lunes, 14 de noviembre de 2016

LOS DESLICES DOCTRINALES DEL PAPA NEGRO


En la tradición eclesiástica se llama “Papa Negro” al superior de los Jesuitas, pero ¿Qué Papa más Negro puede haber que un Jesuita elevado al trono de San Pedro, al que los propios jesuitas deben obediencia ciega?

Pocas veces hemos visto a un Papa tan lenguaraz y tan correcto políticamente como Jorge Bergoglio, el Papa Francisco. El papa Negro.

Sus salidas de tono han sido paradigmáticas, desde la frase “No se puede estar pariendo como los conejos” cuando el tradicional mensaje de la Iglesia ha sido el de fomentar las familias cristianas numerosas para acercar cuantos más fieles mejor a su pastoreo, hasta su última manifestación al decir que “son los comunistas los que piensan como los cristianos”

Efectivamente, en la entrevista publicada este viernes 11.11.2016 en el diario italiano La Repubblica. Bergoglio afirmó que:

"Son los comunistas los que piensan como los cristianos. Cristo ha hablado de una sociedad donde los pobres, los débiles y los excluidos sean quienes decidan. No los demagogos, los Barrabás, sino el pueblo, los pobres, que tengan fe en dios o no, pero son ellos a quienes tenemos que ayudar a obtener la igualdad y la libertad"
Tal manifestación es, en esencia, un guiño a la teología de la Liberación, condenada expresamente por la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la época que fue dirigida por el entonces cardenal Ratzinger, antecesor de Bergoglio en el papado como Benedicto XVI.
Recordemos algunas de las controversias que se produjeron entre Jon Sobrino, uno de los máximos exponentes de la teología de la Liberación y la Congregación, y pongámoslas en relación con las manifestaciones del Papa Bergoglio.
La Iglesia hispanoamericana, muy influenciada por su largo contacto con la injusticia y los abusos del poder sobre una inmensa población marginada, buscó alternativas teóricas de acción que, por desgracia, han caído en aberraciones que no pueden calificarse sino de preocupantes desde la ortodoxia de las enseñanzas de la Iglesia Católica, con cuyos postulados de fe el padre Sobrino choca frontalmente, como lo hace el conjunto de la llamada “Teología de la liberación”
Así, en primer lugar, no es admisible que la FE se formule desde posiciones de metodología de clase, la de los “Pobres”, lo que no es sino una práctica hermenéutica desviada hacia el materialismo dialéctico de la lucha de clases más propia del marxismo que del cristianismo.

El padre Sobrino define a los pobres ---únicos miembros legítimos, según él, de la Iglesia de Jesús--- al afirmar en su obra “Jesucristo Libertador”, recurriendo a las definiciones elaboradas por el padre Ellacuría, que:

“Pobres son los "materialmente pobres", "las grandes mayorías del Tercer Mundo". En segundo lugar, "los empobrecidos, los oprimidos. Enseguida, "son los que convierten esa toma de conciencia en organización popular y en praxis". Por último, "pobres son los que viven con el mayor amor de dar la vida por la liberación"

añadiendo que:

"Los pobres cuestionan dentro de la comunidad la fe cristológica y le ofrecen su dirección fundamental"; la "Iglesia de los pobres es […] el lugar eclesial de la cristología, por ser una realidad configurada por los pobres"

Según el autor inglés Samuel Gregg, esta posición teológica constituye la formulación de una teología de claseque aplica al catolicismo el tipo de análisis que lo reduce todo a la clase, conforme a los esquemas metodológicos del marxismo, entendiendo por "pobres no a los "pobres de espíritu" del Evangelio ---esto es, cualquiera, ya sea materialmente rico o pobre, que necesite encontrar a Jesucristo--- sino a aquellos que sufren privaciones materiales, de tal modo que para los “liberacionistas” con el Padre Sobrino a su cabeza, la "verdadera Iglesia” ha de encontrarse en los que son materialmente pobres, en lugar de en aquellos que se adhieren a la fe católica y apostólica transmitida de generación en generación.
Pero es que Jon Sobrino va mucho más allá, y en su misma obra nos dice que la visión de Cristo sólo es válida si se acepta la idea de una:

“... nueva imagen de Cristo liberadora porque tiene "capacidad de liberar de la diversidad de esclavitudes que afligen a los pobres del continente, de otorgar dirección a esa liberación y de animar a los creyentes a ser sujetos activos de ella" (114). La nueva fe en Cristo liberador se opone a la fe en un Cristo de quien se puede esperar una salvación trascendente pero no histórica”

Frente a esas desviaciones doctrinales, la Congregación para la Doctrina de la Fe y con la firma del cardenal Ratzinger y en su Notificatio de 13 de octubre de 2006 remitida al padre Sobrino nos dice explícitamente que:

“(En los textos del padre Sobrino) se afirma que no hay datos para pensar que Jesús otorgara un sentido absoluto trascendente a su propia muerte. Se dice sólo que va a la muerte con confianza y le atribuye un valor de ejemplo motivante para otros.
De esta manera no se toman debidamente en consideración los pasajes evangélicos en los que Jesús atribuye a su muerte un significado en orden a la salvación.
Así Sobrino nos dice:

"Lo salvífico consiste en que ha aparecido sobre la tierra lo que Dios quiere que sea el ser humano […]. El Jesús fiel hasta la cruz es salvación, entonces, al menos en este sentido: es revelación del homo verus, es decir, de un ser humano en el que resultaría que se cumplen tácticamente las características de una verdadera naturaleza humana […].

Si se reduce la eficacia de la muerte de Jesús al ejemplo (continúa la Notificatio), la redención se reduciría al moralismo.
La vida y muerte de Cristo no pueden reducirse al buen ejemplo que éste nos ha dado. El misterio de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la fuente única e inagotable de la redención de la humanidad

Pues visto esto, mucho me temo que la desafortunada frase de Bergoglio, equiparando el pensamiento cristiano al comunista y predicando que:
 “Cristo ha hablado de una sociedad donde los pobres, los débiles y los excluidos sean quienes decidan” (Lo cual es falso y no se encuentra en las escrituras)
No hace sino legitimar los erróneos fundamentos de la teología de la Liberación, y de su fundamento clasista de la “Teología de la Iglesia de los Pobres” condenada por la propia Congregación para la Doctrina de la Fe.
Por otra parte Bergoglio se ha manifestado, en su encíclica “Laudato si” firme partidario de la teoría de la “Culpa humana en el cambio climático” materia sobre la que no existe un consenso científico, pero gusta mucho a los ecologistas y a los izquierdistas, ligado a las críticas al capitalismo.
Digamos, en todo caso, que ya que, desde su posición privilegiada, Bergoglio, como Papa, ha decidido expresarse sobre los asuntos del mundo, creo estar legitimado para juzgar sus declaraciones, desde el momento en que no conciernen a los Evangelios, sino a las ideologías de nuestro tiempo.
Así, en primer lugar, durante su pontificado, el Papa Francisco ha multiplicado las declaraciones contrarias a la economía de mercado (que Juan Pablo II había calificado oportunamente de «economía libre»). Al hacerlo, abraza las tesis de moda en Hispanoamérica, de la que es originario, en las décadas de 1970 y 1980, y que fue repudiada por los hechos pues Hispanoamérica ha empezado a librarse de la pobreza de masas al rechazar el marxismo, con excepción de Argentina (el país del Papa Francisco), que sigue siendo anticapitalista.
Sería bueno, en todo caso, recordar que Jorge Bergoglio es un jesuita que, cuando era obispo de Buenos Aires, ya confundía la opción a favor de los pobres con la lucha contra el capitalismo. Era una ideología extendida entre todos los jesuitas de Hispanoamérica, próximos a la Teología de la Liberación y en guerra contra el Opus Dei, que era procapitalista. Dado que el Papa Francisco da prioridad a los pobres como enseñó Cristo, ¿no debería consagrar, en vez de denigrar, al único sistema económico, sin duda imperfecto, que reduce la pobreza de masas, y que podemos llamar capitalismo popular? Como ya hiciera San Juan Pablo II.

En la misma línea “progresista” Bergoglio reincide al abrazar la causa de los ecologistas integristas anticapitalistas sobre el «cambio climático».

Después de haber consultado al secretario general de la ONU, un verdadero militante climatista, y a «científicos», pero solamente a los que creen en el calentamiento de la Tierra debido al factor humano, impone en su encíclica “Laudato si” una posición antropocéntrica no solamente en relación al calentamiento, sino también en la responsabilidad del capitalismo contaminante, posición que entusiasma a los Verdes.

Ahora bien, aunque hay cambio climático, no está demostrado que se deba a las actividades humanas, e incluso existe un importante grupo de científicos “climaescépticos” que aseguran que los cambios climáticos que sufre nuestro planeta se producirían también sin la presencia del hombre en el mismo. In embargo la defensa climatista permite oportunamente a Bergoglio incriminar al capitalismo, tomando el relevo del marxismo arcaico.

Se comprende que la izquierda y los medios de comunicación adoren a este Papa, cuando no habla de Jesús.

Incluso en su encíclica “Laudato si” el Papa Francisco el Papa condena todos los métodos prácticos propuestos para reducir realmente la emisión de dióxido de carbono, ese Satán de los tiempos modernos. Y lo hace  porque son mercantiles, y la encíclica condena enérgicamente «las fuerzas del mercado». En su lugar, hace un llamamiento a «una transformación espiritual de la sociedad» que «sustituiría el consumo por el sacrificio, el lujo por la generosidad y el despilfarro por el reparto».

Lo que propone, no sin cierta carga de ingenuidad, es que todos los hombres seamos beatíficos, ya que lo único que podría, y debería, salvarnos del «climatismo» es una metamorfosis moral.

¿De dónde surgiría esta redención de la Humanidad, convertida repentinamente a la pobreza compartida en vez de dedicarse a la búsqueda del progreso material y de la libertad individual? El Papa no contesta; esta encíclica es menos política que apocalíptica, no tiene ninguna utilidad práctica y tiene que ver con la teología, no con la ciencia política o la económica.

Y por ese camino, con sus deslices y anatemas, puede que este Papa nos conduczca al cataclismo.


A mí, al menos, me desconcierta y escandaliza.

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