jueves, 11 de septiembre de 2014

EL RAPTO DE EUROPA

El Rapto de Europa- Rubens                                       

La mitológica historia del rapto de Europa -cuya representación por Rubens copiando una obra previa de Tiziano que se encuentra en el museo del Prado, traemos como ilustración de este post- nos sirve para tratar de reflexionar acerca de lo que, realmente, está siendo un “Rapto de Europa”, si por rapto entendemos con el DRAE la acción violenta de secuestro o retención de alguien contra su voluntad. 

Y Europa, la vieja comunidad de Reinos y Estados que ha sido centro del universo mundo desde los albores de la civilización está, efectivamente, siendo raptada, sometida a múltiples acciones tendentes a arrebatarle su esencia, sus principios, sus valores, en fin su ser esencial. 

¿Y porque esta, a fuer que para algunos, excéntrica afirmación en mi reflexión heteróclita de hoy? 

El hombre de Vitruvio - Leonardo Da Vinci
La Europa que conocemos, que hemos conocido hasta el presente, se ha fundado en dos herencias esenciales e irrenunciables, el Cristianismo y el espíritu revolucionario francés, con sus orígenes Ilustrados liberales y masónicos. 

Pues bien, hoy en día y en aras de un multiculturalismo fundamentado en el más puro relativismo, esa identidad está siendo permanentemente puesta en cuestión en defensa, no del sentir de las mayorías, sino del respeto, excesivamente infiltrado de “corrección política”, hacia las minorías religiosas o étnicas que conviven con la mayoría europea en los países de la Unión y siempre en perjuicio de estas mayorías autóctonas. 

Para explicar este fenómeno hemos de partir de una idea elemental: Occidente y el islam tienen visiones incompatibles del hombre. 

El humanismo europeo, de raíz cristiana y revolucionaria, como hemos dicho, concibe un hombre erguido en su propio orgullo y autoconciencia, consciente de su propio YO individual y asumiendo el carácter trágico de su condición libre y trascendente. 

Por el contrario el islam considera al hombre como un ser sumiso, carente de iniciativa y libertad individual, sometido en todo, hasta los más nimios aspectos de su vida pública o privada, al mensaje divino del Corán (Islam significa sumisión). 

La diferencia entre ambas concepciones no está sino en el concepto de “literalidad”, pues mientras los musulmanes creen que el Corán debe ser tomado al pie de la letra porque es la palabra de Dios dictada a Mahoma por el Arcángel Gabriel, los judíos y los cristianos hace mucho tiempo que han aceptado y comprendieron que no hay nada literal en la Biblia ni en los Evangelios, sino que son relatos de su fe realizados por hombres, lo que da lugar a una posible interpretación, diversa y fecunda, que ha acrisolado el ser de la cultura occidental. 

Ante esta disyuntiva de conceptos lo realmente asombroso es que los europeos tengan miedo del mundo musulmán y no se atrevan a afirmar, frente a él, la concepción libérrima y de universalidad del hombre que le son propias. Es como si nuestra Sociedad tuviese un miedo reverencial a la defensa de su identidad, cediendo ante los demás, ante los “distintos”, sin pudor ninguno. 

El cristianismo, tamizado hoy por la influencia revolucionaria, y previamente por sus movimientos de catarsis interna que fueron la reforma y la contrarreforma, es muy diferente del islam en ese punto: no es una doctrina de sumisión, sino de libertad y de responsabilidad. 

La idea occidental de libertad del individuo ha sido lo que ha permitido a Europa construir la idea de que el destino del hombre es su emancipación. 

Por el contrario, el hecho de que el Islam signifique sumisión ha impedido al mundo musulmán desarrollarse en el sentido de la emancipación, lo que unido a la inexistencia de procesos evolutivos doctrinales y al enfrentamiento de sus distintas ramas teológicas ─Chiitas, Sunitas, Wahabitas, etc…─ que más luchan por ser los herederos legítimos del Profeta que por cuestiones puramente doctrinales, y sin la existencia de autoridades unificadoras, ha abocado al Islam a una visión cada vez más radical de su mundo y de su deseo de imponerse, como única verdad, a los demás, aún por la violencia de la guerra santa o Yihad. 

Hoy en Europa, la confusión conceptual del respeto a los demás, unida a la corrección política que deriva hacia la idea de la alianza de civilizaciones, definida por Gustavo Bueno como “Pensamiento Alicia” en el artículo que podéis leer haciendo click AQUÍ y la estrategia de la izquierda marxista de aliarse con el islam para derribar el mundo capitalista, ─sin que esa izquierda se dé cuenta de que pactar con los enemigos de tus enemigos es como dijera Churchill del paccionismo “Dar de comer al cocodrilo asumiendo el riesgo de que te acabe devorando”─ es aprovechado por el islam para debilitar aún más el humanismo social cristiano occidental y tratar de imponer la modificación de las leyes y el modo de vida de los países occidentales en los que se asientan, hacia formas más acordes con el mundo musulmán. 

Y no hablo de futuribles o temores quiméricos, pues recordemos que el ejecutor sanguinario de los periodistas Steven Sotloff y James Foley ha sido un musulmán nacido en Inglaterra, hijo de inmigrantes musulmanes; que el 20% de los musulmanes nacidos en Inglaterra y menores de 30 años quieren que la “Sharía” o ley islámica sea prevalente sobre las leyes británicas; que el ISIS y Al Qaeda se nutren de musulmanes europeos descontentos con su destino en sus países de nacimiento y presas fáciles del proselitismo de los agentes de tales movimientos; que la izquierda europea no ha manifestado condena alguna ante la actitud de movimientos terroristas como Hamás en Gaza, o de las matanzas de Cristianos por el ISIS; que la presión de los grupos musulmanes en Europa van desde exigir la devolución de la mezquita de Córdoba al culto musulmán, a que en los colegios públicos la comida de los alumnos sea supervisada como Halal, o que en las piscinas públicas las mujeres musulmanas puedan bañarse vestidas con sus velos, en la modalidad que usen; o que, según el CIS sólo un 16% de los jóvenes españoles menores de 25 años estaría dispuesto a tomar las armas para defender a España, sin considerar siquiera el riesgo contra el que hubiera de ser defendida. 

Parecen cuestiones baladíes, pero son la muestra de una marea de imposición del modo de vida musulmán que constituye una amenaza real para nuestra sociedad y frente a la que, de alguna manera, debemos reaccionar. 

Sólo he visto reacción en políticos tan dispares como el Primer Ministro australiano John Howard y el Presidente Ruso Vladimir Putin, manifestándose expresamente frente a los inmigrantes que quieran asentarse en sus países, advirtiéndoles que deberán renunciar a sus pretensiones de invasión cultural, de aplicación de la sharía, y de imponer sus hábitos culturales a la generalidad de sus sociedades de acogida, posición que se resume en la frase “Le damos la bienvenida a quien se quiera instalar en nuestro país, pero que respeten nuestra cultura y no traten de imponernos la suya”, tal y como ya he relatado en mi post “Historia del Croissant o Cruasán”.

Esperemos que cunda el ejemplo.

Y para ratificar nuestra fe en la esencia Cristiana e Ilustrada de Europa aqui les dejo una muestra cultural de sus logros: El "Gloria" de Vivaldi



miércoles, 10 de septiembre de 2014

HACIA EL OTOÑO…


Quien iba a decirme que el otoño de la vida, a fuerza de imponer sus colores, iba a presentarse tan pronto ante mí:

LXXIII

Puedes contemplar en mí esa estación del año
en que las hojas amarillas, unas cuantas
o tal vez ninguna, penden de las ramas
que tiemblan bajo los vientos fríos,
coros desnudos y desolados,
donde ha poco cantaban gentiles ruiseñores.
Ves en mí el crepúsculo del día,
cuando se funde en el ocaso
tras la puesta del sol,
y que extingue poco a poco la sombría noche,
segunda persona de la muerte,
que sella todo con el reposo.
Ves en mí el resplandor de un fuego
que yace sobre las cenizas de su juventud,
como hacía sobre el lecho mortuorio
en que debe expirar,
consumido por la llama que le nutría.
He aquí lo que percibes,
que robustece más tu amor
para amar tiernamente
lo que habrías de abandonar dentro de poco.

WILLIAM SHAKESPEARE[1]


La poesía de W. Shakespeare encierra, pese a que en su traducción al español pierda su ritmo y su cadencia, una belleza evidente.

El hombre envejece y con ello se le plantean situaciones nuevas, sensaciones distintas, experiencias imprevistas.

Caben dos interpretaciones del poema que reproduzco.

La primera sería la reflexión del propio anciano en relación consigo mismo. Recuerda que fue árbol cuajado de hojas en que cantaban los ruiseñores y que ahora tiembla desnudo bajo los vientos fríos, y se contempla como ocaso del sol abocado a la noche o fuego que se extingue sin llama, para acabar con un canto al amor hacia lo que uno mismo es, que se refuerza pese a que haya de abandonarse al no ser, dentro de poco.

Otra interpretación sería la del lamento dirigido a la amada, recordándole lo que uno fue y ya no es, esperando acaso que, pese a ello, y percibida la decadencia de la ancianidad, se ame lo que se ve, el hombre avejentado, digno de un amor robustecido, pese a que se habrá de abandonar en breve tiempo.

Un joven jamás hará una reflexión parecida. Su insultante gallardía, fuerza y decisión, le hacen inmune al paso del tiempo, que inexorable, habrá de llevarle a la pronta tumba o a una vejez inevitable.

Hoy, en una sociedad hedonista, maleducada y oportunista, se desprecia la ancianidad como a una lacra, sin valorar ni la experiencia acumulada con los años, que atempera el buen juicio y el criterio, ni el sosiego que impone contemplar la vida desde una atalaya en la que ya nada sorprende.

Que cierto es que con el paso de los años uno ríe menos, pues la carcajada sólo la produce una ocurrencia sorprendente y a la experiencia ya poco le sorprende.

Pero también es cierto que se llora menos, pues el alma se ha venido curtiendo de momentos amargos, tristes experiencias y luctuosos sucesos, haciéndose más dura, más resistente.

Efectivamente, el hombre mayor, como nos decía Cicerón “Alíos ego vidi ventos; alias prospexi animo procelas”, ha visto otros vientos y afrontado otras tempestades[2], y ello le hace ver la vida con otros ojos, otras actitudes y otros valores o prioridades.

La vejez y la cercanía de la muerte y su próxima e incluso afectuosa contemplación ─cuestión que mis lectores saben que he tratado en múltiples ocasiones─ es algo tan generosamente consustancial a la vida, que, aunque cada día más frecuente ─pues los hombres mueren cada vez con mayor edad─ merece respeto, consideración y análisis, que quiero dedicarle en esta reflexión heteróclita, pues generosidad de la vida, y no otra cosa, es permitir al hombre alcanzar el estado de vejez.

Qué duda cabe que la madurez, en innumerables ocasiones, produce una inevitable nostalgia del pasado ─O témpora! O mores!” Oh Tiempos, Oh Costumbres[3]─ pero también es cierto que en ella se acrisolan todas las experiencias vitales, que, siempre que el individuo haya tenido inquietudes intelectuales, habrá de haberle enriquecido de modo sustancial llenándole en plenitud.

Y no quiero caer en la petulancia de pensar que la vejez implique plenitud, satisfacción o felicidad. No quiero ser como esos personajes descritos por Zweig, que efectivamente resultan difíciles de soportar por la manera sonora y ostentosa que tienen de ser permanentemente felices[4].

No, la vejez es, qué duda cabe, decadencia, pues el cuerpo pierde su potencia, los achaques asedian al sujeto y pese a ello, salvo que el destino castigue al anciano con una demencia senil o un Alzheimer, mantendrá en su envoltura dolente un espíritu vivaz, capaz y alerta.

Ya lo decían Chateaubriand: “Es un suplicio conservar intacto el propio ser intelectual aprisionado en una envoltura material desgastada”[5]; o La Rochefoucauld “La vejez es un tirano que prohíbe, bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud”[6].

Sin embargo, y pese a ello la vejez tiene también sus ventajas y sus momentos dulces. Recordemos a tal efecto la frase “Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer”[7].

Pensarán, por otra parte, mis lectores que hablo desde la experiencia, pues naturalmente para escribir lo que estoy escribiendo debo ser un anciano.

No crean, aún no he cumplido los 60 años, aunque a ellos me vaya acercando, pero hoy en día, eso no es ser anciano, aunque el diario ABC en su día publicase la noticia de un “Anciano de 60 años muerto al ser arrollado por un tranvía”

Pero tampoco se es joven a esta edad, y ya se comienza a vislumbrar no el invierno, pero si el otoño de la vida.

Y uno empieza a ser consciente, como Montaigne de que “Nadie te devolverá los años, nadie te entregará otra vez a ti mismo, la vida seguirá por donde empezó, no revocará su curso ni lo suprimirá. No hará ruido ni avisará de su velocidad. Fluirá en silencio. No se alargará por orden del rey ni en favor del pueblo. Correrá tal como empezó el primer día, no se desviará ni detendrá. ¿Qué sucederá? Tú estás ocupado, la vida se da prisa. Con todo, vendrá la muerte, a la que, quieras o no, hay que entregar el tiempo”[8]

Sé que a muchos molesta cualquier reflexión sobre la vejez y la muerte, pues les aterra el sólo hecho de que inevitablemente se aproximen ambas, incluso solo la parca sin ser acompañada de la vejez. Sin embargo creo que es tema digno de ser tratado, pues como dijera Jean Jaurès, “Le courage, c’est de chercher la vérité et de la dire[9], es decir, que el verdadero coraje esta en buscar la verdad y decirla, y que más cierto que nuestra vida está abocada a la muerte, vejez o no de por medio, y mejor que lo sea con una vejez sana y digna.

Nada hay peor, sin embargo que el envejecimiento inconsciente, el no darse cuenta del paso de los años. Y así no hay nada más ridículo que un viejo juvenil en modos y modas, como las jóvenes Ladies a que se refería Chateaubriand “Recordaba los versos que escribía entonces a dos jóvenes ladies que se habían hecho viejas a la sombra de las torres de Westminster; torres que volvía a encontrar erguidas como las había dejado, mientras que al pie de ellas habían quedado enterradas las ilusiones y las horas de su juventud, sin que se percataran de ello[10]

De todas formas, dejémoslo ya, no vaya a ser que alguien me recuerde, como La Rochefoucauld que “A los viejos les gusta dar buenos consejos, para consolarse de no poder dar malos ejemplos[11].

 Y pensemos como Groucho Marx  que si seguimos cumpliendo años .... acabaremos muriéndonos.

No quiero concluir esta reflexión heteróclita sin referirme a algo que mis críticos me manifiestan muy frecuentemente frente a mis escritos cuando en ellos abundan las citas a otros autores, llegándome a decir, incluso, que no por muchas citas que realice refuerzo mis argumentos, sean o no aceptables, y en este punto solo quiero mediante una nueva cita justificar esta, según algunos, malhadada costumbre, pues como Montaigne con tales citas “hago decir a los demás, no como guías sino como séquito, lo que yo no puedo decir con tanta perfección, ya sea porque mi lenguaje es débil, ya sea porque lo es mi juicio”[12] aserto que no quiero dejar de completar con una última afirmación, como chanza, pues es de todos conocido queQuid latine dictum sit, altum videtur” que en román paladino significa que cualquier cosa que se diga en latín, suena más profunda, y así mi escrito, si no lo fuere, al menos parecerá culto.





[1] WS Poesías completas edición bilingüe mirar editorial
[2] Marco Tulio Cicerón –Familiares, 12,25, 5,12
[3] Marco Tulio Cicerón - Primera Catilinaria
[4] Stefan Zweig - ¿Fue él?
[5] François Renè de Chateaubriand: Memorias de Ultratumba, Ed Acantilado
[6] La Rochefoucauld - Máximas: reflexiones o sentencias y máximas morales; introducción, traducción y   notas de Carlos Pujol. Barcelona: Planeta (Clásicos Universales Planeta; 86), 1984. XXX + 127 páginas.  ISBN 84-320-3917-9.
 [7] Sir Francis Bacon
[8] Montaigne “Discursos” versión de 1595
[9] Jean Jaurès, Discurs à la jeunesse, 1903, à Albi - Anthologie de Jean Jaurès, Louis Lévy, Calmann-Lévy, 1983, ISBN 2826605771, p. 273.
[10] François Renè de Chateaubriand: Memorias de Ultratumba, Ed Acantilado
[11] La Rochefoucauld - Máximas: reflexiones o sentencias y máximas morales; introducción, traducción y notas de Carlos Pujol. Barcelona: Planeta (Clásicos Universales Planeta; 86), 1984. XXX + 127 páginas.  ISBN 84-320-3917-9.
[12] Montaigne “Discursos” versión de 1595

domingo, 7 de septiembre de 2014

HISTORIA DEL CROISSANT O CRUASÁN



He aquí al bollo por excelencia, un manjar dulce hecho con masa de hojaldre, levadura y mantequilla, que los franceses presentan como plato estrella de su desayuno nacional.

Sin embargo, y aunque parezca mentira, el venerado croissant o cruasán, según acepta el DRAE al definirlo como “Bollo de hojaldre en forma de media luna” no tiene su origen en Francia, sino mucho más al este, concretamente en Viena. 

Situémonos en el cerco de Viena por los turcos a mediados del s. XVII, concretamente en 1638, en el momento en que el ejército otomano, al mando del Gran Visir Kara Mustafá, mantiene un duro sitio de la capital austriaca. 

Se cuenta que los turcos intentaron socavar minas bajo las murallas vienesas para conquistar la ciudad, trabajando por las noches, y que fueron los panaderos vieneses, que naturalmente trabajaban de noche, los que oyeron los ruidos y dieron la alarma, desbaratando los planes otomanes que se vieron obligados a retroceder. 

El sitio concluyó con la ayuda de una coalición mandada por el Rey polaco Juan III Sobieski, que derrotó definitivamente a los ejércitos del Visir. 

Se dice que el emperador Leopoldo I decidió condecorar a los panaderos vieneses por la valiosa ayuda ofrecida. Y que estos, como agradecimiento, elaboraron un pan dulce, Halbmond, en alemán: "media luna", antepasado del actual croissant, como mofa a la media luna de la bandera otomana, pues no es sino un bollo con forma de luna creciente (croissant) aplastada por un puño. 

La introducción del croissant en Francia no se produce sino hasta mediados del s.XIX, cuando un oficial austriaco, August Zang, abrió una panadería vienesa en París en el nº 92 de la calle de Richelieu. El éxito de sus “panes vieneses” entre los que se encontraban los Halbmond, o medias lunas, fue tan enorme que pronto fue imitado por muchos.

 La panadería vienesa de August Zang en París, en 1909.

Sin embargo, el nombre “croissant” no aparece definido como pieza de panadería sino hasta la publicación del diccionario francés “Littré” en 1863, y así poco a poco los franceses lo convierten en pastel tradicional en su país, hoy componente típico del desayuno francés . 

Pues bien, tras esta introducción gastronómico – histórica todos ustedes se preguntarán a cuento de que inicio mi reflexión heteróclita de hoy con la historia de una pieza de bollería. 

Pues por la simple razón de que la gastronomía está comenzando a ser piedra de toque del larvado conflicto social que se extiende por Europa. 

Algo al respecto ya adelantaba en mi post “Cerdos Racistas” que pueden leer haciendo un clíck ”AQUÍ”, pero es que las cosas se están poniendo muy feas y Occidente recula, pacta y se achanta ─palabro que el DRAE define como: abstenerse de intervenir en algún asunto por cautela o maliciosamente; o callarse resignadamente o por cobardía─ 

Vamos, que ambas cosas nos pasan, cuando, según las encuestas del CIS, sólo un 16% de los jóvenes españoles estaría dispuesto a defender la patria con las armas. Aunque mucho me temo que llegado el momento pegarán tiros, les guste o no les guste, si no quieren ser ellos los muertos.

Hace un par de días hordas de jóvenes “antifascistas” asaltaron violentamente un comedor social en el barrio de Tetuán de Madrid, acusando a sus gestores de “fascistas” por el hecho de que su ayuda va destinada a los españoles necesitados, excluyendo a los inmigrantes. 

Y como mencionaba en mi post comentado, las monjitas de la caridad van a tener que contratar a un ulema para certificar el trato halal de los alimentos que repartan a sus beneficiarios en sus comedores de caridad, donde desde luego el cerdo habrá de quedar proscrito. 

Sólo dos políticos en todo el mundo, el Primer Ministro australiano John Howard, y el Presidente Ruso Putin, han manifestado expresamente a los inmigrantes que, quien quiera asentarse en sus países deberá renunciar a sus pretensiones de invasión cultural, de aplicación de la sharia, y de imponer sus hábitos culturales a la generalidad de sus sociedades de acogida, posición que se resume en la frase “Le damos la bienvenida a quien se quiera instalar en nuestro país, pero que respeten nuestra cultura y no traen de imponernos la suya” 

Por el contrario EEUU con Obama a la cabeza parece imbuido de la política exterior no intervencionista y pacifista propia del partido demócrata norteamericano, que tan desastrosos efectos tuvo bajo el mandato de Carter. Baste recordar la crisis de los rehenes de Irán. 

Parece ser, no obstante, que forzado por sus aliados de la OTAN, EEUU ha creado una coalición ─de la que ha quedado excluida España─ para luchar contra los yihadistas del ISIS en Iraq. 

Pero volvamos a los alimentos como manifestación de la crisis de convivencia Islam-Occidente, que diariamente se producen en los países de nuestro entorno. 

Hace poco, en Francia, un joven presentó una denuncia por haber sido atacado, en un tranvía de su ciudad (Reims) por dos desconocidos porque estaba comiendo un bocadillo de jamón. Los dos atacantes, afirmaron ser musulmanes y le golpearon alegando que se sintieron ofendidos por el consumo de carne de cerdo en su presencia. 

Por su parte, los israelitas vienen utilizado una sutil estrategia desde 2004 para combatir el terrorismo islamista en sus transportes públicos consistente en colocar en todos los autobuses de Israel una caja conteniendo grasa de cerdo anunciándolo de modo expreso para que lo sepan los musulmanes. Si un kamikaze musulmán radical se "autoinmola" en uno de esos autobuses, no podrá acceder al paraíso porque habrá quedado contaminado con grasa de cerdo. La "plaga" de kamikaces ha desaparecido en los transportes urbanos de Israel. 

Por otra parte conviene saber que el origen de la prohibición de comer cerdo es realmente judía, de donde Mahoma, en su labor sincrética de la Biblia y los Evangelios en su Corán, la toma. 

En su libro "Vacas, cerdos, guerras y brujas" Marvin Harris hace una novedosa interpretación de las razones que llevaron a los judíos a establecer la prohibición de comer y consecuentemente, criar cerdos. Según este autor, la cría del cerdo era muy difícil en el clima árido de Israel, porque el cerdo está muy mal adaptado a ese clima y además no es útil en el pastoreo nómada propio de los israelitas, pues no está acostumbrado a recorrer distancias muy largas.

Por otra parte Los Israelitas verían que el cerdo era un competidor para los propios pastores, pues, como ellos, come nueces, frutas, tubérculos y granos, a diferencia de las ovejas y cabras, que solo comen hierba y ramonean.

En conclusión en el Israel antiguo las condiciones para criar cerdos no eran las adecuadas siendo el cerdo costoso de criar. Sin embargo dado que la carne del cerdo y su aprovechamiento intensivo podrían tentar a los campesinos a criarlo, pese a sus inconvenientes, la solución fue prohibirlo y declararlo impuro, más por razones económicas que sanitarias, pues también las cabras, ovejas y vacas transmiten enfermedades mortales al hombre como la tuberculosis, la boquera o dermatitis pustulosa, la fiebre de Malta, o la brucelosis, por poner algunos ejemplos, y no fueron prohibidas.

En fin, que los judíos, y después los musulmanes ya que los caprinos, ovinos y bovinos están mucho mejor adaptados que los porcinos a sus tierras y como además se alimentan de hierba y no compiten alimentariamente con el hombre, prohibieron el consumo del cerdo y sólo permitieron que se comieran animales rumiantes y de pezuña partida. 

Desterremos pues mitos arcaicos y supersticiosos, que tan solo nutren la ignorancia y la intolerancia.