sábado, 28 de abril de 2007

MASONERIA


Tengo algunos amigos que siempre me han hablado favorablemente de la Masonería, comentándome que en nuestros días se trata de una asociación de índole más cultural y de búsqueda de las excelencias socio políticas de sus integrantes, que de arcanos secretismos.

Por otra parte, se ha venido hablando mucho, durante esta última temporada y a raíz del libro “La Gran Revancha” publicado por los periodistas Isabel Durán y Carlos Dávila, de la hipotética obediencia masónica de nuestro Presidente de Gobierno, el Sr. Rodríguez.

Esta cuestión me lleva a estudiar el fenómeno de la Masonería, con el objetivo de tratar de saber que es realmente la masonería y así contestar a una pregunta esencial.

¿Qué supondría la pertenencia de Rodríguez a la Masonería?

En primer lugar debemos decir que al hablar de la masonería no podemos hablar en un sentido unívoco y global, ya que no existe una única masonería sino que existen muchas masonerías independientes unas de otras ---como la inglesa, la norteamericana, el Gran Oriente de Francia, etc… --- y dentro de estas mismas se da una variedad extraordinariamente de ritos ---Rito escocés antiguo y aceptado, Rito de York, Rito escocés rectificado, Rito mixto universal, etc…--- que no solo afectan a los aspectos puramente formales, sino también al fondo de sus convicciones ideológicas.

En cualquier caso, con carácter general, y al objeto de simplificar nuestro análisis, podemos diferenciar una masonería regular u ortodoxa, frente a una masonería irregular y heterodoxa.

La primera, esencialmente la inglesa, sigue más fiel a los principios sobre los que fue fundada: creencia en un Ser Supremo, respeto de la Biblia y no injerencia en cuestiones políticas y confesionales, y ha preferido dedicar su actividad al campo humanitario.

La segunda, que es la propugnada por el Gran Oriente francés, es anticlerical, laicista, racionalista y no pocas veces declaradamente atea, sectaria y expresamente anticatólica, con mayor compromiso e implicación política.

Y es a esta segunda es a la que voy a referirme a partir de aquí, ya que la masonería española ha pertenecido tradicionalmente a este grupo, autocalificada de laicista y progresista, y respetuosa con el Gran Oriente de Francia.

Es difícil realizar una aproximación puramente objetiva, fría y aséptica a la francmasonería en nuestro país, si nos atenemos a sus antecedentes históricos, pues desde principios del s XIX, y por su vinculación a los movimientos liberales y revolucionarios ilustrados, la masonería española adquirió unas características peculiares: su carácter conspirador y reducto del militarismo romántico liberal, pues a ella pertenecieron todos aquellos (Lacy, Riego, Torrijos, etc.) que protagonizaron en España, de manera sistemática y continuada, el sinfín de pronunciamientos propios del siglo XIX hispánico.

En una página web he encontrado esta definición de la masonería:

"La francmasonería es una asociación universal, filantrópica, filosófica y progresista, que procura inculcar en sus adeptos el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes, los sentimientos de abnegación y filantropía y la tolerancia religiosa: que tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias y de intereses, uniendo a todos los hombres por los lazos de la solidaridad y confundiéndolos en mutuo afecto de tierna correspondencia".

Sin embargo, y pese a su protesta de “tolerancia religiosa” la francmasonería mantiene principios filosóficos que le hacen ser absolutamente incompatible con la religión, con cualquier religión, aunque quien más expresamente ha denunciado esa incompatibilidad sea la Iglesia Católica.

Efectivamente, desde un punto de vista religioso, la masonería defiende el racionalismo, el naturalismo y el laicismo, por lo que el pretendido respeto a la religión es más formal que de fondo.

En tal sentido es significativo que, en 1877, el gran Oriente de Francia eliminase de sus estatutos la obligación, hasta entonces exigida, de la creencia en el Ser Supremo, al que se da el nombre de Gran Arquitecto del Universo, supresión consecuente con la actitud anticlerical, laicista y racionalista que sus miembros propugnaban, que les lleva a abandonar su tradicional deísmo[1].

Por otra parte la masonería difunde la creencia en una moral universal, base de todas las religiones y que sería, por ello, superior a éstas. La inconcreción consecuente de toda norma moral objetiva, implicaría un relativismo moral difícilmente conciliable con ningún credo religioso.

Finalmente, y desde una perspectiva filosófica, la masonería defiende la teoría de que nadie puede poseer la verdad en exclusiva, defendiendo una visión cosmológica ecléctica en la que sería admisible incluso el ateísmo.

Pero con ser importante la incompatibilidad del “credo” masónico con la religión, son otros los elementos que hacen que la Masonería haya sido considerada tradicionalmente como una secta odiosa.

Así, el hecho de la defensa del principio de “moral universal” hace que la masonería, en la práctica, asuma un concepto de moral que le hace caer en el subjetivismo y el relativismo más absoluto, hasta el punto de que el fin justifique los medios.

Por otra parte es temible el carácter de “secta de iniciados” de la Masonería, que impone a sus miembros compromisos de asistencia entre “hermanos” que da lugar a prácticas discriminatorias e injustas para los no masones difícilmente admisibles en países desarrollados en los que se mantiene la pretensión de legalidad de los actos e igualdad de derechos entre los ciudadanos.

Esta aseveración no es una mera opinión, sino que viene fundamentada por documentos propios de la masonería como, por ejemplo, las normas del “Rito Americano” recopiladas por M.C.Duncan[2] que exigen, en el juramento de un nuevo masón, que formule el siguiente compromiso:

“Ayudaré a un compañero Masón cuando lo vea en cualquier dificultad y tomaré partido por su causa para liberarlo del problema tenga o no razón.”

Otro apunte preocupante: el carácter de secta de la masonería se manifiesta también en el deber de obediencia absoluta del masón a la Orden, así según relata Alberto Pike[3], en el juramento de los Caballeros Kadosh se dice:

“Me comprometo a defender el derecho y la verdad aun por la fuerza y la violencia, si fuese necesario y hubiese sido debidamente ordenado por mis superiores regulares. Así mismo me comprometo a obedecer sin titubeo cualquier orden que sea de mis Superiores regulares en la Orden"

Lo que en definitiva privaría al masón de su autentica libertad y conformaría una entidad que vincula a sus miembros a la obediencia ciega debida en relación con sus fines.

Finalmente la francmasonería de obediencia francesa se caracteriza por su implicación política radical; así, en el Congreso Masónico internacional, reunido en París en 1889, el Gran Oriente de Francia, manifestó que:

"La Masonería, que preparó la Revolución de 1789, tiene el deber de continuar su trabajo, tendente a la implantación de La república social universal, en la que, después del derrocamiento de toda clase de tiranía espiritual y política, de los poderes dinásticos y "teocráticos" y de los privilegios de clase, reinará la más grande libertad individual posible y una igualdad social y económica en conformidad con los ideales Masónicos, verdaderos objetivos finales de esta labor social.”[4]

Se nos dice, no obstante, que la Masonería contemporánea ha “dulcificado” sus objetivos y sus procedimientos, abandonando su radicalización laicista, así como su carácter revolucionario liberal-ilustrado.

Sin embargo, el secretismo propio de las actividades de las organizaciones masónicas no nos permite comprobar la realidad de tales asertos, ni la evolución real de los objetivos políticos y sociales de los masones.

Lo cierto es que no sé si una transformación tan profunda en la esencia de la masonería, como la que se nos comenta, pueda haberse completado a lo largo de un siglo tan convulso como el s.XX, y en cualquier caso insisto en lo comentado al principio: La multiplicidad de asociaciones masonas ---pues basta visitar Internet para comprobar la enorme proliferación de asociaciones, círculos, o centros que se auto definen como masones--- tampoco contribuye a una definición clara de “Masonería” y permite la coexistencia de movimientos de todo tipo, inclinación, ánimo y tendencia bajo epígrafe tan transitado.

Por último quiero volver a hacer mención al libro “La gran revancha” de los periodistas Isabel Duran y Carlos Dávila, en el que se reproducen documentos que demuestran, según sus autores, que el abuelo del Presidente, el famoso “Capitán Lozano” fundó y fue miembro activo de la logia masónica Emilio Menéndez Pallarés n.º15, de León. Cuestión ésta que no tendría mayor trascendencia de no ser porque al lugar donde el capitán Lozano celebraba las tenidas masónicas semanales de su logia acudió en julio de 2006 Rodríguez, en su calidad de Presidente del Gobierno, para inaugurar la casa museo propiedad de la Fundación Sierra-Pambley, tres días antes de que el Consejo de Ministros aprobara el polémico proyecto de ley de Memoria Histórica.

Estos autores apuntan así a la adscripción masónica de Rodríguez, que no solo se comenta en el libro citado, sino que se afirma por algún otro investigador como Ricardo de la Cierva, lo que explicaría su ímpetu laicista, su carácter jacobino y su “progresismo dogmático intolerante” en feliz expresión de mi buen amigo José María de Retana que he hecho ya propia.

No sé si con los apuntes recopilados habré sido capaz de explicar lo que la Masonería significa en nuestros días, tarea nada fácil ante el propio secretismo del mundo masónico, esoterismo que hace de las sectas masónicas un mundo arcano e impenetrable.

En cualquier caso si pensáis que no he logrado mi objetivo de realizar un esclarecedor análisis de la Masonería, reclamo para mi un reconocimiento tal como el que mereciera “Faetón” ---el hijo de Helios, muerto por un rayo de Zeus tras los desastres por él ocasionados en su fallido intento de guiar correctamente el carro solar de su padre--- concretado en el epitafio marcado en una roca por las Náyades, que Ovidio describiera en su “Metamorfosis”:

“Hic situs Phaethón currus auriga paterni, quem si non tenuit, magnis tamen excidit ausis”

es decir:

“Aquí yace Faetón, auriga del carro de su padre; si no fue capaz de gobernarlo, al menos cayó víctima de grandiosa audacia”


La caída de Faetón, por Rubens

Pues habréis de reconocer como audaz, cuando menos, mi intento de conocer algo que, por esencia, desea permanecer desconocido.


[1] DRAE: Deísmo: Doctrina filosófica que admite la existencia de un Dios creador, pero niega la revelación y la providencia
[2] DUNCAN, M. C. Duncan's Masonic Ritual and Monitor or Guide to the three symbolic degrees of the ancient York rite. 3º edition with additions and corrections
Philadelphia, Editions by the Washington Publishing Company, s/d. Cloth binding
[3] ALBERTO PIKE, Gran Comendador del Supremo Consejo (Charleston, Carolina del Sur-Washington), generalmente reconocido como la mejor autoridad en jurisprudencia Masónica en América. Su gran obra fue “Los Rituales del Rito Escocés”
[4] Circular del Gran Oriente de Francia, 2 Abril, 1889.

jueves, 19 de abril de 2007

VEGA SICILIA


Ahora van y nos tocan el Vega Sicilia.

Según informa la prensa la nueva autovía A-11, autovía Barcelona - Oporto en su tramo Aranda de Duero - Tudela de Duero, se hará expropiando, entre otras, 14 hectáreas del famoso viñedo vallisoletano de Vega Sicilia.

Al parecer todas las alternativas son malas, en una zona donde los viñedos de calidad se encuentran, desgraciadamente, en el corredor paralelo a la antigua carretera N-112, cuyo desdoblamiento es el sistema elegido para la construcción de la autovía.

¿Creen ustedes que esto ocurriría en Francia con sus emblemáticos viñedos de Romané Conty en Borgoña o de Chateau Lafitte en Burdeos?

¡¡¡Desde luego que no!!!

Pero como aquí somos más papistas que el papa y la Constitución establece la “función social” de la propiedad, pues que se fastidien los ricos, tanto los que producen aquel maravilloso vino como los que tienen dinero para comprárselo y beberlo, que el pueblo llano no va a sentirlo, ya que sus posibles le hacen imposible degustarlo y si que van a transitar por la nueva autovía.

El problema del vino en España, de indudable calidad, incluso muy superior a la de los afamados caldos franceses o italianos, es un problema de cultura; aun diría yo más: de educación.

Ya lo han visto ustedes con la famosa Ley de Bebidas alcohólicas promovida por nuestra incasablemente prohibicionista Ministra Salgado, que niega el carácter de alimento al vino y lo penaliza igual que a las bebidas destiladas, y que se ha retirado no porque Rodríguez tenga otra visión más culta del producto, sino porque los ministros Caldera (Trabajo) y Espinosa (Agricultura) previnieron al Presidente de los peligros de la protesta del campo, tractoradas incluidas en las carreteras, en pleno período preelectoral.

Veremos lo que pasa una vez que se hayan celebrado esas elecciones.

Por desgracia en España, esencialmente desde la perspectiva utópica del progresismo dogmático intolerante de la izquierda radical apoltronada en el PSOE, el vino es equiparado al “morapio” de consumo inmoderado, elaborado en pitarras y bebido por las familias enteras con desconocimiento de su intrínseca maldad para los niños.

Y ya saben ustedes que al pueblo soberano, pero súbdito, la izquierda quiere imponerle “su” concepto del bien a base de prohibiciones legales educativas, pues en caso contrario, si se le dejase a su aire, seguiría siendo una masa inculta y oprimida por los poderosos.

No se por qué la idea me recuerda al despotismo ilustrado jacobino del peor estilo.

La falta de respeto de nuestros gobernantes del PSOE y sus socios parlamentarios, ante las realidades históricas, sociológicas o culturales españolas es para nota.

Y lo que es más grave, su visión miope de las realidades les hace cometer inmensos errores.

¿Acaso no merecerían los viñedos de la Ribera del Duero, todos y cada uno de ellos, ser preservados de la nueva autovía por muchos rodeos que esta tuviera que dar?

¿O se limita todo a un problema de mal entendido desarrollo económico?

Existe, por lo visto alguna alternativa que dejaría incólume los viñedos todos de la Denominación de Origen Rivera de Duero, pero según los políticos y dado los rodeos que tendría que dar y su alejamiento del eje del Duero, y de los núcleos de población de la comarca, carecería de los efectos integradores del territorio que, entre otras cosas, se busca con la autovía.

¡¡¡Pamplinas!!!

¿Qué hay más integrador para un territorio que respetar su riqueza natural?

Cada vidueño se caracteriza por presentar una combinación única de composición del terreno, variedades vitícolas, microclima, insolación, edad de los pies de viña, técnica y tradición, que por irrepetible le hace excepcional.

Y eso es precisamente lo que ocurre con todos y cada uno de los viñedos de La Ribera del Duero, de tal forma que los que se pierdan por consecuencia de la construcción de la autovía serán irrepetibles e irrecuperables.

Pero esto a nuestros políticos les trae al pairo, pues una autovía alejada mínimamente de los núcleos de población o que no tenga en su ejecución el efecto ejemplificador de machacar alguna Bodega o algún vidueño no sería políticamente correcta.

No sabemos cual será el vino preferido del Presidente Rodríguez, pero tal vez el hecho de que nuestros políticos gobernantes quieran tocarle los “fundamentos” a la Rivera del Duero, tenga algo que ver con su obsesión casi enfermiza con el ex presidente Aznar, que en su etapa de Gobierno no tenía empacho en proclamar su amor por los vinos de esta Denominación de Origen.

Ya saben ustedes que en las mentes preclaras de Ferraz todo lo que recuerde al Sr. Aznar es sinónimo de guerra, mentira, extremismo, falta de talante y por lo que se ve, ahora, también falta de gusto vitivinícola.

Así que ya lo saben ustedes: Ganaremos en “talante democrático” gracias a la acción de nuestros políticos, aunque ello implique perder en calidad vitivinícola.

viernes, 13 de abril de 2007

JON SOBRINO Y LA TEOLOGIA DE LA LIBERACION


El affaire de la Iglesia de San Carlos Borromeo de Madrid y la actitud de los llamados “curas rojos” que la regentan ha dado lugar a una reedición de la polémica existente en relación con la llamada teología de la liberación.

Más concretamente se ha reabierto el asunto de la Notificatio dirigida por la Congregación para la Doctrina de la Fe al teólogo liberacionista Jon Sobrino, que pese a haberle sido remitida en el mes de octubre del año pasado adquiere ahora, al socaire del affaire de los curas de entrevías una nueva edición de publicidad.

Lo grave del asunto es que muchos católicos practicantes se encuentran en la disyuntiva de justificar la posición de los teólogos liberacionistas sobre la base de considerar que es muy ejemplificadora su actitud de defensa y sacrificio a favor de los desheredados del mundo.

Comprendo que desde una aproximación superficial y no puramente teológica a las doctrinas del jesuita “rebelde” Jon Sobrino ---pues sólo como rebeldía puede calificarse su carta al General de los Jesuitas padre Peter Hans Kolvenbach, en la que el padre Sobrino, a modo de contestación a la Notificación, se despacha sin ambages contra la Congregación para la Doctrina de la Fe y contra el propio Ratzinger--- y en atención a su amor a las “victimas” y a los “desposeídos del mundo” pueda defenderse no ya su labor social, sino incluso sus posiciones teológicas.

Qué duda cabe que a cualquiera que tenga una mínima sensibilidad le emociona la labor de los religiosos repartidos por el mundo en su constante, desinteresado y ejemplar trabajo a favor de los pobre, los oprimidos o los sufrientes del mundo.

Que duda cabe que ayuda a incrementar nuestra fe el ejemplo abnegado de los miles de religiosos que se dejan la vida en la defensa de los pobres o los desamparados.

El problema radica en que el contacto permanente con la injusticia ha provocado, en algunos sectores de nuestra Iglesia, reacciones prácticas y formulaciones teológicas que se apartan de las enseñanzas del “Maestro” Jesús con el peligro de desvirtuar la verdadera fe de los cristianos.

La Iglesia hispanoamericana ---término que prefiero al de latinoamericana más propio de los movimientos liberacionistas o indigenistas, y acuñado como modo de ningunear la labor española en América--- muy influenciada por el contacto con la injusticia y los abusos del poder sobre una inmensa población marginada, buscó alternativas teóricas de acción que, por desgracia, han caído en aberraciones que no pueden calificarse sino de preocupantes desde la ortodoxia de las enseñanzas de la Iglesia Católica, con cuyos postulados de fe el padre Sobrino choca frontalmente, como lo hace el conjunto de la llamada “Teología de la liberación”

Voy a explicar las razones de estas “reflexiones heteróclitas” criticas hacia la “Teología de la Liberación”.

No es admisible que la fe se formule desde posiciones de metodología de clase, la de los “Pobres”, lo que no es sino una practica hermenéutica desviada hacia el materialismo dialéctico de la lucha de clases más propia del marxismo que del cristianismo.

El padre Sobrino define a los pobres ---únicos miembros legítimos, según él, de la Iglesia de Jesús--- al afirmar en su obra “Jesucristo Libertador”, recurriendo a las definiciones elaboradas por el padre Ellacuría, que:

“Pobres son, en primer lugar, los "materialmente pobres", "las grandes mayorías del Tercer Mundo". En segundo lugar, "los empobrecidos, los oprimidos". Luego, los que toman conciencia de su situación individual y colectivamente. Enseguida, "son los que convierten esa toma de conciencia en organización popular y en praxis". Por último, "pobres son los que viven su materialidad, su toma de conciencia y su praxis con espíritu, con gratuidad, con esperanza, con misericordia, con fortaleza en la persecución, con amor y con el mayor amor de dar la vida por la liberación"

añadiendo que:

"Los pobres cuestionan dentro de la comunidad la fe cristológica y le ofrecen su dirección fundamental"; la "Iglesia de los pobres es […] el lugar eclesial de la cristología, por ser una realidad configurada por los pobres"

Lo que, según decía ya en mi escrito sobre los curas de la Iglesia de San Carlos Borromeo de Madrid, citando al autor inglés Samuel Gregg, constituye la formulación de una teología de clase, una “teología de la Iglesia de los Pobres” ---pues aplican al catolicismo el tipo de análisis que lo reduce todo a la clase, conforme a los esquemas metodológicos del marxismo--- que cree que la teología sólo puede hacerse desde el punto de vista de esa "Iglesia de los pobres", entendiendo por "pobres", como hemos señalado, no a los "pobres de espíritu" del Evangelio ---esto es, cualquiera, ya sea materialmente rico o pobre, que necesite encontrar a Jesucristo--- sino a aquellos que sufren privaciones materiales, de tal modo que para los “liberacionistas” con el Padre Sobrino a su cabeza, la "verdadera Iglesia” ha de encontrarse en los que son materialmente pobres, en lugar de en aquellos que se adhieren a la fe católica y apostólica transmitida de generación en generación.

Es más. El propio Benedicto XVI, en su etapa como Cardenal Ratzinger manifestó, como el propio Sobrino recuerda en su carta al General de los Jesuitas, que:

"El concepto fundamental de la predicación de Jesús es "Reino de Dios". Este concepto se encuentra también en el núcleo de las teologías de la liberación, pero leído sobre el trasfondo de la hermenéutica marxista. Así, Según J. Sobrino el reino no debe comprenderse de modo espiritualista, ni universalista, sino que debe ser entendido en forma partidista y orientado hacia la praxis. Sólo a partir de la praxis de Jesús, y no teóricamente, se puede definir lo que significa el reino: trabajar con la realidad histórica que nos rodea para transformarla en el Reino"

Pero el padre Sobrino no se limita a definir a los “pobres” y utilizar el concepto como concepto de “Clase” en una muestra de retórica puramente marxista, sino que va más allá y en la misma obra nos dice que la visión de Cristo sólo es válida si se acepta la idea de una:

“... nueva imagen de Cristo liberadora porque tiene "capacidad de liberar de la diversidad de esclavitudes que afligen a los pobres del continente, de otorgar dirección a esa liberación y de animar a los creyentes a ser sujetos activos de ella" (114). La nueva fe en Cristo liberador se opone a la fe en un Cristo de quien se puede esperar una salvación trascendente pero no histórica”

Es decir que la fe en Cristo Liberador de los pobres que operaría así la Salvación Histórica, sería opuesta (y por lo tanto incompatible) a la fe en el Cristo autor de nuestra Salvación Trascendente.

En relación con tale afirmaciones la Notificatio de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 13 de octubre de 2006 remitida al padre Sobrino nos dice explícitamente que:

“(En los textos del padre Sobrino) se afirma que no hay datos para pensar que Jesús otorgara un sentido absoluto trascendente a su propia muerte. Se dice sólo que va a la muerte con confianza y le atribuye un valor de ejemplo motivante para otros.
De esta manera no se toman debidamente en consideración los pasajes evangélicos en los que Jesús atribuye a su muerte un significado en orden a la salvación.
Pero el problema no se reduce a la conciencia con la que Jesús habría afrontado su muerte y al significado que él le habría dado. El P. Sobrino expone también su punto de vista respecto al significado soteriológico que se debe atribuir a la muerte de Cristo:

"Lo salvífico consiste en que ha aparecido sobre la tierra lo que Dios quiere que sea el ser humano […]. El Jesús fiel hasta la cruz es salvación, entonces, al menos en este sentido: es revelación del homo verus, es decir, de un ser humano en el que resultaría que se cumplen tácticamente las características de una verdadera naturaleza humana […].

Por supuesto, hay que conceder todo su valor a la eficacia del ejemplo de Cristo, que el Nuevo Testamento menciona explícitamente, pero no se puede reducir la eficacia de la muerte de Jesús al ejemplo.
La redención se reduce, así, al moralismo.
Las afirmaciones del Nuevo Testamento y de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia sobre la eficacia de la redención y de la salvación operadas por Cristo no pueden reducirse al buen ejemplo que éste nos ha dado. El misterio de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la fuente única e inagotable de la redención de la humanidad, que se hace eficaz en la Iglesia mediante los sacramentos
”.

En definitiva, los liberacionistas entienden que la fe ha de vivirse como instrumento materialista de liberación terrenal de los pobres y oprimidos con olvido de su trascendentalidad.

La conclusión de estas ideas presentes en la obra de Jon Sobrino, es que, pese a partir de la sana idea de analizar nuestra fe desde la perspectiva de las victimas, se cae en formulaciones no ya teológicas sino políticas desde mi punto de vista intolerables.

Así, en su ensayo “Espiritualidad del anti-imperialismo” el padre Sobrino, partiendo de formulaciones muy aceptables en cuanto a la necesidad de oposición al carácter marcadamente materialista y hedonista del tipo de sociedad que América ambiciona implantar en el mundo, siguiendo el modelo de la “American way of life”, acaba incurriendo en formulaciones políticas a mi juicio reprobables.

Así se refleja en la expresión contenida en ese ensayo:

“Contra el imperio hay que luchar de diversas maneras, y los cristianos no deben rehuir ni el desarrollo de teorías antiimperialistas, ni la creación de fuerzas sociales y políticas que se le opongan o que lo minen poco a poco, ni siquiera la participación en revoluciones justas, como ha ocurrido a lo largo de la historia”.

lo que justificaría peligrosamente una actitud de relativismo moral en el que “todo vale” contra la opresión y la injusticia, incluso la violencia y el terrorismo, como se intuye de las palabras contenidas en el mismo ensayo:

“No hay que dejarse imponer la definición (desde los imperialistas) de lo que es terrorismo y paz”

Como puede verse, existen motivos doctrinales teológicos de calado para poner en tela de juicio las conclusiones doctrinales del padre Sobrino y del conjunto todo de la llamada “Teología de la Liberación”, tal y como se desprende de la opinión fundamentada de los teólogos que conforman la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Podrá o no estarse de acuerdo con ellos, pero lo cierto y verdad es que la Iglesia Católica, como Institución, y a través de sus órganos competentes, ha manifestado sin dobleces que las formulaciones teóricas de Sobrino se apartan de la verdadera fe cristiana, tal y como esta está formulada por el “Magisterio de la Iglesia”.

La reflexión daría para mucho más, pues las discrepancias de Sobrino con las doctrinas aceptadas por la Iglesia se extienden, conforme al contenido de la Notoficatio a aspectos no sólo metodológicos o relativos al efecto salvífico del sacrificio de Jesús, sino a otros aspectos como por ejemplo la encarnación de Dios, la divinidad de Cristo o la idea de “Reino de Dios” en Jesucristo.

En cualquier caso y para acabar, siento de verdad tener la sensación de que poco bueno dice a favor del padre Sobrino la sombra de soberbia que se intuye en el contenido en su carta al padre Kolvenbach, con expresiones como:

“No acepto la Notificatio porque varios teólogos han leído mis obras antes de la publicación de la Notificatio de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Todos ellos son buenos conocedores del tema cristológico, al nivel teológico y doctrinal. Son personas responsables. Se han fijado explícitamente en posibles errores doctrinales míos. Son respetuosos de la Iglesia. Y no han hallado errores doctrinales ni afirmaciones peligrosas. Entonces no puedo comprender cómo la notificatio lee mis textos de manera tan distinta y aun contraria. En conclusión "no me siento representado en absoluto en el juicio global de la notificatio". Por ello no me parece honrado suscribirla. Y además, sería una falta de respeto a los teólogos mencionados.”

o la frase:

Sí siento que la notificatio producirá algún sufrimiento. Por decirlo con sencillez, algo sufrirán mis amigos y familiares, y una hermana que tengo, muy cercana a Monseñor Romero y a los mártires...”

Vamos, que al padre Sobrino la Notificatio recibida a cerca del contenido de sus obras… pues ni frío ni calor.

miércoles, 11 de abril de 2007

¡¡¡URGENCIAS HOSPITALARIAS!!!


El domingo pasado, y como consecuencia de un leve accidente deportivo me acerqué a los servicios de urgencias traumatológicas de una clínica privada madrileña.

La verdad es que las personas que se acercaron hasta esas urgencias fueron, salvo un par de excepciones que parecían justificadas, muestra de la Sociedad hipocondríaca, blanda y poco sufrida que hemos creado, en donde cada ciudadano se considera con derecho a exigir la inmediata respuesta del sistema sanitario ante la más mínima dolencia o molestia física, llegándose al punto de exigirse el “derecho a la salud” más allá del derecho a la asistencia sanitaria.

Las personas que acudieron a aquel servicio de urgencia fueron desde unos padres muy angustiados porque la pequeña se había caído y golpeado su barbilla con una silla, sin que se hubiera hecho más que un pequeño rasguño que deseaban que le curasen, hasta un fornido hombretón al que le dolía el dedo gordo de su pie derecho desde por la mañana sin motivo aparente, pero que reclamaba la atención de algún medico que le dijera que le pasaba, pasando por distintos chichones, torceduras de tobillo o simples moratones en rodillas o frentes de niños más aturdidos por la preocupación de sus padres que por sus propios males.

El problema de la saturación de las urgencias hospitalarias en España es tal que la Comunidad de Madrid ha comenzado una campaña publicitaria tendente a concienciar a la gente contra el vicio de acudir a urgencias al más mínimo catarro o por el mínimo percance.

martes, 10 de abril de 2007

IGLESIA DE SAN CARLOS BORROMEO

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Pepe Diaz, Enrique de Castro y Javier Baeza; Los "curas rojos" como al parecer gustan de ser llamados.


Ha sido un permanente bombardeo desde TVE y desde los medios de comunicación del entorno del progresismo dogmático intolerante de la izquierda radical acomodado en el PSOE, es decir “El País” y demás medios polanquistas, a cerca del “affaire” de la parroquia de San Carlos Borromeo de Madrid.

Desde hace mas de 25 años la parroquia de San Carlos Borromeo de Madrid ha impulsado una actividad pastoral imbuida de la doctrina de la teología de la liberación, de raíz marxista, rechazada por la Iglesia católica tan recientemente como en la comunicación de la Congregación para la Doctrina de la Fe en la que se afirma que la obra del jesuita de origen vasco Jon Sobrino, destacado impulsor de la teología de la liberación, contiene ideas que no se ajustan a las creencias católicas.

El cura Enrique de Castro, el “cura rojo”, líder del grupo de curas que se opone a la decisión de cierre de la parroquia por orden del arzobispado de Madrid reconoce que:

Según el obispado la parroquia se sale de los cánones de la Iglesia porque la catequesis que damos no está homologada y la liturgia es un desastre

Baste como ejemplo de las razones que han llevado al arzobispado a decidir el cierre al culto de la referida Iglesia hechos como que en la parroquia se hayan cambiado las hostias por rosquillas “porque los niños no entendían que son las hostias normales”, o que se sustituya la confesión por una “absolución colectiva asamblearia” lo que implica, en definitiva que en la referida parroquia se predique un Catecismo y se practique un culto no reconocidos por la Iglesia Católica.

La progresía patria ha echado las campanas al vuelo y los “curas de entrevías” ya han anunciado que van a constituirse en una "asamblea parroquial permanente” dispuesta a seguir con sus actividades.

No quiero poner en duda que estos “curas de entrevías” tengan mucho mérito en su acción social a favor de los marginados, pero la realidad es que esa acción se plantea desde postulados ideológicos incompatibles con el Cristianismo Católico.

Efectivamente, la Teología de la Liberación, de la que los curas en cuestión se manifiestan claros partidarios, parte de errores de concepto inasumibles por la Iglesia Católica.

Siguiendo las manifestaciones de Samuel Gregg podemos afirmar que las contradicciones de la “Teología de la Liberación” y la doctrina ortodoxa del catolicismo serían:

A - La escasa importancia que se da a la naturaleza Divina de Cristo, a quien la teología de la liberación caracteriza como un “valiente” más, empeñado en la “liberación de los oprimidos” o la “transformación de las conciencias” de un modo muy similar al de otros profetas como Mahoma o Buda.

B - La formulación de una teología de clase, ---pues aplican al catolicismo el tipo de análisis que lo reduce todo a la clase, conforme a los esquemas metodológicos del marxismo--- que cree que la teología sólo puede hacerse desde el punto de vista de la "Iglesia de los pobres", entendiendo por "pobres" no a los "pobres de espíritu" del Evangelio ---esto es, cualquiera, ya sea materialmente rico o pobre, que necesite encontrar a Jesucristo--- sino aquellos que sufren privaciones materiales, de tal modo que para los “liberacionistas” con el Padre Sobrino a su cabeza, la "verdadera" iglesia ha de encontrarse en los que son materialmente pobres, en lugar de en aquellos que se adhieren a la fe católica y apostólica transmitida de generación en generación.

C – El relativismo religioso ---la idea de que una religión es tan buena como cualquier otra--- ante cuyo auge la Iglesia Católica se ha mostrado preocupada durante los últimos años y frente al cual siempre ha enseñado que, a pesar de que respeta las otras religiones, la religión tiene que ver directamente con la verdad y que la plenitud de la verdad sobre Dios y el hombre sólo se encuentra en el Cristianismo Católico. Frente a esta posición, muchos teólogos de la liberación no lo creen y consideran que su misión es la "liberación" de los cristianos de algunas de las creencias más básicas de la Iglesia, especialmente en lo que concierne a las enseñanzas morales del catolicismo, lo que choca frontalmente con la doctrina de Roma.

Y esta permanente desviación de la Teología de la Liberación, movimiento al que declaran pertenecer los “curas de entrevías”, respecto de la doctrina, la liturgia y la catequesis ajustada a los modelos de la Iglesia Católica, es lo que ha llevado al arzobispado, como decisión unánime del Consejo Presbiteral y no como decisión personal del arzobispo Rouco, a decidir el cierre al culto de la referida parroquia, pues se considera que la actividad desarrollada en ella es todo menos Católica; Cierre que además en nada afectaría a su trabajo con los marginados sociales, pues se les ha solicitado que continúen en su labor a través del centro de Cáritas en que las instalaciones de la parroquia van a convertirse.

Sin embargo Enrique de Castro y sus “camaradas” Pepe Díaz y Javier Baeza, no solo no han aceptado disciplinadamente la decisión de sus superiores, sino que en una actitud claramente desafiante frente a la jerarquía, han continuado con sus liturgias de sainete, concretamente en la festividad del Domingo de Resurrección, eso si, arropados por algún que otro farandulero como ese que se hace llamar el Gran Wayoming o el actor segundón Willi Toledo, que seguro que habrán disfrutado con los mendrugos de pan y las copas de vino repartidos por el trío de curas disidentes a modo de eucaristía entre los asistentes, que más parecían participar en un aperitivo que en la eucaristía como puede verse en el video que adjunto.

Tras su triste espectáculo mediatico-propagandista, Enrique de Castro se ha despachado contra el arzobispado afirmando que la jerarquía está contra ellos porque:

Jesús está contra el poder y ellos lo tienen

mientras que su “colega” Javier Baeza afirmaba en el sermón que:

"Damos la bienvenida a los que comparten [...] no la fe en Jesús, sino la fe en la gente al estilo de Jesús"

vamos… al más puro estilo liberacionista que la Iglesia Católica ha condenado.

Todo esto me lleva a realizar esta mi reflexión heteróclita de hoy:

Si los curas rojos de entrevías quieren hacer su propia Iglesia, con su liturgia particular y su personalísima catequesis y credo, diferentes de los Católicos, pues me parece muy bien, pero que lo hagan con sus propios recursos, y que no pretendan hacerlo con los de los católicos y encima protestar porque estos no les dejan.

Pero la guinda la ha puesto, como no, el impresentable Zerolo quien ha manifestado que:

Yo no soy creyente, pero mi cura es Enrique de Castro

Pero si no eres creyente Zerolo ¿Cura de qué? Tan solo te recuerdo que según el diccionario de la RAE, un cura no es sino, en la Iglesia católica, el sacerdote encargado, en virtud del oficio que tiene, del cuidado, instrucción y doctrina espiritual de una feligresía, es decir, del conjunto de fieles adscritos territorialmente a su parroquia, así que si no eres fiel, ni cura ni ná.

¡¡¡Déjate de frases propagandistas vacuas y oportunistas!!!

No sé si es aún más peregrina tu afirmación según la cual:

San Carlos Borromeo demuestra que es posible otra Iglesia que sea un lugar de encuentro ecuménico, donde nadie es excluido y se practica el discurso transformador de Jesús

¡¡¡Manda huevos!!!, que diría Trillo.

Esa Iglesia que pretendes, Zerolo, y que al parecer es la que pretende “tu cura”, no es la mía ni creo que la de ningún católico que se considere apostólico y romano y no “disidente”.

Para los católicos la Iglesia no es un “lugar de encuentro ecuménico” sino un lugar de culto en donde manifestamos nuestra fe y practicamos nuestros sacramentos, y en ella no buscamos escuchar un “discurso (socialmente) transformador” de un revolucionario o rebelde Jesús, sino el mensaje trascendente y salvífico de Jesucristo Resucitado, el hijo de Dios hecho carne y sacrificado para la redención de nuestros pecados.

A ver si lo tenemos claro. La Iglesia Católica Apostólica y Romana es como el Barça “más que un club”, pero funciona como todos los clubes: tiene unos estatutos ---la doctrina de la fe oficialmente reconocida--- y un reglamento de régimen interno, que hay que respetar.

Si cualquiera quiere entrar en el club tiene que aceptarlos, pero si no quiere verse sujeto por tales normas ---o principios--- no hay problema, nadie le obliga a seguir en el equipo, que funde su propio club, pero lo que no parece de recibo es que quiera seguir formando parte del equipo y chutar contra la propia portería.

Claro que Zerolo y “sus curas” desde sus posiciones ideológicas y su modelo de vida no pueden entender nada de esto.

Que le vamos a hacer…

sábado, 7 de abril de 2007

RELIQUIAS


Acabo de volver ver en TV la película “La pasión de Cristo” de Mel Gibson y ha vuelto a impresionarme la crudeza en la representación cinematográfica del sacrificio de Jesús.

Y su última escena, en la que se ve como se “desinfla” la sabana-mortaja sobre el mármol del sepulcro, como si se diluyera el cuerpo por ella contenido, al tiempo que se ve a Cristo, con Sus manos horadadas por los clavos, que Se incorpora vivo tras Su Resurrección, me ha traído a mi recuero dos reliquias de la Cristiandad que siempre me han interesado de modo especial y a las que quiero referirme en esta mi “reflexión heteróclita” de Semana Santa.

La primera de estas reliquias es la conocida como la “Sabana Santa” o “Santa Sindone” que se conserva en la catedral de Turín. En Italia.

Según la tradición se trata del sudario que envolvió el cuerpo de Cristo en el sepulcro; una pieza de lino de 4,36m de largo por 1,10 m de ancho, sobre el que aparece impresa la imagen frontal y dorsal de un cuerpo que presenta las huellas propias de un crucificado.

La segunda de estas reliquias es el llamado “Santo Sudario” que se conserva en la Catedral de Oviedo, en España, y que según la misma tradición sería el lienzo en que fue envuelta la cabeza de Cristo en el momento del descendimiento de la Cruz, antes de su amortajamiento con la “Santa Sabana”.

Lo más interesante de ambas reliquias es que, según los más recientes estudios realizados sobre las mismas, las manchas que presentan ambas telas son similares y perfectamente superponibles, siendo perfectamente identificables y encajando en ambas telas, las marcas provocadas por la corona de espinas que rodeó la cabeza de la persona que cubrieron, coincidiendo en ambas, así mismo, la morfología del rostro, el pómulo hinchado por los golpes y sus deformaciones, lo que lleva a la conclusión de los estudiosos de que ambas telas fueron utilizadas en amortajar el mismo cuerpo de un ajusticiado en la cruz.

¿Son realmente estas reliquias las telas utilizadas para amortajar el cuerpo de Cristo tras Su crucifixión?

Lo que sí parece cierto es que ambas telas recubrieron el cuerpo de un crucificado, del mismo crucificado.

Tampoco se sabe cual haya sido el procedimiento de impresión de sus imágenes sobre los mismos, con excepción de las manchas, que se corresponden con efusiones de sangre, premortem y postmortem, derramada por las heridas existentes en el cuerpo de un martirizado y ejecutado en la cruz.

Según los trabajos realizados sobre la Sábana se puede concluir que no se conoce ningún procedimiento que permita reproducir una imagen con todas las características propias de la imagen existente en la misma. Lo que es claro es que no se trata de una imagen producida por contacto.

Todo ello ha llevado a pensar, en una bellísima teoría, que aquellas imágenes se originarían por algún tipo de radiación emanada del cuerpo, instantánea en el tiempo, y que hubiera producido una especie de "chamuscadura", radiación que habría de presentar unas características no explicables desde el punto de vista físico.

Algunos investigadores creyentes piensan que tal fenómeno podría haberse producido en el momento de la Resurrección pero, puesto que esta hipótesis es indemostrable aunque bellísima, no puede haber un pronunciamiento científico en tal sentido.

La polémica, sin embrago, a cerca de la autenticidad de la Sabana Santa se ha centrado últimamente en las pruebas de datación de su antigüedad realizadas por el método del Carbono 14, cuyos resultados, desvelados por el Cardenal Ballestero de Turín el 13 de octubre de 1988, arrojaron como resultado una antigüedad datada entre 1260 y 1390.

Muchos estudiosos han considerado estos resultados como una incontrovertible demostración de la falsedad de la reliquia, y la demostración de su origen medieval.

Sin embargo otros han puesto en entredicho los resultados de dichas pruebas, pues dicen que no se han tenido en cuenta circunstancias extraordinarias a las que la reliquia ha sido expuesta, como las altísimas temperaturas sufridas en el incendio de la Catedral de Turín de 1532.

El Dr. Dimitri Kouznetsov, premio Lenin de Ciencias y Director del Laboratorio "E. A. Sedov" de Moscú, ha realizado un experimento que, por su simplicidad podría tener enorme trascendencia en relación con la discusión.

Sometió una tela del Siglo I, datada correctamente con carbono 14 por los laboratorios de Tucson, (uno de los que analizó la Sindone), a temperaturas similares a las de un incendio como el que sufrió la Sábana en 1532. Para sorpresa de todos, una segunda datación ---con el mismo método del C14--- atribuyó al lienzo una fecha muy posterior, datándose en torno al siglo XIII.

La verdad es que mi Fe no necesita sustentarse en la veracidad de la reliquia de la Sabana Santa de Turín ni en la de otras reliquias, algunas de ellas objeto de gran devoción en el seno de la Cristiandad, pues el propio concepto de “reliquia” se aparta bastante de mi concepción personal de la religión y la fe.

Sin embargo, lo cierto es que estas piezas de tela presentan las huellas misteriosas del suplicio de un condenado a la crucifixión, y hacen recapacitar, a los creyentes, a cerca de la magnitud del sacrificio que, según su fe cristiana, sufrió el propio Dios, en la persona del Hijo, Jesucristo, para la redención de los pecados de los hombres.

Por el solo hecho de fomentar esa reflexión, las reliquias a que me refiero, merecen ya todo mi respeto.

Al menos como Cristiano.

Y mientras me entretengo en mis reflexiones escucho sosegadamente a Mozart en su lacrimosa.

miércoles, 4 de abril de 2007

EL LIMBO, EL PURGATORIO Y EL INFIERNO




La Semana Santa, o Semana de Pasión es, para los cristianos, una época de recogimiento y reflexión, aunque en nuestra sociedad hedonista y materialista sea, más que nada, una semana de vacaciones.

Y aunque yo esté, formalmente, de vacaciones, no me sustraigo a la tentación intelectual de reflexionar a cerca de aquellas realidades que existencialmente nos afectan y una de ellas ---que reconozco incluso recurrente en mi discurso intelectual--- es la de la muerte y sus consecuencias.

La muerte es una realidad permanentemente presente en nuestra sociedad, aunque tratemos de ocultar su rostro y su realidad en nuestra vida cotidiana como quien trata de no pensar en los kilos de más o en ese cigarrillo que apagamos en el cenicero y que no deberíamos de haber fumado.

En el Arco central del Pórtico de la fachada occidental de la Catedral gótica de Notre Dame de París se representa el momento del Juicio Final, Presidido por Jesucristo, y en el que vemos la salida de los difuntos de sus tumbas a la señal de las trompetas tocadas por los ángeles, y su reparto entre los ángeles, que dirigen a los salvados al Cielo, y los demonios, que encadenan a los condenados para llevarlos a los Infiernos.

En esa representación medieval solo se contemplan las realidades del Cielo y del Infierno, pero no las del Purgatorio y el Limbo.

Una comisión de expertos del Vaticano está discutiendo a cerca de la existencia de “El Limbo” y sus conclusiones definitivas se publicarán en 2007.

Benedicto XVI ya había dicho en 1984, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que el limbo era solamente "una hipótesis teológica" utilizada por la doctrina escatológica para resolver un dilema que siempre había inquietado a la Iglesia: ¿qué pasaba con los niños sin bautizar y con los millones de personas que, nacidas antes de Jesús, habían muerto cuando aún no había sido instituido el bautismo?

Teóricamente todas estas personas habrían fallecido sin expiar el “Pecado Original” por virtud del bautismo instituido por Cristo y por tanto no podrían alcanzar la Gracia del “Paraíso”, la “Presencia de Dios”, de tal modo que, sin alcanzar la categoría de “dogma de fe”, la existencia de “El Limbo” había sido aceptada por la Iglesia como “Recurso Teológico” para dar una explicación plausible a aquella realidad, de tal forma que aquellos seres humanos, impuros por no haberse librado del pecado original por vía del bautismo, aunque fuesen justos y bondadosos, no podrían alcanzar el cielo, pero tampoco ser objeto de condenación, por lo que “El Limbo”, considerado como un lugar donde aquellos no gozarían de la presencia de Dios pero tampoco sufrirían, venía a ser la opción mejor considerable.

La figura de “El Limbo” era así contemplada por el Catecismo de Pío X, pero ya a partir del Concilio Vaticano II la cuestión de “El Limbo” fue resuelta, en relación con los niños fallecidos sin bautizar, tal y como se establece el vigente Catecismo de la Iglesia Católica, en su norma 1261:

“En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis" (Mc 10, 14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo Bautismo.”

La cuestión, pues quedaría tan solo abierta en relación con los adultos justos y bondadosos fallecidos con anterioridad a la resurrección de Jesucristo, pero incluso en relación con tales supuestos parece que la posición teológica es partidaria de la idea de la inexistencia de “El Limbo”, pues el efecto salvífico del Sacrificio de Jesús operaría en beneficio de todos ellos. Es más, la doctrina teológica católica opina que Jesús durante los tres días anteriores a su resurrección “Bajó a los Infiernos” para salvar a estos seres humanos justos y bondadosos que, sin embargo, no gozaban de la “Presencia de Dios”, y dado que el concepto del más allá es intemporal podríamos interpretar que su salvación se operó desde el momento exacto de su muerte, sin haber pues permanecido en “El Limbo” cuya existencia, así, sería innecesaria.

En cualquier caso siempre he entendido que discutir a cerca de la figura de “El Limbo” es una pérdida de tiempo intelectual, que demuestra que quienes se encontraban en él no eran sino quienes defendían su existencia.

Efectivamente, dicho en román paladino, la idea de “El Limbo” no sería sino un recurso facilón de los teólogos para resolver una cuestión que se les escapaba doctrinalmente, en épocas en que la dinámica premio-castigo, como elemento retributivo del comportamiento humano, era una constante sociológica sobre cuya base debían resolverse todas las dudas referentes al destino trascendental del hombre y el más allá.

Cuestiones distintas, que suscitan un permanente interés en los teólogos especialistas en escatología, son las referentes a la existencia del Purgatorio y del Infierno.

Es curioso que en nuestro idioma el térmico escatológico tenga dos acepciones perfectamente diferenciadas, la una referente a la filosofía y que no es sino el estudio del fin del mundo, del fin de la vida individual y del más allá, concepto que procede del termino griego “éskathos” o final; la otra es la rama de la fisiología que estudia la defecación y los excrementos y procede de un término también heleno “skatós” o hez.

Y nos encontramos así, por casualidad, con una nueva pareja de “falsos amigos parónimos”, a los que me refería tiempo atrás en uno de mis escritos enviados.

La casualidad nos permite hacer un chiste fácil:

“La vida, mientras se vive, es una realidad escatológica, que cuando termina es escatológicamente analizada.”

Ya he comentado, en otro escrito de mi colección, mis reflexiones referentes al infierno, su existencia y su vigencia como concepto teológico.

Hace algunos días leía algunas reflexiones de teólogos, ortodoxos con las doctrinas de la Iglesia Católica, que contradecían mis teorías a cerca de la no existencia del infierno como “lugar de sufrimiento”, sin embargo en Papa Juan Pablo II manifestó el 28 de julio de 1999 en la catequesis que impartió ante 8.000 fieles en el Vaticano, que:

«Las imágenes con las que la Sagrada Escritura nos presenta el infierno deben ser rectamente interpretadas. Ellas indican la completa frustración y vacuidad de una vida sin Dios. El infierno indica más que un lugar, la situación en la que llega a encontrarse quien libremente y definitivamente se aleja de Dios, fuente de vida y de alegría»

Y según defendía en mi escrito “El Infierno”, entiendo que esa “situación” sería la de la “NO RESURECCIÓN”, es decir, quedarse sin el premio de la “Vida Eterna en Presencia de Dios” que corresponderá a quienes lo hayan merecido.

Y ¿Qué ocurre con el Purgatorio?

Según la doctrina tradicional de la Iglesia Católica “El Purgatorio” es el lugar donde los pecadores que no hayan cometido pecados mortales o no los hayan purificado totalmente, expiarán, temporalmente, sus faltas hasta acceder al Cielo.

Según esta doctrina tradicional el purgatorio implicaría una “Pena de Daño” consistente en la “Dilación de la Gloria”, es decir dilación o aplazamiento en el momento de acceder al Cielo, a la “Presencia de Dios”, unida a la “Pena de Sentido”, cualitativamente distinta de la que se daría en el infierno, pero consistente en “tormento físico”.

En conclusión en el “Purgatorio” el alma quedaría privada de la visión de Dios mientras purga sus pecados atormentadamente.
Finalmente es esencial a la idea de Purgatorio su carácter temporal, ya que no puede prolongarse en el tiempo hasta más allá del Juicio Final, “momento” en el que se decidirá la suerte de cada alma humana en la disyuntiva Cielo-Infierno.

Un último apunte interesante en relación con la visión del Purgatorio de la Iglesia Católica es que según Santo Tomás (De purgatorio) Dios NO se vale de los demonios para la administración de las penas del purgatorio.

Vamos… que los demonios están relegados al infierno. ¡¡¡Menos mal!!!, porque si el Purgatorio existiese pocos íbamos a librarnos de él…

En esta materia me declaro “Protestante”, pues al igual que las Iglesias encuadradas bajo este epígrafe, tampoco puedo aceptar las teorías tradicionales de los teólogos católicos que defienden la existencia de “El Purgatorio” como lugar de tormento y expiación, aunque parece ser que la comisión que analiza “El Limbo” pudiera estar también discutiendo la posición oficial Católica referente a “El Purgatorio”, lo que me llevaría nuevamente al “redil”.

Por otra parte la idea de “El Purgatorio”, de un castigo temporal a los pecadores, no parece compadecerse con la de un Dios Justo y Misericordioso, que conforme a los evangelios

“No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores” (Lucas, 5-32)

Si partimos de la base de considerar, conforme a las enseñanzas del Papa Woytila, de que “El Infierno no existe como lugar, sino como situación en que se encuentra quien libre y definitivamente se aleja de Dios”, no podemos por menos que negar la existencia de ese “Lugar de Expiación Temporal” que representaría “El Purgatorio”.

Por cierto, el mismo Papa y en idéntica intervención ya manifestó que:

“Para aquellos que, en el momento de su muerte, se encuentren en condición de apertura a Dios, pero de manera imperfecta, el camino hacia la plena bienaventuranza exige una purificación que la fe de la Iglesia ilustra a través de la doctrina del purgatorio, término que no indica un lugar, sino una condición de vida. Quienes después de la muerte viven en un estado de purificación ya están en el amor de Cristo, que los libera de los residuos de la imperfección”.

De esta forma “El purgatorio” no sería un lugar, si no un proceso de “purificación”, que se produce durante la vida de cada ser humano y que se prolongará después de la muerte.

Si a las enseñanzas comentadas introducimos el concepto de atemporalidad del más allá, llegaremos a la conclusión de que la purificación que implica la situación de Purgatorio después de la muerte, no tiene una duración concreta ---lo que no sería posible en aquella situación de atemporalidad--- por lo que el sufrimiento purificador, pues no otra cosa sería “el fuego del purgatorio”, vendría determinado por la propia conciencia de necesidad de purificación, y no por su duración, lo que hace inadmisible el concepto de “temporalidad” del purgatorio formulada por la doctrina teológica tradicional Católica.

Por otra parte, sí conforme a la doctrina del Papa Woytila

“Quienes después de la muerte viven en un estado de purificación ya están en el amor de Cristo, que los libera de los residuos de la imperfección”

ello implicaría la simultaneidad e inmediatez del proceso de “purificación” y de la incorporación a la “Comunión De Todos Los Santos” la “Gloria” o “El Cielo”

Así pues, en resumidas cuentas, podemos concluir afirmando que, gracias a Dios, ---y nunca mejor dicho--- solo “El Cielo” existirá como “Lugar” de Eterna Felicidad, mientras que ni el Infierno ni el Purgatorio pueden ya ser considerados lugares de tormento.

En cualquier caso, la conclusión de que “El Infierno” no exista como lugar de condenación al tormento eterno, pues tan solo sería la situación de no resurrección de los condenados, y por lo tanto su dilución en “La Nada”; o de que “El Purgatorio” sea un inmenso dolor atemporal derivado de la propia conciencia de la necesidad de purificación para acceder al Cielo, no deben confundirnos a cerca del inmenso sufrimiento que conllevan aquellas situaciones de Purgatorio-Purificación y de Infierno-Condenación.

Es evidente que la teología escatológica contemporánea rechaza una concepción de un Dios que se complazca en torturar a sus hijos descarriados con el tormento físico.

Podemos interpretar el hecho de la “Condenación” como la plena conciencia, que será nítida en el más allá, de “la situación en la que se encontrará quien libre y definitivamente se haya alejado de Dios” ---en palabras de Juan Pablo II--- situación que pienso que no será otra que la comprensión de lo que implica para el condenado que le sea negada la posibilidad de la resurrección y de la vida eterna.

Opinar que con ello se atenúa la severidad de la condenación, sólo puede hacerlo quien subvalore todo sufrimiento que no sea físico.

Precisamente por ello sería un error interpretar las palabras del Papa Woytila como un deseo de atenuación del dolor inmenso de la condenación, pues simplemente se limitó a poner de manifiesto que determinadas expresiones de la Biblia en relación con el Infierno tienen carácter eminentemente metafórico, como ya hiciera en 1979 la Congregación para la Doctrina de la Fe en su carta Recentiores Episcoporum Synodi, en la que explicaba que el concepto de “fuego del infierno” debe interpretarse como el dolor insufrible que la privación de la visión de Dios provoca sobre todo el ser del condenado.

Finalmente y en cuanto al pretendido “infierno vacío” ---la idea de que el Infierno existe, pero que la Misericordia infinita de Dios y el poder redentor del Sacrificio de Jesús lo mantendrían vacío--- la teología católica tradicional niega esta posibilidad, pues si el infierno es un estado y no un sitio, no puede decirse simultáneamente que se admite que exista aquella situación de Infierno-Condenación pero que está vacía; pues un estado o situación que no se diese para nadie, simplemente no existiría, recalcando la idea de que la condenación no es una decisión de Dios, si no del propio hombre que rechace consciente, decidida y definitivamente el amor de Dios, su redención.

En todo caso, me resisto a aceptar que la capacidad de persuasión de Dios, que es bondad, misericordia e inteligencia inconmensurables, infinitas, no haga recapacitar al humano más contumaz, al más egoísta de los pecadores, para que acepte la purificación última que se ilustra en la idea de Purgatorio y se acoja a las bondades prometidas por Cristo.

Solo el “Mal Perfecto” representado únicamente por Lucifer, el ángel caído Luzbel, el más perfecto de los Querubines, y sus acólitos celestiales caídos, podrían perpetuarse en su error, y ser así los únicos morador de “Las Tinieblas”, de tal modo que ya no se podría hablar de la idea de “Infierno Vacío”, pues estaría colmado con Satanás y sus demonios.

Pero volviendo sobre la figura del demonio, siempre me ha llamado la atención el hecho de que Madrid albergue el único monumento existente en el mundo al Demonio. Se trata de la estatua conocida como el “Angel Caído” del parque de “El Retiro”.

La figura de “El Demonio” es universal. Todas las culturas reconocen la existencia de algún tipo de espíritus del mal.

La cultura occidental recoge la figura del demonio procedente de la tradición judeo-cristiana.

Según esta tradición Lucifer era un Angel, el más bello e inteligente de la categoría de los Querubines, que conforman el segundo coro de los nueve en que se dividen jerárquicamente según la clasificación elaborada entre los s.V y s.VI por el teólogo bizantino Dionisio Areopagita.

Los querubines se caracterizan, según este autor, por su extraordinaria inteligencia, y se consideran los guardianes de la Gloria de Dios.

Pues bien, Luzbel o Lucifer ---el portador del fuego, o de la luz, según la etimología latina--- se habría revelado por soberbia frente a Dios su creador, en compañía de un tercio de los ángeles, motivando su expulsión del Cielo por los demás ángeles, mandados por el Arcángel San Miguel.
Así lo relata el Apocalipsis de San Juan:

“Miguel y sus ángeles lucharon contra el Dragón. El Dragón y sus ángeles combatieron, pero no pudieron prevalecer y no hubo puesto para ellos en el cielo. Y fue precipitado el gran Dragón, la serpiente antigua, que se llama “Diablo” y “Satanás”, el seductor del mundo entero, y sus ángeles fueron precipitados con él.”

A partir del momento de su condenación los demonios, por envidia y odio hacia Dios, tratan de apartar de Él a su más preciada criatura, los hombres, por medio de la tentación hacia el pecado.
Y el hombre cae en la tentación en uso de su libre albedrío; como dijera San Agustín:

"La muerte de Cristo y Su resurrección han encadenado al demonio. Todo aquél que es mordido por un perro encadenado, no puede culpar a nadie más sino a sí mismo por haberse acercado a él."

Si analizamos la figura del Demonio desde posiciones creyentes, no podemos albergar la más mínima duda a cerca de su existencia, tal y como se manifiesta el catecismo de la Fe Cristiana, en sus normas 2850 y siguientes.

Hoy en día sin embargo, y desde las predominantes posiciones racionalistas, se desprecia la existencia de “El Maligno”, que se considera una mera manifestación de los mitos religiosos primitivos.

La psicología, la filosofía, la sociología, la ciencia en fin, serían quienes debieran explicar la maldad humana desde perspectivas empíricas, desde postulados racionalistas.

Se afirma, así, que el hombre es una mera realidad sociológica y que su propensión al mal debe de ser explicada racionalmente.

No faltan, por otra parte, quienes nos dicen que las referencias al maligno existentes en nuestra sociedad no son sino herencia de los ritos prejudaicos de oriente medio, centrados en la figura del dios Baal, de cuyo nombre se deriva el de Beelcebú, propio del demonio, y en la tradición bacantica greco-romana, ambos con ritos de fertilidad licenciosos, caracterizados por orgías sexuales desenfrenadas, cuya permanencia en el acervo cultural europeo se extendió a través de los ritos mágicos medievales, pues los ritos de las bacantes ---adoradoras enloquecidas del dios Dionisos-Baco--- vinieron a ser los precursores de aquellas orgías que en la Edad Media se estigmatizaron como aquelarres.

En el fondo nada nuevo hay bajo el sol, pues las doctrinas científicas que parten de considerar que el hombre es esencialmente bondadoso y que su maldad es fruto de su defectuosa educación, de su marginalidad, de su discriminación social, o de los traumas psicológicos sufridos durante su infancia o adolescencia, no se diferencian en nada del maniqueísmo propio del s.III, para el que el hombre presenta una esencia dual en pugna permanente: el bien (inspirado por Dios), y el mal (dominado por El Demonio), de tal forma que el hombre no sería responsable de sus malas acciones porque no son producto de la libre voluntad sino del dominio de Satanás sobre nuestra vida.

Frente a esta posición racionalista la Iglesia Católica advierte sobre la existencia real del Maligno, y así se ha manifestado el Papa Woytila, expresamente, en su catequesis del 13 de agosto de 1986, al decirnos que:

“La malignidad humana, constituida por el demonio o suscitada por su influjo, se presenta en estos días de forma cautivadora, seduciendo las mentes y los corazones hasta hacernos perder el sentido del mal y del pecado.”

En definitiva que la mejor arma del maligno es lograr que no se crea en su existencia y mantener su permanente presencia entre nosotros, desapercibido pero constantemente activo.
No sé si, desde el punto de vista teológico, las interpretación o teorías expresadas en este escrito serán muy conformes con la ortodoxia católica, pero son las que más me consuelan de cara a mis imperfecciones, mis pecados y mi esperanza de alcanzar la vida eterna.