lunes, 12 de marzo de 2007

LOS FAROS

Hay veces que, sentado ante el ordenador, ante el papel en blanco que queremos garabatear, la inspiración es cicatera con quien trata de exprimirla.

La inspiración es, a veces, como una amante esquiva y seductora que deja intuir sus aromas pero no permite el roce con su cuerpo.

Hay que cultivarla, pasear solícitamente de su brazo por caminos generalmente sombreados, hasta encontrar el retazo de luz que se deje concretar sobre el papel inmaculado.

En ocasiones ayuda a encontrarla esa placentera actividad de la lectura, que poéticamente describiera Quevedo en estos versos:

“Retirado en la Paz de estos desiertos
con pocos pero doctos libros juntos
ando en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos
o enmiendan, o fecundan mis asuntos
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.”


Y al deseo de concitar esa inspiración debe de ser que respondan estos circunloquios con los que suelo comenzar mis escritos, pues solo una vez transitados se produce, en ocasiones, el soplo de ingenio con que me premian las musas.

Será, al fin y al cabo, que mi imaginación requiere precalentamiento, como aquellos coches de los años 60 y 70, que antes de comenzar su andadura precisaban de varios intentos de arranque y varios minutos de calentamiento de sus motores.

Pues venga... alcanzado el grado óptimo de temperatura de mi “sesamen”, que dijera un castizo y arrimadas que son ya las musas a mi intelecto, ¡¡vamos allá!!

Siempre me han encantado los faros, desde las pequeñas luces autónomas de los acantilados de nuestras costas cantábricas, hasta los inaccesibles faros de los bajíos atlánticos, de los que son muestra maravillosa los de la Bretaña, Cornualles y el estrecho de Calais.


Como los del siguiente video



Recuerdo la famosa viñeta de Mingote ---a quien siempre he considerado uno de los más preclaros editorialistas del hoy tan cambiado ABC, aunque sus editoriales no sean escritos, sino dibujados--- en la que aparecía un faro sobre un peñasco y una voz que decía:

“No, el farero no se puede poner al teléfono. Está reunido

Otra historia de faros que me parece fascinante es la de la conversación, autentica, grabada de la frecuencia marítima, Canal 106, en la costa de Finisterre (GALICIA) entre gallegos y norteamericanos el 16 de Octubre de 1997, que es la siguiente:

“GALLEGOS: Les habla D-1742, por favor, desvíen su rumbo quince grados norte para evitar colisionarnos… Se aproximan directo hacia nosotros, distancia 25 millas náuticas.

AMERICANOS: Recomendamos que desvíen ustedes su rumbo quince grados sur para evitar colisión.

GALLEGOS: Negativo. Repetimos, desvíen su rumbo quince grados norte para evitar colisión.

AMERICANOS: Al habla el capitán de un navío de los Estados Unidos de América. Insistimos, desvíen ustedes su rumbo quince grados sur para evitar colisión.

GALLEGOS: No lo consideramos factible ni conveniente, les sugerimos que desvíen ustedes su rumbo quince grados norte para evitar colisionarnos.

AMERICANOS: Les habla el capitán Richard James Howard, (con tono algo irritado) al mando del portaaviones USS Lincoln, de la marina de los EE.UU., el segundo navío de guerra más grande de la flota norteamericana. Nos escoltan dos acorazados, seis destructores, cinco cruceros, cuatro submarinos y numerosas embarcaciones de apoyo. Nos dirigimos al golfo Pérsico para preparar maniobras militares ante una eventual ofensiva de Irak.
No les sugiero... Les ordeno que desvíen ustedes su rumbo quince grados sur!!!
En caso contrario nos veremos obligados a tomar las medidas que sean necesarias para garantizar la seguridad del buque y de la fuerza de esta coalición. Uds. Pertenecen a un país aliado y miembro de la OTAN, así que obedezcan inmediatamente y quítense de nuestro camino!!!

GALLEGOS: Les habla Xosé Manuel Otero Rivas. Somos dos personas. Nos escoltan nuestro perro, nuestra comida, dos cervezas y un canario que ahora está durmiendo. Tenemos el apoyo de Cadena Dial de La Coruña y el canal 106 de emergencia marítima. No nos dirigimos a ningún lado ya que les hablamos desde tierra firme, estamos en el faro D-1742 de Finisterre, de la costa de Galicia, No tenemos ni puta idea en que puesto estamos en el ranking de faros españoles.
Pueden tomar las medidas que consideren oportunas y les dé la puta gana para garantizar la seguridad de su buque de mierda que se va a hacer ciscos contra las rocas, por lo que volvemos a insistir y le sugerimos que lo mejor, lo mas sano y lo más recomendable es que desvíen su rumbo quince grados norte para evitar colisionarnos...!

AMERICANOS: Bien, recibido, gracias.”


Lo cierto es que los faros han formado parte de la mística marítima desde tiempos inmemoriales, ya como anuncio de la proximidad de peligros, ya como señal luminosa de la arribada al destino deseado, ya como protagonistas de mil historias noveladas.

Pero también existen faros en nuestra vida cotidiana.

Cuando el ser humano navega en mares desconocidos y procelosos ---la vida misma lo es--- busca siempre faros que le permitan trazar adecuadamente sus derrotas sin encallar en los bajíos o arremeter contra las costas.

Mensajes externos que le permitan apurar sus ceñidas.

Algunos consideran que esos mensajes han de transmitirse al general de los mortales si permitir que el individuo abra fisuras en la doctrina oficial transmitida, de tal modo que todos caminen por la ruta sociológica deseada y sin derroteros alternativos posibles. Y son partidarios de faros automatizados, de esos que se controlan informáticamente, sin intervención humana, desde el pupitre de algún gran centro de control, con carácter unificado y uniforme.

Por desgracia, esos “grandes centros de control”, están en manos de los estrategas, gacetilleros y apolojetas del poder, todos ellos instalados en el pesebrismo, que domina en la gran mayoría de los medios de comunicación, tanto impresos como audiovisuales, y han comulgado, en su práctica totalidad, en el mismo credo nacionalista, marxista o jacobino, en sus diferentes combinaciones posibles, y tratan de transmitirnos la idea de que cualquier crítica o discrepancia con ellos y con el poder, no son sino un síntoma de fascismo en el critico o disidente.

El objetivo final de todos estos “Morósofos” es que el individuo no se incline hacia opciones nacidas de su libertad individual, sino que se someta a los designios, aunque sean injustos, o a los comportamientos de la mayoría: que los maestros no se amparen en el derecho a la libertad de cátedra para enseñar doctrinas o principios cuando lo enseñado se aparte de las doctrinas o principios oficialmente aceptados; que la libertad de prensa se constriña con la denominada “autocensura” siempre en el deseo de no alterar el humor de quienes ejercen el poder; que la libertad de expresión no admita manifestaciones “políticamente incorrectas”, considerándose como tales las que se aparten de los intereses del poder establecido; que la libertad religiosa ---aunque curiosamente solo en el caso de los cristianos--- se encauce en movimientos seculares politizados ajenos a los dogmas propios de su fe…

En definitiva que la libertad no exista, sino que tan solo exista la igualdad.

Y así, darán forma a la pretensión de los marxistas de que la libertad individual se someta a la libertad común.

El marxismo parte de la idea de que la libertad es algo indivisible y subsiste por tanto como tal sólo si es la libertad de todos.
La libertad (según el marxismo) está unida a la igualdad : para que haya libertad, hay que establecer ante todo la igualdad. Lo que significa que para lograr el objetivo de una plena libertad de todos son necesarias ciertas renuncias a la libertad individual.
Unido a esto está el presupuesto de que la libertad del individuo depende de la estructura del todo, y de que la lucha por la libertad no debe hacerse como lucha por los derechos del individuo, sino como lucha por una estructura distinta del mundo.
La nueva estructura crearía un hombre nuevo, puesto que, en realidad, sólo con hombres nuevos, con hombres totalmente distintos, podrían funcionar las promesas del sistema.
Sin embargo, en la cuestión de cuál es el aspecto que debe tener esta estructura y de cuáles son los medios racionales pasa construirla, al marxismo le ha faltado amplitud de miras y ha fracasado en su intento.
En efecto, ninguna de las estructuras pretendidas (por los teóricos del marxismo) hace efectiva la libertad de todos por amor a la cual se pide renunciar a la libertad individual
.”

Tal y como expresa, con su habitual profundidad intelectual, el Papa Ratzinger en su obra “La Fe como camino”.

Yo por mi parte, visto lo visto, y dado que no estoy dispuesto a encarrilar mi vida en los rumbos pretendidos por los grandes centros de control ideológico a la moda, procuraré fijarme en faros que estén gobernados “con alma” por algún farero de los pocos que nos quedan.

Según las estadísticas oficiales, de los 187 faros operativos existentes en las costas españolas, tan solo 37 están gobernados “humanamente” por un farero.

Si trasladamos las estadísticas “fareras” al mundo intelectual, calculo que nos quedarán, al menos, un 25% de intelectuales que no transiten por los aledaños del poder, de la doctrina “oficial”.

No son muchos, pero a mi me bastan.

Prefiero ampararme en los fogonazos de luz de sus actitudes librepensadoras y que sean pocas, pero efectivamente libres, las señales que me vayan ayudando en mi camino, que verme manipulado, dirigido o “masificado”, en amor y buena compaña, por las directrices oficialistas del poder.

Posiblemente con ello no alcanze la felicidad, pues esta no es si no atributo de los dioses, ni el respeto de mis semejantes, que mayoritariamente estarán instalados en la “corrección política” del momento, pero al menos me mantendré en la libertad, y podré acostarme cada noche sabiendo que mis aciertos y mis errores, sobre todo más estos que aquellos, continuaran siendo míos, frutos de mi libre albedrío.

Que no es poco...

miércoles, 7 de marzo de 2007

MELANCOLIA

"Per Pietá amore mio, perdoname" de la Opera "Cosí fan tutte" de Mozart

© Ralf Crosslens – Deep Sorrow (Profunda Pena)

(Cementerio Hamburgo Ohlsdorf)



Una de las obras intelectualmente más asequibles de Kant, que suele ser plúmbeo en sus formulaciones, aunque lo sean de gran contenido e intensidad, es un breve ensayo llamado “Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime”.

En este ensayo el pensador alemán define, entre otras cosas, la tipología de lo que él llama los hombres “melancólicos”.

Si nos detenemos un poco en la definición tipológica del prusiano, se nos da la paradoja de que en ella pueda aparecer un certero retrato de nuestro Presidente del Gobierno, Sr. Rodríguez Zapatero, a quien, por cierto, ya os habréis percatado de ello, es la única persona en España, junto con los árbitros de fútbol, a quien los periodistas llaman por sus dos apellidos, cosa a la que yo me niego.

Efectivamente, si analizamos el comportamiento del Sr. Rodríguez, siguiendo las definiciones kantianas, fácilmente apreciamos que algunos rasgos de la personalidad del personaje son los característicos de los melancólicos por aquel definidos.
El primero de estos rasgos es que Rodríguez, como todos los melancólicos kantianos, se preocupa poco de los juicios ajenos a cerca de sus propios actos, ya procedan de la oposición o de sus correligionarios, al tiempo que se manifiesta obstinadamente inamovible en sus posiciones políticas y está permanentemente enfadado con el mundo que le rodea porque le lleva la contraria.

Pero lo más grave, es que el Sr. Rodríguez se ha inclinado ---como sucedería con los melancólicos según las reflexiones de Kant cuando incurren en la degeneración de su carácter--- hacia el fanatismo y el entusiasmo por sus propias acciones, siendo vengativo con todo aquel que ose oponérsele, amigo o enemigo, a quienes trata de destruir sin misericordia.

Así mismo desprecia el peligro, especialmente el riesgo al que está arrostrando a España con su debilidad proverbial ante los terroristas, los nacionalistas y los radicales.

Como su inteligencia muestra, pues, todas las características de lo que Kant considera debilidad, ha incurrido en lo monstruoso, dando alas a todos los mencionados extremistas; es presa de sueños significativos, presentimientos y señales milagrosas, hasta el punto de que ha caído en la extravagancia de entender que es depositario de un doble destino histórico, casi mesiánico, cual sería, de una parte, el de lograr la desaparición del terrorismo de ETA, sin importarle el coste de su empeño o el sufrimiento de las víctimas ---hasta el punto de llegar a tratar con mayor conmiseración a los asesinos como de Juana que a sus víctimas--- y de otra su obstinación en alcanzar una “Alianza de Civilizaciones” que tal y como se concretan los trabajos del GAN presentados en Estambul más parece una “rendición de la civilización occidental” que una Alianza sin vencedores ni vencidos, aunque quien sabe, detrás de esta ambición acaso se esconda también el deseo inconfesable de conquistar el premio Nóbel de la Paz.

De todo lo expresado debemos concluir que lo más preocupante del talante personal del Presidente del Gobierno no es responder a la definición del “Hombre Melancólico”, sino su inclinación a la chifladura o el desvarío, anunciada por Kant para los melancólicos cuando en ellos se dan aquellas desviaciones de su carácter.

Y no otra cosa que esa inclinación a la chifladura puede ser la causante de sus desvaríos, torpezas y obsesiones, pues estoy seguro que el Sr. Rodríguez es profundamente inteligente, pues solo desde una inteligencia singular podría alcanzarse la Presidencia del Gobierno, salvo que nos encontrásemos ante un “sosias” del “Mr. Chance” de Jerzy Kosinski, personificado en la película “Bienvenido Mr.Chance” por Peter Sellers.

En cualquier caso, esta inclinación no parece preocupar al Presidente ni a sus partidarios de la izquierda radical, pues en la tradición comenzada en el convento de los dominicos de la calle de San Jacobo del París revolucionario, que les ha dado nombre, nada habrá mejor para lograr los propios medios ansiados, que abandonarse a la locura y hacer que el Gobierno de la Nación actúe como un a modo de “Comité de Salvación Pública[1]” donde ZP-Robespierre y Pepiño-Saint-Just impongan sus designios políticos arropados por los votos del PSOE y sus partidos coaligados –--sus “montagnards” particulares---.

Solo sería deseable, ante tamaño despropósito, que su mandato fuese tan efímero como lo fuera el de tan reprobables jacobinos.

Me encantaría pensar que nuestra Sociedad es lo suficientemente madura como para que las urnas acaben apreciando la vesania de sus gobernantes y los desplacen del poder.
Al menos me conforta que con sus actuaciones ellos mismos estén contribuyendo a tal desenlace.


[1] El “Comité de Salvación Pública” órgano creado en 1793 para encargarse de salvaguardar la seguridad pública, investigando y juzgando a todo sospechoso de simpatizar con la monarquía o de ser contrarrevolucionario, fue de facto el “Gobierno de la República” durante “El Reinado del Terror”, bajo la autoridad de Maximilien de Robespierre asistido por su mano derecha Louis de Saint-Just, hasta la ejecución de ambos en la guillotina le “jour de l’Arrosoir” ---día de la regadera, feliz coincidencia--- ó 10 de Termidor del año II de la República (28 de julio de 1794).