domingo, 7 de septiembre de 2014

HISTORIA DEL CROISSANT O CRUASÁN



He aquí al bollo por excelencia, un manjar dulce hecho con masa de hojaldre, levadura y mantequilla, que los franceses presentan como plato estrella de su desayuno nacional.

Sin embargo, y aunque parezca mentira, el venerado croissant o cruasán, según acepta el DRAE al definirlo como “Bollo de hojaldre en forma de media luna” no tiene su origen en Francia, sino mucho más al este, concretamente en Viena. 

Situémonos en el cerco de Viena por los turcos a mediados del s. XVII, concretamente en 1638, en el momento en que el ejército otomano, al mando del Gran Visir Kara Mustafá, mantiene un duro sitio de la capital austriaca. 

Se cuenta que los turcos intentaron socavar minas bajo las murallas vienesas para conquistar la ciudad, trabajando por las noches, y que fueron los panaderos vieneses, que naturalmente trabajaban de noche, los que oyeron los ruidos y dieron la alarma, desbaratando los planes otomanes que se vieron obligados a retroceder. 

El sitio concluyó con la ayuda de una coalición mandada por el Rey polaco Juan III Sobieski, que derrotó definitivamente a los ejércitos del Visir. 

Se dice que el emperador Leopoldo I decidió condecorar a los panaderos vieneses por la valiosa ayuda ofrecida. Y que estos, como agradecimiento, elaboraron un pan dulce, Halbmond, en alemán: "media luna", antepasado del actual croissant, como mofa a la media luna de la bandera otomana, pues no es sino un bollo con forma de luna creciente (croissant) aplastada por un puño. 

La introducción del croissant en Francia no se produce sino hasta mediados del s.XIX, cuando un oficial austriaco, August Zang, abrió una panadería vienesa en París en el nº 92 de la calle de Richelieu. El éxito de sus “panes vieneses” entre los que se encontraban los Halbmond, o medias lunas, fue tan enorme que pronto fue imitado por muchos.

 La panadería vienesa de August Zang en París, en 1909.

Sin embargo, el nombre “croissant” no aparece definido como pieza de panadería sino hasta la publicación del diccionario francés “Littré” en 1863, y así poco a poco los franceses lo convierten en pastel tradicional en su país, hoy componente típico del desayuno francés . 

Pues bien, tras esta introducción gastronómico – histórica todos ustedes se preguntarán a cuento de que inicio mi reflexión heteróclita de hoy con la historia de una pieza de bollería. 

Pues por la simple razón de que la gastronomía está comenzando a ser piedra de toque del larvado conflicto social que se extiende por Europa. 

Algo al respecto ya adelantaba en mi post “Cerdos Racistas” que pueden leer haciendo un clíck ”AQUÍ”, pero es que las cosas se están poniendo muy feas y Occidente recula, pacta y se achanta ─palabro que el DRAE define como: abstenerse de intervenir en algún asunto por cautela o maliciosamente; o callarse resignadamente o por cobardía─ 

Vamos, que ambas cosas nos pasan, cuando, según las encuestas del CIS, sólo un 16% de los jóvenes españoles estaría dispuesto a defender la patria con las armas. Aunque mucho me temo que llegado el momento pegarán tiros, les guste o no les guste, si no quieren ser ellos los muertos.

Hace un par de días hordas de jóvenes “antifascistas” asaltaron violentamente un comedor social en el barrio de Tetuán de Madrid, acusando a sus gestores de “fascistas” por el hecho de que su ayuda va destinada a los españoles necesitados, excluyendo a los inmigrantes. 

Y como mencionaba en mi post comentado, las monjitas de la caridad van a tener que contratar a un ulema para certificar el trato halal de los alimentos que repartan a sus beneficiarios en sus comedores de caridad, donde desde luego el cerdo habrá de quedar proscrito. 

Sólo dos políticos en todo el mundo, el Primer Ministro australiano John Howard, y el Presidente Ruso Putin, han manifestado expresamente a los inmigrantes que, quien quiera asentarse en sus países deberá renunciar a sus pretensiones de invasión cultural, de aplicación de la sharia, y de imponer sus hábitos culturales a la generalidad de sus sociedades de acogida, posición que se resume en la frase “Le damos la bienvenida a quien se quiera instalar en nuestro país, pero que respeten nuestra cultura y no traen de imponernos la suya” 

Por el contrario EEUU con Obama a la cabeza parece imbuido de la política exterior no intervencionista y pacifista propia del partido demócrata norteamericano, que tan desastrosos efectos tuvo bajo el mandato de Carter. Baste recordar la crisis de los rehenes de Irán. 

Parece ser, no obstante, que forzado por sus aliados de la OTAN, EEUU ha creado una coalición ─de la que ha quedado excluida España─ para luchar contra los yihadistas del ISIS en Iraq. 

Pero volvamos a los alimentos como manifestación de la crisis de convivencia Islam-Occidente, que diariamente se producen en los países de nuestro entorno. 

Hace poco, en Francia, un joven presentó una denuncia por haber sido atacado, en un tranvía de su ciudad (Reims) por dos desconocidos porque estaba comiendo un bocadillo de jamón. Los dos atacantes, afirmaron ser musulmanes y le golpearon alegando que se sintieron ofendidos por el consumo de carne de cerdo en su presencia. 

Por su parte, los israelitas vienen utilizado una sutil estrategia desde 2004 para combatir el terrorismo islamista en sus transportes públicos consistente en colocar en todos los autobuses de Israel una caja conteniendo grasa de cerdo anunciándolo de modo expreso para que lo sepan los musulmanes. Si un kamikaze musulmán radical se "autoinmola" en uno de esos autobuses, no podrá acceder al paraíso porque habrá quedado contaminado con grasa de cerdo. La "plaga" de kamikaces ha desaparecido en los transportes urbanos de Israel. 

Por otra parte conviene saber que el origen de la prohibición de comer cerdo es realmente judía, de donde Mahoma, en su labor sincrética de la Biblia y los Evangelios en su Corán, la toma. 

En su libro "Vacas, cerdos, guerras y brujas" Marvin Harris hace una novedosa interpretación de las razones que llevaron a los judíos a establecer la prohibición de comer y consecuentemente, criar cerdos. Según este autor, la cría del cerdo era muy difícil en el clima árido de Israel, porque el cerdo está muy mal adaptado a ese clima y además no es útil en el pastoreo nómada propio de los israelitas, pues no está acostumbrado a recorrer distancias muy largas.

Por otra parte Los Israelitas verían que el cerdo era un competidor para los propios pastores, pues, como ellos, come nueces, frutas, tubérculos y granos, a diferencia de las ovejas y cabras, que solo comen hierba y ramonean.

En conclusión en el Israel antiguo las condiciones para criar cerdos no eran las adecuadas siendo el cerdo costoso de criar. Sin embargo dado que la carne del cerdo y su aprovechamiento intensivo podrían tentar a los campesinos a criarlo, pese a sus inconvenientes, la solución fue prohibirlo y declararlo impuro, más por razones económicas que sanitarias, pues también las cabras, ovejas y vacas transmiten enfermedades mortales al hombre como la tuberculosis, la boquera o dermatitis pustulosa, la fiebre de Malta, o la brucelosis, por poner algunos ejemplos, y no fueron prohibidas.

En fin, que los judíos, y después los musulmanes ya que los caprinos, ovinos y bovinos están mucho mejor adaptados que los porcinos a sus tierras y como además se alimentan de hierba y no compiten alimentariamente con el hombre, prohibieron el consumo del cerdo y sólo permitieron que se comieran animales rumiantes y de pezuña partida. 

Desterremos pues mitos arcaicos y supersticiosos, que tan solo nutren la ignorancia y la intolerancia.

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