el clérigo musulmán Anjem Choudary, que aparece en la fotografía que encabeza esta reflexión, es uno de los máximos exponentes de este movimiento, no solo en las Islas Británicas, sino en el resto de Europa, como demuestra el hecho de unas declaraciones hechas desde la cárcel inglesa en la que se encuentra, en una reciente entrevista concedida al periódico Daly Mail que:

“Llevar a cabo todos los actos y liturgias propios del cristianismo durante la Semana Santa española, es una ofensa para los miles de musulmanes que se ven obligados a vivir su fe prácticamente en la clandestinidad”.

            Acusación de ejercer su fe desde la clandestinidad que, en nuestro país, al igual que en la mayoría de los demás países europeos, es una auténtica falacia.

            Por el contrario, sacerdotes católicos y anglicanos, han sido detenidos en las calles inglesas por tratar de transmitir el mensaje cristiano, porque esa actividad “ofende a los musulmanes”



            En Francia la policía se encuentra sobrepasada por la acción de los musulmanes que, disturbios aparte, han tomado las calles los viernes para sus rezos, como forma de imponer su presencia y su fe en la laica sociedad francesa, como podemos ver en estas fotografías:

                       


El académico francés Gilles Kepel, politólogo, orientalista y  especialista en el Islam y el mundo árabe, advierte de una futura guerra a nivel civil en Europa.

Añadir leyenda
Kepel sostiene que un número cada vez mayor de musulmanes jóvenes con pocas perspectivas de empleo, están conformando lo que él llama la “Generación Yihad”, cuyo objetivo no es sino “Destruir la Sociedad Europea Occidental y democrática, a través de una guerra civil, para, luego, construir una sociedad islámica sobre sus cenizas”                              
Según el diario alemán Die Welt, Kepel dijo que el objetivo del grupo terrorista Estado Islámico es incitar al odio hacia los musulmanes del resto de la sociedad, que con el tiempo lleve a la radicalización de los demás musulmanes, hasta que ello conduzca a que Europa se meta de lleno en una guerra civil total. Es decir, no solo quieren destruir nuestra sociedad, sino que para ello pretenden acabar con las posiciones islámicas más moderadas, afirmando que:
“El terrorismo es ante todo la expresión de una guerra dentro del mismo Islam”

Según este intelectual, la mayoría de los salafistas no son violentos pero predican una ruptura cultural con las sociedades occidentales a las que consideran no creyentes, lo que atrae a gente que ve esta oportunidad como una salida a su frustración social y se dedican se adhieren a esta base ideológica emprendiendo un camino hacia la violencia.

A la luz de los hechos son evidentes dos cosas:

- Primero: Que el peligro de ataques terroristas en Europa procede, en su inmensa mayoría, de individuos musulmanes radicalizados.

- Segundo: Que las autoridades occidentales han sido incapaces, hasta la fecha, de adoptar medidas de control de esa radicalización y consecuentemente del terrorismo que de ella deriva, poniendo en serio peligro la seguridad de nuestra Sociedad y de sus ciudadanos, lo que, a su vez, responde a diversas causas:


La equivocada política de acogimiento de inmigrantes, que son, en su mayoría, hombres adultos jóvenes que, con la disculpa de la existencia de guerra en sus países de origen, no están dispuestos a defender allí sus creencias y buscan mejorar su vida a costa de los ciudadanos europeos.







En esta nefasta política, tiene una parte muy importante de culpa Alemania y su Canciller la Sra. Merkel, como consecuencia del “complejo” de xenofobia o racismo, aún no superado por la sociedad alemana desde las persecuciones nazis a judíos y otras minorías étnicas, que, además, ha impuesto a sus socios comunitarios; política de acogimiento que ha agravado la situación de la inmigración musulmana ya existente con anterioridad.

Así mismo, ha contribuido, al actual estado de cosas, la posición de las izquierdas marxistas, generalmente antisistema, de los países europeos occidentales, pues como ya nos dijo la intelectual rusa Nadiezda Mandelstam:
 "La atracción de los comunistas por el Islam no es casual. El determinismo. la disolución del individuo en la sagrada militancia, el orden que aplasta al individuo. Todo eso les atrae más que la doctrina cristiana del libre albedrio y el valor de la personalidad humana."

No nos olvidemos, tampoco, del papel jugado, en todo este escenario, por parte de la “progresía” de izquierdas del Partido Demócrata Norteamericano, con Obama y Hilary Clinton a la cabeza, que han fomentado, en países árabes, la pretensión típicamente progre/yanqui, de imponer sistemas democráticos homologables a los occidentales, a través del proceso que se conoció como “Primavera Árabe”, que favoreció el derrocamiento de líderes dictatoriales como Sadam Hussein en Irak, Gadafi en Libia, Mubarak en Egipto, o el último experimento con Al Asad en Siria, que han dado lugar a la guerra entre facciones islámicas y a los más radicales movimientos islamistas conocidos en los últimos cien años, como el ISSIS-DAESH o Estado Islámico.

Y, por último, no nos olvidemos de Irán y Arabia Saudí, potencias que, respectivamente, están dominadas por las corrientes teológicas musulmanas chií y suní salafista, y que protagonizan y fomentan el enfrentamiento interno en el Islam, permanente desde los tiempos de la muerte del Profeta.

Una vez creadas estas condiciones de radicalismo islámico,  idóneas para el terrorismo y el caos en todo el mundo musulmán del norte de África y Oriente Medio, la guerra de Siria ha derivado en una oleada de refugiados de esas regiones que han accedido a Europa y entre los se han infiltrado “gran cantidad de terroristas”.

Pero no pensemos, como pretende la izquierda europea ─toda ella, desde el Comunismo a la Socialdemocracia, de raíces marxistas─ que la suma de factores como el crecimiento de la población de origen musulmán en Europa, sus graves problemas de adaptación, o sus malas condiciones económicas, agravadas por la reciente crisis económica, haya sido utilizada por los Gobiernos europeos pretendidamente “derechistas”, para crear un caldo de cultivo prefabricado e idóneo para generar un caos social que permita la instauración de un estado policial y el recorte de las libertades ciudadanas.

 NO

La reacción de los Gobiernos europeos ha sido la contraria, la cesión a las presiones musulmanas que se ha traducido en absurdas legislaciones para combatir la “Islamofobia”, cuando la agresión a nuestras sociedades y nuestro modo de vida procede de los musulmanes, la falta de liderazgo social frente a la amenaza que la radicalización musulmana representa, y el “apaciguamiento” frente a esos movimientos radicales, lo que nos recuerda la frase de Winston Churchill ante los acuerdos de la Conferencia de Múnich de 1938, firmados por Neville Chamberlain con Adolf Hitler:

“El apaciguamiento es lo mismo que dar de comer a un cocodrilo, lo único que se consigue es que crezca hasta el punto que sea capaz de devorarte”

Solamente algunos países como Suiza o Dinamarca han aplicado, respecto del Islam, una política de “quid pro quo”, al prohibir la construcción de mezquitas en sus territorios en tanto y cuanto no se permite la construcción de Iglesias en los Estados musulmanes, o Bulgaria, que ha prohibido el uso en las calles o lugares públicos de los velos integrales a las mujeres musulmanas por razones de seguridad, dado que hace irreconocible a su portador, o la propuesta de la ministra de Inmigración de Holanda, Rita Verdonk, para prohibir el uso del burka en los lugares públicos; en estos últimos días se ha sumado a esta tendencia Noruega, que ha decidido prohibir la financiación de construcción de mezquitas por parte de Arabia Saudita mientras en este país no se permita la construcción de Iglesias Cristianas.

Sin embargo, otros gobiernos, como el Sueco, mayoritariamente femenino, y de modo vergonzoso, no sólo ha tratado de ocultar el terrible crecimiento de agresiones sexuales en Suecia cometidos por inmigrantes musulmanes ─afirmando los responsables policiales que han silenciado el hecho para no favorecer a los movimientos ultraderechistas─, sino que sus ministras, en reciente visita a Irán, en la recepción con su presidente Hassan Rouhani ─que incluso les ha negado estrecharles la mano, por ser mujeres─ se han plegado al uso del velo, signo de clara discriminación hacia ellas.

En definitiva, debemos concluir afirmando que, o los gobiernos europeos son capaces de adoptar medidas eficaces frente al “SUPREMACISMO ISLÁMICO”, atajando de raíz la radicalización de sus defensores, que arrastra a las juventudes musulmanas en toda Europa, o el conflicto final, al que se refiere Kepel, será inevitable.

Y lo más grave es que ese conflicto no sería un conflicto europeo, si no que daría lugar a una verdadera III Guerra Mundial entre Occidente y el Islam.

En cualquier caso, recordemos que la práctica de "SUPREMACISMO ISLÁMICO" es una práctica de fundamento teológico dificilmente combatible.

En el año 1990 la 19ª Conferencia Islámica, formada por 45 países musulmanes, promulgó la “Declaración de Derechos Humanos en el Islam”, como respuesta a la declaración de Derechos Humanos de la ONU de 1948.

En esta “Declaración de Derechos Humanos en el Islam”, se establecen principios que son esclarecedores en relación con la filosofía de fondo que subyace en el Islam y en su relación con el resto del mundo.

Así, en primer lugar, su artículo 10º nos dice:

“El Islam es la religión indiscutible”

Y como corolario de ello el artículo 22 de la misma declaración añade:

“a) Todo ser humano tiene derecho a la libertad de expresión, siempre y cuando no contradiga los principios de la Sharía.

b) Todo ser humano tiene derecho a prescribir el bien, y a imponer lo correcto y prohibir lo censurable, tal y como dispone la Sharía Islámica.

c) La información es una necesidad vital de la sociedad. Se prohíbe hacer un uso tendencioso de ella o manipularla, o que ésta se oponga a los valores sagrados [del Islam] o a la dignidad de los Profetas. Tampoco podrá practicarse nada cuyo objeto sea la trasgresión de los valores, la disolución de las costumbres, la corrupción, el mal o la convulsión de la fe.

Recordemos que la Sharía es la ley islámica, contenida en el Corán y en la tradición de los “hazid” —hechos o dichos del Profeta ratificados en su autenticidad por los Ulemas— y que en palabras de Jomeini:

«El gobierno islámico está sometido a la ley del Islam, que no emana ni del pueblo ni de sus representantes, sino directamente de Dios y su voluntad divina. La ley coránica, que no es otra que la ley divina, constituye la entidad de todo gobierno islámico y reina enteramente sobre todas las personas que están bajo ella.»
La consecuencia fundamental de esos preceptos es que la libertad de expresión queda sometida a la Ley Coránica. Y puesto que “El Islam es la religión indiscutible”, cualquier defensa de otra fe, o de cualquier idea ajena a las enseñanzas de “El Profeta”, no puede quedar amparada por el derecho a la libertad de expresión.

Por otra parte, profundizando en la misma idea, el apartado c del artículo 22 de esta declaración prohíbe expresamente que la información pueda oponerse a los valores sagrados [del Islam] o a la dignidad de los Profetas.

Según Pedro Buendía en su comentario a la declaración de Derechos Humanos en el Islam, publicada en la página Web del Grupo de Estudios Estratégicos, (www.gees.org):

“La parte más grave de la Declaración es aquella que afirma "Todo ser humano tiene derecho a prescribir el bien, y a imponer lo correcto y prohibir lo censurable". Bajo esta filantrópica expresión alcoránica (al-amr bi-lma'ruf wa-n-nahi 'ani-l-munkar, 3:104), la Declaración oculta un concepto islámico de la moral pública que, en el plano práctico, equivaldría a autorizar a todo el mundo a fiscalizar la vida de su vecino y, en última instancia, a emprender particularmente la acción política represiva. "Imponer lo correcto y prohibir lo censurable" es, en efecto, una parte esencial del programa político del yihadismo internacional, y desde luego es una conducta que han aplicado los regímenes musulmanes más represivos, como el sudanés, el talibán, el iraní o el de Arabia Saudí, donde incluso hay departamentos de policía moral con ese nombre "Al-amr bi-l-ma'ruf wa-n-nahi 'ani-l-munkar".


Pues bien, si consideramos estos principios, que aparecen en el mundo islámico como esencia de la filosofía que debe presidir la vida de todo “buen musulmán” y su relación con los no creyentes, difícilmente podrá nunca llegar a concretarse un entendimiento razonable entre Occidente y el Islam.

Pero es que, además, y aunque la cita del “Libro” me ponga en el punto de mira de los integristas, lo que no me va a arredrar para ejercer mis derechos de occidental a la libertad de pensamiento y de expresión, es el propio Corán el que insta a la violencia contra los cristianos y lo hace, esencialmente en varios versículos de la Sura “Al taueba” (El arrepentimiento), o Sura 9ª, entre los que podemos citar los siguientes:

“9,5 Cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociadores dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes!”



Haciendo mía una frase de Juan Manuel de Prada:

"Soy cristiano: progresista en lo social y reaccionario en lo moral"


Y no estoy dispuesto a aceptar la imposición y el acoso por parte de los musulmanes que intentan imponerme su fe y su ley hasta lograr su total predominio excluyente; y como yo, silenciosa pero firmemente, millones de europeos que algún día dirán basta, esperemos que democrática y legalmente, porque si no lo acabarán diciendo con las armas, como prevé el académico Kepel.

Ténganlo en cuenta los propios musulmanes.


© 2017, Jesús Fernandez-Miranda y Lozana 




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