martes, 22 de mayo de 2007

LA NUEVA DERECHA EUROPEA NO ES NEOCON


Embebido en mis reflexiones heteróclitas, mis pensamientos, como si del hilo de Ariadna se tratase, me suelen llevar no a la salida ---la conclusión perfecta siempre tan deseada en cualquier proceso reflexivo--- sino al fondo del laberinto.

Recurro en muchas ocasiones a los escritos de mi admirado Chateaubriand (cuya imagen, retratada por la pintora francesa Anne-Louis Girodet De Roucy-Trioson aquí os traigo) quien realmente describe la naturaleza y las realidades humanas con enorme precisión y un sentido casi siempre trágico, con su verbo elaborado y refinado, para tratar de realizar algunas descripciones de las que yo me siento incapaz.

Entre esas reflexiones del prerromántico francés me llama la atención la referida a las campanas:

"Es cosa que maravilla ver cómo se ha hallado un medio seguro de producir en un mismo instante, merced a un golpe de martillo, un mismo sentimiento en mil corazones diferentes

y efectivamente el triunfo de Nicolás Sarkozy en las recientes elecciones presidenciales francesas ha supuesto un autentico aldabonazo en las conciencias pensantes europeas, pues no solo augura una nueva etapa política en Francia, sino que permite aventurar que nos encontramos ante la punta de un iceberg ideológico que emerge en los países occidentales y que la izquierda ha venido en llamar, despectivamente el movimiento “neocon” o “neoreac” ---neoconservadores o neoreaccionarios--- que inicialmente en América y ahora en Europa, se enfrentan y comienzan a superar la los neoprogresistas, herederos de los movimientos de la izquierda radical ---marxista y pro soviética--- de la Europa de mediados del siglo XX.

Efectivamente, los neoprogresistas se han acantonado en conceptos que nos venden como nuevos y que siguen siendo los viejos tópicos de la izquierda de raíz marxista; No hay más que ojear el libro “De nuevo Socialismo” de Jordi Sevilla para comprobar la inmovilidad ideológica de la izquierda española.

Así, instalados en el progresismo dogmático intolerante, los izquierdistas europeos insisten en el desprecio de la autoridad y del orden público. Baste recordar como tras los violentos acontecimientos recientemente protagonizados por grupos de jóvenes marginales en el barrio madrileño de Malasaña-2 de mayo, los “prohombres de la izquierda” han manifestado, tomando sistemáticamente partido contra la policía y a favor de los violentos, los alborotadores y los marginales, que “Es inquietante constatar que se ha abierto una brecha insalvable entre la policía y la juventud”; Insisten en un desmedido amor por el poder y pactan con los nacionalismos radicales o con los terroristas con tal de mantenerlo a ultranza; Insisten en el rechazo de la tradición y la herencia cultural propias pero promueven con entusiasmo la “alianza de las civilizaciones”; Insisten en el ataque y desprecio a las buenas costumbres, es decir, de la «moral burguesa» aunque viven cómodamente instalados en una Sociedad que se ha articulado conforme a sus postulados; Insisten en que los delincuentes son “victimas de la sociedad” hasta el punto en que sus derechos prevalezcan sobre los de las victimas verdaderas, de modo que la huelga de hambre de un asesino le permita eludir la cárcel y pasear libremente por las calles; Insisten en la depreciación y menosprecio de la familia, de la religión, especialmente la cristiana, y de la vida humana, defendiendo el aborto libre y la eutanasia eugenésica, al tiempo que protegen, a veces hasta el histrionismo más ridículo, cualquier manifestación de vida vegetal o animal; Insisten en el hedonismo ramplón como única aspiración de lo que ellos entienden por hombre moderno: Insisten en el pacifismo a ultranza aún a costa de tener que ceder siempre ante el enemigo, incluso el más violento; Insisten en el anticapitalismo visceral pero adoran el dinero fácil; Insisten, en fin, en el odio y el resentimiento hacia las señas de identidad de la propia civilización en la que parasitan, la civilización occidental.

Frente a estos movimientos intolerantes de la izquierda radical, los nuevos conservadores tratan de lograr la recuperación del concepto de patriotismo; del concepto de derechos de los ciudadanos correlativos a obligaciones reciprocas de los mismos para con sus conciudadanos y para con la Sociedad; de la idea del valor del mérito, del esfuerzo personal, del trabajo y de la responsabilidad; de los modelos de libertad individual de la democracia liberal y en general, de la preservación de las creencias y los valores sobre los que se ha creado Occidente desde Roma o la Grecia Clásica, pasando por el Cristianismo y la Revolución Francesa.

Como dijera Fernando Rodríguez Genovés en un reciente artículo en el suplemento ABCD del diario ABC:

“Uno de los objetivos comunes que liga a unos y a otros néoréacs es el poner fin al espíritu de Mayo del 68, esa antigualla del imaginario revolucionario e insurreccional, santo y seña irrenunciable de la izquierda. Y si se trata de anunciar el crepúsculo del ídolo sesentayochista, ¿dónde mejor que Francia -la France qui tombe- para hacerlo público y darle así mayor fuerza simbólica al hecho?”

Pero, ¿Cuáles son las características de los nuevos conservadores españoles y hacia donde se producirá la evolución del pensamiento conservador en España en los próximos años?

Si nos atenemos a la opinión de los “intelectuales de izquierdas” es decir al núcleo de pensadores-informadores encuadrados en torno a PRISA-El País, llegaremos pronto a la conclusión de que no saben muy bien que es lo que realmente son los llamados “neocons”, concepto que se ha convertido en una especie de cajón de sastre en donde cabe cualquiera que no responda a los principios de actitud correcta políticamente definida desde los parámetros de la izquierda, pero en cualquier caso están francamente preocupados ante la amenaza del resurgir de esta ideología políticamente incorrecta, ya que no es de izquierdas.

Así, son muestra significativa de lo que digo los cometarios publicados por un tal Joan Subirats (catedrático de Ciencia Política de la UAB por más señas) bajo el titulo “Nuestros Neocon” en El País del pasado 23 de marzo:

“La aparición de Nicolás Sarkozy en Francia con ideas muy próximas [a los neocons españoles] y la notable influencia de esas líneas de pensamiento en el principal partido de la oposición en España, nos deberían seguir preocupando. Sus errores los pagamos todos muy caros.”

Sin embargo echo de menos en este artículo --- y en general en las construcciones críticas de la izquierda frente a los neoconservadores--- que me digan cuales son esos “errores” que se augura que pagaremos muy caros.

No es ello sino una muestra más de lo que ya en otros de mis escritos he definido como la táctica de la elusión de la critica propia de progresismo dogmático intolerante de la izquierda consistente en atacar al adversario sin argumentos y con meras descalificaciones, procurando presentarle como ridículo o risible, cuando no como extremista de derechas o fascista, pero sin expresar nunca un porqué.

Al final el nerviosismo de la izquierda ante el progreso de las ideas neoconservadoras, radica en que supone, como ya dijera Sarkozy en su campaña electoral:

“Que la herencia de Mayo del 68 sea liquidada de una vez por todas”

y ello porque aquellas ideas representan la verdadera fortaleza moral de la esencia de Occidente y la pérdida de los complejos que han atenazado a los liberal-conservadores en la escena política europea durante los últimos cuarenta años.

En cualquier caso la categoría de los “neocón” nacida en los Estados Unidos se ha aplicado sin mucho criterio a los nuevos conservadores europeos, pues existen puntos de desencuentro evidente entre los neocon norteamericanos y la derecha democrática europea.

Efectivamente los neocon americanos pueden considerarse liberales desencantados de la deriva izquierdista del partido demócrata ---como dijera Irving Kristol, uno de los precursores del movimiento neoconservador en Estados Unidos, suele decir que un neocon es un liberal, en el sentido norteamericano del término, atacado por la realidad--- mientras que en Europa representan el resurgir del pensamiento liberal-conservador, por una parte frente a la ruina ideológica a la que el mayo del 68 empujó a la izquierda y por otra, frente a la reacción postmarxista de la izquierda tras la caída del muro, con los daños que una y otra tendencias de la izquierda han ocasionado en la sociedad europea toda.

En todo caso, si en algo se parecen los neocon americanos a los nuevos conservadores europeos es tan solo en la pérdida de sus complejos frente a la izquierda y la mayor beligerancia en la defensa de sus posiciones intelectuales y políticas, lo que naturalmente les ha granjeado la calificación de extremistas o duros desde la izquierda.

Pero ¿cómo se está escenificando esta evolución del mundo del pensamiento en España?

Hace algunas semanas Cesar Alonso de los Ríos criticaba desde su columna de ABC a Mariano Rajoy, y nos decía que:

“El señor Rajoy tiene una concepción discursiva de la política. Una visión puramente parlamentaria y retórica. Por ahí se le van los esfuerzos... y los éxitos. Entretanto, va perdiendo las batallas «reales». Y si siempre es un tremendo error reducir la acción política a unos cuantos debates, ¿qué decir cuando la nación pasa por una circunstancia tan difícil como es la de su desmontaje por parte del partido en el Gobierno y sus socios?”

Pese a no faltarle razón al columnista, lo cierto es que Rajoy no ha dejado de hacer esfuerzos de aproximación a ese nuevo conservadurismo que personifica Sarkozy.

Sin embargo y pese a sus esfuerzos innegables Rajoy no ha logrado alcanzar la categoría de “líder ilusionante del conjunto de la derecha española” .

Y de ello se están aprovechando otra clase de “neocóns”, que en Cataluña han dado vida al partido denominado “Ciutadans” y que pretenden repetir su experiencia en el resto de España como han anunciado en la prensa tres representantes de ese movimiento social como son Fernando Sabater, Rosa Díez y Carlos Martínez Gorriarán.

Los tres responden al esquema de los izquierdistas atacados por la realidad a que se refería Irving Kristol, pues proceden de la izquierda marxista y se manifiestan asqueados de la deriva, más que izquierdista descerebrada, del PSOE, pero no se puede, en su caso, decir que se estén acercándose a postulados ideológicos liberal-conservadores, ni mucho menos.

Y es ahí precisamente donde está la trampa que nos puede pretender vender el PSOE y frente a la que el PP debería reaccionar activamente, pues la simpatía hacia estos personajes por su marcada actitud anti PSOE y españolista no debe confundir a la opinión pública: no se trata de neoconservadores, sino de una escisión izquierdista del PSOE que no ha abandonado su espíritu sesentayochista.

Y es precisamente ante esa amenaza, que desde el progresismo dogmático intolerante de la izquierda [PSOE] trataría de venderse como una alternativa al PP, ante la que el propio PP debe reaccionar con valentía y sin ambages, denunciando que la realidad es que se trata de un movimiento de izquierdas que se segrega del PSOE, a cuyos votantes moderados apela, y que representa la descomposición interna que afecta al partido del Gobierno.

No nos engañemos. Parafraseando a Baroja cuando se refería al periódico "El Pensamiento Navarro":

“CIUTADANS ¿Nuevo Pensamiento y de Izquierdas? Imposible. Un oxímoron”

jueves, 10 de mayo de 2007

SARKOZY Y LA IZQUIERDA RADICAL



Desde la noche del domingo en la que Nicolás Sarkozy resultó elegido nuevo Presidente de la República Francesa con más del 53% de los votos emitidos y con una diferencia de casi siete sobre su oponente Segolene Royal, la izquierda radical se viene manifestando violentamente para protestar contra esa elección.

En las manifestaciones comentadas gran parte de los manifestantes han exhibido fotografías de Segolene Royal en un alarde antisistema, como diciendo: no nos importa que haya ganado Sarkozy, nuestro lider es Royal.

Volvemos a las andadas de siempre; Si la izquierda gana las elecciones…, pues nada así son las cosas; Pero si gana la derecha la izquierda radical no se conforma, se manifiesta violentamente y deja claro que “está en la calle”.

Recordemos algunos datos:

Sólo en las elecciones de 2002, que enfrentaron a Chirac y al ultraderechista Le Pen, se produjo en segunda vuelta una victoria apabullante del elegido Chirac (82,21 % de los votos), mientras que en las elecciones de 1995 Chirac ganó a Lionel Jospin con el 52,6 % de los votos.

En 1998 Mitterand ganó las elecciones con un porcentaje de los votos emitidos similar al de Sarkozy, un 54,02 % de los votos emitidos y en el 1981 gano a GuiscarD’Estaing con el 51,76% de los votos.

¿Se produjeron entonces algaradas similares a las que ahora está protagonizando la izquierda radical francesa, no sin cierta complacencia del Partido Socialista?

Pues que nos conste NO

¿A que se debe la reacción callejera de esa izquierda?

La razón no es difícil de precisar, La victoria de Sarkozy en las presidenciales francesas, tras el acceso de la democristiana Angela Merkel a la cancillería Alemana, es muestra de una clara tendencia sociológica en Europa de vuelta a los valores, a las convicciones, a los principios, y de sano orgullo ante la posesión tranquila y fecunda de una herencia de valores morales, de raiz liberal y cristiana, sobre los que construir el bien público.

Y naturalmente esto pone a las izquierdas de los nervios.

Efectivamente, durante los últimos treinta años el sesentayochismo ha invadido todas las esferas de la política y la vida social de Europa.

Y como consecuencia de la preeminencia política de las corrientes de la izquierda postmarxista sesentayochista, consentida por la derecha, se ha profundizado en elementos poco vivificadores para la sociedad ---que ha desembocado en un claro relativismo moral--- como son la corrección política o el gigantismo de los Estados subsidiados de bienestar, cuyo modelo se ha extendido en Europa.

Sus primeras palabras, tras la elección, en la tarde noche del domingo fueron contundentes:

«Quiero rehabilitar el trabajo, la autoridad, la moral, el respeto, el mérito. Quiero devolver el honor a la nación y a la identidad nacional. Quiero devolver a los franceses el orgullo de ser franceses».

Vamos… que se acabó la referencia intelectual permanente del sesentayochismo propio de la izquierda francesa, la única izquierda europea que continúa pensando que la economía de mercado es algo nefasto que debe combatirse.

Sesentayochismo que ha impregnado más profundamente a la sociedad francesa como consecuencia de la ambigua política del anterior Presidente Jacqes Chirac.

Frente a las pretensiones de “renovación” del sistema democrático occidental propio de los filósofos postmarxistas de aquel movimiento ideológico anclado en las inexistentes conquistas del mayo del 68, Sarkkozy apunta a conceptos propios de la derecha ---de la que se siente orgullosamente parte activa--- como son el respeto a la autoridad y la moral; y el valor del trabajo y el mérito, por encima de consideraciones típicamente socialistas más enrocadas en los conceptos del igualitarismo y el subsidio.

Finalmente llama la atención la fortaleza de la apelación del nuevo Presidente Francés al sentimiento nacional de los franceses, con su expreso deseo de “devolver el honor a la Nación y a la identidad nacional”, idea resumida en su deseo de “devolver a los franceses el orgullo de ser franceses”.

O sea, igual que Rodríguez, nuestro Presidente del Gobierno, que no se sabe que concepto tiene de España o de su organización territorial y política, más allá de su permanente estrategia de apaciguamiento de los nacionalistas como estrategia de perpetuarse en el Poder.

¡¡¡Cuánto me gustaría escuchar de algún lider de la derecha española un discurso como el que os reproduzco de Sarhozy, pronunciado en su campaña elñectoral, que reume, no sin tintes propagandísticos, pero de forma directa y contundente, e mensaje de la derecha moderna que el Presidente de la República Francesa encarna!!!

«Mayo del 68 nos había impuesto el relativismo intelectual y moral. Los herederos del 68 habían impuesto la idea de que todo vale, de que no hay ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo bello y lo feo. Habían querido hacernos creer que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos alumnos, que no había diferencias de valor y de mérito. Habían querido hacernos creer que la víctima cuenta menos que el delincuente, y que no puede existir ninguna jerarquía de valores. Habían proclamado que todo está permitido, que la autoridad había terminado, que las buenas maneras habían terminado, que el respeto había terminado, que ya no había nada que fuera grande, nada que fuera sagrado, nada admirable, y tampoco ya ninguna regla, ninguna norma, nada que estuviera prohibido.
Recordad el eslogan de Mayo del 68 en las paredes de la Sorbona: “Vivir sin obligaciones y gozar sin trabas”. Así la herencia de Mayo del 68 ha liquidado a la escuela de Jules Ferry en la izquierda francesa, que era una escuela de la excelencia, del mérito, del respeto, del civismo; una escuela que quería ayudar a los niños a convertirse en adultos y no a seguir siendo niños grandes, una escuela que quería instruir y no infantilizar, porque había sido construida por grandes republicanos que tenían la convicción de que el ignorante no es libre. Pero la herencia de Mayo del 68 ha liquidado esa escuela que transmitía una cultura común y una moral compartida, cultura y moral gracias a las que todos los franceses podían hablarse, comprenderse, vivir juntos. La herencia de Mayo del 68 ha introducido el cinismo en la sociedad y en la política. Han sido precisamente los valores de Mayo del 68 los que han promovido la deriva del capitalismo financiero, el culto del dinero-rey, del beneficio a corto plazo, de la especulación. El cuestionamiento de todas las referencias éticas y de todos los valores morales ha contribuido a debilitar la moral del capitalismo, ha preparado el terreno para el capitalismo sin escrúpulos y sin ética, para esas indemnizaciones millonarias de los grandes directivos, esos retiros blindados, esos abusos de ciertos empresarios, el triunfo del depredador sobre el emprendedor, del especulador sobre el trabajador. (...)
Los herederos de Mayo del 68 han degradado el nivel moral de la política. Todos esos políticos que reivindican la herencia de Mayo del 68, dan al prójimo lecciones que jamás se aplican a sí mismos, quieren imponer a los demás comportamientos, reglas, sacrificios que jamás se imponen a sí mismos. Proclaman: “Haced lo que yo digo, no hagáis lo que yo hago”. Ésa es la izquierda heredera de Mayo del 68, la que está en la política, en los medios de comunicación, en la administración, en la economía. La izquierda que le ha tomado gusto al poder, a los privilegios. La izquierda que no ama a la nación porque no quiere compartir nada. Que no ama a la República porque no ama la igualdad. Que pretende defender los servicios públicos, pero que jamás veréis en un transporte colectivo. Que ama tanto la escuela pública, que a sus hijos los lleva a colegios privados. Que dice adorar la periferia, pero que se cuida muy mucho de vivir en ella. Que siempre encuentra excusas para los violentos, a condición de que se queden en esos barrios a los que ella, la izquierda, no va jamás. Esa izquierda que hace grandes discursos sobre el interés general, pero que se encierra en el clientelismo y el corporativismo. Que firma peticiones y manifiestos cuando se expulsa a algún “okupa”, pero que no aceptaría que se instalaran en su casa. Que dedica su tiempo a hacer moral para los demás, sin ser capaz de aplicársela a sí misma. Esa izquierda, en fin, que entre Jules Ferry y Mayo del 68 ha elegido Mayo del 68, es la que condena a Francia a un inmovilismo cuyas principales víctimas serán los trabajadores, los más modestos, los más pobres.
Ésa es la izquierda que desde Mayo del 68 ha renunciado al mérito y al esfuerzo, que ha dejado de hablar a los trabajadores, de sentirse concernida por la suerte de los trabajadores, de amar a los trabajadores; porque el valor trabajo ya no forma parte de sus valores, porque su ideología ya no es la de Jaurès o la de Blum, que respetaban a los trabajadores, sino que ahora la ideología de la izquierda es la del reparto obligatorio del trabajo, la de las 35 horas, la del asistencialismo. La crisis del trabajo es ante todo una crisis moral, y en ella la herencia de Mayo del 68 tiene una enorme responsabilidad. Yo quiero rehabilitar el trabajo, quiero devolver al trabajador el primer lugar en la sociedad. (...)
La herencia de Mayo del 68 ha debilitado la autoridad del Estado. Esos herederos de los que en Mayo del 68 gritaban “CRS = SS”, toman sistemáticamente partido por los violentos, los alborotadores y los estafadores contra la policía. Lo hemos visto tras los incidentes de la Estación del Norte. En lugar de condenar a los violentos y de apoyar a las fuerzas del orden y su difícil trabajo, no se les ha ocurrido nada mejor que esta frase, que merecería ser inscrita en los anales de la República: “Es inquietante constatar que se ha abierto una fosa entre la policía y la juventud”. Como si los vándalos de la Estación del Norte representaran a toda la juventud francesa. Como si fuera la policía la que estaba actuando mal, y no los violentos. Como si los violentos hubieran destrozado todo y saqueado los comercios para expresar una revuelta contra una injusticia. Como si el hecho de ser jóvenes lo excusara todo. Como si la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente siempre inocente. Ésos son los herederos de Mayo del 68, que denigran la identidad nacional, que atizan el odio a la familia, a la sociedad, al Estado, a la nación, a la República.
En estas elecciones se trata de saber si la herencia de Mayo del 68 debe ser perpetuada o si puede ser liquidada de una vez por todas. Yo quiero pasar la página de Mayo del 68. Pero tiene que ser más que un gesto. No hay que contentarse con poner banderas en los balcones el 14 de julio y cantar la Marsellesa en vez de la Internacional en los mítines del Partido Socialista. No se puede decir que se desea el orden y tomar sistemáticamente partido contra la policía. No es posible seguir denunciando la “provocación” y el “Estado policial” cada vez que la policía intenta hacer respetar la ley. No se puede decir que uno apuesta por el valor del trabajo y, al mismo tiempo, generalizar las 35 horas, seguir cargándolo con impuestos y estimular la mentalidad del asistido, del que cobra del Estado para no trabajar. No se puede decir que se desea obstaculizar las deslocalizaciones y al mismo tiempo rechazar cualquier experimentación del IVA social, que permite financiar la protección social con las importaciones. No es posible proclamar grandes principios y negarse a inscribirlos en la realidad. Yo propongo a los franceses romper realmente con el espíritu, con los comportamientos, con las ideas de Mayo del 68, con el cinismo de Mayo del 68. Propongo a los franceses devolver a la política la moral, la autoridad, el trabajo, la nación. Les propongo reconstruir un Estado que haga realmente su trabajo y que, en consecuencia, domine las feudalidades, los corporativismos y los intereses particulares. Les propongo rehacer una República una e indivisible contra todos los comunitarismos y todos los separatismos. Les propongo reedificar una nación que de nuevo esté orgullosa de sí misma. (...)
Al poner sistemáticamente los derechos por encima de los deberes, los herederos de Mayo del 68 han debilitado la idea de ciudadanía. Al denigrar la ley, el Estado y la nación, los herederos de Mayo del 68 han favorecido el crecimiento del individualismo. Han incitado a cada cual a no pensar más que en sí mismo y a no sentirse concernido por los problemas del prójimo. Yo creo en la libertad individual, pero quiero compensar el individualismo con el civismo, con una ciudadanía hecha de derechos pero también de deberes. Quiero derechos nuevos, derechos reales y no virtuales. Quiero un derecho real a un techo, al alojamiento. Un derecho real al cuidado de los hijos, a la escolarización de niños con minusvalías, a la dependencia para los mayores. Quiero el derecho a un contrato de formación para los jóvenes de más de 18 años, y a la formación a lo lago de toda la vida. Quiero el derecho a la caución pública para aquellos que no tienen padres, para los que no tienen relaciones, para los enfermos a los que no se les quiere prestar porque se considera que representan un riesgo demasiado elevado. Quiero el derecho a un contrato de transición profesional para los que están en paro.
Pero quiero que estos derechos estén equilibrados con los deberes. La ideología de Mayo del 68 habrá muerto cuando la sociedad se atreva a recordar a cada cual sus deberes, cuando en la política francesa se ose proclamar que, en la República, los deberes son la contrapartida de los derechos. Ese día al fin se habrá realizado la gran reforma moral e intelectual que Francia necesita una vez más. Entonces podremos reconstruir sobre cimientos renovados esa República fraternal que es el sueño siempre inacabado, nunca realizado de Francia desde el primer día en que tuvo conciencia de su existencia como nación. Porque Francia no es una raza, no es una etnia, ni sólo un territorio; Francia es un ideal incansablemente perseguido por un gran pueblo que, desde su primer día, cree en la fuerza de las ideas, en su capacidad para transformar el mundo y hacer la felicidad de la humanidad.
Quiero decírselo a los franceses: el pleno empleo, el crecimiento, el aumento del poder adquisitivo, la revalorización del trabajo, la moralización del capitalismo, todo eso es necesario y es posible. Pero eso no son más que medios que deben ser puestos al servicio de una cierta idea del hombre, de un ideal de sociedad donde cada cual pueda encontrar su lugar, donde la dignidad de todos y cada uno sea reconocida y respetada.»

Lamentablemente la estructura sociológico electoral española puede dificultar el tránsito hacia ese renacimiento de la mayoría natural ideológicamente liberal conservadora, pues el peso de los partidos nacionalistas en las elecciones generales dificultaría gravemente ese devenir.

Sin ir más lejos, hace algunos días el Sr. Imaz, Presidente del PNV ha manifestado que no le dolerían prendas en llegar a acuerdos de “gobernabilidad” con el PP si este ganase las elecciones generales, pero a renglón seguido ha manifestado su convencimiento de que esa “gobernabilidad” en España pasará necesariamente por acuerdos con el conglomerado de fuerzas nacionalistas que hoy se aglutinan en el llamado “Galeuscat”, (conglomerado de fuerzas nacionalistas vascas, catalanas y gallegas).

Es decir, que el futuro de la “gobernabilidad” de España quedará, según Imaz, sometido a la voluntad del apenas millón y medio de votos que se aglutinan ---en toda España--- en esa enteléquica pseudo-coalición, condicionando la formación de Gobierno por parte de fuerzas políticas que como el PSOE o el PP se sitúan, cada una de ellas, en cifras entre los 10 y los 12 millones de votos.

Si en Francia la renovación ético-moral de la sociedad exige la presencia de un Sarkozy, mucho me temo que en España vayamos a necesitar a tres o cuatro.