lunes, 9 de mayo de 2016

POSTCAPITALISMO: LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO



Según el catedrático y economista Peter F. Drucker:

 "Si quieres hacer algo nuevo, tienes que dejar de hacer algo viejo"

Cada X cientos de años, en la historia occidental se produce una fuerte transformación. En unas pocas décadas, la sociedad, su cosmovisión, sus valores básicos, sus estructuras sociales y políticas, sus instituciones claves, se reorganizan a sí mismas... En efecto la sociedad deja de hacer lo que le era habitual (algo viejo) y enfrenta la realidad desde perspectivas diferentes (algo nuevo), desde una forma nueva de hacer.

La caída del imperio romano y la invasión de Europa por los bárbaros; La desaparición del feudalismo y la aparición de las Naciones modernas; la Reforma en el cristianismo; La revolución francesa y Napoleón; La caída de las Monarquías y el transito al Estado democrático moderno; el enfrentamiento de los totalitarismos con la democracia; los procesos de emancipación colonial; etc… Son algunos ejemplos de esos procesos de transformación.

Cincuenta años después de concluido cada proceso de transformación, surge un nuevo mundo, y las personas entonces no imaginan como era el mundo en que vivieron sus abuelos...
En estos momentos esa transformación se centra en el tránsito de la La sociedad capitalista a la sociedad del conocimiento y la comunicación.
En un sistema capitalista, el “capital” es el recurso de producción crítico y está totalmente en oposición, hasta en “lucha” con el “trabajo”.
En la sociedad postcapitalista, hacia donde nos estamos dirigiendo muy rápidamente, será el “saber” ─ que no puede ser comprado con dinero ni creado por capital de inversión─ y no el capital, el recurso clave.
Ello dará lugar a una economía diferente, la economía del conocimiento y la comunicación, cuyo protagonista será el operador del conocimiento y las comunicaciones, y todo ello con unas implicaciones mayores de las que podemos pensar en la actualidad.
Entre otras consecuencias decisivas está la desaparición de la dialéctica de la lucha entre “capital” y “trabajo”, con las inmensas consecuencias que ello tendrá a efectos de “reorganización” del “equilibrio entre poderes” que se centrará en la dialéctica “Conocimiento vs Ignorancia” frente a la dialéctica “Capital vs Trabajo” en que hemos vivido desde mediados del s.XIX.
Por ello la crítica del neomarxismo al sistema capitalista es ya algo completamente desfasado, aunque siga durante años dando coletazos, la dialéctica no va a volver a ser la pugna “Capital vs. Trabajo” y las posiciones anticapitalistas de los partidos de izquierdas, completamente desnortados ante una Sociedad que ha logrado las cotas de nivel de vida y bienestar que actualmente se disfrutan en occidente ─jamás soñadas en el pasado─ se diluirán como un bloque de hielo en una corriente primaveral, al no entender que el tránsito histórico que vivimos y el mundo que nos depara el futuro, es precisamente el de la “Sociedad del Conocimiento y la Información”, que permitirá mejorar aún más las condiciones de vida, de todos los ciudadanos del planeta, con los avances tecnológicos y sociales que del conocimiento van a desprenderse.
Sin embargo, este nuevo paradigma social no estará exento de críticas y de enemigos.
Los operadores del conocimiento y la información serán élites que dominarán en la práctica todos los recursos de la Sociedad, y naturalmente, en una tendencia nefastamente humana, la de la ambición y la codicia, se constituirán en una nueva clase dominante, y no lo serán a título individual, sino a través de grandes corporaciones e instituciones multinacionales de ámbito global.
Ya lo hemos comentado en nuestro Post “NUEVA IZQUIERDA vs NUEVA SOCIEDAD LIBRE”:
Los marxistas contemporáneos consideran que La esclavitud se realiza hoy en una sociedad fuerte y rica, que permite al hombre desenvolverse y satisfacer mejor que nunca las necesidades materiales y culturales. Por eso el socialismo tiene que hacerse hoy más utópico que nunca, tiene que afirmar que su ruptura es una ruptura total con la historia, un rompimiento radical, un ir hacia el reino de la libertad que solamente puede lograrse si destruimos de raíz la sociedad actual, con todos sus fundamentos culturales. Hoy luchar contra la sociedad opulenta es precisamente intentar abolir los sistemas constituidos de servidumbre. Y eso sólo pueden hacerlo mediante la afirmación de los valores cualitativos. La sociedad moderna, en todo su desarrollo, significa la transición de la servidumbre de la miseria a una servidumbre que esta Nueva Izquierda considera peor: la servidumbre voluntaria, que acepta, con los valores, maneras y formas de vivir que la sociedad opulenta ofrece, y consideran que todo ello puede llevar al peligro de que el hombre se resigne a ser dócil y obediente y abandone su actitud radicalmente negativa, negadora, revolucionaria, única actitud capaz, según ellos, de movernos hacia el futuro.
Lo que ocurre es que esa actitud es que ─para la Nueva izquierda, que aún no es consciente del cambio drástico a que nos enfrentamos─, una sociedad que satisface crecientemente las necesidades del hombre es una sociedad represiva, contraria a la auténtica libertad, porque al crear una existencia humanamente satisfactoria, destruye en el hombre su capacidad de negación, su actitud negativa ante los valores que ellos llaman burgueses, que son los valores de la civilización occidental, que son, en último término, los valores humanistas, los valores cristianos, los valores cuya defensa habría de unirnos de cara a defender nuestro futuro como sociedad libre.
En tal sentido debe advertirse como el socialismo marxista pretende destruir los poderes económicos y sociales para asegurar la libertad a todos los seres humanos y el medio que utiliza es una política de dirección e intervención estatal que conduce a la radical funcionarización de la vida humana y esa funcionarización tiene una consecuencia de radical gravedad: El abandono del propio destino.

"La vida humana ─escribe Torcuato Fernández-Miranda- es radical intimidad, mismidad, destino propio, peculiar, infungible, intimo. Así como nadie puede morirse por mí, soy yo el que tengo que morir mi muerte, así de la misma manera sólo en mi radical intimidad puede mi vida ser vivida. Renunciar a esta radical intimidad, al propio destino de nuestra vida infungible, para asumir un destino ajeno, enajenar nuestra vida, es dimitir del modo más absoluto de la vida humana y aceptar la peor de las esclavitudes".

El socialismo marxista amenaza tanto la libertad cuanto algo más radical: La intimidad, la posibilidad de vivir cada uno dentro de sí mismo, en ese castillo interior que es el alma y la vida del hombre.

"El concepto de intimidad quiere subrayar esto: Cada hombre tiene su propio destino, su vocación específica, infungible. Pretender, por tanto, funcionarizar al hombre, estandarizarlo, uniformar su vida bajo la igualdad de una normatividad igualitaria, es desconocer lo que la vida tiene de infungible y hacer imposible la vida concreta de cada hombre para designar la cual hemos empleado la palabra intimidad.” (TFM)

Al final es otra forma de sojuzgar al hombre en Sociedad, despersonalizarlo, hacerlo número y masa gobernable por la élite neomarxista instalada en el aparato del Estado, y ello con una finalidad, la imposición de un “pensamiento único” que adocene y someta al individuo negándole su “libre albedrío” en aras de una igualdad utópica de todos.

Y la “Sociedad del Conocimiento” es un nuevo escollo para esa doctrina, pues el acceso de todos a la información, a la cultura, al conocimiento, los hará no cada vez más iguales, sino cada vez más libres, salvo que se unifique el mensaje, se dosifique y adoctrine el pensamiento mediante el control de esa Sociedad, mediante el control de los “Trabajadores del Conocimiento”, lo que ya ha comenzado a intentarse, afirmando que la verdadera cultura es de izquierdas, que el verdadero conocimiento es el previamente sometido a censura y legitimado por la izquierda, retorciendo torticeramente la “realidad histórica” para legitimar, sólo, “Su” verdadera historia.

Y es aquí donde los “demócratas” debemos esforzarnos en la defensa de la libertad de conciencia, la libertad religiosa, la libertad de Cátedra, la libertad de expresión, la libertad de información, la libertad de creación artística y cultural; en definitiva, de los derechos fundamentales que garanticen la libertad del conocimiento, rechazando las sectarias mentiras, el adoctrinamiento y la censura.

Deshacer, en definitiva, el velo de control de esas libertades que desde la nueva izquierda se nos quiere imponer.

Y el camino no será fácil.