domingo, 15 de marzo de 2015

TROTSKY: EL COMUNISTA ANTI STALINISTA


                             Stalin, Lenin y Trotsky

Hace tiempo que no escribo una nueva reflexión heteróclita para compartir en mi blog. Lo cierto es que la vida atolondrada que llevamos hace difícil, en ocasiones, dedicarnos a nuestros placeres por encima de nuestras obligaciones.Lo cotidiano impone su ritmo y sus cadencias y en muchas ocasiones nos desborda con tareas que siendo ingratas, o al menos poco placenteras, llenan todo nuestro tiempo. Así pues, dada mi condición de mero aficionado, la escritura queda relegada a un lugar secundario.Y que os voy a decir de la lectura, ese refugio, bálsamo de fierabrás, que nos sustrae de la vida real y nos introduce en el mundo de la ficción, de la historia o de la reflexión. Mis libros están esperándome en sus anaqueles a que les pase la mano por el lomo.

Pero obligaciones cotidianas aparte debo reconocer que encuentro tiempo para alguna lectura, y ahora, concretamente, estoy leyendo a Trotsky, el “maldito contrarevolucionario” enemigo de Stalin a quien acusó de ser la esencia del anticomunismo.

La crítica de Trotsky se inicia en el campo económico, poniendo énfasis en las gravísimas equivocaciones cometidas por Stalin y su camarilla en relación a la necesaria actuación paralela con la industria y el campo, que según él fue muy equivocadamente tratado.

No nos podemos detener, sin embargo en estos análisis, pues la fuerza del tiempo, la evolución de las sociedades capitalistas y la nefasta gestión económica de la URSS son hoy sobradamente conocidas.
Incluso desde el punto de vista ideológico de la conquista del socialismo por la URSS el propio Trotsky dice:

Es más exacto, pues, llamar al régimen soviético actual, con todas sus contradicciones, transitorio entre el capitalismo y el socialismo, o preparatorio al socialismo, y no socialista. ¿Consentirá la burocracia, en cuyas manos se concentra el poder y la riqueza, en dejarse asimilar por el socialismo?  [1]


Siguiendo a Marx y Engels, Lenin vió el primer rasgo distintivo de la revolución en que al expropiar a los explotadores se suprimía la necesidad de un aparato burocrático que dominase a la sociedad y, sobre todo, de la policía y del ejército permanente.

«El proletariado necesita del Estado, todos los oportunistas lo repiten —escribía Lenin en 1917, dos o tres meses antes de la conquista del poder—, pero olvidan añadir que el proletariado sólo necesita un Estado agonizante; es decir, que comience inmediatamente a agonizar y que no pueda dejar de agonizar» (El Estado y la Revolución)

Cualquiera que sea la interpretación que se dé a la naturaleza del Estado soviético, una cosa es innegable: nunca estuvo cerca, sino cada vez más lejos de «agonizar»; peor aún, a lo largo de la historia de la URSS, el Estado se fue transformando en una fuerza incontrolada de dominio de las masas; el ejército, lejos de ser reemplazado por el pueblo armado conforme a los ideales Marxistas Leninistas, se convirtió en una casta de oficiales privilegiados en cuya cima aparecieron los mariscales, mientras que al pueblo que teóricamente habría de «ejercer armado la dictadura del proletariado», se le prohibió poseer cualquier clase de arma.

Para Trotsky la traición de la burocracia gobernante a la revolución se resume en una frase:

“Hemos vivido el Termidor soviético: la victoria de la burocracia sobre las masas.”[2]

Las previsiones de Trotsky fueron claras premoniciones.

En un artículo publicado en agosto de 1904 en la revista Iskra, Trotsky ya anunciaba que un partido comunista burocráticamente organizado según las pretensiones de Lenin, que accediese al poder conduciría al terror ya que:

«El partido sustraería el poder al pueblo, después la organización del partido sustituiría al partido en su conjunto, luego el comité central sustituiría a la organización y finalmente un dictador sustituiría al comité central» [3]

Tal y como ocurrió con y a partir de Stalin.

Tras su enfrentamiento con Stalin y la cúpula del partido, Trotsky fue expulsado de Rusia en 1929.

Durante su exilio, Stalin, con la brutalidad propia del dictador sanguinario que fue, instalado en aquel terror predicho por Trotsky, desencadenó la persecución de los familiares de este: su hija Zina se suicidó en Berlín y su marido desapareció; se envió a un campo de concentración a su primera esposa, que murió en él alrededor de 1938; a su hijo Serguéi, sin actividad política, se le detuvo acusado de envenenamiento en 1937 y murió en prisión; otro de sus hijos, Lev, murió asesinado por agentes de Stalin en una operación médica en Francia en 1938; su hermana Olga, esposa de Lev Kámenev acabó fusilada en 1941, mientras que sus dos hijos ya lo habían sido en 1936. [4]

Trotsky fue asesinado en Coyoacán, Méjico, el 21 de agosto de 1940, a la edad de 60 años, por orden expresa de Stalin, por el comunista español Ramón Mercader, que le clavó un piolet en la cabeza.

La Unión Soviética fue gobernada por una Burocracia Tiránica hasta su descomposición económica, social y política que provocó su derrumbe a finales del siglo pasado.

La Tiranía del "aparatich" (burocracia) controló y sometió al pueblo ruso con extrema dureza, exactamente igual que ocurre en todas las dictaduras comunistas del llamado “Socialismo Real”

Tengámoslo todos en cuenta cuando progresistas de salón afirmen que el comunismo es la solución a los problemas del pueblo.





[1] Trotsky La revolución Traicionada, pag 165
[2] Trotsky La Revolución Traicionada; Pag 267 (Las causas sociales del Termidor)
[3] Trotsky, Revista Iskra; Agosto 1904
[4] Renton, Dave (2004). Trotsky (en inglés). Haus Publishing. p. 185. ISBN 9781904341628.

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